lunes, 1 de septiembre de 2008

Enrique Doerflinger (Malas palabras 1ª Parte)

ENTREVISTA A
ENRIQUE RICARDO DOERFLINGER
A PURA MALA PALABRA




Aunque se graduó como licenciado en Filosofía, nunca dictó clases sobre la madre de los saberes. Enrique Doerflinger confiesa orgulloso que sus intereses profesionales dieron “un giro académico que se fueron orientando a lo lingüístico”. Tal es así que en la actualidad posee una Maestría en Lingüística Aplicada a la Enseñanza de la Lengua Materna y Extranjera.
Su eje profesional son los lenguajes, de eso no cabe dudas. Tiene conocimientos del habla y escritura del alemán, inglés, francés, ruso, portugués, vasco, como así también de lenguas madres como lo son el latín y el griego y una profunda afinidad con las lenguas indígenas como el quechua y guaraní.
Es un interesado por los lenguajes desde todas sus perspectivas y vertientes, le apasiona el origen de las palabras, las diferencias idiomáticas, los modos del habla, los usos, en fin, todas las perspectivas con las que se puede tratar ese sistema tan complejo y tan completo que es la lengua.
En esta oportunidad citamos a nuestro entrevistado para que nos de algunas impresiones sobre uno de los temas que se desdeñan y repelen en la escuela, en el trabajo, en la sociedad en general. Me refiero a las denominadas “malas palabras”, aquellas expresiones que utilizamos a diario para insultar, para sentirnos miembros de un grupo determinado, para manifestar cariño, para expresar admiración ante alguna hazaña, entre otras funciones acordes a los diferentes momentos situacionales. Un fenómeno que se remonta al origen del universo y que se configura como uno de los más enérgicos, vertiginosos y atractivos de nuestra lengua.
Después de dos horas de clases con sus alumnos, Enrique se hace un tiempo para charlar sesenta minutos más con nosotros. Es una entrevista carente de preguntas, ya que no son necesarias porque nuestro interlocutor sabe de lo que habla, y lo expresa con tanta soltura y de manera tan deliciosa que sólo hay que disponerse a disfrutar.


—Realmente es muy interesante este tema de las malas palabras, porque nos remite, de algún modo, a nuestras infancias. Esta cuestión de que determinadas palabras deben ser entendidas como malas. Cuando recordamos como fuimos educados por nuestros padres, tíos, abuelos se nos hace presente el hecho de que teníamos que evitar la emisión de ciertas palabras que se consideran malas. Los padres tratan de corregirlos, de censurarlos, que en definitiva es lo que el niño va percibiendo como un comportamiento social poco feliz o negativo. El niño tal vez no sepa el significado de esa mala palabra que sus mayores le está tratando de inculcar que no pronuncie, pero es muy sensible al efecto que producen en su entorno.

—Hay como una especie de imán entre los chicos y las malas palabras.
—Sin duda. El imán que provoca todo lo que es tabú en general y las llamadas malas palabras entre ellas. Se nos dice que una determinada cosa es tabú (léase palabras que no hay que pronunciar, hechos que no hay que hacer, etcétera), y que debemos censurarla, pero por lo general suelen provocar el efecto contrario, motivados por curiosidad, por ese impulso de hacer algo desde niño o joven en contra de las normas establecidas. Pero, lo interesante es que vistas en una perspectiva estrictamente lingüística, las palabras en sí mismas no son ni buenas ni malas, las palabras no se les puede conferir un comportamiento moral como acciones humanas que tienen la intencionalidad de provocar el bien o el mal.

—De hecho una palabra puede considerarse mala palabra hoy y dentro de unos años dejar de serlo, entre tantas otras posibilidades…
—Exactamente, con los años esa palabra se convierte en una palabra inocente, que quizás pierda su carga de semanticidad con la cual fue elaborada. Las palabras todavía conservan un componente referencial, al objeto que de algún modo aluden; pero lo que la convierte en que sea “mala” o “no mala”, fundamentalmente es la intensidad con la que fue emitida. Son nuestros actos, sean conforme a la moral, las buenas costumbres o contrarios a ellos; se puede decir que en ese sentido las palabras son amorales, carecen de moral. Si nosotros observamos a lo largo de la historia como se van acuñando en el léxico de una comunidad lingüística las malas palabras, vamos a ver que en un comienzo muchas de ellas tenían un carácter insultante para tratar de provocar el daño, herir, ofender al destinatario; pero analizando las palabras no representan algo que en sí mismas pueda ser ofensivo. Tal vez en alguna época lo era al recordarle a una persona que tenía una nariz grande y prominente. Narigón hoy sólo provocaría una mera sonrisa. Uno puede observar también que muchas de estas palabras, que son socialmente estigmatizadas, derivan de alusiones a determinadas partes del cuerpo o funciones fisiológicas, la genitalidad, a lo sexual o a una función escatológica; esta actitud es bastante común en la cultura latina. En otras comunidades lingüísticas, tal vez no sean las que más abundan, sino a otro tipo de expresiones. Yo recuerdo que cuando estudiaba alemán, el profesor alemán se sorprendía de cómo la gente en Córdoba empleaba tan abundantemente malas palabras para comunicarse. Le llamaba la atención las palabras terminadas en _udo, que son tan recurrentes. En Alemania los insultos no van en esa dirección, con esa insistencia, casi obsesión que tenemos los cordobeses y argentinos. A lo mejor un insulto es una referencia al tiempo o una maldición, pero no necesariamente va vinculado con lo que sería la genitalidad.
En ocasiones el insulto, en el momento de su creación tiene propósitos insultantes, con el correr del tiempo y en determinadas subcomunidades lingüísticas a nivel de cierto grupo se convierte meramente en un apelativo. Es el caso muy llamativo del término “boludo”, es muy común hoy en día escuchar esta palabra para comunicarse, pero no confiriéndole el carácter insultante, sino como una suerte de identificación etárea, hacer referencia de pertenencia, a una suerte de camaradería. De algún modo pretende lograr una cierta intimidad con el otro en la medida en que pertenece a mi comunidad etárea. Lo interesante es como en ciertas ocasiones el término recupera el contendido original e insultante que tiene.

—No sólo la misma palabra puede usarse con diversa intencionalidad en diferentes épocas, sino que en el mismo tiempo puede funcionar como una expresión de cariño o con la intención de insultar al otro.
—Es el caso típico de cuando vemos que un joven le dice al otro “no seas boludo, boludo”. Cuando uno analiza expresiones de ese tipo lo que se observa es que se produce una suerte de desdoblamiento semántico del término. Podemos hablar de una emisión donde adquiere un carácter social, afectivo de vincularme con el congénere; pero se recupera también el carácter original que tiene de insultante. Otro caso con ese término es ver como ha sido apropiado por las mujeres. Hoy en día es muy común que las chicas se traten de ese modo, como un intento de camaradería. Ocurre que las palabras en su origen fueron acuñadas para proferir insultos, lastimar adrede, pero con el correr del tiempo se desemantizan, es como que se vacían de ese significado y adquieren otra función, tal vez, como lo denominaba Román Jakobson, una función fática. Una función que apunta a ver si el otro está atento a lo que yo le digo.
Pero quizás más preocupante sean aquellas palabras que no tienen originalmente esa finalidad, pero sin embargo que se utilizan para herir, esas tal vez sean más peligrosas. Debemos prestar más atención a los discursos que circulan, que a las palabras tomadas aisladamente y que suenan muy inocentes, pero que están hechas para herir, tienen cointencionalidades discriminatorias de todo tipo, racista, sexista, social, religioso, ético; estoy pensando por ejemplo cuando se trata a una persona de negro. Por un lado es una palabra que no es buena ni mala, recordemos eso; pero aún dentro de los campos específicos de palabras que fueron acuñadas para ser utilizadas como insultos, tampoco lo es. Sin embargo ¿porqué resulta tan hiriente, tan lastimante que a alguien se lo trate como negro? Expresiones como “si estos negros no sirven para nada”, “estos negros nunca quieren trabajar”, etcétera. Ahí la palabra entra a circular en un discurso que tiene carácter segregacionista, racista en última instancia, cosa que los argentinos muchas veces negamos serlo diciendo que el racismo es un problema del hemisferio norte; no en la magnitud que sucede en otros lados, pero está, y cada tanto la lengua acusa recibo de ello. Creo que como educadores y los medios de comunicación debemos estar muy sensibles a ese tipo de discurso de empleo que en apariencia son inocentes, sin embargo tienen una carga sumamente negativa.

—Ahora que menciona a los medios, recuerdo que en un canal de noticias anunciaban mediante un placa roja, “murieron tantas personas y un boliviano”… Como si el boliviano no fuese persona.
—Sin duda, justamente ese ejemplo que das está muy bueno para ejemplificar esto. Son formas larvales que tenemos y que muchas veces nos cuesta reconocer. Creo que esas deben ser las peores malas palabras, en la medida en que se convierten en emergentes de discursos muy nocivos en una sociedad. Cuando uno detecta el empleo de ciertos términos con la intención de segregar, de marcar diferencias entre el otro y yo y de asumirme yo como superior al otro, entonces hay que prestar mucha atención porque algo preocupante está ocurriendo en esa sociedad. A veces los discursos pueden aparecen en la superficie muy inocentes pero sin embargo son portadores de una agresividad muy destructiva.
Por otra parte, en determinadas circunstancias mal que bien, todos empleamos alguna mala palabra, si uno se martilla un dedo, llegar a decir “recórcholis” o “caramba”, debe ser un poco extraño. Hasta un catedrático o un juez, puede ir un domingo a la cancha a ver su equipo favorito y en ocasiones puede proferirle algún insulto a un jugador o al árbitro, pero son cosas de las que no debemos escandalizarnos. Creo que un concepto que media entre el hecho de que una palabra sea considerada mala o no, es el concepto de adecuación; obviamente en una clase, conferencia, entrevista… si yo salgo con un improperio (salvo que no lo esté utilizando metalingüísticamente, como pretexto para un reflexión), estaríamos en un caso de inadecuación. La educación debe poner énfasis en lo inadecuado que resulta el utilizar ciertas palabras en determinados contextos que no sería de esperar. Es una cuestión de lo que hablaban los filósofos del lenguaje, la pragmática, que hacen a la condición de felicidad de un enunciado.
Hablar de malas palabras hace referencia a la cortesía, un tema que está siendo estudiado bastante por la lingüística, hay toda una corriente muy interesante en ese sentido.

—De todos modos, por lo que usted dice, a las malas palabras no hay que extirparlas, ni prohibirlas, ni eliminarlas; sino que son necesarias y hay que adecuarlas al contexto en que uno está.
—Buen tema ese también, ¿qué hacer con las malas palabras?, sobre todo porque nuevamente me pongo en situación de educador y padre de familia. Hay que procurar que los chicos las eviten, pero no ponerse en una perspectiva moralista, de escandalizarse; se debe incentivar desde el hogar, la escuela y los medios de comunicación (tema aparte porque estos, en especial la TV, son los principales productores de malas palabras)… De algún modo hay que procurar de que nuestro lenguaje se enriquezca con todo lo maravilloso que tiene la lengua, y no me refiero a que debamos hablar con un lenguaje florido o cargado de imágenes barrocas; hay que hacer el uso de otros recursos lingüísticos, que cuando una persona no está lo suficientemente educada lingüísticamente no los maneja, como la ironía. Al mismo tiempo en que son efectos comunicativos determinados sería bueno que puedan ser juegos ingeniosos del lenguaje, esto tiene que ver con el desarrollo de otras potencialidades con el lenguaje, antes que recurrir al recurso fácil del improperio reiterado.
En ocasiones una mala palabra se emite, no porque quiera tener un destinatario, sino para satisfacer una cuestión emotiva del momento, ante una mala o buena noticia… Ni se va a eliminar, ni tampoco hay que prohibirlas, porque puede resultar el efecto contrario. Las palabras se vacían y se cargan de intencionalidades a lo largo del tiempo.


Y es justamente el tiempo el que marca el final abrupto de nuestra charla, pues debo liberar al profesor para que continúe con el dictado de sus clases. Sin lugar a dudas el tema no concluyó, dos páginas interesantísimas quedaron en el tintero de mi computadora, seguramente ya habrá otra oportunidad en que lo convoquemos para seguir desarrollando éste u otros temas que atañen nuestra lengua.
Enrique se muestra muy contento con el encuentro que hemos tenido, me lo agradece y se lo retribuyo con un cálido apretón de manos.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 24 de agosto de 2008.-

Enrique Doerflinger (Malas palabras 2ª Parte)

ENTREVISTA A
ENRIQUE DOERFLINGER
A PURA MALA PALABRA
SEGUNDO CAPÍTULO





“Las palabras se vacían y se cargan de intencionalidades a lo largo del tiempo.” Con esa expresión cerrábamos nuestro reportaje del domingo pasado. Enrique Doerflinger, profesor y amante de la lengua, continúa su exposición y cierra el diálogo vinculando las malas palabras y nuestro humor cordobés.
Un caso interesante, nos dice Enrique, “son aquellos insultos que eran denominaciones específicas a determinadas enfermedades mentales, términos como “estúpido”, “imbécil”, “idiota” fueron acuñados por los primeros padres de la psicología. Muchos de ellos registran en su origen una etimología latina o griega, por ejemplo “estúpido” está relacionado con estupefacto, con estupefaciente, la persona que está así no tiene capacidad de reaccionar ante determinados estímulos. El “idiota”, tiene componente griego que lo podemos encontrar en palabras como idiosincrasia; el idiota es aquel individuo que ha perdido su capacidad de relacionarse con el entorno y queda reducido a un sí mismo, a un “idios”. Eran tecnicismos para determinadas patologías que después fueron tomadas popularmente para utilizarlas como agravios.”

—¿Qué otro aspecto considera interesante resaltar?
—Es interesante como una mala palabra pronunciada en su momento exacto, de pronto, puede convertirse en un término irremplazable por otro. Recuerdo siempre la obra literaria “Los miserables” de Victor Hugo, cuando describe la batalla de Waterloo entre las fuerzas de Napoleón Bonaparte y las del general Wellington. Cuando la última tropa de Napoleón estaba haciendo la última resistencia contra los ingleses y uno de los generales del bando enemigo le dice “rendíos valientes franceses”, en ese momento el que estaba a cargo de los patriotas franceses dice la palabra más bella que un francés pueda pronunciar: “¡Merde!” (risas). Estamos hablando de una obra de literatura que es bellísima, admirable literariamente; sin embargo, de pronto cuando se utiliza ese término y no otro es porque no se puede encontrar un sustituto en ese momento que pueda concentrar lo que se quiere decir. Hasta una palabra nos presenta la paradoja, que aún en su carácter ofensivo, de tabú, si es pronunciado en un momento dado puede convertirse en un término glorificador de todo un colectivo.

—Que interesante la cuestión del tabú, como llama la atención de los chicos y de los grandes también; porque hay libros que se titulan con malas palabras, programas de TV donde se emplean sin cesar, en fin, productos que atraen consumidores por emplear esas palabras.., ¡y venden!
—En general podemos decir que el morbo atrae, las palabras que aluden a la genitalidad ejercen cierto magnetismo en la gente. Pensemos por ejemplo en un producto como podría ser el de Enrique Pinti, que conocemos por sus monólogos o su participación en obras de teatro y películas. Es bastante conocida que su afición a utilizar gran abundancia en sus parlamentos. Hay público que su actuación le choca y hay otra que lo va a ver porque quieren oírlo hablar así. Si uno observa discursivamente los parlamentos, como todo lo que él refiere, que puede dar una lección de historia argentina desde la colonia hasta nuestro tiempo, lo elabora de una manera bien lograda, que casi las malas palabras que permanentemente mecha en sus monólogos, pueden pasar desapercibidas. Ahí uno se vuelca a las diferentes ideas que el tiene, en este producto como que las malas palabras pasan a un segundo plano. Tal vez no se le disculparía si los contenidos que sarcásticamente quiere exponer en esos productos textuales al modo de ser de los argentinos, a la clase dirigente, etcétera; si eso no fuese muy bien logrado aflorarían a un primer plano las palabras. Algunos artistas que emplean malas palabras de manera recurrente y abusiva terminan siendo algo burdo; porque más allá de trabajar con vedettes, con modelos espectaculares, hay una pobreza de ideas que se evidencia. El tema del humor está íntimamente vinculado con el lenguaje y si no hay inteligencia que se vierta en palabras, el humorismo se pierde y se convierte en chabacanería, en vulgaridad, porque lo que denota es la falta de inteligencia.

—Recién mencionabas a Enrique Pinti, pero también hay otro personaje que es muy recordado por todos nosotros que es el Negro Fontanarrosa. Su intervención en el Congreso Internacional de la Lengua exponiendo sobre las malas palabras ha dado la vuelta al mundo. ¿Qué opinás al respecto?
—No tengo más que palabras de profunda admiración para con el querido Negro. Su pérdida ha sido lamentable, pero como todos los grandes dejó un suelo muy fecundo, porque el humor argentino tiene un antes y un después de Fontanarrosa. El haber creado personajes tan entrañables, el haber volcado toda una mirada irónica y risueña, al mismo tiempo que con cariño hacia la realidad nuestra, lo vuelve un personaje eterno. Aún nos podemos ver reflejados en su obra, en su afabilidad, todos lamentamos muchísimo su pérdida, pero quedamos con la alegría de saber que existo y que dejó mucho obra. Y bueno, quién mejor que él para dar una clase magistral ante todos los académicos de lo que significa las malas palabras desde este punto vivencial.

—Mientras lo escuchaba ese día y todo el auditorio se reía a carcajadas, pensaba, cuánta verdad encerraban sus ocurrencias…

—Cuanta verdad… Cuando nosotros reflexionamos sobre las palabras que muchas veces utilizamos sin saber porqué, y que de pronto venga alguien y que se cuestione el porqué; el vernos reflejarnos en esas situaciones provoca una especie de mirada indulgente de nosotros mismos. Allí vemos que estas reflexiones sobre la lengua, gozan de carácter universal, el tema de la universalidad, de saber que todos somos usuarios de una lengua que tiene un Quijote coexistiendo con productos banales o viles…

—¿El año pasado dictó un curso sobre las malas palabras?
—No, en 2007 di un curso sobre el humor y sus vertientes lingüísticas. Es un tema que me ha parecido de lo más fascinante y porque además se lo desdeña un poco en el nivel universitario. Yo sostengo que al humor hay que tomárselo muy en serio, forma parte de la naturaleza del hombre y de la sociedad. Siempre he encontrado la posibilidad de explotarlo, no solamente desde lo lingüístico estrictamente, sino que es un área que se puede abordar desde la interdisciplina: desde el análisis del discurso, psicología, psicoanálisis, filosofía; es decir, el humorismo es algo que ha interesado desde tiempos muy remotos y de disciplinas muy diversas; pero estaba faltando una mirada en profundidad desde lo lingüístico.

—Podemos decir también que los cordobeses son como un modelo del humor.

—Sin duda. El humor cordobés tiene marca registrada, tiene un sello de identidad que nos tiene que poner orgullosos, porque forma parte de un patrimonio cultural. Ahora que se está hablando de los patrimonios culturales, no sólo de los materiales sino simbólicos, el lenguaje es sin duda un patrimonio. Los lenguajes regionales, las lenguas minoritarias en cuanto que no son las lenguas dominantes, son parte de un patrimonio colectivo nacional y el humor se puede considerar como parte del patrimonio cultural y social de los cordobeses. Sin desdeñar que en otras partes del país existen muy buenos humoristas, cada uno con su modalidad propia, pero indudablemente que la ocurrencia, el ingenio, la chispa, la espontaneidad que tiene el cordobés a veces no se ven en otros ámbitos.





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En el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Rosario en 2004, nuestro recordado Roberto Fontanarrosa, fue invitado a una de las mesas para hablar sobre la internacionalización del español. Conviene aquí reproducir parte de su exposición, la que se constituyó como una intervención memorable.



LA INTERNACIONALIZACIÓN DEL ESPAÑOL

Por Roberto Fontanarrosa
Adaptación de www.congresosdelalengua.es


No sé que tiene que ver con lo de la internacionalización, que, aparte, ahora que pienso, ese título lo habrán puesto para decir que una persona que logra decir correctamente in-ter-na-cio-na-li-za-ción es capaz de ponerse en un escenario y hablar algo —porque es como un test que han hecho—.
Algo tendrá que ver el tema, éste, el de la malas palabras, por ejemplo, con éste, como el que decía el amigo Escribano (José Claudio Escribano), se nota que es tan polémica esta mesa que es la única a la que le han asignado «escribano» para que se controle todo lo que se dice en ella.
Creo que es un aporte real en cuanto al intercambio, me ha tocado vivir cuando he tenido que acompañar a la selección argentina a partidos (de fútbol) en Latinoamérica. El intercambio que hay en esos casos de este lenguaje es de una riqueza notable; es más, en Paraguay nos decían «come gatos» que es, estrictamente para los rosarinos, «un rosarinismo».
Un Congreso de la Lengua, es más que todo, para plantearse preguntas. Yo como casi siempre hablo desde el desconocimiento, me pregunto por qué son malas las malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué?, ¿quién dice qué tienen las malas palabras?, ¿o es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas?, ¿son malas porque son de mala calidad?, o sea que ¿cuando uno las pronuncia se deterioran? o ¿cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con la moral?
Obviamente, no se quién las define como malas palabras, tal vez sean como esos villanos de viejas películas como las que nosotros veíamos, que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos.
Tal vez nosotros al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas, lo que yo pienso es que brindan otros matices muchas de ellas. Yo soy fundamentalmente dibujante, con lo que uno se preguntará: ¿qué hace ese muchacho arriba del escenario? Manejo muy mal el color, por ejemplo, pero a través de eso sé que cuanto más matices tenga uno, más puede defenderse, para expresarse, para transmitir, para graficar algo, entonces, ¿hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunos incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo.
El secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada —no sé si está en el diccionario de dudas—, está en que también puede hacer referencia a algo que tiene pelotas. Puede hacer referencia a algo que tiene pelotas que puede ser un utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo que digo, el secreto, la fuerza; está en la letra t. Analicémoslo —anoten las maestras—: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que decir peloTUdo.
Otra cosa, hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa —esa es otra particularidad, porque todos los países tienen malas palabras pero se ve que las leyes de algunos países protegen y en otros no—, hay una palabra maravillosa, decía, que es carajo. Yo tendría que recurrir a mi amigo y conocedor, Arturo Pérez Reverte, conocedor en cuanto a la navegación, porque tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía, en lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere, entonces mandar a una persona al carajo era estrictamente eso, mandarlo ahí arriba.
Amigos mexicanos con los que estuve cenando anoche me estuvieron enseñando una cantidad de malas palabras mexicanas. Ahora que lo pienso creo que me estaban insultando porque se suscitó un problema con la cuenta a la hora de pagar. Me explicaban, que las islas Carajo son unas islas que están en el océano Indico.
En España, el carajillo es el café con coñac y acá apareció como mala palabra, al punto que se llega a los eufemismos se decía caracho es de una debilidad absoluta y de una hipocresía... ¿no?
A veces hay periódicos que ponen: «El senador fulano de tal envío a la M a su par…». La triste función de esos puntos suspensivos, realmente el papel absurdo que están haciendo ahí, merecería también una discusión acá, en el Congreso de la Lengua.
Voy a ir cerrando, hay otra palabra que quiero apuntar que creo es fundamental en el idioma castellano, que es la palabra «mierda», que también es irremplazable. El secreto de la contextura física está en la r —anoten las docentes— porque es mucho más débil como lo dicen los cubanos: miELda, que suena a chino y eso —yo creo que ahí está la base de los problemas que ha tenido la Revolución cubana—, quita de posibilidades de expresiva.
Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso, lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 31 de agosto de 2008.-

Carlos Gazzera (Director EDUVIM) 1ª Parte

ENTREVISTA A
CARLOS GAZZERA
DIRECTOR DE LA EDITORIAL UNIVERSITARIA VILLA MARÍA
(Primera parte)

Textos de Darío Falconi
Fotos de la Feria del Libro por Pablo von Düring


Había abandonado la ciudad por segunda y definitiva vez en 1988, aunque nunca imaginó que las vueltas de la vida no dejarían de vincularlo a su ciudad natal. Si bien volvía esporádicamente a Villa María para visitar a su madre y amigos, no lo haría con tanta frecuencia hasta 2003. Había obtenido por concurso un cargo auxiliar en la UNVM y por ese motivo se trasladaba desde la Capital de la provincia para dictar clases en el (por aquel entonces) Profesorado en Lengua Castellana. Sin embargo, no se contentaría solamente con el desarrollo de esa función, si hay una palabra con la que lo pudiese definir a Carlos Gazzera, esa sería inquieto. Su amplia capacidad creadora y organizadora lo hacen inmiscuirse en los distintos astros del orbe cultural. Carlos, es un preocupado por generar esos espacios donde se puedan difundir los proyectos, confrontar las ideas, mostrar lo que se produce en frente de nuestros ojos pero que muchas veces no podemos ver. Decía que es un inquieto, ya que además del dictado de las clases en Villa María, comenzó a organizar charlas y debates; presentaciones de libros; se metió en nuestro diario y retomó el suplemento cultural que muchísimos años dirigió el eterno Bernardino Calvo; proyectó el primer libro de rock de la ciudad y tantas otras actividades que, quizás inconscientemente, actuaron de excusas para volver a solidificar ese vínculo con la ciudad.
Cuando a finales del año pasado comenzó a esbozarse la idea de crear una editorial universitaria, las miras de las autoridades de la UNVM fueron puestas en él, por su sapiencia en las cuestiones editoriales. Carlos, es magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea en el Centro de Estudios Avanzados (UNC); se encuentra cursando un doctorado; dirige proyectos de investigación relacionados con la literatura de la provincia de Córdoba; fue docente de letras de la UNC y de la UNVM. Se desempeñó como periodista cultural desde 1992 hasta hace meses en las páginas de La Voz del Interior, también colaboró asiduamente en La Gaceta de Tucumán. Desde el 2004 al 2006 fue coordinador de EL DIARIO Cultura de este medio. Colaboró en múltiples revistas culturales. Integra los Consejos de Redacción de las revistas académicas: INTI (Providence Collage, EE.UU.) y La Pecera (Mar del Plata). Sus trabajos de crítica literaria han sido publicados en EE.UU., Italia, Brasil, Israel, España y México. Entre 1995 y 2001 dirigió la revista-libro “TRAMAS, para leer la literatura argentina”. Sus últimos libros son: “Fragmentaciones. Poesía y poética de Alejandro Schmidt” (2003) en colaboración con María Teresa Andruetto, “Panorama de la literatura brasileña” (2004), “Ficciones del Horror” (2006) con Carlos Surghi y “rock_vm. El rock de Villa María en el nuevo milenio” (2007) con José Azocar y quien escribe estas líneas.
Empapado de todo lo referente a las cuestiones editoriales, decidió aceptar un desafío trascendente que posee dos caras; por un lado, el mérito por su intensa labor cultural y por el otro, un compromiso enorme para con el destino de una universidad en crecimiento y la cultura de este pueblo. La Editorial Universitaria Villa María (Eduvim) fue creada por el voto unánime de los miembros del Consejo Superior de la UNVM y fue presentada en el marco de la VII Feria del Libro realizada el mes pasado, con un foro de editores y editoriales universitarias del país, en medio de cortes de ruta producto del “conflicto campo-gobierno”. Con un par de meses de vida la Eduvim ya posee dos títulos publicados y se prevén un importante número de textos para esta segunda mitad del año.
Desde éstas páginas convocamos a su Director Editorial para que nos cuente (en dos entregas) sobre este emprendimiento inédito en la ciudad.


—¿Cuándo tomó conciencia de la necesidad de una editorial en Villa María?
—Yo diría que la cuestión de la existencia de una editorial no pasó nunca ni por mi ocurrencia ni por mi voluntad. Creo que el planteo de la existencia de una editorial es el resultado de una maduración socio-cultural de la propia Villa María-Villa Nueva. Y como en muchos otros casos en la historia de las sociedades, es el Estado el que tiene que dar el impulso inicial. Villa María necesitaba, desde hacía un tiempo ya, la creación de un espacio editorial que no solo retuviera en la ciudad las publicaciones de los libros que nuestros autores e intelectuales producen sino que también se constituyera en un verdadero sitio desde el cual fuera posible patrocinar, alentar e incentivar la publicación en forma de libros. Por eso digo que no se trató ni de una ocurrencia ni de una iniciativa personal. Sí diría que hubo una voluntad política en un sector de la dirigencia cultural de la ciudad que vio que la creación de una Editorial era ya una necesidad insoslayable. En esa dirigencia destaco la voluntad política del rector de la UNVM, Martín Gill, de los funcionarios de la Universidad Nacional de Villa María que supieron impulsar un proyecto que fue votado por unanimidad por el Consejo Superior. Lo mío se resume a un simple trabajo profesional. Para mí, en lo personal, es un gran desafío, pero también un verdadero orgullo que, como villamariense, esa dirigencia se haya fijado en mi trayectoria, en mi curriculum, para confiarme esa responsabilidad.

—¿Qué significa ser una "editorial universitaria"?
—Significa asumir la vasta trayectoria que las Editoriales Universitarias han tenido para la historia cultural y social de nuestro país. Desde EUDEBA (Editorial Universitaria de Buenos Aires) hasta Editoriales Universitarias como la de la Universidad del Litoral (Santa Fe), muchos libros que hoy integran el acervo cultural del país y del mundo no hubieran sido publicados. Pienso en dos ejemplos claves de la cultura argentina en el mundo y que tienen a estas dos editoriales como protagonistas: el Martín Fierro de José Hernández con las ilustraciones del maestro Castagnino (Eudeba, 1962) o bien las Obras completas de Juan L. Ortiz (Litoral, 1996). Una Editorial Universitaria significa colocar la masa de recursos intelectuales, críticos y económicos de la Universidad al servicio de la comunidad que la sostiene. Significa el más contundente puente de vinculación entre comunidad académica-científica con la sociedad civil.

—¿Cuál es la situación actual que atraviesan las editoriales de las casas de altos estudios?
—Nuestro modo de presentarnos en la sociedad como Editorial fue patrocinando un evento de tipo académico cultural: un Foro de Editores y Editoriales Universitarias. Allí pudimos colocarnos en un debate nacional que parece estar comenzando. En sintonía con el debate que viene desarrollando la comunidad académica-científica en argentina sobre los modos de hacer ciencia, las formas en que las Universidades desarrollan conocimiento, el valor que las investigaciones tienen en el seno de la Universidad, sumado a los debates sobre cómo cuantificar los impactos sociales que esas investigaciones tienen en nuestra comunidad, los Editores de las Editoriales Universitarias comenzamos a preguntarnos qué tipo de libros debemos hacer. ¿Los libros que quieren nuestros docentes y nuestros investigadores son los libros que necesitamos? ¿Cuál es el límite o parámetro? ¿Importa o no importa el mercado? ¿Cuál es el mercado de nuestros libros? ¿Qué hacemos frente a ese mercado?

—¿Cómo es el panorama editorial que usted ve en nuestra ciudad?
—En Villa María hay un mínimo e incipiente panorama editorial. Es muy pequeño pero es interesante que exista. De ese estadio hay que salir para crecer. Tengo para mí la esperanza que Eduvim genere con su onda expansiva una movida editorial en Villa María. Estaría muy bien si en un par de años Eduvim hubiera fomentado la existencia de otras Editoriales en la ciudad y la región, y lo que es mejor aún, alentado la mejora de calidad en la producción de libros. Nuestra Editorial Universitaria no puede pensarse fuera de una escala nacional. No puede ser de otro modo. Nuestra Universidad Nacional nos exige ciertos parámetros de comparación con editoriales de otros lugares del país y nos impulsa a ser una Editorial con un nivel de desarrollo comparable a la de Buenos Aires, Litoral, Jujuy, Mar del Plata, Quilmes, Córdoba, Río Cuarto, etcétera. Tengo la certeza que ese nivel que puede aportar Eduvim contribuirá a elevar los indicadores no solo de producción de libros en la ciudad sino también de calidad. Esto seguramente será posible si todo el círculo que hay alrededor del libro tiende a completarse: por ejemplo, que algunas de la las imprentas de Villa María con una clara capacidad de modernización se decidan a darle al rubro del libro una importancia que hasta aquí, al parecer, no le han dado y realicen algunas inversiones; implica también, la toma de conciencia de profesionalizar los recursos humanos que la ciudad tiene: que los editores asuman riesgos y contribuyan a formar un espacio profesional de la edición, generando también un mercado interno de libros con colecciones económicas, donde los libros salgan corregidos y con diseños atractivos más allá del mercado interno. Para completar rápidamente el panorama: más libreros, más lectores, más periodismo especializado…

—¿Qué opinión le merecen las ediciones de autores muy comunes entre los escritores locales?
—Las ediciones de autor son algo muy valioso: muestran el convencimiento que ese autor ha tenido en su obra. Prefiero una obra de autor, con limitaciones, con errores, con defecciones y no el autor inédito por siempre. Sin embargo, las ediciones de autor tienen un gran problema y es que detienen el crecimiento de un mercado editorial. Por lo general el autor hace su edición, trata de vender unos pocos libros para pagar la edición y después, inunda el mercado con libros regalados. Y entonces, todo el convencimiento que tenía en un primer momento de sacar su libro, de poner dinero de su bolsillo para que el libro saliera, lo derrocha ahora cuando lo termina regalando. La próxima vez los que pagaron por el libro van a decir, “para qué voy a pagar por el libro de tal si después de un tiempo me lo regala…” Los autores no deben regalar libros. Los autores deben fomentar que sus libros se vendan. Como Editor pretendo que los autores no regalen sus libros y yo, como contrapartida quiero garantizarles a los autores que sus libros saldrán a precios razonables… Mi desafío es que los libros de Eduvim sean accesibles a la gran mayoría de los lectores.

—¿Cuál es la estructura actual y cuál la que proyecta Eduvim?
—La estructura de Eduvim es aún mínima. Sin embargo, tampoco pienso en una estructura sobredimensionada. Pienso que hay que ser responsable del uso que le damos a los dineros públicos. En ese sentido, sostengo que desde la UNVM debemos potenciar los recursos humanos que tenemos para que la ecuación sea: producir con los mínimos de los recursos los máximos resultados. Eduvim debe dar muestras de una eficiencia no solo económica sino de responsabilidad institucional. Eduvim tendrá una estructura de coordinación y de producción mínima y potenciará a través de la tercerización todos los trabajos que son inherentes a la publicación de libros.

—¿Dónde se imprimirán los textos?
—Como usted sabe, la administración del dinero público tiene mecanismos muy estrictos de control. Nuestro desafío es reunir la justa proporción entre calidad y precio. Con el desarrollo tecnológico del mundo de la impresión, no tiene sentido que la UNVM invierta dinero en máquinas para imprimir. Tenemos a mano muy buenas imprentas del Estado y muy buenas empresas en Córdoba y Buenos Aires que nos garantizan calidad y costos razonables. Mi deseo es que las industrias del rubro en Villa María inviertan y se coloquen a niveles operativos similares a los de Bs. As. y Córdoba. Sabemos que si bien esas grandes industrias gráficas de Buenos Aires y Córdoba están en mejores condiciones de brindarnos precios y calidad, estamos dispuestos a apoyar emprendimientos regionales que se acerquen a nuestras necesidades. Vengo de La Rioja: hace diez años allá no se hacía más que fotocopias y duplicaciones defectuosas. Cuando había que imprimir un libro, los autores se venían a Córdoba. Hace unos seis o siete años se creó la ley del libro y la industria gráfica de la ciudad creció de tal manera que no tiene nada que envidiarle a Córdoba, Rosario o Tucumán. Espero que en Villa María eso ocurra en la próxima década. El desafío está planteado.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 20 de julio de 2008.-

Carlos Gazzera (Director EDUVIM) 2ª Parte

ENTREVISTA A
CARLOS GAZZERA
DIRECTOR DE LA EDITORIAL UNIVERSITARIA VILLA MARÍA
(segunda parte)


Por Darío Falconi


Culminamos la edición pasada con la primera entrega del reportaje a Carlos Gazzera, actual Director de de la Editorial Universitaria Villa María (Eduvim) dependiente de la Universidad Nacional (UNVM).
En esa oportunidad, el funcionario de la Alta Casa de Estudios expresaba su deseo de que la ciudad se convierta a futuro, en un polo gráfico y productor de textos de relevancia.
Villa María y Villa Nueva están de para bienes, la creación de una editorial universitaria multiplicará las posibilidades de que muchos libros y autores se inmortalicen para la posteridad. Académicos, literatos, historiadores, investigadores, particulares… en fin, personas que bregan por difundir la cultura de nuestro pueblo tendrán la posibilidad de mostrar sus pensamientos, sus investigaciones y creaciones. Un libro mantiene intactas las ideas, las moviliza a través de los años y de los lugares, se lo puede escrutar en cualquier momento y circunstancia. El libro es un invento milenario de tanta vida y vigencia, que ha ido evolucionando, pero que en esencia conserva las mismas características de antaño y que (muchos) no podemos imaginarnos la realidad sin él.
Las palabras que siguen, serán las que nos completen el panorama de este nuevo emprendimiento cultural; Gazzera nos contará sobre las distintas colecciones que prevé la Eduvim, cómo resolverán las cuestiones referidas a la distribución de los textos, que línea temática será empleada en dicho órgano de la UNVM y finalmente describirá y descubrirá, en un raudo paso, los distintos momentos evolutivos que atraviesa un texto hasta que se convierte en ese envase cultural tan preciado.
En la edición de hoy les proponemos el cierre a ese diálogo que pasamos a compartir sin más rodeos.

—En la Eduvim, ¿habrá cierta preferencia por temas y tipos de publicaciones?
—El Consejo Superior de la UNVM aprobó un organigrama organizativo para Eduvim que debe atender dos líneas de producción de libros: los académicos y los culturales. Es decir, Eduvim debe tener una pata en la UNVM y otra en la comunidad. Ese organigrama nos demanda una doble articulación. Hacia el seno de la comunidad académica universitaria y otra hacia la sociedad de Villa María y el país. Para el caso de los libros académicos, será la comunidad académica la que irá demandando qué publicar, cuándo y cómo. Para ese sector, la Editorial es un instrumento que debe posibilitar el ingreso de esa producción de libros en el mercado. Los libros universitarios –como le gusta decir a José Luis Volpogni (Litoral)- tienen lectores, de lo que se trata es de hacer que esos lectores compren nuestros libros. Hacia la comunidad, lo que nos interesa es potenciar un nivel de calidad. La Editorial Universitaria tiene que priorizar aquellos libros que las editoriales comerciales no publican. Pero además, debe tener en cuenta que si los publica, deben hacer todo lo posible para que los compren y los lean.

—¿Qué colecciones tienen pensadas y que formatos (libro, DVD, CD, etc.) trabajarán?
—Hemos puesto en marcha dos colecciones de libros académicos: Poliedros (destinada a la producción académica de nuestros docentes, equipos de investigación e investigadores). Busca dotar a nuestros principales recursos humanos de una ventana de salida hacia la comunidad académica científica del país y del mundo. La otra es Primeros Pasos destinada a la publicación de aquellos trabajos de nuestros alumnos egresados del grado. Estas dos colecciones fueron puestas en marcha y estamos trabajando para que al menos antes de fin de año tengamos un par de títulos más en cada una de ellas. También pondremos en circulación una colección titulada Pajarito de agua (en homenaje a Edith Vera) con cuentos de autores villamarienses y cordobeses. Esa colección tiene por objetivo fomentar la literatura regional en el nivel medio de nuestra ciudad y nuestra región. Antes de fin de año lanzaremos un CD con música de nuestro Ensamble (grupo musical de la UNVM dirigido por Luis Nani) y una convocatoria para grupos musicales de nuestra comunidad. Tenemos en marcha una colección de libros titulada Documento Regional de Identidad en la cual aspiramos a publicar libros sobre Villa María y la región. Por empezar, un libro sobre la historia de Villa María en relación al mundo, de Horacio Cabezas; otro sobre la historia y desarrollo de la práctica de la medicina en Villa María y la región, del Dr. Sayago; otro sobre la historia del devenir económico industrial, comercial y de servicios de Villa María y su región del Lic. Carlos Seggiaro. Tenemos más, pero me parece que para este primer semestre, concretar estos libros y planificar otros, es más que suficiente.

—Un tema no menor es el de la distribución, ¿cómo piensa resolverla Eduvim?
—Ningún tema es menor para una editorial que desde su comienzo se propone intervenir en el circuito editorial universitario y con decisión en el circuito comercial del libro. Nos interesa mucho hacer que nuestros libros académicos, que nuestra producción intelectual llegue a todo el país. Para eso se nos vuelve necesario estrechar vínculos con las Editoriales Universitarias reunidas en REUN (Red de Editoriales Universitarias Nacionales). Ya estamos en contacto con la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata para que ellos garanticen la llegada de nuestros libros en toda la zona sur y la Costa Atlántica argentina. En Córdoba y Villa María tendremos distribución propia y buscaremos ser distribuidores de otras editoriales Universitarias. En Buenos Aires, la médula de todo el problema, veremos cómo lo resolvemos. Tenemos dos o tres propuestas, pero lo solucionaremos a la brevedad. Por ahora estamos pensando la post-edición de manera muy artesanal porque la realidad es que tenemos muy poca edición. Pero sabemos que una de las claves del éxito de que nuestro sello se consolide, es la distribución.

—¿Habrá intercambio de producciones locales con el resto de universidades del país y el extranjero?
—Sí. Este es uno de nuestros puntos más ambiciosos. Estamos trabajando con ese tema, pero desde ya que sí. Tenemos tres proyectos claros de co-edición. No tenemos los convenios firmados y le pido que me entienda. Quiero ser respetuoso con los proyectos en elaboración. Oportunamente le pediremos al rector que los anuncie.

—¿Cómo se realizarán las ventas? ¿Habrá catálogos? ¿Compras por la web?
—El catálogo es lo que todo Editor tiene para mostrar, para lucirse. Nuestro catálogo tiene que ser el resultado de un consenso de lo que se produce a nivel universitario con lo que se produce a nivel social. Nos interesa que ese catálogo se vaya construyendo con obras que queden en el tiempo. Le aseguro que ese es un gran desafío de toda editorial privada. Imagínese cuánto más lo es de una editorial pública. Armaremos nuestra página WEB oficial que estará disponible desde la página de la UNVM y claro que desde allí se podrán adquirir nuestros libros desde cualquier punto del mundo.

—¿Qué garantías tiene un libro publicado con Eduvim en comparación con imprentas, talleres y editoriales independientes?
—No debería tener ninguna en especial. Claro, si el mundo de la edición estuviera claramente reglamentado con una Ley del Libro. Como en la actualidad ese tema es muy controversial, el caos editorial en Argentina es fenomenal. La consecuencia las pagamos todos. En primer lugar, tenemos una precarización del autor. Después, la precarización de todos aquellos que trabajan en las editoriales como empleados. El Editor argumenta que esa precarización también lo desalienta a invertir porque las grandes casas editoriales acaparan más del 70% del negocio del libro. ¿Qué es lo que crece? Como en todo rubro de economías con reglas poco claras, florece la economía informal. Los libros de autor no tienen ISBN (es decir, no tienen existencia, es como un niño sin DNI), no tiene por lo tanto existencia catalogal. Un ejemplo: supongamos que uno de nuestros profesores publicara una refutación a la teoría de Einstein y nuestro libro no tuviera ISBN ni ficha catastral y así como lo publicamos, lo llevamos a la Biblioteca Nacional o a la Biblioteca del Congreso de EE.UU., ¿sabe lo que haría el bibliotecario? Lo destruye en el acto con una de esas máquinas que tienen para hacer pulpa de papel. No me lo contaron: lo vi con mis propios ojos. O bien, si es inteligente y por casualidad es un entendedor de la teoría de la física, lo publica él, con un ISBN, a su nombre, y en el mejor de los casos, salta a la fama… O se llena de dinero… Por lo general no hay contratos o los contratos que se pactan son tan leoninos que los perjudicados siempre son los autores. No hay distribución. En el mundo actual, donde lo más importante es estar en una red de intercomunicación, es increíble, pero muchos de los libros de autor terminan en los placares de sus autores y con el paso del tiempo nadie los puede reclamar, encontrar, leer…

—¿Podría bosquejarnos el proceso que sufre un escrito desde que es un borrador hasta que es un libro publicado por Eduvim?
—Para un libro académico, el proceso que normalizaremos en breve es el siguiente. Cada Instituto deberá establecer las prioridades de publicación académicas y/o científicas. Para ello deberá crear un comité académico de Edición. Nosotros creamos en un primer momento, dos colecciones genéricas (Poliedros y Primeros Pasos) para canalizar rápidamente algunos títulos. Esas colecciones están disponibles para ser “llenadas” a la brevedad. Necesitamos, sin embargo, que los Institutos hagan sus propias propuestas de colecciones, de prioridades, etcétera, etcétera. En lo que es el ámbito cultural, la Editorial creó un instrumento parecido con la colección Documento Regional de Identidad (DRI) donde canalizaremos algunos libros que son prioridad editorial de la ciudad. En un futuro inmediato (estamos trabajando ya en eso) construiremos un Consejo Consultivo de miembros de la Sociedad Civil que desde el Rectorado y Extensión Universitaria buscará promover que el mundo cultural y bibliográfico de la ciudad se acerque a Eduvim y la cooperación de todos los sectores interesados de Villa María. Eso es lo que hace como dinámica de la decisión de publicar libros. El proceso una vez aceptado el libro tiene tres fases. Una de pre-edición que significa asignación a una colección, tramitación de ISBN, contrato Autor-Editor, reconocimiento en el Registro de Derecho de Autor. De allí, pasa a Edición: el manuscrito se entrega en un formato de papel y otro digital. Se le asigna un corrector que lo trabaja sobre ese manuscrito y su versión digital, corrigiéndolo y unificando el estilo según el “manual de estilo” de Eduvim. Cuando el libro vuelve del corrector, el editor (o el responsable de la colección) lo lee y comienza el trabajo de devolución con el autor. Se entabla un trabajo apasionante: este es el momento donde se le da forma a “la caja” del libro, se elige la tipografía, el formato interior. El autor lo vuelve a ver ya puesto en el “formato de caja”, tal como saldrá impreso. Después de esta segunda corrección, se tira una prueba de galera que será revisada finalmente por el mismo corrector inicial que cierra el círculo. Allí se ensambla el arte del interior con el arte de la tapa. El Editor vuelve a mirar la “prueba de libro concluido” un poco antes de la impresión definitiva. Eso hace que no perdamos el inmenso placer de trabajar artesanalmente el libro (cuatro correcciones) y un proceso industrial. Cuando llega el libro a nuestras manos tenemos toda la tarea de post-edición: presentar el libro en Villa María; organizar presentaciones en otras ciudades o comunidades, en donde el libro pueda llegar a ser importante. Estamos muy interesados en que nuestros autores se comprometan con nosotros y sus libros como lo haremos nosotros con sus libros.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 27 de julio de 2008.-

domingo, 10 de agosto de 2008

El Estilóbato (regreso)

NUEVO IMPULSO
EL ESTILÓBATO
PARA EL ARTE MÚLTIPLE

Por Darío Falconi



El capítulo se había cerrado con una maratónica oferta de espectáculos en diciembre pasado. La casa cultural denominada El Estilóbato, cerraba sus puertas debido al permanente e insostenible problema económico. Habían transcurrido siete años y seis meses de aglutinar en solo lugar la pluralidad de las voces del arte. La tarea no fue fácil de sobrellevar, máxime cuando sus propulsores son jóvenes que trabajan, que poseen sus familias, obligaciones y que dedican el escaso tiempo libre a una pasión que el inconsciente colectivo argentino no puede digerir como profesión, como obligación, como trabajo. Pero… ¿quién dijo que las despedidas son tristes? Las crónicas de esa noche destacan los aplausos y sonrisas por sobre el llanto y la tristeza.
Era la despedida, pero no el final; los chicos sabían que debían cerrar el inmueble, pero el proyecto, la idea, el concepto, no cerraba. El respiro tenía que darse, debían hincharse los pulmones con nuevos aires y ver la manera de retomar. En esos años de trabajo ininterrumpido, las fuerzas se fueron agotando y este (mínimo) descanso sirvió para tomar impulso, para que el tranco sea ahora más largo y alto.
En poco tiempo más El Estilóbato será una asociación civil sin fines de lucro, lo que le dará un estatus superior, para poder ser reconocida así por diferentes entes y obtener apoyo tanto local, provincial como nacional. Reorganizaron su proyecto, están culminando los trámites respectivos y tienen los ojos bien abiertos para encontrar su nueva morada.
Es así, El Estilóbato está buscando un nuevo hogar, un lugar que les permita desarrollar la actividad multicultural para seguir promocionando a los artistas locales como los que puedan venir de otras latitudes.
Desde EL DIARIO Cultura, hablamos con una de sus férreas colaboradoras, Soledad Rolando, quien es además la vocalista del grupo de raíces folklóricas La Tusca, germinado sobre las tablas de la casona de Tucumán al 842. Soledad, es sólo una de las voces de esta familia que espera crecer este año.


—¿Cuáles fueron las intenciones iniciales de El Estilóbato?
—Yo estuve a partir del segundo año, pero más o menos el planteo fue que existiera un espacio donde se pudieran hacer muchas actividades. En un principio era muy fuerte el tema de los talleres que se dictaban durante la semana y los fines de semana los espectáculos. Queríamos un espacio donde confluyeran diversas artes y luego mostrar todo lo que se hacía.

—¿Recordás en esa época cómo estaba la ciudad en cuanto a este tipo de manifestaciones?
—Había mucho menos, El Estilóbato nació en 2001, había muy poco movimiento y aparte se estaba iniciando todo este tema de la universidad, que después con el tiempo, la mayor cantidad de público y de gente que se movió allí dentro fue universitaria.

—Además era una época donde la Argentina se caía a pedazos…
—Sí, era complicado; pero siempre tuvo el mismo fin, que existiera en ese lugar un espacio para hacer muchas cosas, y cosas que básicamente en Villa María no se veían, como por ejemplo los malabares, de circo, de clown, acá no había.

—Contanos como es este tema del resurgimiento de El Estilóbato.
—En realidad desde el momento en que se cerró, siempre se tuvo la idea de que se iba a continuar, nunca se lo pensó en que se cerraba y se termina, se lo vio como el fin de una etapa, un ciclo; pero siempre tuvimos la idea de seguir trabajando a puertas cerradas para que pudiéramos arrancar. El Estilóbato se cerraba por muchos motivos, pero el problema económico siempre estuvo; gente que quisiera estar, que quisiera laburar había, artistas en Villa María hay a montones, el tema era el apoyo económico. Si bien había apoyos chicos, publicidad y demás, nunca hubo algo que lo sostuviera, el alquiler había que pagarlo todos los meses, la luz también y el gas también… era un mantenerlo y ya al último tiempo era tironearlo porque no se llegaba. Entonces hacíamos otras actividades que eran más fáciles de organizar y que eran más rentables como las peñas. Actividades que no tenían más complicaciones que buscar artistas y publicidades, que es trabajoso, pero que venía a cumplir con la necesidad más urgente: juntar plata para llegar a fin de mes.
Se cerró, pero la idea fue trabajar para reorganizarlo, por un lado se hizo todo el tema jurídico que nos falta la última parte, donde la enmarcamos dentro de una asociación civil sin fines de lucro, que por ese lado nos facilita la solicitud de apoyos. Por otra parte, cuando empezamos a trabajar allá por marzo y abril, de las ocho personas que somos ahora, hay gente de antes y gente nueva, nos dividimos en dos grupos; uno de ellos hizo la parte espantosa jurídica (risas) y el resto desarrolló el proyecto. Tuvimos mucha gente que nos ayudó en esta tarea. Todo esto fue lo que hicimos en seis meses, seguimos teniendo el mismo fin y los objetivos, promover, difundir el arte de esa manera, que haya un poco de todo y que todo el mundo pueda disponer de ese espacio, así era El Estilóbato, todo aquel quisiera mostrar algo iba ahí.

—Y no descansaron mucho que digamos, porque si me decís que comenzaron en marzo y dejaron la casa en diciembre del año pasado... Se cerró la casa, pero no el proyecto.
—Claro, El Estilóbato tiene la parte humana o el espíritu que siempre estuvo, nos quedamos sin el espacio físico que es muy importante para funcionar. Pero estamos trabajando como siempre igual, como hicimos todos los años, en marzo volvimos a arrancar.

—Ahora que mencionás la cuestión del espacio físico, ¿siguen buscando un lugar donde instalarse?
—Estamos sobre todas las cosas, buscando. Nos planteamos y lo hicimos, de salir por Villa María preguntando por algunas casas que veíamos, pero nos resultaba difícil; entonces dijimos de hacerlo al revés, vayamos a los medios, que la gente se entere que andamos buscando casa. Nos pasó el año pasado, que cuando cerramos, a la semana siguiente nos llamó una abogada que nos ofrecía una casa que estaba buena, pero que para tener un espacio donde hacer espectáculos teníamos que voltearle paredes, cosa que no podíamos hacer. Fue apareciendo gente que nos daba datos, pero es más fácil que la gente se entere de que nosotros buscamos casa, porque nosotros no sabemos adónde. Este es nuestro siguiente paso, el proyecto ya está terminado, lo de la asociación civil falta el último trámite y nos quedaría el espacio físico. En Villa María hay cantidad de casas, sobre todo casa viejas que hace años que están cerradas, pero que no sabés ni siquiera de quién son. No pedimos que nos regalen nada, si hay que alquilar vamos a alquilar, lo hicimos antes y ahora siendo una asociación civil, nos posibilitaría conseguir más recursos para pagarla.

—Mínimamente, ¿cómo debería ser la casa que ustedes necesitan?
—Como ideal y para que funcione con el espíritu que tuvo siempre, sería una casona del estilo que teníamos antes con un espacio relativamente amplio para espectáculos y con aulas donde se dicten talleres y demás; pero llegado el momento en que nos digan, “tenemos un salón”… y… va a funcionar en un salón. Hay otra cosa, nosotros no es que buscamos estar en el centro, pero si decimos que la casona está a dos cuadras antes de llegar a la universidad, se pone bravo, porque la gente no se moviliza; en Villa María pasa que si algo está fuera de los bulevares está lejos. La gente no está acostumbrada a usar colectivos, tomarse un remisse y hacerse cuarenta cuadras… pero llegado el momento, donde sea y como sea vamos a funcionar, buscaremos la forma de adaptarnos a la situación.

—¿Existe la posibilidad de que una institución, un organismo público, una entidad colabore y que ustedes no pierdan la independencia y el espíritu original?

—Para mí sí, estaría buenísimo que Cultura, la Municipalidad, que cualquier institución pudiera apoyar este proyecto sobre todo porque no existe algo así con la variedad que teníamos nosotros. Se extraña esa apertura que tenía para hacer cosas, yo que estoy en una banda noto el espacio que no existe. Sí se puede trabajar con la ayuda de alguna institución “sin venderse”.

—Recién decías que se extraña ese espacio, en estos seis meses que pasaron sin El Estilóbato, ¿notaste un cambio en Villa María, sentiste ese “hueco” en la actividad artística?
—Sí, El Estilóbato no era sólo lo que pasaba en una noche de espectáculo, El Estilóbato estaba abierto todo el día, la gente circulaba todo el tiempo, yo sinceramente no conozco que haya en la ciudad algo así. Cuando hablamos con chicos de algunas bandas me comenta que se redujo el espacio para tocar. Si tenías que hacer un espectáculo en otro lugar, debías llegar, acondicionarlo, llevar todo lo necesario para tocar; en nuestra casona estaba todo acondicionado para la ocasión, tenías que ir, armar el sonido y lo demás ya estaba. Era muy lindo ver como se transformaba todo, había un espectáculo un día, y al otro había que dar clases en el mismo espacio, era todo muy funcional. Se extraña la magia especial que había, esa magia que sentís cuando entrás a un lugar que no es cualquier lugar…


Y de esa magia de la que habla Soledad, casi que pudiese percibir el halo que flota en el aire de esta fría noche de jueves. Mientras rememora algunas cosas que pasaron a lo largo de ese tiempo, aprovecha la ocasión para esbozar las diferentes propuestas que estiman para el corriente año. Algunas de ellas incluyen la creación de un ciclo de cine café, maratones teatrales, la creación de un stand permanente con producciones artísticas, dictado de seminarios y la presentación de artistas locales y de afuera para el enriquecimiento de todos… Son tantas las actividades y tan diferentes que no existía en la ciudad un marco legal que la encuadrara, tal es así que, el Consejo Deliberante debió crear la figura de “espacio de promoción, producción y difusión cultual”. En esas pocas palabras que envasan tantas cosas está El Estilóbato; un lugar donde existe la posibilidad de seguir creyendo, esa necesidad de que el arte sea una utopía y que ésta no muera jamás. Tal como estampara, durante la noche de cierre, un artista plástico local en las viejas paredes de la casona cultural: “LAS UTOPÍAS NO SE TERMINAN, SÓLO SE RENUEVAN”.


Para aportar ideas, sumarse al proyecto u ofrecer colaboración, los chicos de El Estilóbato aguardan su contacto:
http://www.elestilobato.blogspot.com/
elestilobato@gmail.com
elestilobato@yahoo.com.ar
154090807
156571701
154128179
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 10 de agosto de 2008.-

domingo, 3 de agosto de 2008

Jaqueline Andrada (Cómics / Animé / Manga)

ENTREVISTA A
JAQUELINE ANDRADA
UN ESPACIO ANIMADO EN LA CIUDAD

Por Darío Falconi



Inodoro Pereyra, Tony, Pepe Sánchez, D’artagnan, Paturuzito; se convirtieron en las lecturas que cimentaron su pasión por las historias y por los dibujos. Junto a su hermano compraban las historietas que marcarían su predilección por este género tan beneficioso para el hábito de la lectura y el pensamiento.
Más adelante los Thundercats, los Halcones Galácticos, Voltron, entre otros, complementarían la dieta de series y películas devoradas en el ya viejo y recordado VHS. No faltarían los esporádicos viajes a Córdoba para adquirir alguna remera o alguna revista en particular, que se consigue en las comiquerías que se encuentran diseminadas en los recovecos de las distintas galerías y paseos. Negocios que se especializan en ciertos aspectos de un comercio muy amplio e inimaginable.
Esta idea es la que pretende modificar Jaqueline; presentar en un local de nuestra ciudad la mayor cantidad de productos que pueda brindar; en sus palabras: “En Córdoba las comiquerías están, pero es cuestión de buscarlas, porque están muy adentro de las galerías. Quien busca cómic, encuentra cómic; hay chicos que buscan juegos de rol en el que se emplean manuales, los tienen también; en otro lado consiguen pósters... Pero no hay una comiquería, una tienda de cómic, que venda pósters, remeras, muñecos, revistas… esa es la idea que yo tengo.”
Circulando por Rivadavia a metros de Mendoza se encuentra su local en el que, emulando un gashapon japonés, es posible encontrar en su interior diferentes artículos para sorprenderse, que harán el deleite de muchos y que activarán las fibras del recuerdo en otros.

—Contanos Jaqueline, ¿cuánto hace que abriste este local?
—Más o menos tres meses. En este tiempo han venido mejicanos, chilenos, ecuatorianos, gente de La Plata… yo charlo con ellos y me voy dando cuenta cuáles son sus preferencias y me orientan a la hora de ir trayendo cosas, porque voy conociendo los gustos.
Para mí es un desafío; cuando yo abrí puse mucho de Dragon Ball Z y cierta gente piensa que sólo vendo eso, o que somos drogadictos… los escucho cuando miran la vidriera. Hay gente que no conoce, pero hay otra gente que sí. Chicos muy pequeños que ven lo que se pasa en el cable local; cuando vamos subiendo de edad, ya ven un poco más, porque bajan series por Internet; es otro público adulto que conoce de Robotech, Thundercats, He-Man, porque ellos los vieron. La gente grande es muy puntual a la hora de buscar algo, conocen mucho de historieta argentina.

—¿Cuál es la diferencia entre historieta, manga, cómic y animé?
—El origen. Para los argentinos es historieta; los japoneses le llaman manga a cualquier historieta, pero cuando sale de ese país, como es de origen japonés toma ese nombre. El cómic que es más norteamericano es muy finito con láminas ilustradas a color brilloso, la hoja tiene otra calidad. Una caracteística es que los cómics a veces tienen diferentes estilos de dibujos porque son diferentes dibujantes, de distintas épocas; esto no sucede en el manga. Cuando hablamos de manga por lo general viene en blanco y negro, como es japonés se lee al revés, tenés que empezar de atrás para adelante y de derecha a izquierda; además el grosor de las páginas es superior. El cómic tiene miles de vueltas, muchos números, muchas situaciones; mientras que el manga se hacen unos cuantos tomos y se acaba la historia. Si el manga tiene éxito puede salir la adaptación al dibujo animado o animé.

—¿Animé puede ser tanto un dibujo animado como una animación por computadora?
—No, ellos le llaman animé a lo que tiene origen japonés; cuando tiene otra nacionalidad, ya para ellos deja de tener ese nombre, pero para nosotros sigue llamándose así. Nuestra forma de catalogar es: dibujo para los más chiquitos y animé cuando vamos subiendo un poco más. Para los japoneses es tan normal esto que los distinguen por categoría, si es de robot o son personas con trajes con ciertas funciones le llaman mecha, si es para chicas se llama de otra manera y hay muchas otras formas más de clasificarlas… es tanto lo que abarca que lo van catalogando, porque para ellos es una industria muy común. El éxito de los artistas que cantan cuando pasan del manga al animé da pie para que la serie tenga éxito o no, o que ellos se lancen a la fama. Nosotros simplemente le llamamos historieta argentina.

—¿La gente que se acerca a tu local, pide proporcionalmente más historieta que manga?
—Vos me decís en cuanto a revistas, porque lo primero que ven cuando llegan son los muñecos, sobre todo los chicos; no están tan acostumbrados. Los chicos piden los muñecos Dragon Ball o Naruto por ejemplo; porque Villa María no tiene un canal de dibujos de animé como se tiene en Córdoba, entonces muchas veces piden artículos de los dibujos que conocen y pueden ver. El manga tiene sus fanáticos, pero la gente que no conoce para acercarse, necesita ver el dibujo para luego trasladarse al manga.

—Sucede también que esta industria es muy completa, porque se tiene el dibujo animado, el videojuego, la película si esa serie va muy bien… es todo una movida cultural impresionante, ¿no?
—Sí, además tenemos toda otra parte que es cine, si hay algo que yo quisiera tener para mí sería una figura de Depredador, que me encanta ese personaje. Hay un chico que es fanático de El Señor de los Anillos, que se compró los libros, se tatuó, tiene los personajes, esculpe e hizo una de las figuras de la película. Te aclaro que hay diferencias entre los que se le llama fanático y el otaku, que es el fanático obsesivo, el que se viste de los personajes que le gustan, en Japón con un sentido más despectivo. Suelen haber chicos que gritan ciertas expresiones que ven en los dibujos preferidos, que conocen todos los nombres, los capítulos y todos los detalles. El fanático invierte en lo que le gusta, suele haber torneos de cartas donde hay premios sumamente interesantes de 4000 dólares por ejemplo, y cuando ganan no se compran una motito u otra cosa, lo gasta todo en cartas. Los juegos de cartas están muy bien pensados pero a veces comprando unas cuantas cartas te podés gastar 500 pesos. Los proveedores te ofrecen muchas cosas, 300 primero salió el cómic de Frank Miller, después salió la película y de ahí todo lo demás (casco, capa, accesorios…).

—Quisiera que nos explicaras las características de este negocio, ya que no se venden aquí juguetes comunes que se consiguen en cualquier otra juguetería o en alguna casa de importación.
—Exactamente, yo parto de cosas de diez pesos para arriba. Hay chicos pequeños que tienen la costumbre de ahorrar y el hecho de que colecciones algo te hace quererlo, o hacen arreglo con los padres de comprar algún artículo por alguna materia rendida, etcétera.
Mientras la escucho me ejemplifica lo dicho mostrándome algunas figuras de Robotech o Los Simpsons, que cuestan un poco más de cien pesos y resalta “el material y el personaje es precioso. El material no es el plástico que ves en el juguete y sobre todo el nivel de detalle que tiene es excelente.”

—¿Cómo te ha ido desde que iniciaste? ¿Se cumplieron medianamente tus expectativas?
—Mucho mejor de lo que me esperaba, es más, como vos la mayoría llega de oído. Salí con mi hermano a repartir volantes, pero los chicos son los que me han traído a otros chicos. Mucho ayudó el conflicto del campo cuando las colas de autos esperaban para cargar nafta en la estación de servicio de aquí cerca. Se ha corrido de oído muchísimo y les brindé a los chicos un espacio también para aquellos que practican juegos de rol para que conozcan otros de otros lados, se prestan los manuales, etcétera. Acá no está difundido, en Buenos Aires es muy común, se venden cartas en quioscos, artículos que no son baratos, la gente que no sabe esto, no sabe lo que tiene el local.
Una cosa que quiero resaltar es que muchos piensan que porque son dibujitos, son para chicos; ¡no!, muchos dibujos, es más, la mayoría de los dibujos tienen contenidos que son para pensar, tienen una trama muy entretejida… es que son para grandes. Los japoneses mezclan mucho lo que es mitología con lo fantástico, si bien la historieta argentina también, los japoneses son muy fantásticos, tienen la cabeza puesta en eso. Me suele pasar que llegan adultos y me piden cosas para sus hijos y después de charlar un ratito me doy cuenta que no es para su hijo, sino para él. El dibujo no tiene un género ni una edad, hay chicos que compran cosas de Sailor Moon o chicas que compran cosas de Dragon Ball Z. Es totalmente equivocado pensar en esa idea de la edad y el género.


La entrevista va culminando. Sus palabras quedan flotando en el aire y registrándose en mi grabador, pero no puedo irme sin antes resaltar nuestra impresión primaria de que instalar un negocio de estas características representa todo un desafío para Villa María. Jaqueline, nos mira airosamente y nos responde con cierta soltura: “un cliente me lo dijo también, pero nosotros nos criamos mirando estas cosas y si te gusta esto tenés que irte a Córdoba o a Buenos Aires. Sé que es un gran desafío, pero alguien tenía que empezar.”
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 03 de agosto de 2008.-

domingo, 6 de julio de 2008

Fernando Sugrañes (Artesano local)

DIÁLOGO CON
FERNANDO SUGRAÑES
ARTE DE PLAZA


Por Darío Falconi



Muchas veces nos encontramos en la disyuntiva de poder distinguir lo que es “arte” de lo que no lo es, nos cuestionamos interiormente sobre las cosas que nos gustan, sobre las que nos disgustan; sobre lo que uno cree importante y lo que no; y sobre todo definimos, delimitamos consciente o inconscientemente que puede encasillarse en esas cuatro letras y que no.
Por lo general, recortamos menos cosas de las que podrían encasillarse en esa palabra. El diccionario, cualquier diccionario que poseamos a mano nos da una aproximación al término diciendo que arte es el “acto mediante el cual imita o expresa el hombre lo material o lo invisible, valiéndose de la materia, de la imagen o del sonido, y crea copiando o imaginando”. Y aunque esta definición aparenta ser completa, quizás no lo sea. El tema es que nosotros (la mayoría de la gente), incipientes consumidores de cultura, creemos que el arte son sólo todas aquellas manifestaciones más recurrentes y aceptadas como la danza, la pintura, el cine, la música, la literatura, entre otras que, cuya sola idea de imaginarlas, nos demandaría cierto esfuerzo intelectual para traerlas a nuestra conciencia. Cuando alguien menciona la palabra “arte”, cuesta imaginarse inmediatamente otras actividades que no sean las que menciono en la oración anterior. Y esto se debe a muchos motivos, cuestiones relacionadas con la historia, con la valoración, con políticas culturales, con improntas y tantas otras que exceden estas líneas.
Por este motivo nos ocupamos en la edición de hoy de una tarea que consiste en la creación de velas aromáticas y muebles infantiles, para mostrar “otro arte” que se torna infrecuente en las páginas dedicadas a la cultura.
Abordamos a Fernando Sugrañes, porque conocíamos de su actividad creando y exponiendo velas en las distintas ferias en las que podía participar. Rosarino de nacimiento, se instaló en la ciudad hace poco más de cinco años, aquí trabaja y aquí emplea gran parte de su tiempo a crear objetos artesanales junto a su señora, tarea que le llena el alma y que además le brinda la posibilidad de generar un ingreso extra.


—¿El hacer velas puede considerarse un arte?
—Sí, por que no sólo es el proceso químico y físico de darle forma a la parafina, sino que también es la combinación de colores, formas y tamaños que le dan la parte artística al producto.

—¿Cuánto hay de artesanía y cuánto de mecánico en esta tarea?
—Yo diría que en los trabajos que nosotros realizamos con mi señora hay mucho de artesanal y muy poco de mecánico; pero lo que lo hace más atractivo y le da el toque es lo artesanal. Todo depende también en el producto que uno realice, ya que las características de cada cosa que uno hace van posibilitando que uno sea más artesanal que otro; es decir, hay objetos que se prestan a ser transformados más artesanalmente que otros.

—¿Considerás que el mejor espacio para mostrar y vender lo que hacen es la Plaza Centenario o el Festival de Peñas?
—Por mi parte te puedo decir que en la plaza se vende muy bien, aunque en estos últimos meses se ha notado una gran merma en las ventas que nos tiene bastante preocupados. En el Festival de Peñas se vende menos, por la gran cantidad de productos artesanales o no que se ofrecen en las varias carpas que se instalan en los alrededores. Pero en estos últimos años en el festival se vende muy poco, y nos va bien en la Fiesta del Lago que se realiza la semana anterior al festival.

—En las ferias de artesanos se aglutinan generalmente los que hacen artesanías, los que venden productos "pre-hechos", los que venden discos "truchos" y tantos otros? ¿Qué opinión te merece esta mezcolanza?
—En el único lugar donde nos juntamos con esos productos es en la Festival de Peñas, y a nosotros los artesanos nos perjudica muchísimo.

—¿Puede solventarse una economía familiar con esta actividad?
—No en mi caso que tengo una familia numerosa, pero ayuda muchísimo para llegar a fin de mes. Para que sea más rentable tendría que viajar a otras ferias en distintas localidades; pero lamentablemente por el volumen de los productos que hago y la dificultad de no poseer una movilidad adecuada, no puedo realizarlo.

—¿Te interesa ir anexando otro tipo de artesanías o preferís especializarte con las velas?
—Yo empecé con las velas y le fui agregando productos relacionados. Posteriormente anexé los mueblecitos para muñecas y otras artesanías hechas en fibrofácil, y siempre trato de ir cambiando y mejorando la mercadería para que se renueve el paño y tenga otros atractivos para el cliente.

—¿Qué dificultades presenta este oficio?
—En mi caso el traslado de la mercadería, desarmar y armar el puesto todos los días y las muchas horas que invierte uno cuando esta en la feria, sumadas a las horas que se emplearon para hacer las artesanías; pero uno lo hace con gusto y no se hace pesado; sólo cuando se vende muy poca uno se le viene la moral abajo y se queja. Pero al menos en mi caso se hace muy llevadero compartiendo esas horas con los compañeros artesanos que después de tantos años se entablamos una muy buena relación.

—¿Qué tan difundida está esta actividad en Villa María?
—Hace unos años éramos bichos raros, pero de a poco fuimos incorporándonos a la gente y cuando ven la feria en la plaza la gente se arrima. Se hace una atracción más para la ciudad y creo que eso es positivo.

—¿Qué usos les dan generalmente los compradores de velas?
—El mayor uso el de adorno y aromatizar los ambientes y en menor medida en la usos religiosos y de veneración a santos y en otras prácticas como la cromoterapia.

—¿A qué público está destinado las artesanías en fibrofácil?
—La mayor cantidad de ventas de estos productos son la de los mueblecitos para muñecas y todo lo que esté relacionado a los niños tiene mayor salida, tanto en madera, como en las velas cuando tienen formas atractivas para los chicos, como lunas, flores y animalitos.

—¿Cuánta libertad posibilita este arte?
—La libertad de crear una gama infinita de productos de formas, colores y tamaños que uno quiera, dejando volar la imaginación y que sea atractivo y que se venda.

—¿Quisieras dejarle algún mensaje al lector?
—Me gustaría aclarar que todos los que estamos en la plaza somos artesanos y tratamos de ganarnos nuestros manguitos vendiendo nuestros productos artesanales, que no somos jipis (termino que usan despectivamente), no destruimos la plaza, todo lo contrario, y todo lo que hacemos es con mucho esfuerzo. Por último un agradecimiento a toda la gente que le gusta ir a la plaza a ver las artesanías expuestas y a todos los artesanos con los cuales comparto tantas horas en todas las ferias en las que participo.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 06 de julio de 2008.-

domingo, 29 de junio de 2008

Gladys Bettini de Pérez (Artista villanovense)

DIÁLOGO CON
GLADYS BETTINI DE PÉREZ
ARTISTA VILLANOVENSE


Por Darío Falconi



Cuarenta y ocho horas transcurrían del invierno, pero la estación más fría del año había arrancado varios días atrás. El aire gélido se colaba por las hendijas de mi casco y por cualquier otro hueco que mi vestimenta descuidara. Circulaba por las calles de la ciudad con destino al Hogar de Día de Villa Nueva. Allí me esperaba una profesora de pintura que en ese momento estaría dictando su curso a un par de alumnas.
Ingresé al lugar y me sorprendí de ver a tanta gente trabajando. No me esperaba que las chicas asistieran con el intenso frío de esa tarde.
“Siempre vienen, hasta cuando llueve y en vacaciones” me dice Gladys, “la única forma de que no asistan, es que se vayan de viaje”. Y sorprende ver tanta fuerza, tantas ganas de sus estudiantes de todas las edades, trabajando en sus pinturas. Alumnas que, ni bien intercambié algunas palabras con la profesora, no dudaron un segundo en manifestar: “ahora menos nos vamos a ir cuando un buen mozo nos visita” y yo sonreí. Y mientras no despegan sus miradas ni el pincel de las pinturas dialogaban entre sí, se hacían bromas y se reían todas juntas.
Rápidamente cambié la hipótesis inicial, ya que me di cuenta de que la clase de pintura no era sólo el encuentro con el saber artístico, sino un momento para compartir y disfrutar entre compañeras. Me dispuse a tomar algunas fotografías, y no es necesario mencionar que con cada flash que iluminaba la sala, recibía diferentes acotaciones que usted lector se imaginará.
Esperé a que terminara la clase y luego nos sentamos con Gladys a charlar sobre su taller de pintura, entre otras cuestiones.

—¿Qué tipo de talleres realiza?
­—Tengo tres talleres. El taller de pintura tiene 9 o 10 años. Apenas me jubilé empecé a pensar volver a dedicarme a la pintura porque culminé mis estudios, pero nunca más pude tocar los pinceles. Me recibí de maestra normal y de maestra de artes plásticas. Me dije que ahora que podía, me iba a dedicar a lo que me gusta. Pensaba pintar para mí nomás y después empecé a ver gente que no tenía conocimiento y que daba clases, y yo me decía “Dios mío, cómo puede ser que se animen”. Yo soy recibida, pero fui a tomar unas clases en el Bellas Artes, en un taller de un año o año y medio para volver a retomar, porque quizás podría haber técnicas nuevas… Estuve practicando un poco y después me decidí. Empezaron mis amigas, que creo que estaban todas, Nelba, Yoly, Adela, Pocha y un señor que venía de Tío Pujio y mi hermana. Nos reuníamos en mi casa. Después fue creciendo y fui buscando otros lugares más amplios y más cómodos para seguir incorporando gente. No quería chicos, porque ya con mi trabajo de docente estaba cansada de renegar. A los cuatro o cinco años de empezado el dictado del curso, me vino a hablar una mujer por su hijo, a suplicarme que lo dejara entrar porque su niño iba a una institución de arte pero allí no le dejaban pintar, y el ansiaba eso. Empezó y se trajo tres o cuatro compañeritos y como se comportaban muy bien los tomé y los dejé. Esos chicos ahora están en secundaria y por cuestiones de estudio no pueden venir más. Después vinieron otros, así que para no dejarlos afuera, les doy clase en una casa particular y como están solos conmigo se comportan bien, que es diferente a si están con otra gente. Entonces enseño acá (Hogar de Día) tranquila con los grandes y cómoda con los chicos en otro lado.

—Usted me dice que la pintura siempre le gustó, ¿cómo fue entonces el acercamiento, para el caso de porcelana fría e inglés?
­—Cuando iba a la primaria empecé a estudiar inglés y no pude terminar, porque en el último año del secundario se me complicaba con las prácticas, iba a clase pero no estudiaba, entonces dejé casi en los últimos años de la academia. Después cuando me recibí de maestra, inicié el Profesorado de Inglés en las Rosarinas, que fue el primer año que se dictaba con un solo profesor y un sólo libro para todo el alumnado. Entonces nos teníamos que sortear el día y la hora en que podíamos sacar notas de ese libro. El profesor venía de Inglaterra, o sea que daba el inglés británico. En esa época a las jovencitas no las dejaban salir de noche y a mi me tocaba el horario de las once y no había forma que mis padres entendieran que iba a estudiar; fui una vez, fui dos veces, pero tuve que dejar. Tenía diez en fonética y siempre me acuerdo de ese diez, tan lindo; podría haber seguido (mientras su mirada parece perderse en el tiempo y viajar a aquel pretérito momento)… Luego empecé a preparar alumnos en inglés y nunca dejé de darlo. Los alumnos míos que toman siempre pasan. A pesar de no tener título he tenido suerte con ellos, tengo la práctica; la conversación me cuesta, pero traducir, comprensión, armar las oraciones, etcétera, lo puedo hacer perfectamente. Yo empiezo con los pronombres personales y un verbo, luego le agrego el verbo “to have” y algún otro verbo que lo acompañe. Después uso el dónde, cómo y qué y es increíble como van aprendiendo los chicos.

—¿Y con el tema de la porcelana fría?
­—Empecé hace como cinco años en la casa de una amiga de Córdoba, que ha ganado dos premios internacionales y me empezó a enseñar. Después tomé clases con una profesora que enseñaba en Villa María, hice tres años y después hago algunos cursos y sobre todo me doy maña.

—Pero podemos decir que de esas tres actividades lo suyo es la pintura.
­—Totalmente. Por empezar el título me avala, porque yo puedo enseñar inglés pero no soy recibida; puedo enseñar mejor, por la didáctica que yo tengo, pero no poseo título que me avale. De porcelana no voy a tener título porque no se dan, se entregan certificados.

—¿Usted cree que es un impedimento el no poseer título?
­—A veces sí, pienso que me falta perfeccionamiento, en el inglés por ejemplo, estudié mucho y practiqué mucho, pero aparte me gustaría poderlo conversar, me falta la soltura para poder hablarlo.

—Volviendo al tema de la pintura ¿ha participado en exposiciones y concursos?
­—Hice una exposición individual acá en Villa Nueva, para las Fiestas Mayas. En cuanto a concursos de pintura en Villa María siempre me han rechazado los cuadros.

—¿Por qué cree que eso es así?
­—Porque les gusta más el Modernismo, más pintar no al detalle como es mi estilo. Lo que más me gusta pintar es rostros; pinté a la Madre Teresa, al Papa… Participé en un concurso que hacía Osde, que aunque no ganó, lo mandaron a Córdoba. Hay un cuadro del que me siento orgullosa y que mandé a Buenos Aires hace como cinco años en un concurso de Aerolíneas Argentinas. Esa vez se le desbordó la cantidad de cuadros a los organizadores y no pudieron exponer todos, el mío fue expuesto; aunque no sacó premios fue reconocido. El año pasado me presenté al Instituto Cise que organiza concursos a nivel federal y gané el segundo premio en el rubro paisajes. El año pasado volví a participar, presenté un rostro de un negro y un animal, y gané el segundo premio en la categoría animales.

—¿Qué técnicas emplea para pintar?
­—Yo trabajo en óleo nada más. He pintado algunas cositas en tiza pastel, pero no me llena.

—¿Cómo es Villa Nueva en cuanto a pintores?
­—Hay buenos pintores como hay muy buenos escritores. Villa Nueva es como un nido de artistas. Yo tuve el asombro de conocer muchísima gente, anónimos, yo los conocí cuando estuve en la Dirección de Cultura. Organizábamos muestra de telares y aparecían unas cosas maravillosas, entonces eso nos animaba a hacer concursos de pintura, a invitar a los vecinos para que participen… se fue abriendo más la gente.

—¿Y la gente respondía?
­—La gente respondía mucho, fue la época floreciente acá en Villa Nueva. Yo estuve cuando se organiza la Dirección de Cultura que estaba a cargo de la señora Maldonado, ella estuvo como seis años más o menos, y después pasó otra señorita que no podía dedicarle el tiempo que ese cargo necesitaba. Entonces me nombraron a mí. Estuve dos años hasta que cesó el mando de Zanotti y entró Navarro. Este último no fue favorable para la Casa de la Cultura, la usó como oficina de Registro Civil y de Tránsito, había una biblioteca que se había inaugurado hace poco y también desapareció. Hubo mucho trabajo de años que se cayó, un trabajo de luchar con la gente, tratar de traerla, sacar un pesito de un lado, otro pesito del otro y siempre trabajando gratis. Con todo el dinero que recolectábamos de las diversas actividades fuimos comprando ladrillos para ir levantando una pared que sería la del nuevo salón de la Casa de la Cultura. Habíamos hecho una pared de un metro y medio aproximadamente hasta el fondo y el señor que la cuidaba, como no le gustaba el salón lo volteó. Teníamos el plano que lo había diagramado el arquitecto Pajón y demás para hacer el salón. Inclusive cuando yo cuento, hay gente que me dice, “acá nunca hubo nada”, ¡y sí había! había una pared.

—Más allá de la cuestión monetaria, ¿usted ve algún apoyo por parte del Municipio?
­—Hasta ahora no, con la gestión de Frossasco sí. Por empezar cambiaron las reglas, nosotros nos manejábamos con la Casa de la Cultura y solicitábamos lo que nos hacia falta. No hay nada de colaboración…

…y me cuenta un montón de pormenores que se pueden resumir en la carencia de continuidad, en un gran alimento para la desilusión de la actividad cultural.

—Es como un reflejo de la Argentina, donde no se tiene memoria y no puede construirse sobre los cimientos anteriores...
­—Volviendo a las paredes de lo que podría haber sido el salón de la Casa de la Cultura, si vos me dijeras que entra un director que no le gusta donde está ubicado, bueno…, pero acá la decisión la tuvo el señor que limpia, tuvo el poder de hacer lo que quiso y que nadie dijera nada. También teníamos un museo, que se robaron las sillas. Esa falta de continuidad de las cosas hace que nunca se crezca. Así que todo esa gente que había salido culturalmente a la luz, se volvió a esconder.

Me cuenta de sus malos recuerdos con un manifiesto pesar, cuando se robaron todo de cada lugar… entonces yo le comento que me encuentro trabajando en un futuro libro sobre escritores locales en los que la respuesta ha sido casi idéntica entre los literatos de Villa María y Villa Nueva, y ella me responde…
­
—Mirá vos, deberías tener mayor porcentaje en Villa María comparado con la cantidad de habitantes que tiene cada uno. Por eso te digo que Villa Nueva es cuna de artistas, sucede que no salen a la luz porque no tienen oportunidad, es como que al ser chicos, la gente te dice “qué vas a exponer vos, qué vas a pintar vos, qué vas a escribir vos…”. También hay gente que le gusta exponer pero su trabajo no es bueno. Yo siempre digo que en el arte no se puede decir no sirve o está feo, porque eso es según la mirada que uno le ponga, porque si uno dice “mirá, hizo dos o tres pinceladas y se ganó un premio”, no existiría Picasso y yo a Picasso no lo hubiera aceptado (risas). Al haber apertura de miradas y de gustos es cuando surgen todos los otros artistas, sino estaríamos encasillados en una forma.

Y cuan consiguiente es en lo que dice que me confiesa su gusto por Los Redonditos de Ricota, su sonido, la voz del Indio Solari… su agrado por Virus, por Soda Eséreo, la música clásica y las demás artes que tienen mensaje, pero también toda aquella que no lo tiene y también le agrada.
Así es Gladis, una mujer de actividades culturales múltiples que sigue creyendo y apostando sus años de experiencia al quehacer cultural de nuestra vecina localidad villanovense.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 29 de junio de 2008.-