BAJO EL CIELO DE
LELIA FRÍAS
NARRADORA ORAL - POETA INFANTIL
Llego y me siento en una pequeña silla. Apoyo el grabador y la cámara en una mesa que no debe superar el medio metro.
Estoy ahí, en un mundo diferente, con libros en rededor, paredes pintadas con hermosos castillos multicolores, puff en el piso para que los usarios se sientan más cómodos, en fin… un paraíso para los más chicos, dentro del paraíso para los más grandes.
Estoy en el sector Infanto-Juvenil de la Biblioteca Municipal Mariano Moreno, ese lugar que desde hace un tiempo lo llamamos por una de sus partes: medioteca.
Está conmigo una mujer amable, jovial, alegre y habladora. Es una apasionada de la palabra oral que luce en cada una de sus presentaciones en público. Pero no es sólo eso, le encanta hablar, comunicarse con el otro, hacerse presente mediante el encadenamiento ordenado y agradable de la palabra. Quizás por ello es la encargada de realizar las visitas guiadas y pedagógicas a los colegios y personas que llegan a conocer ese centro de conocimiento.
Le fascinan los niños. Paciencia no es una palabra que le pese, ella los sabe tratar, se vale de los cuentos que ha leído para salir airosa de los inconvenientes que se le presenten. De esa forma utiliza la astucia que caracteriza al Gato con Botas para mantener a los pequeños atentos y entretenidos.
Haciendo un repaso por sus actividades diremos que además de las visitas guiadas, es integrante del sector Infanto-Juvenil y también Mayor de la medioteca.
Es narradora oral durante muchos años en la ciudad y en las localidades vecinas. Participó en múltiples actividades: en Ciclo de Promoción y Animación a la Lectura “Bibliociencia” como narradora, en el año Internacional de las Ciencias; en el Ciclo “Biblioteca con aroma a café”, narrando y cantando “Entre amigas”; también en el Ciclo “Mil y una noche en la Biblioteca” con el espectáculo unipersonal: “Aprendizaje amoroso”; fue integrante del elenco del radioteatro “La casa de Bernarda Alba” difundido por LV28 Radio Villa María, en conjunto con la UNVM y toda su red de emisoras; es escritora de poesías infantiles, algunas publicadas en periódicos locales como EL DIARIO y Puntal Villa María y es miembro de la comisión directiva de la SADE local.
No contento con esos logros, Lelia busca perfeccionarse día a día, es estudiante del PROPALE (Programa para la Lectura) dependiente de la UNC: Facultad de Filosofía y Humanidades en el plan: Literatura, Promoción y Animación a la Lectura. Biblioteca, Proyecto y Diseño. Asimismo estudia en la Escuela del Relato de Córdoba: “Del dicho al hecho” con los profesores Rubén López y Alejandra Oliver Gulle, reconocidos profesionales en ese ámbito.
—¿Cuál es tu actividad dentro de la medioteca?
—Dentro y fuera de la medioteca (me aclara)…, porque si bien es cierto que este es mi trabajo y vivo prácticamente en ella; hago también una actividad fuera, obviamente relacionada. Hace 17 años que estoy acá y lo primero que hice cuando llegué al sector infantil, fue sacar todo lo que estaba catalogado por edades. Soy una apasionada por la literatura infantil, porque la literatura es arte y el arte es la complejidad humana; en la literatura se vuelca la complejidad humana y en los cuentos más aún. Desde aquellos cuentos populares, que eran historias que no estaban escritas pero que se iban contando… el cuento para niño es tan corto, tan comprimido y fuerte que tiene que estar contado de una manera tan elocuente para que los chicos lo comprendan. Hay cuentos de dos páginas nada más y son fantásticos. Vos te decís ¡¿como logró causar ese impacto en el niño y adulto?! Siempre que te guste es bueno, por eso no hablo de edades.
—Entonces, ¿cómo ordenás ese mundo?
—De la siguiente forma: “primeros lectores”, “lectores” y “lectores avanzados”. Hay niños de 4 años que ya son lectores, porque han sido estimulado desde más chicos, inclusive de bebes. Si bien los bebés no comprenden, la palabra se les queda en el inconsciente. Acá recibo los chicos con las escuelas y con los padres, aparte o juntos. Los inserto, mi objetivo es promover la lectura. Vienen jardines, guarderías, últimos años... Hago visitas guiadas desde abril hasta octubre, los inicio en lo que llamamos el “usuario independiente”, que es quien aprende a buscar lo que le gusta, se maneja en la Biblioteca y no se siente obligado por la bibliotecaria… Yo sólo les marco que deben sacar los libros, pero no guardarlos; es por una cuestión de orden, nada más.
Cuando los padres, abuelas, tíos, etc... vienen a leerle un cuento a los chicos yo me voy, porque ese momento en que se le cuenta el cuento es un instante único y es sólo para ellos. Respeto y hago respetar ese instante que es crucial, porque el niño no se va a olvidar más de eso. Yo trabajo con el placer, con el goce y con el disfrute; en la medida de que esto pase, ese niño o ese papá, van a volver. Se crea una cinta de Moebius porque ese nene, ese joven, quizás vuelva dentro de años con sus hijos… es algo que no se acaba.
—Es una siembra a largo plazo…
—Sí, son semillas. La Biblioteca se maneja con programas de promoción de la lectura, ya sea en verano, en invierno, navidad… la Biblioteca sale, no se queda tanto adentro.
—Al comienzo nos remarcaste que tenés actividades dentro y fuera de la medioteca. ¿Qué es lo que hacés alejada de estas paredes?
—Soy profesora de enseñanza inicial y estoy estudiando todo lo que es relato, me encanta el clima que se genera entre el relato, el que escucha y el narrador; me identifico mucho lo que dice Graciela Montes de que el relato “es la frontera indómita”. Es un momento que tiene un cielo propio y solamente lo viven la gente que está ahí. También soy narradora oral y me estoy especializando en literatura infantil en todo lo que es producción y animación a la lectura en Córdoba. Tuve la suerte de asistir al 1° Congreso Internacional de Literatura para Niños, porque ya no es más infantil. Ahí hicimos el contacto de Michelle Petit y la trajimos para Villa María.
—¿Por qué no se le llama más “literatura infantil”?
—Infancia en latín significa “sin voz”, porque los niños antes no tenían voz, estaban afuera de todo lo que era la charla con los mayores; cosa que ahora se revirtió para otro lado, los niños tienen más palabras que los mayores. Yo les digo a las maestras de mis hijos que está bien que trabajen los derechos de los chicos, pero también trabajen sobre los deberes y obligaciones. Ahora están trabajando en eso.
—¿Cómo ves esa relación trinómica entre el docente, la literatura y el alumno?
—La literatura es un momento de placer, de disfrute, lo docentes no deben usar a la literatura como disparadores de temas; sino complemento a los temas que enseñan. Ellos se manejan con el canon y el canon significa sugerencia. Siempre vas a poder pegar el entusiasmo del libro si vos estás enamorado del cuento. Así se llama mi taller “Enamorarse del cuento” porque si no te enamorás del cuento no vas a poder transmitir ese sentimiento, y así el niño no le va a gustar y no va a volver. Pongan libros para que el chico elija lo que le gusta, no hay que obligarlo. El niño es muy concreto, es blanco o negro, no hay grises… y son los mayores jueces, eso te lo puedo asegurar. Si le gustó el cuento se pega, hace los mismos gestos y ruidos que vos mientras se lo contás, sino le gustó, se fue...
—¿Y cómo es esto de trabajar con los niños?
—Trabajar con todo esto, es la magia, la fantasía… tenemos un grupo con Sonia Grosso que se llama “Scientoun cuento”, por sentir el cuento y por la cantidad, porque podemos sacar muchos. Nuestro lema es despertar la imaginación y la imaginación cambiará el mundo; en la medida en que puedas lograr que ese niño lea, con el tiempo va a ser un hombre y podrá desarrollar la imaginación, ese hombre, que fue niño, va a cambiar el mundo. Va a tener nuevas expectativas en la vida, va a poder pensar, va a poder discernir; no lo van a poder llevar tan fácil como a una manada. Lamentablemente perdimos una generación, que son los chicos que están entre los 11 y los 14, porque se trabajó mal con la psicogénesis, con el comienzo de aprender a leer y toda esta semillita que dijimos antes se nota recién a los 10 años, que yo arranque desde cero. Es esa semillita que hay que regarla, darle viento, cuidarla, para poder verla crecer. Lo mismo hago afuera, tengo un taller por año que se llama “Enamorarse del Cuento” y en 2010 tendremos “Cuaentoarte” donde trabajaremos con niños también.
—También escribís poesías.
—A veces a la noche escribo poesías para niños o no. No quiero leer más de Edith Vera, porque tengo bastante la influencia de ella, me identifico mucho con su “El libro de las dos versiones”. Generalmente en mis poemas están las dos versiones, en la generalidad, escribo también para gente adulta y tengo algunos cuentos inéditos. Estoy por editar un libro de poesías para niños, está listo, pero hay que armarlo.
—Mucha gente dice que escribir para niños es fácil, yo diría que es un desafío, más aún haciendo poesía.
—Realmente es un desafío, porque al chico le gusta o no le gusta lo que vos hacés. Hay que meterse en el mundo de ellos y buscar dentro de lo artístico; porque generalmente el mundo de ellos es el entorno o lo imaginable, lo fantástico. Hay que mezclar todo eso tan comprimido en un poema, un microrrelato o en un cuento.
Lelia sigue hablándome y cita algunos libros que la impactaron, como “Filotea” de Emma Wolf, o “El árbol de las lilas” de María Teresa Andruetto, u otros similares y sentencia una frase de la que le pedimos explicaciones.
—¿Por qué leer no es lo mismo que narrar?
—Leer se lee lo que está impreso, narrar te da la posibilidad de moverte, agregar palabras tuyas o sacar del cuento, bajar el nivel, subirlo. No hay que hablar con los pequeños del “tuto”, “babau”, y demás; sino más adelante el niño tiene que aprender dos lenguajes. Quizás tengan más dificultades para decir las palabras, pero no tendrán que aprender otro lenguaje cuando vayan creciendo.
Continúo, cuando voy leyendo me meto en sus corazones, con el cuento llegás al alma. El cuento puede sacar del interior lo que un psicólogo no lo puede sacar, tanto para chicos y grandes. En el cuento pueden encontrar una posible solución a los problemas que los niños tienen en su realidad. Los personajes viven cosas similares y resuelven sus problemas que ayudan al niño con sus inconvenientes, aunque nadie les diga nada, llegan a una solución. En los cuentos clásicos, los chicos se inclinan por el héroe, por el príncipe, no se van para el lado del ogro, el malo; está muy bien separado el mal del bien. La realidad es complicada, pero no hay que separar a los chicos de la complejidad de la realidad. En los cuentos está muy marcado la obediencia, el respeto, simplemente con un cuento, su cabecita lo va poniendo a cada uno en su lugar.
—¿Cómo te desenvolvés en el ambiente familiar, con tus cuatro chicos?
—Salgo de acá y dedico un poco de tiempo a mis chicos, estoy todo el día con niños contando cuentos y llego a casa y no tengo ánimos ni de contar un cuento. Yo utilicé la astucia que empleó el gato con botas para salir airoso de todos sus problemas. Con mis chicos, para hacerlos leer, me acuesto y le pido que me lean porque debo aprender tal cuento. De esa manera aprender a leer y es a la vez afianzar el vínculo familiar en ese poco tiempo que estoy con ellos.
—¿Cuánto complica los medios de comunicación a la tarea de enseñar a leer? Los chicos prefieren ponerse a ver la televisión antes de sentarse con un libro.
—Nada, no complica en nada; porque si se sientan en la computadora tienen que leer para seguir los pasos que te va diciendo la pantalla, si es un cuento que está por computadora se detienen a escucharlo, hay que detenerse, eso es importante. El hábito de los padres es muy importante también. Otra cosa es que no siempre a los chicos o grandes les gusta la literatura, hay muchos otros intereses que hacen acercar a la lectura (magia, dinosaurios, para mencionar algunas). Vuelvo a repetir, el hábito es lo mejor.
—¿Y dificultades en la tarea de narración?
—Para mí no hay dificultades (risas). Para mí es un don, yo soy maestra inicial y he estudiado la pedagogía de los chicos, entonces sé que si estoy con un grupo de tres años el límite atencional es de 15 minutos y no más, puedo llegar a 40 minutos si les doy algo lúdico entre medio. Creo que los que no tienen una preparación previa es mucho menor.
En el campo de la narración hay dos fundamentales y primordiales que son, la cuidadosa selección que vayas a hacer, lleva muchísimo tiempo. Hay que saber a qué público, cuál es su contexto cultural. La otra es estudiar mucho, leer, estudiar, sobre el tema que vas a narrar. No podés estar descontextualizado, hay que estar metido, empapado… vestido de eso, para que el momento sea de suma magia.
—Hay que hacer una buena elección de lecturas.
—El libro de cuentos te gusta o no te gusta, no tiene edad. El ambiente calido es una parte muy importante, el estudio del campo… El relato hay que buscarlo como si fuera una ropa, hay que medirse, hasta que nos quede, el tema es lucir el relato para enamorar. Hay que leer mucho y sentir cuando el relato les cae bien.
—¿Hay algún deseo que aún no pudiste concretar?
—Sí, varios. A través de un señor que vino a la Biblioteca y vio lo que hacía, me comentó sobre un lugar muy lindo. Me dijo que buscara la biblioteca “La nube” por Internet. Lo hice. Es como una casa reformada, hay libros, el lugar para que los chicos se distiendan… Un lugar así me encantaría, le pondría “Escalera al cielo”.
Muchos años más adelante me gustaría escribir para niños.
Otro es poder explicarles a muchos que la literatura infantil es arte, tengo muchos libros y apuntes para armar una argumentación; porque sé que cuando yo diga eso se me vienen varios al ataque. A mi me gustan los desafíos y quiero estar preparada.
Ese es mi sueño, y los sueños se cumplen.
Cuando la entrevista culmina, aprovecho unos segundos para girar mi mirada y observar algo que me llamó la atención. A unos metros una niña, de no más de 7 años, lee tranquilamente en su puff.
Hacía bastante tiempo que estaba allí, con su libro elegido para la ocasión. Inmutable. Me sorprendió ver la concentración con que una niña podía disfrutar de la lectura sin ser afectada por las voces externas de una larga charla.
Puedo observar también, como una mancha atraviesa la pared desde el suelo y continúa más allá del techo. Afino un poco más mi mirada y me doy cuenta que es una escalera, y que la niña que lee sólo está presente en cuerpo, ya que su alma está viviendo vaya a saber que aventura, en ese cielo que está al final del camino. Un cielo propio, diferente, del que pueden dar testimonio, solamente los que han estado allí.
domingo, 14 de febrero de 2010
Lelia Frías
domingo, 7 de febrero de 2010
Lecturas de Verano 2010 (6ª entrega)
Entramos a un nuevo mes. Muchos de ustedes volverán al trabajo, otros estarán empacando sus cosas para darse el merecido descanso y nosotros seguimos acá, para hacerles compañía; con literatura fresca de nuestra gente.
Tres mujeres llenan nuestras páginas. La profesora María Rosa Bamonde de Pussetto se dedicó a trabajar especialmente en proyectos educativos para la enseñanza-aprendizaje de la lengua. Su formación inicial la completó con la graduación en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de Rosario en 1994. Desarrolló su actividad docente en las escuelas Dalmacio Vélez Sársfield de Arroyo Cabral, José Mármol (Directivo por concurso), IPEM 147 y en los Institutos de educación superior: Escuela superior de Bellas Artes Emiliano Gómez Clara y el Instituto Superior de Música Felipe Boero, en los cuales fue docente de "Práctica Profesional Docente I,II y III.
Coordinó talleres literarios en el Centro de Empleados de Comercio (CEC) de la Ciudad y en el INESCER. Participó de publicaciones colectivas, de salones de poemas ilustrados y recibió premios y menciones por sus trabajos literarios.
Se define a sí misma como habitante de una profesión que la llevó y le permitió siempre trabajar con las lecturas y recorrer caminos creativos; así como a desarrollar tareas de equipo en pos del desafío de innovar y aprender. Se confiesa una enamorada de las letras y del conocimiento y piensa continuar con este romance que le ofrece dos proyectos para el presente año.
María Rosa nos envío tres poemas cuya temática abarca el deporte rey, la naturaleza y su inevitablemente pasión por la docencia.
Nació en La Playosa y reside en Villa María. Griselda Rulfo es profesora de educación física y psicopedagogía. Posee estudios incompletos en arquitectura, letras modernas y metodología de la investigación educativa.
Publicó poesías y narrativa en periódicos locales y regionales. También ha dejado sus textos en diversos libros como “Los nuevos de la SADE”, “Antologario” del taller de Marta Parodi, en las publicaciones del taller del PEUAM a cargo de Fabián Mosello y del taller del CEC dirigido por Susana Zazzetti, en el libro de los Juegos Florales de la Ciudad, de la Universidad de Río Cuarto y en la antología de narradores de Villa María y Villa Nueva titulada “Voces de este Río”. Su primer libro como autora se presentó el 11 de octubre de 2009: “Nueve y Diez, el que no se escondió se embromó” (narrativa). Colabora con la revista online Artesanías Literarias. El cuento que publicamos hoy estaba inédito, es la historia de una búsqueda, el deseo de reencontrarse con un pasado que cada vez está más lejos al que se intenta acortar con algunas voces para el alivio.
Evangelina Sodero nació en Villa María en 1980. Actualmente se desempeña como profesora de Lengua Castellana en el nivel medio, habiendo egresado en el año 2004 de la Universidad Nacional de Villa María. "Palabras que caminan la cornisa" es su primer libro de poemas publicado y desde hace tres años es integrante de SADE, filial Villa María. Tiene una novela inédita titulada "Libertad interrumpida", la historia de un prohibido amor con escenario cordobés de la década del ‘70. Evangelina nos acercó dos poemas en los que la fantasía se mezcla en contadas proporciones con la realidad, la posibilidad y lo lúdico. En esa cocción es inevitable percibir el aroma cortazariano del segundo texto.
Vamos culminando la edición de hoy. Para el próximo domingo nos detendremos para ofrecerles una entrevista; pero no se aflija que aún quedan muchas Lecturas de Verano para compartir con ustedes.
María Rosa Bamonde
Viento apasionado.
Viento acompasado.
Fuerza arrolladora.
Intervienes el paisaje
desatando desamparo.
Como gladiador sublevado
con la lluvia y el granizo
combates contaminación y olvido.
Temperamento surero
llévame las endechas
tráeme una canción.
Tú que sabes, tú que puedes
atizar el fuego.
* . * . * . * . * . * . * . * . * .
MUNDIAL
María Rosa Bamonde
Blasones nacionales.
Arenas romanas.
Gladiadores fervientes.
Bandas germánicas.
Arcas publicitarias.
Intrigas palatinas.
.jpg)
Tesoro de euros.
Suelos europeos.
Bastiones peninsulares.
Goles gloriosos.
Marcadas diferencias.
Mundos distintos.
Ciencia y deportes.
Débil selección.
Jerarquía al balón.
* . * . * . * . * . * . * . * . * .
MAESTROS
María Rosa Bamonde
Los maestros, todos y uno.
Armados de alfabeto,
.jpg)
armados de fe.
Soldados sin guerras,
sin rencor, sin medida.
Heridos mortalmente de horas,
ebrios de sueños.
Ganando toda la tierra,
en su inventario.
Poniendo sobre el pequeño cuaderno
un pan tremendo,
para gritar a la cabecera
del aire escrito:
¡He vivido!
HASTA QUE SANGRE LA VARITA MÁGICA DEL MAGO
Evangelina Sodero
Sacar de la galera
hasta que sangre
la varita mágica del mago.
Sacar las iniciales
de ese rey envejecido
de esperar porque lo llamen
'dulcemente' entre los pobres.
Sacar a los teoremas

que no saben de mudarse
por un tiempo
a un viejo libro de poemas.
Sacar las gotas de sudor
en el trayecto levadizo de una espalda
que le hablará de amor
al cielorraso y al espejo.
Sacar el poco tiempo
que le queda a los enfermos
contagiados de la espera
con que tardan en curarse
los reptiles en enero.
Sacar de la galera
hasta que sangre
la varita mágica del mago...
el gorjeo...
la palabra...
que aún
no ha sido inventada.
* . * . * . * . * . * . * . * . * .
BOCA ARRIBA
Evangelina Sodero
La guerra insaciable entró a la casa
mientras le rezaba al Dios de los mortales.
Hombres sin rostro, desgarbados, moribundos, leprosos
me dejan a oscuras con el crucifijo
sangrando plegarias entre mis manos.
¡Me dejaron sin poder pedirle a Dios
un último segundo de paz!
Boca arriba me adentran en la selva impenetrable.
¡Es cacería de caníbales al corazón de los mortales!
Me molesta la luz en los ojos

desde que pude escapar de la hoguera
y la lluvia apagó el fuego que ardía en mis ojos negros
cuando estuve a punto de verle los ojos al perro.
Me pasearon desnudo por años
y mi libertad se convirtió en ese perro salvaje
que amarraron a mi descarnado cuello,
perro que lame mis ojos atormentados de silencio
y se recuesta a mis pies acobardado y sucio
rugiendo a mi desnutrida sombra
que le recuerda el hambre.
Boca arriba percibo la estrepitosa guerra
de caníbales que me escarban el corazón
desde que me sorprendió la flecha huyendo de la hoguera.
Y entre corridas y timbales alrededor de mi cuerpo
he tenido que acallar los gritos de dolor y espanto
que anidan en mi garganta.
¡Me dejaron sin poder decirle al perro
que no me deje solo!
Me sangran los labios cuando estoy a punto de nombrarlos
y el perro cicatriza heridas incurables de eterno prisionero.
Los pasos del perro me devuelven a su bondadosa presencia.
Pasan los árboles por encima de mi cuerpo mutilado
y el perro corre para alcanzar a los demás
que avisan el camino.
El aliento del perro me asusta.
Los insectos vuelan despavoridos
y centenares de ellos caen muertos.
Olor a sangre en el aire
cuando la flecha atravesó el corazón de uno de ellos.
¡La tierra se abre en sepulturas
donde a los muertos nadie los llora!
Atravesé la guerra boca arriba
y en el silencio aterrador de la primera noche a solas
el perro se quejó por última vez.
Me dolieron los ojos de tristeza y la sangre corrió durante días.
¡Me faltaba el perro!
La última noche boca arriba
el crepitar de las hogueras embraveció a los caníbales
que danzaban festivos alrededor de un corazón en llamas...
¡Recién entonces, supe que había muerto...!
* . * . * . * . * . * . * . * . * .
VOCES
Griselda Rulfo
Ella es cadenciosa. La rótula, en su agonía, le imprime ese vaivén. La derecha. La izquierda se arrastra ignorada por el sendero de verbenas y escalofríos. Si fuera espantapájaros se apoyarían en sus hombros una cadena de plumas entretejidas. Pero sólo es una mujer solitaria que como todas las madrugadas pierde su historia entre una rugosa alfombra de clorofila y aire.
Un remolino oscuro se enhebra en la cabeza agobiada. Mira hacia ab
ajo, como buscando, impulsada por la fuerza de una columna dictadora. Hoy salió de arlequín mañanero, inculto, incauto. Porque es miércoles. El espacio de sombras guarda silencio y una corteza desparrama aciertos entre boquiabiertas estrellas tempranas. Ni va ni vuelve de una fiesta. Sólo se ubica en el cruce de senderos porque según recuerda allí es el sitio. Aunque su memoria puede engañarla después de tanto tiempo.Al pie de una raíz retorcida un camino de hormigas borda un escenario de recuerdos y ensoñaciones. Ése es el sitio y se inclina aún más mientras sus huesudos dedos escarban la tierra. Se detiene... no parece... no la encuentra. Busca más allá. Rodea el árbol y repite los movimientos... no la encuentra. Ahora se apresura, se agita, desespera. Las uñas se hunden cada vez más, sus dedos sangran. ¿Quién robó su secreto?
La mañana se acorta y agoniza. Vuelve sobre sus pasos. Entra en la vivienda y cierra la puerta. Nada pasa, ni nada se ve. Sólo vive en las mañanas, en la hora determinada, en días de sol. Su secreto tiene pautas y tiene ritos. ¿Por qué esperó tanto?
Así se repiten los momentos. Ella vuelve una y otra vez. Pasa de un árbol al otro. De una a otra raíz. Escarba y se intriga. Se apresura, se agita, desespera. Las puso en una caja que forró de rosa delicado. Ató la caja con una cinta ancha y la protegió antes de enterrarla. Dentro de la misma guardó parte de su vida de ensortijados caracteres hacía ya ¡cinco décadas! Guardó voces, las que despertaron su corazón, dos pétalos, un anillo, la fotografía aquélla de octubre.
Los días avivaron la desazón y el dolor se hizo presente pero sin asombros ya que el dolor era su moneda cotidiana, ella sintió un gran desconcierto... era otra vez la espera, e
Al aproximarse a la casa tropezó en la raíz del árbol próximo, lo sintió como una señal y con una lata rasqueteó la tierra buscando la preciada caja rosa con las cartas de su amado. ¡Allí estaba! Al fin, volvería a leerlas ahora con sus ojos miopes, recorrería las frases que le llegaron al corazón, las voces del recuerdo anidarían en ella.
Ansiosamente cortó las cintas deterioradas por los años, rasgó con facilidad la tapa y tomó las cartas en la mano... una nube de polvo se escurrió entre los dedos... mientras un gusano rojo se desmayó en su regazo. Ella sintió romperse el corazón.
domingo, 31 de enero de 2010
Lecturas de Verano 2010 (5ª entrega)
Se va terminando enero, pero quedan aún unas cuantas ediciones de las “Lecturas de verano”.
Seguiremos receptando, sólo por esta semana, los últimos trabajos literarios que ilustrarán las próximas ediciones de EL DIARIO Cultura.
Para hoy, una doble propuesta: una poesía y un cuento, un texto con tinta masculina y otra femenina, representaciones de Villa Nueva y Villa María…
A continuación una escueta reseña de ambos.
Pablo Durán nació en Córdoba en mayo de 1972. Vivió, estudió y trabajó en Villa María. En 2000 se asentó en Córdoba donde se dedicó al estudio y al trabajo en tareas legislativas. En esa época Durán comienza a navegar por las aguas de la literatura. En la actualidad vive en Villa Nueva.
La Feria del Libro Córdoba lo ha tenido como invitado seis años consecutivos donde ofreció charlas sobre distintas temáticas culturales.
Ha participado con sus textos en distintos medios locales y provinciales como EL DIARIO del Centro del País, El Regional, en el sitio del Gobierno de la Provincia de Córdoba y otros.
Tiene cinco publicaciones en libro que abarcan diferentes subgéneros dentro de la narrativa (cuentos, relatos, novela breve, novela fragmentaria, entre otros).
Para este domingo nos obsequia “El airecito”, ese que ansiamos en estas jornadas de furioso sol y agobiante calor. Es una poesía en tono de cumbia, para cantar, para bailar, para leer.
Nuestra siguiente invitada se llama Mónica Elsa Fornero. Nació en Carrilobo en julio de 1962 y hoy vive en Villa María.
Su infancia y adolescencia la vivió en el campo. Estudió la Licenciatura en Diseño y Producción Audiovisual pero debió abandonarla. Es Técnica en Comunicación y está estudiando la Licenciatura en Ciencias de la Información.
Desde 2004 integra la Asociación Civil “Verdad real, Justicia para todos” que lucha por los crímenes impunes en la ciudad, entre los que se encuentra el asesinato de su compañero. Desde 2007 es la secretaria de esa entidad. Participa en una Comisión que se formó con el objetivo de pedir la apertura del Túnel, Patrimonio de la ciudad. Fue locutora, integró también la Asamblea Popular “Todos por la justicia”. Es pro-tesorera de la SADE local.
Ha publicado en EL DIARIO, en la revista “La máquina” e “Identidad”, en varios concursos literarios, ciclos de poesías y de lecturas diversas.
El cuento que nos propone a continuación es una historia de niños, de pareceres y de sorpresas.
(PENSADA EN SILENCIO DE CUMBIA)
Pablo Durán
Verano.
Fresca idea
de sentarme.

Soy el que espera
la próxima vuelta;
otras canciones vendrán.
Noche con cuerpo de aire,
azul encanto movedizo.
Yo, de camisa floreada,
me envuelve el airecito.
Verano.
Fresca idea
de sentarme.
Soy el que no consigue

bailar la noche entera;
codo en el bar.
Orquesta de trompetas,
vientos en el viento.
Yo, la voz de la fiesta,
nadie: el presentador.
Verano.
Fresca idea
de sentarme.
Soy el que dice
la parranda, la cuenta,
mas nunca baila.
Noche se va en claridad,

refresca, aquieta.
Yo, el grito de la fiesta,
sentado al airecito.
Verano.
Fresca idea
de sentarme.
Mónica Elsa Fornero
Sus ojos eran tan profundos y negros como la noche, cuando reía, dejaba ver unos dientes parejos y brillantes como el nácar. Nadie sabía a ciencia cierta de donde venía, ni que hacía. Hablaba poco, no se daba con los lugareños, a excepción del dueño del almacén y del saladero, a quién les compraba todo lo que necesitaba.

Cada semana despachaba por correo de uno a tres paquetes, siempre de diferente tamaño. Circulaban muchas historias sobre él. La mente humana es complicada, teje las más intrincadas telarañas y la lengua se encarga de divulgarlas.
Lo único que todo el pueblo conocía, era que desde hacía dos meses aproximadamente ocupaba la cabaña que perteneciera a Juan Cabrera, y que su sobrina, única heredera, le prestaba a cambio de cuidado y orden y tal vez de algo más... según los pueblerinos.
La pequeña vivienda daba al lago, que en invierno llegaba a punto casi de congelación, pero que al extraño, así lo llamaba el pueblo, no parecía afectarle, pues obsesivamente a las nueve de la mañana tomaba su baño matinal.
La casa que los padres de Patricia y Roberto alquilaban todos los años para sus vacaciones de invierno, quedaba bien enfrente a la de Cabrera, al otro lado del lago.
En este pueblo de pescadores no pasaban demasiadas cosas; decidieron entonces ese año comprarle a sus hijos, un telescopio. A los niños el cosmos, pensaron, los tendría bastante tiempo ocupados. El regalo cayó como anillo al dedo, les resultó de lo más atra
ctivo, ¡Al fin tendrían con qué divertirse a lo grande!Apenas desenvuelto y después de discutir un rato sobre qué observarían, la elección recayó sobre su único e inmediato vecino, el del frente. Quizás fuera más divertido que mirar unas cuantas estrellas. Comenzaron por descubrir lo del chapuzón en el lago, pues la “tarea” de seguimiento comenzó muy temprano a la mañana siguiente; la caminata alrededor de la cabaña, veinte minutos exactos. Bastante aburrido, ellos no imaginaban que placer podía tener caminar alrededor de su propia vivienda; todo lo hacía con precisión de reloj suizo, el regado todos los días de dos potus que adornaban la entrada; el aseo de la casa, que le llevaba invariablemente una hora. Este trabajo solamente dos veces por semana, lunes y jueves
Roberto y Patricia que contaban con unos once a doce años, se turnaban, ya que era, después de conocerle todo los “secretos” domésticos, demasiado cansador seguir observando si por las dudas ocurría algo que ellos juzgaran interesante.
También descubrieron que los martes y viernes, salía rigurosamente por provisiones a las 17 horas y con la misma rigurosidad, volvía a las 19.
No contentos con eso no se dieron por vencidos y para tenerlo bajo la mira todo el tiempo, decidieron espiar los lugares frecuentados por el “extraño” y hasta quisieron saber qué compraba.
Era martes, día de compras, y allá fueron. El extraño, que también tenía nombre, o por lo menos apellido, Nicolino, así lo saludó el almacenero cuando entró.
Patricia y Roberto también entraron.
—Hola, buenas tardes Don Camilo, saludaron al unísono al acercarse al mostrador y otra vez.
—Buenas tardes señor...
El tal señor Nicolino se volvió para devolver el saludo.
—Hola, chicos, buenas tardes, y la mueca que no llegó a ser sonrisa, mostró una pareja hilera de dientes de una blancura poco común.
Su voz se oyó como salida de una cueva. A los chicos les corrió un frío por la espalda.
El comerciante respondiendo el saludo dio la espalda y comenzó a preparar la mercadería, parecía saber lo que el cliente quería, pues simplemente bajaba de las estanterías una serie de artículos, y los ponía en el mostrador, anotando su valor en un cuaderno.
El señor Nicolino, muy a decepción de sus vigilantes, compró cosas corrientes: una pasta dental, un paquete de yerba, arvejas en grano, té, café, una caja de fósforos, velas y tres atados de cigarrillos Virginia Slims. Los jovencitos se miraron y casi sueltan una carcajada.
Don Camilo metió todo en una bolsa y se la entregó, casi sin mediar palabra, el hombre pagó y volviéndose hacia los niños con voz que sonó tanto o más fría que el agua del lago, poniendo su mano derecha a la altura del pecho y levantando el dedo índice, como en señal de advertencia, les dijo:
—Buenas tardes, y recuerden. No siempre se encuentra lo que se busca, y al hacer esto, mostró otra vez su increíble dentadura.
Los chiquillos se miraron sin entender, por cuanto no le dieron importancia.
Después de unos segundos de espera mirando cosas distraídamente y sin oír, dejaron a Don Camilo con la pregunta a medias, salieron corriendo, debían seguir el recorrido del Señor extraño Nicolino. Ellos andaban en bicicleta; él en auto, un jeep descapotado, aunque viejo y bastante destartalado. Lo siguieron a cierta distancia, de últimas no era difícil encontrarlo en caso de que se les escabullera. El pueblo era una calle larga de varias cuadras que daba al puerto y solo un par de ellas hacia adentro.
Después de esperar diez minutos aproximadamente, salió del saladero con una bolsa al parecer muy pesada, la puso en la parte de atrás del vehículo y se encaminó hacía el café “Estrella de Mar” que distaba no más de cincuenta metros, sobre la misma vereda.
Entró, se sentó en la última mesa junto a la ventana, no había más de cuatro, todas ocupadas. A esa hora comenzaban a llegar los pescadores con sus cargas. Pidió algo que sus espías no supieron deducir que sería. Apenas hubo terminado salió, eran las dieciocho y cincuenta, en diez minutos estaría en la casa.
Los dos estaban bastante decepcionados, tampoco había pasado nada interesante ese día. De todos modos respiraron aliviados, pues caían de sueño cuando el hombre apagó la luz a las dos de la mañana, después de leer dos horas reloj, lo cual dejó de hacer para cenar y que le llevo no más que quince minutos. Luego estuvo sentado, a no dudarlo, construyendo algo. La pregunta era qué, pues lo hizo a espaldas de la ventana. Eso era lo que les restaba averiguar y lo dejarían para la próxima ausencia de su hombre, el viernes.
Esperaron unos quince minutos escondidos como a cincuenta metros de la cabaña, en realidad desesperaron, pues el corazón amenazaba con saltarles del pecho.
Roberto se había provisto de una ganzúa que le sacara de la cerrajería a su tío tiempo atrás. No necesitaron la famosa llave, la puerta no opuso resistencia. La sala no revelaba nada extraño, ordenada y limpia contaba con pocos muebles: una mesa vieja, tres sillas a su alrededor, un hogar, un espejo que enfrentaba la puerta, una pequeña biblioteca con títu
los conocidos, excepto dos libros negros atados con una cinta roja que se encontraban en un rincón y que no tocaron, lo dejarían para otra oportunidad. Ahora su interés recaía en el oficio realizado por el hombre.A la izquierda se iba a una pequeña cocina, lo suficientemente cómoda para una persona.
Y a la derecha una cortina que oficiaba de segunda puerta, no fue obstáculo para los pequeños intrusos, que entraron y otra vez se decepcionaron, no había allí nada interesante fuera del orden y la limpieza, al igual que en la sala; la cama de una plaza bien tendida, un cajón dado vuelta hacía las veces de mesa de noche, las cortinas, aunque gastadas, conservaban prolijamente sus pliegues.
Los chicos se miraron.
—Algo debe haber escondido, no puede ser tan solitario y no tener algún secreto, comento Roberto.
Patricia que empezaba a cansarse, le dijo, —¡Bueno que yo sepa no es pecado ser solitario!
—Chist, callate.
—¿Qué te pasa?
—Me pareció oír un ruido, vigilá la puerta.
—¿Por qué no vigilas vos? Se quejó la niña.
Patricia se dio vuelta y lo que vio la dejó petrificada.
Brazos en jarro y como una estatua se recortó en la puerta la figura del dueño de casa. Ahora a la niña le pareció enorme, más de lo que en realidad era. Un grito se le congeló en la garganta; los pies le pesaban toneladas, sintió que la sangre le estallaba en las sienes y sus manos sufrían fuertes temblores.
Su corta existencia pasó ante sus ojos, se vio tirada en una fosa junto a su hermano y su desesperación fue en aumento.
—¿Qué buscan? preguntó el recién llegado, con la tranquilidad que lo caracterizaba.
Esta pregunta sacó del letargo a Patricia e irguió como impulsado por un resorte a Roberto.
Y otra vez con voz que se les antojó de trueno, inquirió:
—¿Sus padres no les enseñaron que violar propiedad privada es delito?
No se movía de la puerta, no había como escapar, las dos ventanas a izquierda y derecha tenían rejas.
La pequeña seguía inmóvil aunque, comenzó a balbucear incoherencias. Su hermano que era algo mayor se puso delante con ánimo de protegerla.
—¿Nos... matará? –preguntó- tratando de disimular el terror que lo dominaba.
—Noo, voy a dejarlos ir. Pero... y mostró un telescopio igual al de ellos. Patricia que aún no había hablado le dijo:
—¡Ese es nuestro telescopio!
—Era, dijo, dirigiéndole una mirada de soslayo.
Roberto sintió que su cara se volvía roja y protestó.
—¡Usted entró en mi casa a robar!
—Y ustedes ¿Con qué fin entraron en la mía? Y agregó, váyanse, pero ¡ojo con lo que hacen! ¡Ahora puedo vigilarlos todo el tiempo...!
Hacía más de una semana que Roberto no dejaba entrar a su madre a la habitación, siempre tenía una excusa diferente.
Ese día no sabía que iba a inventarle. Sus padres aún no descubrían la falta del telescopio.
—Chicos, bajen, tienen visitas, dijo mientras golpeaba a la puerta después de probar y comprobar que la puerta seguía con llave.
—Ya vienen, anunció la señora cuando hubo bajado. Y fue a sentarse junto a su esposo.
Los niños no tardaron en bajar, los anfitriones y la visita callaron al escuchar que se acercaban. La persona en cuestión estaba de espaldas, y al darse vuelta los hermanos nunca imaginaron que verían al mismísimo señor Nicolino.
Roberto y Patricia miraron a sus padres y luego al hombre sin poder dar crédito a sus ojos.
El vecino del otro lado del lago, después de un cálido saludo les ofrecía un regalo.
—Vamos, dijeron sus padres, ¿no van a recibirlo?
Los dos retrocedieron sin decir palabra sentándose uno a cada lado de sus padres.
—¿Qué pasa? ¿No les intriga saber qué hay adentro? preguntó el señor Nicolino, y dejó ver la blancura de sus dientes que le daban al rostro un aspecto inquietante.
—Sí... sí, contestaron.
Ninguno de ellos se atrevía a romper el papel, se miraron, miraron a sus papás que parecían ignorantes de todo y volvieron a mirar al visitante que ahora les pareció disgustado. Esto los asustaba aún más.
—¿Quién los había mandado a espiar? ¿Quién? Era el pensamiento que los dominaba.
Fue el mayor de ellos el que comenzó a desenvolver la caja, esto animó a la niña a ayudarlo.
La sorpresa al abrir la caja fue tal que la expresión les fue cambiando, de temor a estupor para terminar en asombro.
—¿No saben decir gracias? ¿Qué les parece? quiso saber su mamá
Los chicos seguían sin poder pronunciar palabra. Las dos estatuillas de cera, de aproximadamente cincuenta centímetros eran la fiel imagen de ellos.
—¡Ah! ¿Por qué no nos dijeron que le habían prestado el telescopio al señor? inquirió el padre con extrañeza.
Los hermanos no supieron qué contestar. El visitante esbozó una sonrisa y comentó:
—Sus hijos han sido muy amables, se los agradezco infinitamente.
Al tiempo que se levantaba y les dirigía una mirada cómplice a los niños dijo: —pueden ir a buscarlo cuando quieran, los voy a estar esperando.
(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 31 de enero de 2010.-
domingo, 24 de enero de 2010
Lecturas de Verano 2010 (4ª entrega)
Nuestras invitaciones han tenido el retorno esperado. Estamos recibiendo gran cantidad de material literario que les estamos ofreciendo y ofreceremos durante todo enero y febrero. Son cuatro los convocados para este domingo, pasamos a presentarlos.
Aunque nunca publicó sus escritos, siempre dedicó su tiempo a la lectura y escritura. Se llama Olga García de Figueroa, es Maestra Normal Nacional del Colegio San Antonio y estudió nueve años de francés en el Colegio José Ingenieros. Tiene predilección por el género lírico-poético y en esta ocasión nos envió su libro inédito “Soledades”, del cual extrajimos tres composiciones. En estos escritos la soledad atraviesa las palabras y los sentimientos de una mujer que se siente sola, que pide, que ruega, que recuerda y que llora su pena en cada letra que imprime en el papel. Estamos ante una escritura breve con reminiscencias de poetas españoles y cierta tendencia a exhibir un yo íntimo desprovisto de toda cubierta.
Jorge Domínguez es de Villa Nueva y es un tipo que no se lo encuentra fácil, alguien que aparece cuando uno menos lo espera. De esa manera se acercó a la Redacción de este diario y nos dejó un par de sus poemas manuscritos. Eduardo Roganti lo describe en el prólogo de su tercer libro (“Combinaciones profundas”, 2004), como el hombre que lleva papelitos doblados en el bolsillo; obviamente esos “papelitos” son poemas. La poesía de Domínguez es simple y es el reflejo mismo de un hombre que vive, que choca con la realidad y que pelea por la verdad y la justicia. En el inicio de su último libro el mismo autor talla el siguiente epígrafe, “Érase una vez, los humildes / al poder para escribir la historia / del sacrificio, para alcanzar la / prosperidad y la paz deseada.”
Nació en Carrilobo y pasó allí muchos años junto a su hermana Vilma. Ahora vive en la ciudad y desde aquí está proyectando su literatura que ha madurado notablemente. Tiene publicados los poemarios “Llanura, soledad y recuerdos”, “Pájaros de papel”, “Todo… y lo demás” y el notable “Vestigios de la alquimia”. Hablamos de María Elena Tolosa, que además integra la antología “A orillas del Ctalamochita” y se ha nutrido en talleres literarios junto a Dolly Pagani y principalmente en la “Tertulia Paco Urondo”, en la que Susana Giraudo y compañeras han sido vitales para su última producción en tapas duras. Los poemas de María Elena arrancan de la memoria y se tiñen con los colores de la tristeza, de la soledad y las carencias. Para decirlo con palabras más precisas, que el prólogo expone: “Vestigios de la alquimia” es “(…) un libro que nos enfrenta con sus dolores más profundos y, por sobre todas las cosas, nos demora en las emociones de una mujer que hizo de su experiencia de vida un registro estremecedor de la melancolía hecha belleza en la palabra”. De los treinta poemas que conforman su último libro, seleccionamos tres para compartirlos con ustedes.
Griselda Gómez nació en Villa María en 1962 y se radicó en Córdoba hace tres décadas. Integró varias antologías como “Poesía de la mujer argentina” (1986) y en el Tomo II de “Córdoba poética del siglo XX” (1999). Ha coeditado y colaborado en distintas revistas y diarios. Ha desarrollado principalmente trabajos de investigación en el área de los derechos humanos, pero también sobre el indigenismo, el campesinado, los derechos de los niños y las dictaduras en los distintos países de América Latina. Tiene publicados los siguientes libros de poemas: “Vigías en sombras” (1998), “Lloviéndome los ojos” (1993), “Condenados del vacío” (1998), “Náufragos de palabras” (2005) y “Flores del bien” (2008). Como se desprende de los títulos de sus obras, los temas que la inquietan y la preocupan a Griselda son los relacionados con los derechos humanos y las atrocidades que se han cometido a través del tiempo y con nuestra gente. En ella está la constante actitud de recordar, de que la memoria sea un músculo entrenado y en buen estado para evitar los errores que nos han marcado como personas y como pueblo. Griselda Gómez es periodista y trabaja en “La mañana de Córdoba. Tenemos una entrevista pendiente con ella, sirvan estos poemas para ir achicando esa deuda.
Buena lectura y hasta la próxima semana.
del libro “Vestigios de la alquimia”
Por María Elena Tolosa

Presentí el rubor en mi rostro
Me di vuelta
y escuché respirar.
Supe de la profundidad
de sus ojos en mi espalda.
Pude estallar
y callé como una flor tímida en la mañana,
como una la libélula que custodia sus arpegios
como el grito del geranio
liberando el perfume
para derramarlo en sus manos.
* - * - * - * - * - * - * -
XI
del libro “Vestigios de la alquimia”
Por María Elena Tolosa
Desde el misterio de la vida
hasta tus solemnes pasos
engendrados en la tierra.
El azadón y los perros,
el sol cayendo de plano
y la magia de otro hemisferio
cincelando en tus manos.

Te apoderaste del aire y de los pájaros.
Nunca escuché tu canción,
la desglosabas en soledad,
entre mate amargo
y cigarros sin fumar.
Tus silencios me halagaban.
Presiento que vuelves cada tarde
a juntar leña
insinuando que me extrañas.
Los naipes quedaron esperando.
Y aún debemos desgranar
las mazorcas de mayo.
* - * - * - * - * - * - * -
XXVIII
del libro “Vestigios de la alquimia”
Por María Elena Tolosa
Mis criaturas vagan solas,
son seres ajenos vestidos de luna,
anidan mis entrañas y,
cansadas, salen
en busca de mis manos.
Pretenden una caricia.
Toda esa ternura
está perdida en el ocaso.
Cada atardecer
soy una cueva sin luz
donde crece el tormento
de no haber dado frutos.
Por Jorge Domínguez
Lo que es un grano de mijo
Ellos, lo hacen un repollo
y ahí te vienen con todo el rollo
creyendo tener la verdad,
te magnifican descontroladamente

sin siquiera ver el viento
que de pronto puede venir.
Y ahí los quiero ver…
Jugando a la “ruleta rusa”
se suicidan sin querer
(o queriendo)
¡porque son todos masoquistas!
Proceden envenenando
poco a poco
con veneno sustraído
de su santa sabiduría
se equivocan a desgano
repitiendo el armario
de su incredulidad.
* - * - * - * - * - * - * -
(POEMA)
Por Jorge Domínguez
Si el tiempo está de mi lado
llegaré más que temprano
para encontrarme con ella
la que nunca me abandonó.

Si el tiempo está de mi lado
lograré comprender que es en vano
incorporar la llave de la vida
a la calle sin principios, sin final.
Si el tiempo está de mi lado
seré una aguja marcando la hora
remando en el punto cardinal
de la paciencia agotada, ya.
* - * - * - * - * - * - * -
del libro “Flores del bien (primera parte)”
Por Griselda Gómez
Escribo sobre la cama verde
A mi costado los vidrios
De la ventana que apunta al sur
Me devuelven un tilo de otoño
Detrás del cual descansa el general
Apenas a veinte metros
Su mano vieja presiona los gatillos
Y saluda a los vecinos
A diez metros del asfalto
Sus persianas están bajas
Y el motor de su gran automóvil
Me despierta cada mañana
He memorizado su andar de puntillas
Detrás de las rejas de su jardín
He memorizado su bigote
Sus ojos de culebra
Su mujer con cuerpo de foca
Veo la punta de su pino
Mecerse en cada amanecer
Y veo su terror cuando riega
Los lazos de amor florecen
De este lado de las rejas
Lo que no veo lo que no puedo ver
Es cuántas veces gatilló contra los nuestros.
* - * - * - * - * - * - * -
14
del libro “Flores del bien (primera parte)”

Por Griselda Gómez
Caminan por nuestra calle
Y les clavamos la pregunta de nuestros muertos
Miran el mismo benteveo que miramos
No se inmutan
Están convencidos
Caminan entre nosotros
Y si pudieran también nos fusilarían.
* - * - * - * - * - * - * -
25
del libro “Flores del bien (primera parte)”
Por Griselda Gómez
Eramos Revolución Parturienta
La estrella de cinco puntas se erguía
Sobre la futura mamantez
de luces negras

Por la espalda un tiro dos morder asfalto
Falcon y Torino
Verdes pestilencias supuradas
Contra la chica de la bufanda roja
Partida la estrella en maderitas astilladas
Cae rebota ausenta
Consumida por boca feroz
De odio apátrida
Por la espalda sin nombre
Féretros cómplices funerarias
(Encuentro familiares)
De su cuerpo se han llevado
Los ojos los pechos los dedos
En la calle pedacitos de estrella
Una bufanda roja volantes esparcidos
Sueños y utopías.
* - * - * - * - * - * - * -
12
del libro “Flores del bien (segunda parte)”
Por Griselda Gómez
Clara yo pienso en tu nombre
En el espejo biselado del ropero en tu casa
De los Paraísos y arrojo al aire tu bastón de búsqueda
Te recuerdo en nombre de la fecundidad
Del hijo preso
Y de los hijos libres
Que pusieron el pan en mis manos adolescentes
Flor clara madre de frente a las balas
Me quedé de tu lado
Me corrí de las fiestas ostentosas
De las familias sagradas
Arengo frente al cabildo y somos el pueblo
Clara flor de Domingo
Heroica rebelde y ovárica
El vientre es grande y el fuego estalla.
* - * - * - * - * - * - * -
del libro “Soledades” (inédito).
Por Olga García de Figueroa
La soledad me penetra,
Sus aristas son filosas.

Se clavaron en mi cuerpo
Cuando los verdes años pasaron
Como raíces envejecidas y crueles
Me persiguen por las noches
Oigo sus risas y entonces
Lloran mis ojos vencidos...
- * - * - * - * - * - * - * -
(POEMA 10)
del libro “Soledades” (inédito).
Por Olga García de Figueroa
Oscuridad, recuerdos, besos, caricias,
Lenguas que me envuelven y
Me gritan ¡nunca más!
Las nubes ya se han desecho.
El agua ha de correr.
La soledad me hace muecas
En los rincones tal vez.
- * - * - * - * - * - * - * -

(POEMA 12)
del libro “Soledades” (inédito).
Por Olga García de Figueroa
Entre arenas, piedras, ruidos,
Mi alma quedó marcada.
La soledad declinaba.
Nadie sabía, ni yo,
Lo que mi cuerpo expresaba.
Mujer tonta, estabas enamorada.
domingo, 17 de enero de 2010
Lecturas de Verano 2010 (3ª entrega)
Y la razón perdieron.
Después de tanto andar,
Sus dos corazones decidieron separar.
Un tiempo ha pasado ya
Y hoy se volvieron a encontrar.
Se miran de frente
Y la nostalgia los inunda.
Ella
¿Cómo puede ser
Que todavía estés aquí?
Duermes conmigo
Desde que te conocí.
Habitas en mis sueños
Y me visitas cada mañana.
Tomas conmigo el té
Y vas conmigo a la cama.
Él
Tú también estás aquí,
En mis pensamientos.
Vives conmigo
Cada buen y mal momento.
Tu sonrisa me acompaña,
Me transmite tranquilidad.
Me indicas el camino
Que debería andar.
Ella
El calor invade de nuevo
Y con él los recuerdos vuelven.
Me recuerda a aquella tarde
Cuando me besaste en el puente.
Me regalaste una flor
Y mil “te amo” suspiraste.
Él
¿Todavía guardas aquella flor?
¡Qué hermosa tarde!
Tu pelo brillaba
Bajo el sol
Y tu piel reflejaba destellos
Como diamantes.
Ella
Después de setenta años
Ya no es tan fácil recordar.
Pero sé que mi pelo todavía brilla
Como en aquella tarde magistral.
Él
Yo también he perdido la memoria.
Lagunas se forman en mí,
Como agujeros negros
Que absorben todo de aquí.
Ella
Esto es extraño.
Que la vida nos haya juntado aquí,
Después de tanto tiempo
Para juntos morir.
Él
¿No crees que sea justo?
Quizás debería haber sido así.
Debería haberte preguntado
Si te unirías a mí.
¿Qué hubieras respondido?
Todavía me pregunto.
Ella
Hubiera dicho que sí
Para estar contigo cada segundo.
Para abrazarte
Y no dejarte ir.
Y así los dos enamorados
Sentados en el jardín están.
Pasan largas horas
Intentando recordar,
Ignorando a las enfermeras
Que vienen y van.
Finalmente aceptaron
Que el destino es criminal.
Si realmente amas a alguien,
Por él deberías pelear.
Aunque tarde o temprano,
Juntos se sentarán a recordar.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
SOLDADO
Por Gisela Rodríguez Gecchele
Veo tu mochila
Colgado en el placar.
Todavía siento
El aroma del mar.
Recostada
En el silencio
Lloro,
Lloros sin cesar.
Veo las niñas
Corriendo
Sin parar.
Recuerdo el invierno
Que te tuviste que marchar.
La noticia
Llegó tarde,
Nadie
Pudo respirar.
Las Malvinas
Te esperaban.
Tu familia
Te veía sollozar.
Pequeño soldado heroico,
No lo podías negar.
Era tu misión
Y la teníamos que aceptar. 
Entonces,
Llego el día.
No queríamos
Ni mirar.
Con la bandera argentina
En lo alto,
A la guerra
Fuiste a pelear.
Te saludamos
Contentas,
No te queríamos
Preocupar.
¿Quién nos podía asegurar
Que te veríamos regresar?
Era la tarde
De julio
Yo acababa de ser mamá.
Un soldado rubio
Golpeó la puerta
Con pesar.
Traía una noticia:
Tu vida se había hundido
En el mar.
Unos soldados
Enojados,
Te mataron
Sin dudar.
¿Cómo es posible
Que una vida
Pueda disolverse
Como la sal?
¿Nadie nunca
Piensa
Que deja un soldado
Cuando se va?
Hoy,
Después de tanto tiempo,
Desearía que estuvieras acá.
Tu hija,
De blanco,
Me anuncia
Que va a ser mamá.
Te veo
Debajo del naranjo.
No estás
Vestido de soldado ya.
Me tiras
Un beso,
Que yo intento agarrar.
Siento
Como me extrañas
Y sabes
Que te vamos a extrañar.
Hoy es julio
De nuevo
Y ha empezado
A lloviznar.
Veo como tu recuerdo
Se va desvaneciendo
Como un final.
Me dices
Que me amas
Y que me vas a esperar.
¡Oh, soldado heroico
En Malvinas
Te quedarás!
Hasta que llegue el día
En que te podamos recuperar.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
ESTA VILLA JUNTO AL MAR
Por Gisela Rodríguez Gecchele
En esta villa
Junto al mar,
Por primera vez
Te vi.
Te pregunté
De dónde venías
Y si alguien
Esperaba por ti.
Mis manos tomaste,
Como protegiéndolas.
Me dijiste al oído
Que este era tu hogar.
Tus ojos reflejaban
Una imagen de mí
Que nunca había visto
Y jamás descubrí.
Nuestras vidas unimos.
Nunca te dejé partir.
Nos sentábamos viendo la luna
Y escuchábamos al mar, rugir.
Varias noches inundadas
Por la pasión mutua
Dio como fruto
La más bella de las criaturas.
La sostuviste en tus manos
Y la intentaste proteger.
Eventualmente con el tiempo,
Se transformó en mujer.
Trabajamos duro
Y te mantuviste fiel.
Nunca me abandonaste
Y todavía amabas mi piel.
Hoy, después de cincuenta años,
Todavía puedo recordar
Que en esta villa
Junto al mar,
Por primera vez
Te vi llegar.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
LLORAR DE RISA
Por Alicia Perrig
Lava los platos
yo los seco
los guardo en el aparador verde
y limpio el piso de la cocina 
después
jugamos a atraparnos las manos
entre las sillas
amontonadas patas para arriba
sobre la mesa larga
se cansa
y me declaro su prisionera
anuda las trenzas alrededor de mi cuello
y lloramos
lloramos tanto
es difícil reír
en silencio
y a escondidas.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
LOS 15
Por Alicia Perrig
Ahora con la nona
dijeron
ella hizo las empanadas
y cosechó las flores
para perfumar la mesa
todavía teníamos los ojos hinchados
las dos
azules y rojos
que se saque los lentes
dijo el fotógrafo
y aquí estamos
ella y yo
en el living de mi casa
me sonríe con esa tristeza suya
esa tristeza de pequeñas violetas
en su vestido de piquet
que aún guardan las yemas de mis dedos
sobre su hombro izquierdo
esa tristeza nuestra
en blanco y negro.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
PERDÓN
Por Alicia Perrig
En la verja 
se persigna la mentira
es un crucifijo de sal
el que aúlla las tormentas
no es tan difícil
solo caer de rodillas
ante un dios silencioso
y austero
un dios perfecto
tan perfecto
que nos redime de su mirada.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
BUSCAN
Por Alicia Perrig
Con las bocas
como sepulcros de sed
con las manos de vidrio sucio
con los pies
huellas de flores rotas
bajo la última escama de la tarde
buscan
un remiendo de luz
en la sonrisa.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
SIN REGRESO
Por Alicia Perrig
Camina dos pasos adelante
adelante
dos pasos
o diez
o quince
yo la miro desde abajo
los hombros apretados
las caderas anchas y redondas
la gracia de las pequeñas orejas
bostezos entre el pelo crespo
siempre habla
y mueve las manos
como mariposas con frío
no puedo escucharla
pienso en irme
en no volver a ver
esas alas de escarcha.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
EN EL ESPEJO DEL RÍO
Por Olga Bruera
No quiero ser…
Como ese sauce
Que por verse reflejado 
En el espejo del río
Llora allí su condena
Por el tiempo pasado
A la vera de aquel río…
Pensó tanto en él,
Que solo, triste y encorvado
Con sus mismos recuerdos
Sigue su pena llorando…
Por eso todos dicen
Cuando hablan de él
Que a la orilla de aquel río
Hay un sauce llorón
Que se mira eternamente
En el espejo del río.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
DOÑA INÉS
Por Olga Bruera
La costurera del pueblo
La que llamaban, doña Inés
Sentadita siempre estaba
Frente a su máquina de coser
Hilvanando esperanzas
Bordadas con ilusiones
Sola estuvo en la vida
Sin amores ni pasiones
Su espalda ya encorvada
Por el paso del tiempo
Cosiendo tan apurada
Entre hilos y lienzos
Resongando algunas veces
También un poco enojada
Con algunas de sus clientas
Que la cuenta no pagaba
Un día, Dios la llamó
Cuando ya blanco su pelo
Para hacer trajes de nubes
Bordados en el cielo.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
ASÍ FUE: QUE ES NAVIDAD
Por Olga Bruera
Dicen que allá muy lejos
Por esas pampas de Dios
Nacía un divino changuito
Al que llamaron Jesús.
Dicen que nació de noche
Y todo se transformó
Una estrella brillaba tanto
Que todo lo iluminó.
Pastorcitos se llegaban
Con una inusitada algarabía
A conocer aquel niño
Que en aquel ranchito nacía.
María y San José
Lo cuidaban con desvelo
Mientras un coro de ángeles
Le cantaban desde el cielo.
Así fue que ese día
Le llamaron Navidad
Y por eso las familias
Se desean felicidad.
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
A LA NEGRA
Por Olga Bruera
Doy gracias a la vida
Que me ha dado tanto…
Y la vida se le fue
Como agua entre las manos
Su voz se escuchará
En los caminos…
Todo un pueblo recordará 
Las canciones de la “negra”
De fiesta estará Diosito
Por tenerla en el coro celestial
Como a grandes figuras
De la música universal
El mundo ella recorrió
Con su pentagrama de emociones
Y al mundo conquistó
Con tan bellas canciones
Su clásica figura
De mirada picarona
Nadie la olvidará
Y sus canciones entonan
Un recuerdo, un homenaje
Una sentida oración
Para ese personaje
Que descansa junto a Dios.
(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 17 de enero de 2010.-
domingo, 10 de enero de 2010
Lecturas de Verano 2010 (2º entrega)
Segunda semana de este segmento literario.
Nos enorgullece saber que nuestros lectores nos siguen acompañando en este sexto año de lecturas.
Para no robarles más tiempo a los protagonistas de hoy, pasamos ya nomás a presentarlos y a disfrutar de sus creaciones.
Liliana Costabello es trabajadora social, vive en el Barrio Las Playas y ha escrito desde siempre, aunque al final sus producciones fueran a parar a su tacho de basura. “Desafiando un poco la vergüenza” como nos dice en su correo, nos envía sus poesías de las que hemos seleccionado un par para esta oportunidad. Esa es la idea, abrir el espacio, que no sólo aparezcan los “consagrados” y poder así mostrar nuevas ideas, nuevos textos, nuevas voces.
Mauro Guzmán, joven estudiante de letras y esporádico colaborador de estas páginas nos envió dos de sus últimos escritos; por un lado una poesía que busca respuestas y no la obtiene, por el otro un cuento que escribió una madrugada a partir de un poema que leyó en esa oportunidad. Mauro tiene la necesidad de expresar su vida en prosa o poesía, continuamente está creando, buscando la manera de traducir la realidad en literatura.
Tenemos el gusto también de presentarles tres poemas de Lelia Frías. Profesora de enseñanza inicial y más conocida como narradora oral. De una voluminosa cantidad de poemas y algún cuento seleccionamos una muestra con poemas de distinto color y porqué no, sabor. Entre ellos, mencionamos el “Poema XXII” que fue ganador de la Mención Especial de “literatura Infantil” en el concurso “Julio Sodero” realizado en Ausonia en diciembre 2007.
Seguimos receptando sus textos en nuestra Redacción o al correo electrónico de nuestro suplemento (eldiariocultura@gmail.com).
Nos vemos.
....................................................................se eleva
....................................................................sólo para mirar,
....................................................................panorámicamente
....................................................................la mierda que somos.”
..........................................................................................(R.F.)
LA MOSCA
Por Mauro Guzmán
La sartén con las papas todavía crudas. Es el mismo aceite de las milanesas de ayer, marca “Patito”. La doña canta mientras mira la tele y de a ratos interrumpe el concierto, cambia la expresión del rostro y con voz más grave, casi tenor, grita más que ordena a su hija que limpie el cuarto, y que no le conteste, que si ya está que se ponga con otra cosa pendeja de m…, que no puede estar todo el día con el culo en la silla escribiendo ese diario de porquería. La chica no dice nada, si al final sabe que es peor y además, digamos que entiende lo que está pasando, qué puede hacer su madre sino vengarse en ella. Porque esa cara y esa voz eran de actriz de cine viejo en esas escenas en que la doña la humilla a la sirvientita.
Las papas se empiezan a dorar cuando el picaporte de la entrada gira con un leve ruido, suficiente para que la doña (que ya tenía acostumbrado, entrenado el oído al ruidecito) de un salto despegue sus nalgas caídas del sillón blanco que conserva la huella de sus glúteos y simule un trabajoso mediodía de ama de casa, esta vuelta moviendo la sartén y limpiándose de la frente un sudor imaginario. “Hola negrito, cómo te fue, dame un beso, no, sentate, sentate, dejá que yo llevo la campera a la pieza”.
—¿Qué es eso, qué están viendo?
—ah, ni idea (dice desde la puerta de la pieza), debe ser tu hija, yo
estuve toda la mañana ocupada, no tengo tiempo para andar mirando esas pavadas. Pero tu hija, claro, con tal de no ayudar, cualquier cosa. ¿Vos podés creer que sea tan vaga? Yo no sé, mirá, no sé a quién habrá salido, porque lo que es vos, trabajás como una bestia.La nena terminaba de barrer el cuarto y aparecía en la cocina-comedor. Simplemente aparecía. El padre, al verla, notó que de lo oscuro de la cocina, de lo gris de las baldosas de hace años cuyas grietas se sabía de memoria, surge, apenas interrumpida por ese saco de piel arrugada que no para de hablar y cuyas grietas también se figura mentalmente -ahora con asco, con hastío, emerge una infantil luminosidad que logra cambiarle la expresión del rostro, que ahora sí parece de humano -casi de novio nuevo- y no de trabajador y encima cansado. La sonrisa es más que obvia y se vuelve palabras como “hola princesa, qué tal el día, espero que bien”.
La nena, antes de responder, mira de reojo a la madre y la ve putear entre dientes y mirarla con un león en cada ojo, entonces la nena sonríe con tristeza y responde cabizbaja: “bien, papá”.
Vení, vení con el papi un ratito, le dice. Hasta la mosca que merodeaba los escasos restos de azúcar de la mesa podía notar lo desproporcionado del cuadro: una ex-niña, lista ya para el corpiño, sobre las rodillas de un señor mayor que ella, acariciada como se toca un asado siendo un argentino con hambre.
La doña vuelve al canto, pero en un tono más histérico, acorde a la violencia con que toma la espumadera para sacar las papas. Las pone en la mesa y le dice a su marido ¿vas a dar las gracias? Sí. Sentate hijita, acá al lado, que comemos. Te damos las gracias, Padre, por otro día más de vida y por estos alimentos. Te pedimos que los bendigas y que te acuerdes de los que no los tienen, en especial los chicos de la calle, gracias por todo y te pedimos tu bendición en el nombre de nuestro amado Salvador y Señor Jesucristo, amén.
Todo esto con las cabezas inclinadas y los ojos solemnes, cerrados, excepto la nena, que los tenía abiertos y se tapaba los oídos, como si estuviese oyendo alguna especie de blasfemia, en vez de la santa oración que se dijo.
—¿Y no llamó nadie, Teresa?
—Sí, negro, el Tito. Dice que el domingo no va a poder ir, que si no podés predicar vos.
—¿Yo? pero ese Tito es un irresponsable.
—Tiene veinte años, negrito, hay que encaminarlo. No te olvidés que es un valor, y hoy en día la juventud…
—Mucho valor no debe ser, porque es la segunda vez que hace lo mismo.
—Sí, yo le dije, pero dice que por eso te avisaba con tiempo y que como vos eras el pastor.
—Sí, pero el pastor también trabaja ocho horas por día, tiene una familia que mantener, el pastor, no está al vicio como él.
Con otras disquisiciones teológicas del estilo, transcurrió el almuerzo. Disquisiciones interrumpidas por un que otro “shh, que no escucho la tele” -si por lo menos la pagaras- si la pago- sí, con otros cuatro vecinos- ¿pero pago o no pago? -entonces, si pagás eso no te enojés de que te deje escuchar un cuarto del programa.
Ya bordeando el postre, entre los últimos pedazos de flan, él le pregunta -¿qué te pasa, te comieron la lengua los ratones?- La respuesta de la nena es corta: mira a su madre y se calla.
—¿No vas a comer el postre ni siquiera? Hagamos una cosa, vení con el papi a la pieza y te doy de comer, como a vos te gusta, para que veas que te quiero.
La nena no respondió. Esta vez tampoco miró a la madre. Como un robot de funciones programadas, más progr que amadas -un lavarropas, digamos- (siempre recordaba en estos momentos el versículo preferido de su padre: “porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales él preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” -Efesios 2:10-) se levantó y con actitud mecánica/electrodoméstica se dirigía a su cuarto, a su propia cama. El padre iba atrás de ella, y en el camino cerró la Biblia, que la niña había dejado abierta sobre la mesa de piedra de la cocina. La madre, mientras tanto, espantaba una mosca que vacilaba hacia arriba y tomaba el control remoto para poner el volumen alto, muy alto, alto, muy alto.
Por Mauro Guzmán
Nunca me dijiste de qué color
es la tristeza
cuando desenvaino mi mano
del bolsillo del jean
para envolverte la
mejilla a caricias
(sé que pensás que son

baraticias- se lo dijiste
a tu amiga el otro día
por teléfono. Sí, sí,
yo estaba escuchando. No,
no es curiosidad, se llama
insomnio). Y yo desenvaino
mi mano, y vos con tu
sonrisa incolora (creo) ensayás
una mueca parecida a la risa,
pero tus ojos no entienden el
juego, y mi bolsillo vacío
y la mano que vuelve y mi
bolsillo lleno y nunca me dijiste
de qué color. Y mis dedos
se desmenuzan en caricias
que les sobran y me chorrean
por los muslos y surfean la
rodilla y se caen al piso. Después
miro para abajo y no te digo nada
y me voy a olvidarte otro poquito (ya
te olvidé tres, me faltan veintisiete)
tirado en la cama para qué de dos
plazas, y te escucho avanzar y pisar
con tus botas de cuero y de bronca
mis caricias chorreadas en las baldosas,
y qué chiquitito qué flaquito el ruido
cuando las pateás y te matás de
risa, aunque nunca me digás
de qué color.
* - * - * - * - * - * -
Por Liliana Costabello
Me has amado, con la profundidad
Has sido agua mansa, has
Quiero hoy ofrecerle un tributo a tu
Los besos de mi boca siempre
Tu compañía fue luz en la
Tu abrazo calmo el dolor de otra
Vengo a brindarle un tributo a tu amor,
Pero si retornas no sé si te
¿Serán tus ojos los mismos que
POEMA XXV
Mi espíritu
atravesando
se encarcela
gime,
De las nubes,
Era un duende…
Nacieron
* - * - * - * - * - * -
La luna,
La luna
A la una,
A las dos,
A las tres


