domingo, 10 de agosto de 2008

El Estilóbato (regreso)

NUEVO IMPULSO
EL ESTILÓBATO
PARA EL ARTE MÚLTIPLE

Por Darío Falconi



El capítulo se había cerrado con una maratónica oferta de espectáculos en diciembre pasado. La casa cultural denominada El Estilóbato, cerraba sus puertas debido al permanente e insostenible problema económico. Habían transcurrido siete años y seis meses de aglutinar en solo lugar la pluralidad de las voces del arte. La tarea no fue fácil de sobrellevar, máxime cuando sus propulsores son jóvenes que trabajan, que poseen sus familias, obligaciones y que dedican el escaso tiempo libre a una pasión que el inconsciente colectivo argentino no puede digerir como profesión, como obligación, como trabajo. Pero… ¿quién dijo que las despedidas son tristes? Las crónicas de esa noche destacan los aplausos y sonrisas por sobre el llanto y la tristeza.
Era la despedida, pero no el final; los chicos sabían que debían cerrar el inmueble, pero el proyecto, la idea, el concepto, no cerraba. El respiro tenía que darse, debían hincharse los pulmones con nuevos aires y ver la manera de retomar. En esos años de trabajo ininterrumpido, las fuerzas se fueron agotando y este (mínimo) descanso sirvió para tomar impulso, para que el tranco sea ahora más largo y alto.
En poco tiempo más El Estilóbato será una asociación civil sin fines de lucro, lo que le dará un estatus superior, para poder ser reconocida así por diferentes entes y obtener apoyo tanto local, provincial como nacional. Reorganizaron su proyecto, están culminando los trámites respectivos y tienen los ojos bien abiertos para encontrar su nueva morada.
Es así, El Estilóbato está buscando un nuevo hogar, un lugar que les permita desarrollar la actividad multicultural para seguir promocionando a los artistas locales como los que puedan venir de otras latitudes.
Desde EL DIARIO Cultura, hablamos con una de sus férreas colaboradoras, Soledad Rolando, quien es además la vocalista del grupo de raíces folklóricas La Tusca, germinado sobre las tablas de la casona de Tucumán al 842. Soledad, es sólo una de las voces de esta familia que espera crecer este año.


—¿Cuáles fueron las intenciones iniciales de El Estilóbato?
—Yo estuve a partir del segundo año, pero más o menos el planteo fue que existiera un espacio donde se pudieran hacer muchas actividades. En un principio era muy fuerte el tema de los talleres que se dictaban durante la semana y los fines de semana los espectáculos. Queríamos un espacio donde confluyeran diversas artes y luego mostrar todo lo que se hacía.

—¿Recordás en esa época cómo estaba la ciudad en cuanto a este tipo de manifestaciones?
—Había mucho menos, El Estilóbato nació en 2001, había muy poco movimiento y aparte se estaba iniciando todo este tema de la universidad, que después con el tiempo, la mayor cantidad de público y de gente que se movió allí dentro fue universitaria.

—Además era una época donde la Argentina se caía a pedazos…
—Sí, era complicado; pero siempre tuvo el mismo fin, que existiera en ese lugar un espacio para hacer muchas cosas, y cosas que básicamente en Villa María no se veían, como por ejemplo los malabares, de circo, de clown, acá no había.

—Contanos como es este tema del resurgimiento de El Estilóbato.
—En realidad desde el momento en que se cerró, siempre se tuvo la idea de que se iba a continuar, nunca se lo pensó en que se cerraba y se termina, se lo vio como el fin de una etapa, un ciclo; pero siempre tuvimos la idea de seguir trabajando a puertas cerradas para que pudiéramos arrancar. El Estilóbato se cerraba por muchos motivos, pero el problema económico siempre estuvo; gente que quisiera estar, que quisiera laburar había, artistas en Villa María hay a montones, el tema era el apoyo económico. Si bien había apoyos chicos, publicidad y demás, nunca hubo algo que lo sostuviera, el alquiler había que pagarlo todos los meses, la luz también y el gas también… era un mantenerlo y ya al último tiempo era tironearlo porque no se llegaba. Entonces hacíamos otras actividades que eran más fáciles de organizar y que eran más rentables como las peñas. Actividades que no tenían más complicaciones que buscar artistas y publicidades, que es trabajoso, pero que venía a cumplir con la necesidad más urgente: juntar plata para llegar a fin de mes.
Se cerró, pero la idea fue trabajar para reorganizarlo, por un lado se hizo todo el tema jurídico que nos falta la última parte, donde la enmarcamos dentro de una asociación civil sin fines de lucro, que por ese lado nos facilita la solicitud de apoyos. Por otra parte, cuando empezamos a trabajar allá por marzo y abril, de las ocho personas que somos ahora, hay gente de antes y gente nueva, nos dividimos en dos grupos; uno de ellos hizo la parte espantosa jurídica (risas) y el resto desarrolló el proyecto. Tuvimos mucha gente que nos ayudó en esta tarea. Todo esto fue lo que hicimos en seis meses, seguimos teniendo el mismo fin y los objetivos, promover, difundir el arte de esa manera, que haya un poco de todo y que todo el mundo pueda disponer de ese espacio, así era El Estilóbato, todo aquel quisiera mostrar algo iba ahí.

—Y no descansaron mucho que digamos, porque si me decís que comenzaron en marzo y dejaron la casa en diciembre del año pasado... Se cerró la casa, pero no el proyecto.
—Claro, El Estilóbato tiene la parte humana o el espíritu que siempre estuvo, nos quedamos sin el espacio físico que es muy importante para funcionar. Pero estamos trabajando como siempre igual, como hicimos todos los años, en marzo volvimos a arrancar.

—Ahora que mencionás la cuestión del espacio físico, ¿siguen buscando un lugar donde instalarse?
—Estamos sobre todas las cosas, buscando. Nos planteamos y lo hicimos, de salir por Villa María preguntando por algunas casas que veíamos, pero nos resultaba difícil; entonces dijimos de hacerlo al revés, vayamos a los medios, que la gente se entere que andamos buscando casa. Nos pasó el año pasado, que cuando cerramos, a la semana siguiente nos llamó una abogada que nos ofrecía una casa que estaba buena, pero que para tener un espacio donde hacer espectáculos teníamos que voltearle paredes, cosa que no podíamos hacer. Fue apareciendo gente que nos daba datos, pero es más fácil que la gente se entere de que nosotros buscamos casa, porque nosotros no sabemos adónde. Este es nuestro siguiente paso, el proyecto ya está terminado, lo de la asociación civil falta el último trámite y nos quedaría el espacio físico. En Villa María hay cantidad de casas, sobre todo casa viejas que hace años que están cerradas, pero que no sabés ni siquiera de quién son. No pedimos que nos regalen nada, si hay que alquilar vamos a alquilar, lo hicimos antes y ahora siendo una asociación civil, nos posibilitaría conseguir más recursos para pagarla.

—Mínimamente, ¿cómo debería ser la casa que ustedes necesitan?
—Como ideal y para que funcione con el espíritu que tuvo siempre, sería una casona del estilo que teníamos antes con un espacio relativamente amplio para espectáculos y con aulas donde se dicten talleres y demás; pero llegado el momento en que nos digan, “tenemos un salón”… y… va a funcionar en un salón. Hay otra cosa, nosotros no es que buscamos estar en el centro, pero si decimos que la casona está a dos cuadras antes de llegar a la universidad, se pone bravo, porque la gente no se moviliza; en Villa María pasa que si algo está fuera de los bulevares está lejos. La gente no está acostumbrada a usar colectivos, tomarse un remisse y hacerse cuarenta cuadras… pero llegado el momento, donde sea y como sea vamos a funcionar, buscaremos la forma de adaptarnos a la situación.

—¿Existe la posibilidad de que una institución, un organismo público, una entidad colabore y que ustedes no pierdan la independencia y el espíritu original?

—Para mí sí, estaría buenísimo que Cultura, la Municipalidad, que cualquier institución pudiera apoyar este proyecto sobre todo porque no existe algo así con la variedad que teníamos nosotros. Se extraña esa apertura que tenía para hacer cosas, yo que estoy en una banda noto el espacio que no existe. Sí se puede trabajar con la ayuda de alguna institución “sin venderse”.

—Recién decías que se extraña ese espacio, en estos seis meses que pasaron sin El Estilóbato, ¿notaste un cambio en Villa María, sentiste ese “hueco” en la actividad artística?
—Sí, El Estilóbato no era sólo lo que pasaba en una noche de espectáculo, El Estilóbato estaba abierto todo el día, la gente circulaba todo el tiempo, yo sinceramente no conozco que haya en la ciudad algo así. Cuando hablamos con chicos de algunas bandas me comenta que se redujo el espacio para tocar. Si tenías que hacer un espectáculo en otro lugar, debías llegar, acondicionarlo, llevar todo lo necesario para tocar; en nuestra casona estaba todo acondicionado para la ocasión, tenías que ir, armar el sonido y lo demás ya estaba. Era muy lindo ver como se transformaba todo, había un espectáculo un día, y al otro había que dar clases en el mismo espacio, era todo muy funcional. Se extraña la magia especial que había, esa magia que sentís cuando entrás a un lugar que no es cualquier lugar…


Y de esa magia de la que habla Soledad, casi que pudiese percibir el halo que flota en el aire de esta fría noche de jueves. Mientras rememora algunas cosas que pasaron a lo largo de ese tiempo, aprovecha la ocasión para esbozar las diferentes propuestas que estiman para el corriente año. Algunas de ellas incluyen la creación de un ciclo de cine café, maratones teatrales, la creación de un stand permanente con producciones artísticas, dictado de seminarios y la presentación de artistas locales y de afuera para el enriquecimiento de todos… Son tantas las actividades y tan diferentes que no existía en la ciudad un marco legal que la encuadrara, tal es así que, el Consejo Deliberante debió crear la figura de “espacio de promoción, producción y difusión cultual”. En esas pocas palabras que envasan tantas cosas está El Estilóbato; un lugar donde existe la posibilidad de seguir creyendo, esa necesidad de que el arte sea una utopía y que ésta no muera jamás. Tal como estampara, durante la noche de cierre, un artista plástico local en las viejas paredes de la casona cultural: “LAS UTOPÍAS NO SE TERMINAN, SÓLO SE RENUEVAN”.


Para aportar ideas, sumarse al proyecto u ofrecer colaboración, los chicos de El Estilóbato aguardan su contacto:
http://www.elestilobato.blogspot.com/
elestilobato@gmail.com
elestilobato@yahoo.com.ar
154090807
156571701
154128179
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 10 de agosto de 2008.-

domingo, 3 de agosto de 2008

Jaqueline Andrada (Cómics / Animé / Manga)

ENTREVISTA A
JAQUELINE ANDRADA
UN ESPACIO ANIMADO EN LA CIUDAD

Por Darío Falconi



Inodoro Pereyra, Tony, Pepe Sánchez, D’artagnan, Paturuzito; se convirtieron en las lecturas que cimentaron su pasión por las historias y por los dibujos. Junto a su hermano compraban las historietas que marcarían su predilección por este género tan beneficioso para el hábito de la lectura y el pensamiento.
Más adelante los Thundercats, los Halcones Galácticos, Voltron, entre otros, complementarían la dieta de series y películas devoradas en el ya viejo y recordado VHS. No faltarían los esporádicos viajes a Córdoba para adquirir alguna remera o alguna revista en particular, que se consigue en las comiquerías que se encuentran diseminadas en los recovecos de las distintas galerías y paseos. Negocios que se especializan en ciertos aspectos de un comercio muy amplio e inimaginable.
Esta idea es la que pretende modificar Jaqueline; presentar en un local de nuestra ciudad la mayor cantidad de productos que pueda brindar; en sus palabras: “En Córdoba las comiquerías están, pero es cuestión de buscarlas, porque están muy adentro de las galerías. Quien busca cómic, encuentra cómic; hay chicos que buscan juegos de rol en el que se emplean manuales, los tienen también; en otro lado consiguen pósters... Pero no hay una comiquería, una tienda de cómic, que venda pósters, remeras, muñecos, revistas… esa es la idea que yo tengo.”
Circulando por Rivadavia a metros de Mendoza se encuentra su local en el que, emulando un gashapon japonés, es posible encontrar en su interior diferentes artículos para sorprenderse, que harán el deleite de muchos y que activarán las fibras del recuerdo en otros.

—Contanos Jaqueline, ¿cuánto hace que abriste este local?
—Más o menos tres meses. En este tiempo han venido mejicanos, chilenos, ecuatorianos, gente de La Plata… yo charlo con ellos y me voy dando cuenta cuáles son sus preferencias y me orientan a la hora de ir trayendo cosas, porque voy conociendo los gustos.
Para mí es un desafío; cuando yo abrí puse mucho de Dragon Ball Z y cierta gente piensa que sólo vendo eso, o que somos drogadictos… los escucho cuando miran la vidriera. Hay gente que no conoce, pero hay otra gente que sí. Chicos muy pequeños que ven lo que se pasa en el cable local; cuando vamos subiendo de edad, ya ven un poco más, porque bajan series por Internet; es otro público adulto que conoce de Robotech, Thundercats, He-Man, porque ellos los vieron. La gente grande es muy puntual a la hora de buscar algo, conocen mucho de historieta argentina.

—¿Cuál es la diferencia entre historieta, manga, cómic y animé?
—El origen. Para los argentinos es historieta; los japoneses le llaman manga a cualquier historieta, pero cuando sale de ese país, como es de origen japonés toma ese nombre. El cómic que es más norteamericano es muy finito con láminas ilustradas a color brilloso, la hoja tiene otra calidad. Una caracteística es que los cómics a veces tienen diferentes estilos de dibujos porque son diferentes dibujantes, de distintas épocas; esto no sucede en el manga. Cuando hablamos de manga por lo general viene en blanco y negro, como es japonés se lee al revés, tenés que empezar de atrás para adelante y de derecha a izquierda; además el grosor de las páginas es superior. El cómic tiene miles de vueltas, muchos números, muchas situaciones; mientras que el manga se hacen unos cuantos tomos y se acaba la historia. Si el manga tiene éxito puede salir la adaptación al dibujo animado o animé.

—¿Animé puede ser tanto un dibujo animado como una animación por computadora?
—No, ellos le llaman animé a lo que tiene origen japonés; cuando tiene otra nacionalidad, ya para ellos deja de tener ese nombre, pero para nosotros sigue llamándose así. Nuestra forma de catalogar es: dibujo para los más chiquitos y animé cuando vamos subiendo un poco más. Para los japoneses es tan normal esto que los distinguen por categoría, si es de robot o son personas con trajes con ciertas funciones le llaman mecha, si es para chicas se llama de otra manera y hay muchas otras formas más de clasificarlas… es tanto lo que abarca que lo van catalogando, porque para ellos es una industria muy común. El éxito de los artistas que cantan cuando pasan del manga al animé da pie para que la serie tenga éxito o no, o que ellos se lancen a la fama. Nosotros simplemente le llamamos historieta argentina.

—¿La gente que se acerca a tu local, pide proporcionalmente más historieta que manga?
—Vos me decís en cuanto a revistas, porque lo primero que ven cuando llegan son los muñecos, sobre todo los chicos; no están tan acostumbrados. Los chicos piden los muñecos Dragon Ball o Naruto por ejemplo; porque Villa María no tiene un canal de dibujos de animé como se tiene en Córdoba, entonces muchas veces piden artículos de los dibujos que conocen y pueden ver. El manga tiene sus fanáticos, pero la gente que no conoce para acercarse, necesita ver el dibujo para luego trasladarse al manga.

—Sucede también que esta industria es muy completa, porque se tiene el dibujo animado, el videojuego, la película si esa serie va muy bien… es todo una movida cultural impresionante, ¿no?
—Sí, además tenemos toda otra parte que es cine, si hay algo que yo quisiera tener para mí sería una figura de Depredador, que me encanta ese personaje. Hay un chico que es fanático de El Señor de los Anillos, que se compró los libros, se tatuó, tiene los personajes, esculpe e hizo una de las figuras de la película. Te aclaro que hay diferencias entre los que se le llama fanático y el otaku, que es el fanático obsesivo, el que se viste de los personajes que le gustan, en Japón con un sentido más despectivo. Suelen haber chicos que gritan ciertas expresiones que ven en los dibujos preferidos, que conocen todos los nombres, los capítulos y todos los detalles. El fanático invierte en lo que le gusta, suele haber torneos de cartas donde hay premios sumamente interesantes de 4000 dólares por ejemplo, y cuando ganan no se compran una motito u otra cosa, lo gasta todo en cartas. Los juegos de cartas están muy bien pensados pero a veces comprando unas cuantas cartas te podés gastar 500 pesos. Los proveedores te ofrecen muchas cosas, 300 primero salió el cómic de Frank Miller, después salió la película y de ahí todo lo demás (casco, capa, accesorios…).

—Quisiera que nos explicaras las características de este negocio, ya que no se venden aquí juguetes comunes que se consiguen en cualquier otra juguetería o en alguna casa de importación.
—Exactamente, yo parto de cosas de diez pesos para arriba. Hay chicos pequeños que tienen la costumbre de ahorrar y el hecho de que colecciones algo te hace quererlo, o hacen arreglo con los padres de comprar algún artículo por alguna materia rendida, etcétera.
Mientras la escucho me ejemplifica lo dicho mostrándome algunas figuras de Robotech o Los Simpsons, que cuestan un poco más de cien pesos y resalta “el material y el personaje es precioso. El material no es el plástico que ves en el juguete y sobre todo el nivel de detalle que tiene es excelente.”

—¿Cómo te ha ido desde que iniciaste? ¿Se cumplieron medianamente tus expectativas?
—Mucho mejor de lo que me esperaba, es más, como vos la mayoría llega de oído. Salí con mi hermano a repartir volantes, pero los chicos son los que me han traído a otros chicos. Mucho ayudó el conflicto del campo cuando las colas de autos esperaban para cargar nafta en la estación de servicio de aquí cerca. Se ha corrido de oído muchísimo y les brindé a los chicos un espacio también para aquellos que practican juegos de rol para que conozcan otros de otros lados, se prestan los manuales, etcétera. Acá no está difundido, en Buenos Aires es muy común, se venden cartas en quioscos, artículos que no son baratos, la gente que no sabe esto, no sabe lo que tiene el local.
Una cosa que quiero resaltar es que muchos piensan que porque son dibujitos, son para chicos; ¡no!, muchos dibujos, es más, la mayoría de los dibujos tienen contenidos que son para pensar, tienen una trama muy entretejida… es que son para grandes. Los japoneses mezclan mucho lo que es mitología con lo fantástico, si bien la historieta argentina también, los japoneses son muy fantásticos, tienen la cabeza puesta en eso. Me suele pasar que llegan adultos y me piden cosas para sus hijos y después de charlar un ratito me doy cuenta que no es para su hijo, sino para él. El dibujo no tiene un género ni una edad, hay chicos que compran cosas de Sailor Moon o chicas que compran cosas de Dragon Ball Z. Es totalmente equivocado pensar en esa idea de la edad y el género.


La entrevista va culminando. Sus palabras quedan flotando en el aire y registrándose en mi grabador, pero no puedo irme sin antes resaltar nuestra impresión primaria de que instalar un negocio de estas características representa todo un desafío para Villa María. Jaqueline, nos mira airosamente y nos responde con cierta soltura: “un cliente me lo dijo también, pero nosotros nos criamos mirando estas cosas y si te gusta esto tenés que irte a Córdoba o a Buenos Aires. Sé que es un gran desafío, pero alguien tenía que empezar.”
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 03 de agosto de 2008.-

domingo, 6 de julio de 2008

Fernando Sugrañes (Artesano local)

DIÁLOGO CON
FERNANDO SUGRAÑES
ARTE DE PLAZA


Por Darío Falconi



Muchas veces nos encontramos en la disyuntiva de poder distinguir lo que es “arte” de lo que no lo es, nos cuestionamos interiormente sobre las cosas que nos gustan, sobre las que nos disgustan; sobre lo que uno cree importante y lo que no; y sobre todo definimos, delimitamos consciente o inconscientemente que puede encasillarse en esas cuatro letras y que no.
Por lo general, recortamos menos cosas de las que podrían encasillarse en esa palabra. El diccionario, cualquier diccionario que poseamos a mano nos da una aproximación al término diciendo que arte es el “acto mediante el cual imita o expresa el hombre lo material o lo invisible, valiéndose de la materia, de la imagen o del sonido, y crea copiando o imaginando”. Y aunque esta definición aparenta ser completa, quizás no lo sea. El tema es que nosotros (la mayoría de la gente), incipientes consumidores de cultura, creemos que el arte son sólo todas aquellas manifestaciones más recurrentes y aceptadas como la danza, la pintura, el cine, la música, la literatura, entre otras que, cuya sola idea de imaginarlas, nos demandaría cierto esfuerzo intelectual para traerlas a nuestra conciencia. Cuando alguien menciona la palabra “arte”, cuesta imaginarse inmediatamente otras actividades que no sean las que menciono en la oración anterior. Y esto se debe a muchos motivos, cuestiones relacionadas con la historia, con la valoración, con políticas culturales, con improntas y tantas otras que exceden estas líneas.
Por este motivo nos ocupamos en la edición de hoy de una tarea que consiste en la creación de velas aromáticas y muebles infantiles, para mostrar “otro arte” que se torna infrecuente en las páginas dedicadas a la cultura.
Abordamos a Fernando Sugrañes, porque conocíamos de su actividad creando y exponiendo velas en las distintas ferias en las que podía participar. Rosarino de nacimiento, se instaló en la ciudad hace poco más de cinco años, aquí trabaja y aquí emplea gran parte de su tiempo a crear objetos artesanales junto a su señora, tarea que le llena el alma y que además le brinda la posibilidad de generar un ingreso extra.


—¿El hacer velas puede considerarse un arte?
—Sí, por que no sólo es el proceso químico y físico de darle forma a la parafina, sino que también es la combinación de colores, formas y tamaños que le dan la parte artística al producto.

—¿Cuánto hay de artesanía y cuánto de mecánico en esta tarea?
—Yo diría que en los trabajos que nosotros realizamos con mi señora hay mucho de artesanal y muy poco de mecánico; pero lo que lo hace más atractivo y le da el toque es lo artesanal. Todo depende también en el producto que uno realice, ya que las características de cada cosa que uno hace van posibilitando que uno sea más artesanal que otro; es decir, hay objetos que se prestan a ser transformados más artesanalmente que otros.

—¿Considerás que el mejor espacio para mostrar y vender lo que hacen es la Plaza Centenario o el Festival de Peñas?
—Por mi parte te puedo decir que en la plaza se vende muy bien, aunque en estos últimos meses se ha notado una gran merma en las ventas que nos tiene bastante preocupados. En el Festival de Peñas se vende menos, por la gran cantidad de productos artesanales o no que se ofrecen en las varias carpas que se instalan en los alrededores. Pero en estos últimos años en el festival se vende muy poco, y nos va bien en la Fiesta del Lago que se realiza la semana anterior al festival.

—En las ferias de artesanos se aglutinan generalmente los que hacen artesanías, los que venden productos "pre-hechos", los que venden discos "truchos" y tantos otros? ¿Qué opinión te merece esta mezcolanza?
—En el único lugar donde nos juntamos con esos productos es en la Festival de Peñas, y a nosotros los artesanos nos perjudica muchísimo.

—¿Puede solventarse una economía familiar con esta actividad?
—No en mi caso que tengo una familia numerosa, pero ayuda muchísimo para llegar a fin de mes. Para que sea más rentable tendría que viajar a otras ferias en distintas localidades; pero lamentablemente por el volumen de los productos que hago y la dificultad de no poseer una movilidad adecuada, no puedo realizarlo.

—¿Te interesa ir anexando otro tipo de artesanías o preferís especializarte con las velas?
—Yo empecé con las velas y le fui agregando productos relacionados. Posteriormente anexé los mueblecitos para muñecas y otras artesanías hechas en fibrofácil, y siempre trato de ir cambiando y mejorando la mercadería para que se renueve el paño y tenga otros atractivos para el cliente.

—¿Qué dificultades presenta este oficio?
—En mi caso el traslado de la mercadería, desarmar y armar el puesto todos los días y las muchas horas que invierte uno cuando esta en la feria, sumadas a las horas que se emplearon para hacer las artesanías; pero uno lo hace con gusto y no se hace pesado; sólo cuando se vende muy poca uno se le viene la moral abajo y se queja. Pero al menos en mi caso se hace muy llevadero compartiendo esas horas con los compañeros artesanos que después de tantos años se entablamos una muy buena relación.

—¿Qué tan difundida está esta actividad en Villa María?
—Hace unos años éramos bichos raros, pero de a poco fuimos incorporándonos a la gente y cuando ven la feria en la plaza la gente se arrima. Se hace una atracción más para la ciudad y creo que eso es positivo.

—¿Qué usos les dan generalmente los compradores de velas?
—El mayor uso el de adorno y aromatizar los ambientes y en menor medida en la usos religiosos y de veneración a santos y en otras prácticas como la cromoterapia.

—¿A qué público está destinado las artesanías en fibrofácil?
—La mayor cantidad de ventas de estos productos son la de los mueblecitos para muñecas y todo lo que esté relacionado a los niños tiene mayor salida, tanto en madera, como en las velas cuando tienen formas atractivas para los chicos, como lunas, flores y animalitos.

—¿Cuánta libertad posibilita este arte?
—La libertad de crear una gama infinita de productos de formas, colores y tamaños que uno quiera, dejando volar la imaginación y que sea atractivo y que se venda.

—¿Quisieras dejarle algún mensaje al lector?
—Me gustaría aclarar que todos los que estamos en la plaza somos artesanos y tratamos de ganarnos nuestros manguitos vendiendo nuestros productos artesanales, que no somos jipis (termino que usan despectivamente), no destruimos la plaza, todo lo contrario, y todo lo que hacemos es con mucho esfuerzo. Por último un agradecimiento a toda la gente que le gusta ir a la plaza a ver las artesanías expuestas y a todos los artesanos con los cuales comparto tantas horas en todas las ferias en las que participo.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 06 de julio de 2008.-

domingo, 29 de junio de 2008

Gladys Bettini de Pérez (Artista villanovense)

DIÁLOGO CON
GLADYS BETTINI DE PÉREZ
ARTISTA VILLANOVENSE


Por Darío Falconi



Cuarenta y ocho horas transcurrían del invierno, pero la estación más fría del año había arrancado varios días atrás. El aire gélido se colaba por las hendijas de mi casco y por cualquier otro hueco que mi vestimenta descuidara. Circulaba por las calles de la ciudad con destino al Hogar de Día de Villa Nueva. Allí me esperaba una profesora de pintura que en ese momento estaría dictando su curso a un par de alumnas.
Ingresé al lugar y me sorprendí de ver a tanta gente trabajando. No me esperaba que las chicas asistieran con el intenso frío de esa tarde.
“Siempre vienen, hasta cuando llueve y en vacaciones” me dice Gladys, “la única forma de que no asistan, es que se vayan de viaje”. Y sorprende ver tanta fuerza, tantas ganas de sus estudiantes de todas las edades, trabajando en sus pinturas. Alumnas que, ni bien intercambié algunas palabras con la profesora, no dudaron un segundo en manifestar: “ahora menos nos vamos a ir cuando un buen mozo nos visita” y yo sonreí. Y mientras no despegan sus miradas ni el pincel de las pinturas dialogaban entre sí, se hacían bromas y se reían todas juntas.
Rápidamente cambié la hipótesis inicial, ya que me di cuenta de que la clase de pintura no era sólo el encuentro con el saber artístico, sino un momento para compartir y disfrutar entre compañeras. Me dispuse a tomar algunas fotografías, y no es necesario mencionar que con cada flash que iluminaba la sala, recibía diferentes acotaciones que usted lector se imaginará.
Esperé a que terminara la clase y luego nos sentamos con Gladys a charlar sobre su taller de pintura, entre otras cuestiones.

—¿Qué tipo de talleres realiza?
­—Tengo tres talleres. El taller de pintura tiene 9 o 10 años. Apenas me jubilé empecé a pensar volver a dedicarme a la pintura porque culminé mis estudios, pero nunca más pude tocar los pinceles. Me recibí de maestra normal y de maestra de artes plásticas. Me dije que ahora que podía, me iba a dedicar a lo que me gusta. Pensaba pintar para mí nomás y después empecé a ver gente que no tenía conocimiento y que daba clases, y yo me decía “Dios mío, cómo puede ser que se animen”. Yo soy recibida, pero fui a tomar unas clases en el Bellas Artes, en un taller de un año o año y medio para volver a retomar, porque quizás podría haber técnicas nuevas… Estuve practicando un poco y después me decidí. Empezaron mis amigas, que creo que estaban todas, Nelba, Yoly, Adela, Pocha y un señor que venía de Tío Pujio y mi hermana. Nos reuníamos en mi casa. Después fue creciendo y fui buscando otros lugares más amplios y más cómodos para seguir incorporando gente. No quería chicos, porque ya con mi trabajo de docente estaba cansada de renegar. A los cuatro o cinco años de empezado el dictado del curso, me vino a hablar una mujer por su hijo, a suplicarme que lo dejara entrar porque su niño iba a una institución de arte pero allí no le dejaban pintar, y el ansiaba eso. Empezó y se trajo tres o cuatro compañeritos y como se comportaban muy bien los tomé y los dejé. Esos chicos ahora están en secundaria y por cuestiones de estudio no pueden venir más. Después vinieron otros, así que para no dejarlos afuera, les doy clase en una casa particular y como están solos conmigo se comportan bien, que es diferente a si están con otra gente. Entonces enseño acá (Hogar de Día) tranquila con los grandes y cómoda con los chicos en otro lado.

—Usted me dice que la pintura siempre le gustó, ¿cómo fue entonces el acercamiento, para el caso de porcelana fría e inglés?
­—Cuando iba a la primaria empecé a estudiar inglés y no pude terminar, porque en el último año del secundario se me complicaba con las prácticas, iba a clase pero no estudiaba, entonces dejé casi en los últimos años de la academia. Después cuando me recibí de maestra, inicié el Profesorado de Inglés en las Rosarinas, que fue el primer año que se dictaba con un solo profesor y un sólo libro para todo el alumnado. Entonces nos teníamos que sortear el día y la hora en que podíamos sacar notas de ese libro. El profesor venía de Inglaterra, o sea que daba el inglés británico. En esa época a las jovencitas no las dejaban salir de noche y a mi me tocaba el horario de las once y no había forma que mis padres entendieran que iba a estudiar; fui una vez, fui dos veces, pero tuve que dejar. Tenía diez en fonética y siempre me acuerdo de ese diez, tan lindo; podría haber seguido (mientras su mirada parece perderse en el tiempo y viajar a aquel pretérito momento)… Luego empecé a preparar alumnos en inglés y nunca dejé de darlo. Los alumnos míos que toman siempre pasan. A pesar de no tener título he tenido suerte con ellos, tengo la práctica; la conversación me cuesta, pero traducir, comprensión, armar las oraciones, etcétera, lo puedo hacer perfectamente. Yo empiezo con los pronombres personales y un verbo, luego le agrego el verbo “to have” y algún otro verbo que lo acompañe. Después uso el dónde, cómo y qué y es increíble como van aprendiendo los chicos.

—¿Y con el tema de la porcelana fría?
­—Empecé hace como cinco años en la casa de una amiga de Córdoba, que ha ganado dos premios internacionales y me empezó a enseñar. Después tomé clases con una profesora que enseñaba en Villa María, hice tres años y después hago algunos cursos y sobre todo me doy maña.

—Pero podemos decir que de esas tres actividades lo suyo es la pintura.
­—Totalmente. Por empezar el título me avala, porque yo puedo enseñar inglés pero no soy recibida; puedo enseñar mejor, por la didáctica que yo tengo, pero no poseo título que me avale. De porcelana no voy a tener título porque no se dan, se entregan certificados.

—¿Usted cree que es un impedimento el no poseer título?
­—A veces sí, pienso que me falta perfeccionamiento, en el inglés por ejemplo, estudié mucho y practiqué mucho, pero aparte me gustaría poderlo conversar, me falta la soltura para poder hablarlo.

—Volviendo al tema de la pintura ¿ha participado en exposiciones y concursos?
­—Hice una exposición individual acá en Villa Nueva, para las Fiestas Mayas. En cuanto a concursos de pintura en Villa María siempre me han rechazado los cuadros.

—¿Por qué cree que eso es así?
­—Porque les gusta más el Modernismo, más pintar no al detalle como es mi estilo. Lo que más me gusta pintar es rostros; pinté a la Madre Teresa, al Papa… Participé en un concurso que hacía Osde, que aunque no ganó, lo mandaron a Córdoba. Hay un cuadro del que me siento orgullosa y que mandé a Buenos Aires hace como cinco años en un concurso de Aerolíneas Argentinas. Esa vez se le desbordó la cantidad de cuadros a los organizadores y no pudieron exponer todos, el mío fue expuesto; aunque no sacó premios fue reconocido. El año pasado me presenté al Instituto Cise que organiza concursos a nivel federal y gané el segundo premio en el rubro paisajes. El año pasado volví a participar, presenté un rostro de un negro y un animal, y gané el segundo premio en la categoría animales.

—¿Qué técnicas emplea para pintar?
­—Yo trabajo en óleo nada más. He pintado algunas cositas en tiza pastel, pero no me llena.

—¿Cómo es Villa Nueva en cuanto a pintores?
­—Hay buenos pintores como hay muy buenos escritores. Villa Nueva es como un nido de artistas. Yo tuve el asombro de conocer muchísima gente, anónimos, yo los conocí cuando estuve en la Dirección de Cultura. Organizábamos muestra de telares y aparecían unas cosas maravillosas, entonces eso nos animaba a hacer concursos de pintura, a invitar a los vecinos para que participen… se fue abriendo más la gente.

—¿Y la gente respondía?
­—La gente respondía mucho, fue la época floreciente acá en Villa Nueva. Yo estuve cuando se organiza la Dirección de Cultura que estaba a cargo de la señora Maldonado, ella estuvo como seis años más o menos, y después pasó otra señorita que no podía dedicarle el tiempo que ese cargo necesitaba. Entonces me nombraron a mí. Estuve dos años hasta que cesó el mando de Zanotti y entró Navarro. Este último no fue favorable para la Casa de la Cultura, la usó como oficina de Registro Civil y de Tránsito, había una biblioteca que se había inaugurado hace poco y también desapareció. Hubo mucho trabajo de años que se cayó, un trabajo de luchar con la gente, tratar de traerla, sacar un pesito de un lado, otro pesito del otro y siempre trabajando gratis. Con todo el dinero que recolectábamos de las diversas actividades fuimos comprando ladrillos para ir levantando una pared que sería la del nuevo salón de la Casa de la Cultura. Habíamos hecho una pared de un metro y medio aproximadamente hasta el fondo y el señor que la cuidaba, como no le gustaba el salón lo volteó. Teníamos el plano que lo había diagramado el arquitecto Pajón y demás para hacer el salón. Inclusive cuando yo cuento, hay gente que me dice, “acá nunca hubo nada”, ¡y sí había! había una pared.

—Más allá de la cuestión monetaria, ¿usted ve algún apoyo por parte del Municipio?
­—Hasta ahora no, con la gestión de Frossasco sí. Por empezar cambiaron las reglas, nosotros nos manejábamos con la Casa de la Cultura y solicitábamos lo que nos hacia falta. No hay nada de colaboración…

…y me cuenta un montón de pormenores que se pueden resumir en la carencia de continuidad, en un gran alimento para la desilusión de la actividad cultural.

—Es como un reflejo de la Argentina, donde no se tiene memoria y no puede construirse sobre los cimientos anteriores...
­—Volviendo a las paredes de lo que podría haber sido el salón de la Casa de la Cultura, si vos me dijeras que entra un director que no le gusta donde está ubicado, bueno…, pero acá la decisión la tuvo el señor que limpia, tuvo el poder de hacer lo que quiso y que nadie dijera nada. También teníamos un museo, que se robaron las sillas. Esa falta de continuidad de las cosas hace que nunca se crezca. Así que todo esa gente que había salido culturalmente a la luz, se volvió a esconder.

Me cuenta de sus malos recuerdos con un manifiesto pesar, cuando se robaron todo de cada lugar… entonces yo le comento que me encuentro trabajando en un futuro libro sobre escritores locales en los que la respuesta ha sido casi idéntica entre los literatos de Villa María y Villa Nueva, y ella me responde…
­
—Mirá vos, deberías tener mayor porcentaje en Villa María comparado con la cantidad de habitantes que tiene cada uno. Por eso te digo que Villa Nueva es cuna de artistas, sucede que no salen a la luz porque no tienen oportunidad, es como que al ser chicos, la gente te dice “qué vas a exponer vos, qué vas a pintar vos, qué vas a escribir vos…”. También hay gente que le gusta exponer pero su trabajo no es bueno. Yo siempre digo que en el arte no se puede decir no sirve o está feo, porque eso es según la mirada que uno le ponga, porque si uno dice “mirá, hizo dos o tres pinceladas y se ganó un premio”, no existiría Picasso y yo a Picasso no lo hubiera aceptado (risas). Al haber apertura de miradas y de gustos es cuando surgen todos los otros artistas, sino estaríamos encasillados en una forma.

Y cuan consiguiente es en lo que dice que me confiesa su gusto por Los Redonditos de Ricota, su sonido, la voz del Indio Solari… su agrado por Virus, por Soda Eséreo, la música clásica y las demás artes que tienen mensaje, pero también toda aquella que no lo tiene y también le agrada.
Así es Gladis, una mujer de actividades culturales múltiples que sigue creyendo y apostando sus años de experiencia al quehacer cultural de nuestra vecina localidad villanovense.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 29 de junio de 2008.-

domingo, 15 de junio de 2008

Pablo Durán (Escritor Cordobés)

REPORTAJE
PABLO DURÁN
EN EL RÍO DE LAS LETRAS

Entrevista de Juan Ramón Seia
Introducción de Darío Falconi



Pablo Durán nació en Córdoba en 1972, pero vivió en Villa María durante un considerable tiempo. Actualmente reside en nuestra capital donde trabaja y desde donde proyecta su literatura. Publicó cuatro libros, “El ciclo de los objetos perdidos” (2000), “La cadena de mate chatarra” (2003), “La última jarana” (2005) y recientemente “121”. Este último libro es el motivo de su visita a estas páginas y a la Feria del Libro local.
“121” retrata en 221 páginas la inundación que devastó el barrio de Tierra Aislada por tercera vez, el lugar más desfavorecido de un lugar denominado Más Ciudad. Amanda Fuentes, una inspectora de catástrofes, será la encargada de introducirnos en la historia de este desastre totalmente previsible. Se decepcionó totalmente de su trabajo, que consistía en generar inútilmente toneladas de informes de cualquier tipo sin que sirviesen estos como elementos para evitar lo que ella sabía se avecinaba. En un gesto de arrepentimiento y bronca decidió contar los hechos tal como sucedieron a manera de explicación para ella misma y sobre todo para la gente de esa población. En palabras de Fuentes: “Me decidí a contar los hechos cuando las aguas que arrastraban todo tipo de objetos de Tierra Aislada se llevaron también mi máscara. Me decidí a gritar cuando me desembaracé del traje de inspectora y me reencontré con la mujer llana que fui de joven. Yo había perdido mi expresión fresca de aquellos tiempos y también las ganas de decir. Hoy me doy cuenta que quiero gritar. Estoy madura para gritar y sentir la frescura que me permite llorar frente al dolorido. Hoy puedo llorar.”
La novela se sostiene en tres pilares que se exponen de una manera audaz, barajadas de cierta forma que puede despistar a ciertos lectores desprevenidos.
“Las motivaciones para escribir esta novela fueron varias” dice Durán. “Por un lado, intenté mantener un ritmo de escritura, que no decayera con el paso de los meses posteriores a la publicación de la novela anterior "La última jarana". Después de terminar con un texto puedo descansar un breve tiempo, pero enseguida aparecen nuevas ideas. Para mí es fundamental mantener cierta gimnasia, horas frente al papel o la computadora, al menos algunos minutos cada día. Escribir es una fase más dentro del proceso creativo literario, pero es un acto que favorece la aparición de nuevas ideas y la resolución de tramas, estructuras y, en definitiva, textos.
En segunda instancia, procuré armar un trabajo que profundizara la búsqueda de un estilo, lo que estuvo presente como inquietud sobre todo en el primer texto escrito, que es el segundo capítulo o parte de la obra final y que le da nombre: ‘121’. Este texto medio es el disparador, desde el punto de vista del modo de escribir y de los lineamientos estilísticos generales, de los restantes, lo que se aprecia algo más claramente en la tercera parte, ‘Las Aguas’, pues la primera parte de la obra terminada, ‘Intro’, se despega algo en cuanto a la manera en que está relatada. Desde el enfoque de la historia que se cuenta, lo central ocurre en las partes 1 y 3, pero hay vinculaciones tangibles entre todas gracias a la presencia de citas extraídas de la segunda parte, 121. Así se cierra estructuralmente la novela.”
Por su parte, Dolly Pagani en un prólogo explicativo que se publicase en EL DIARIO en febrero de 2007 y en el que se exponía un adelanto de lo que hoy es este libro; esgrimía, “Se trata de una obra literaria anti-género, sobre la problemática escritural, que involucra: escritor-texto-lector. A pesar de la aparente casticidad formal, plantea puntualmente esa ecuación, pero enmascarada en una originalísima estructura numérica, en apariencia ‘desestructurada’, en el límite de la audacia intelectual, más allá de los juegos de Cortázar, rozando las extravagancias y las cargas de humor de Macedonio.”
Al respecto Durán nos expresa, “creo que no fue pensado desde un comienzo escribir una novela "extraña". Sí se diseñó de antemano el grueso de la idea y estructura general. Quizás haya resultado extraña, pero me atrevo a pensar que más bien se debe esta supuesta característica al hecho de que es estructuralmente poco convencional (cortada, quebrada, cargada de micro relatos, diversas mini historias), y sobre esta estructura se monta una narración que se unifica desde lo argumental en las partes 1 y 3, a la vez que lo estilístico se ordena desde lo prescripto por la segunda parte.”
Interrogamos un poco más al autor para que nos contase su visión sobre esta obra, sobre su obra y su visión del mundo literario cordobés…

EDC: —¿Cómo debería asimilar un lector amateur tu obra?
Pablo Durán: —La novela se dirige a todos los lectores posibles. No sabría definir a un lector amateur. Tiendo a suponer que un lector que se enfrenta a un libro de ficción lo hace desde una situación que implica para él la posibilidad (todas las posibilidades) de disfrutarlo, entenderlo, recordarlo, pensarlo y emocionarse. No pienso de antemano en escribir algo que pueda ser comunicado de tal o cual manera, asimilado o siquiera explicado. Intento escribir lo que me gustaría leer, lo que me atrapa y lo que me hace no abandonar el libro. Intento escribir lo que me indica mi gusto como lector. Creo que si la obra terminada me convence a mí mismo como lector tiene más oportunidades de convencer a otros lectores. En definitiva, creo que más que imaginar la recepción que tendrá la obra hay que perseverar en estilos y en líneas de escritura que definan a un autor. Los lectores aparecerán o no, pero siempre se escribe para los lectores.

EDC: —¿La estructura o el estilo tiene bases en otras lecturas?
Pablo Durán: —Procuro leer siguiendo un plan, si cabe el término. Para cada momento de escritura corresponden necesidades de lectura, las que tienen alguna relación con lo que se está creando, aunque no con el estilo ni con la estructura.
Pero me considero un mal lector de ficción, es decir, leo poca ficción. Mis estilos literarios están en formación, apenas empezando a consolidarse. Y puede que estén en constante formación, aún cuando pase muchos más años en este oficio. No estoy seguro de que sea bueno escribir de una sola y determinada manera. Las obras de ficción permiten jugar con una flexibilidad mayor a la hora de su producción. Por todo esto es que me parece propicio para mi obra que busque de manera permanente la originalidad (que sea esa una característica de estilo). A ese fin contribuye que lea poca ficción y que dedique abundantes horas a leer ensayos, historia, textos científicos, escritos sobre literatura y revistas y diarios sobre temas de actualidad. Todo lo anterior, sin que esto sea un listado que agote ahí los tópicos pues tengo amplios intereses a la hora de leer.

EDC: —¿Creés que has alcanzado un estado de madurez en tu trabajo?
Pablo Durán: —Escribo desde hace muy poco tiempo, algo así como nueve años. Y sobre la marcha he ido aprendiendo algunas pocas cosas. Con sólo conversar con algún autor que tenga real experiencia, sea por más años de dedicación o por haber producido obras de gran calidad (lo que suele ser coincidente), te podés poner en conocimiento de cuál es el grado de desarrollo de tu propia escritura. Nueve años es poco para una actividad como esta y publicar algunas páginas no significa mucho en cuanto a la calidad de lo que uno publica. Pero creo que a escribir se aprende escribiendo. Y que la literatura se completa en el lector, por lo que la publicación es parte del trabajo que hay que hacer. Estoy transitando un camino de definición de estilos, que tiene la intención de lograr mejor calidad de escritura y que necesita sumar lectores.

EDC: —¿Qué puntos de coincidencia encuentras en "121" con "La última jarana" y los anteriores libros tuyos?
Pablo Durán: —Cada una de mis obras publicadas ha sido distinta, pero es cierto que tienen alguna cuestión común, fundamentalmente en lo referido a la microficción. Aún siendo obras no tan extensas, las novelas breves contienen párrafos y pasajes brevísimos en los que hay autonomía de construcción y sentido.

EDC: —¿Cómo apreciás la actualidad de la narrativa cordobesa? ¿Relativo apoyo editorial, descorrimiento del Estado, público en descenso o hay luz al final del túnel?
Pablo Durán: —No podría hacer un diagnóstico certero sobre la actualidad de la narrativa cordobesa. Me parece que hay mayor tradición y presente en obra poética, tanto en cantidad de autores como en calidad de obras. En narrativa hay buen movimiento en cuanto a cuentos y relatos y algo menos en novelas. Pero hay una gran producción periodística, de ensayo y de historia. Quiero decir que se escribe mucho y en no pocos casos muy bien. Hay diarios y revistas locales y regionales. Hay editoriales pequeñas que publican a buen ritmo. Hay cantidades importantes de estudiantes de letras y comunicación. Y está la posibilidad de desligarse del papel para publicar, sea en soportes informáticos, en blogs y en otros tipos de ediciones digitales. Hay hoy en día innumerables opciones para publicar, y algunas de muy bajo costo.
Hay apoyo editorial desde el aspecto técnico de la edición, corrección e impresión (en caso de uso de papel). La cuestión de quién carga con el costo de poner un libro en la calle es el nudo del tema de los recursos. Es difícil que una editorial o un medio de comunicación inviertan en un autor nuevo. Pero ocurre en algunos casos. Depende en buena medida de la perseverancia del autor. Es que a veces hay media página disponible en un diario o una búsqueda de autores para alguna antología. Estoy convencido de que los autores debemos ayudar a encontrar los canales de publicación existentes, a mejorarlos y a hacer de la literatura de ficción algo atractivo para numerosos potenciales lectores.
El Estado, en cualquiera de sus niveles, fija prioridades que son las que se determinan en las políticas de gobierno. La literatura de ficción debe ser apoyada, pero es cierto que no son años para sacarle recursos a temas urgentes que demandan los sectores más necesitados de la población, de la producción e, inclusive, de otras áreas de la cultura ajenas a la literatura. Creo que hay que pensar en buscar el encuentro de los autores con los lectores. Que hay que usar los medios tecnológicos menos costosos para publicar. Y que hay sectores de nuestra sociedad que pueden costear publicaciones y ayudar a autores a perfeccionarse con cursos y estudios de distinto tipo. Hay que demostrar a quienes tengan posibilidad material y voluntad de apoyar actividades culturales que la literatura de ficción es importante, es cultura, ayuda al desarrollo de una comunidad, contribuye a la consolidación de una región, hace al patrimonio de un pueblo y nos puede mejorar como personas. También creo que el público lector no está en descenso (al menos vertiginoso), y que hay interés por la ficción, sea literaria, de historietas, cinematográfica. Hay comunicación escrita por correos electrónicos y mensajes de texto, cosa que no ocurría hace unos pocos años. Hay que encontrar a los lectores. Hay oportunidades para aprovechar, pero demandan trabajo. Mucho trabajo. Y confío en que habrá luz al final.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 15 de junio de 2008.-

domingo, 8 de junio de 2008

Darío "Rana" Azumendi (Gestor Cultural)

REPORTAJE
DARÍO “RANA” AZUMENDI
GESTOR CULTURAL


Por Daniel Castoldi y Darío Falconi




Organizó su primer show en 1994 en La Caleta con una banda que venía de Suiza. Con mejor suerte y experiencia concretó un ciclo de más de diez encuentros denominado “Rock de acá a la luna”, en el que todos los domingos bandas locales y de la zona se lucían en la recordada Loft. En las épocas donde la Argentina se caía a pedazos ejecutó el primer “Fijate Rock” con la consigna de que nos “fijásemos” lo que estaba pasando alrededor y colaboráramos aportando alimentos para aquellos que más lo necesitaban.
Hizo radio, televisión, prensa escrita, organizó shows, es padre de familia y comerciante de nuestra ciudad. Entre idas y venidas nos acercamos a dialogar con el “Rana” en su local céntrico. Lo molestamos para que nos cuente (en medio de interrupciones y corridas) sobre sus incursiones en el ámbito cultural.
Como hombre nato de radio que es, no escatimó detalles en el relato de su paso por los distintos medios, desarrollos de shows y convocatoria a los mismos, los que mencionamos sucintamente.



EDC: —¿El desarrollo de todas estas actividades te han dejado algún margen de ganancia?
Darío: —El que recuerdo que me ha servido económicamente fue el ciclo de “Rock de acá a la luna”. Cuando vivía en Córdoba las dos últimas semanas comía fideos y gracias... y recuerdo que con esa serie de presentaciones alguna vez pude comer algo de carne. Económicamente no me fue siempre bien, uno cuando organiza lo hace para no perder plata, nadie quiere perder; porque vos te esforzás, hacés tiempo extra, hacés muchas cosas para no tratar de perder. En mi caso, yo lo planteo como una historia a largo plazo, como que en algún momento se va a dar. Yo no hago todo, pero los shows que hice como No te va Gustar, como El Soldado o las bandas que actuaron en los Fijate, mayormente son shows que yo no busco, sino que me llaman por contactos que uno ya hizo, porque uno se va haciendo un nombre a medida que hace cosas. Los Fijate hoy por hoy no son rentables, pero no todo se mide por el dinero. Es muy difícil que algun productor viva exclusivamente de esto y si vivís sólo de esto la cosa se torna poco clara.

…y mientras dice estas palabras, el grabador se detiene, ingresa gente al local.
Ya sin clientes, quitamos la pausa del grabador y antes de que volvamos de lleno a la respuesta el rechinar de la puerta retumba en nuestros oídos. En ese momento escuchamos un “buenas tardes” de algún otro comprador del lugar.
El tiempo pasa por lo que debemos suspender la charla.
Volvemos casi una semana después e hilvanamos la conversación con lo último dicho la semana anterior…


EDC: —¿Cuál es el motor principal que te lleva a seguir con el Fijate Rock entonces?
Darío: —La motivación es que yo creo en algo que en algún momento tiene que llegar, triunfar en el sentido de que la gente vaya y aporte su bolsita con granos de arroz para las instituciones que les está haciendo falta, que gane el concepto de que hay que apoyar. Si una banda no toca en ese festival tiene que ir a ver a los demás, no porque no toquen ellos van a dejar de asistir, esas cosas no las entiendo. Otra cosa que por ahí escucho es que, por ejemplo, no hay nada para la gente grande; pero para que vas a hacer algo para la gente grande si no va… acá lo hicieron y no duró nada.

EDC: —¿Decís que es difícil sacar a la gente de sus casas para ir a shows?
Darío: —La queja es muy fácil pero pocos son de hacer o aportar. Piden una disco y cuando ponen una disco tremenda la gente no va; piden un café literario y son contadas con las manos la gente que se llegan, te hablo en todos los aspectos… No tenés que guiarte por estas cosas porque desde lo que se dice y lo que se hace hay muchas diferencias, ojo, les repito, tampoco hay que tener eso como norte, uno debe seguir con lo que piensa, lo que quiere y lo que cree.

EDC: —¿Vos pensás que las instituciones deben apoyar todos estos proyectos?
Darío: —Creo que hasta por ahí nomás. Lo que me molesta es que alguien te da uno y al otro que tiene el mismo proyecto le da cien. En la caso de la Municipalidad creo que te debe apoyar pero no debe bancarte todo; mucha gente piensa eso y algunos lo logran, pero está mal. La Municipalidad como ente gubernamental no se puede despegar, pero tampoco darte todo. La crítica es sobre la distribución, porqué a unos sí y a otros no, porqué los porcentajes; siempre vas a tener a alguno que se va a quejar.

EDC: —Estás incursionando desde hace unos años en la cuestión editorial, ¿cómo surge la idea de publicar una revista?
Darío: —En papel había trabajado poco, lo hice en un suplemento de rock de un diario de Villa María que se llamaba “El país del interior”, por el comienzo de los noventa. Allí cubrí cuando vinieron Los Redondos. Lo de publicar en papel era algo que me venía haciendo cosquillas de hace rato y Dardo Fernández me dijo que si tenía ganas, me ofrecía la editorial, que le buscara la forma y la hacíamos. Lo gracioso es que se hizo una publicidad primero antes de que apareciera la revista. Ahí conocí a Walter Carrera y Daniel Castoldi, quienes escucharon la publicidad de la radio, me llamaron y nos juntamos, porque ellos querían hacer una revista de rock. Durante todo el 2006 hicimos “La hoja del rock”.

De pronto mira su celular y va calculando el tiempo en que llevamos hablando, sabe que en pocos minutos debe salir a buscar a Ignacio (su hijo) al colegio. Nos hace el ofrecimiento de ir grabando la entrevista en el auto y nosotros sonreímos…

Darío: —La revista se cortó (continúa el relato) porque la editorial quería hacer otra cosa, que no me parecía mal, pero que no coincidía con el espíritu de la publicación. Se fue desgastando eso hasta que terminó y este grupo de trabajo armó lo que fue su sucesora que se llama “Sr. Rock” y está sobreviviendo hasta ahora.

EDC: —“Está sobreviviendo” porque se viene su sucesora.
Darío: —Sí, la revista nueva se va a llamar “Postales del cerebro”; tiene que ver con un viejo programa de radio propio. Pero les aclaro “Sr. Rock” no va a desaparecer, porque va a ser un suplemento de la misma. Si bien en Villa María hay agenda o revistas que también tocan la parte cultural, nosotros queremos mirarla desde otro sector: hacer video, teatro, productores culturales, personajes, literatura…

EDC: —¿Por qué decidiste ampliar el universo de esta publicación?
Darío: —Por una cuestión de que sobreviva la revista, queremos abrir el abanico para no quedarnos dentro de una cajita. Por el momento está pensada en el mismo formato y dedicar la mitad a la parte cultural y la otra mitad a la parte rock. Vamos a seguir en el mismo formato en blanco y negro, si vemos que la revista está en condiciones, iremos dando otros pasos, todo en pos de lograr la continuidad que queremos. Ojalá esto pase ya que la cuestión estética actual de la revista no es tan buena. Estamos apuntando a una revista trimestral y trataremos de bajarla a dos meses.

Es hora de ir a buscar a Ignacio, y aquella propuesta que se dibujaba como broma se convierte en realidad. Subimos al auto y seguimos hablando, ahora retomando los shows…

Darío: —Yo los hago cada tanto y me siento libre de traer a quien quiera y armarlos a mi manera. Entré al mundo de la comunicación y de las bandas por la radio. Arranqué en Villa Nueva en la Río en 1989 atendiendo el teléfono. Después pasé por una radio que se llamaba Paradise, siempre haciendo programas de rock, tenía uno llamado “Prohibido para mayores”, al otro año tenía un programa denominado “No le des patadas a los locos”; después pasé por FM Sport y en 1994 entré en la Rock and Pop de Córdoba. Yo tenía veinticuatro años y estaba con toda la ilusión. Recuerdo que en esos días venía un grupo y creo que fue la segunda vez que fui a la radio y me encontré con un cartel grande que decía “no pasar ningún tema de esta banda”, porque la pautaba otra empresa, y ahí como que se me empieza a caer toda esa estructura de lo que uno pensaba que era la matriz del rock, comenzás a ver el negocio que hay y que a vos te pagan dos pesos la hora. El otro extremo era que te decían que como la radio producía tal show había que hablar bien de esa banda, así fuera una porquería.

Ya habíamos dejado a su niño en casa y estacionado cerca del negocio. Bajamos y entrábamos a él.

Darío: —Otra impresión me la llevé en la Mega en Mar del Plata; me había ido por razones personales, me casé y mi señora estaba haciendo una residencia. Allá me dedicaba a vender para una fábrica pero me hacia un tiempo para hacer radio. Presenté un currículo, me hicieron una entrevista y me llaman para trabajar en esa radio, diez años después de Rock and Pop, en ese momento el dueño era Adad y lo manejaba la mujer. Yo entré con todo el preconcepto porque las notas que uno lee, por las líneas que se podían bajar; pero la única condición, que la conocía antes de entrar, era que había que pasar sólo rock argentino. Trabajé de 2004 a 2005 y les miento si alguna vez tuve alguna prohibición de nada.

El parlante de una computadora que tenemos cerca hace interferencia, preludio de una llamada. Suena su celular y mientras un cliente le expone su problema Darío le contesta: “mandame la madera rota, que yo se la envío a un carpintero para arreglarla más rápido y que sea menos problemático que mandarlo a la fábrica”. Corta y ya tiene gente en el local, a esta altura la entrevista ya ha sido fragmentada en varias oportunidades.
Seguimos adelante de cualquier manera…


EDC: —Vos que trabajaste en radio, televisión, periodismo escrito y tanta otra actividad, ¿te sentís más cómodo con alguna en particular?
Darío: —Es más cómodo la radio en vivo, porque me siento como en mi casa. La televisión está buena pero es un poco más armado, ojo, si me pongo a ver la radio es el medio que menos “popularidad” te puede dar, pero bueno me siento conforme de esta manera.

EDC: —¿A qué banda te gustaría producirle un show?
Darío: —A mi me gustan las bandas que puedo ver; es como decirte, puedo simpatizar con un club grande pero si yo no lo puedo ver no tiene sentido. Me puede encantar Aerosmith por decirte alguna banda, pero si yo no estoy en contacto… me gusta identificarme con grupos en los que puedo hacer algún contacto. Cuando era un pibe, tuve la suerte de ver a Luca Prodan y Sumo y me dije “estos locos van a llegar” y llegaron lejos; vi a Los Redondos cuando no eran nada y llegaron; una vez le comenté a un amigo que había una banda nueva que se llamaba Los Piojos que nadie la conocía acá. La ofrecí por chauchas en 1995 y no pude hacerlo, pero mirá como están Los Piojos ahora.
La banda que quisiera producirle un show es aquella que todavía no pegó…

Y con esa frase y gente recién ingresada al local, decidimos liberarlo para que siga con sus actividades cotidianas... Obligaciones estas, que a pesar de insumirle la mayor parte de su tiempo, no le impiden continuar ni empezar nuevos proyectos culturales a los que siempre estuvo acostumbrado.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 08 de junio de 2008.-

domingo, 1 de junio de 2008

Destilarte 2008


DESTILARTE



“Un té para ella, un café chico para él y un cortado en jarro para mí”.
Esas fueron algunas de nuestras primeras palabras luego de saludarnos y acomodarnos en nuestras sillas. El frío había llegado para quedarse y nada mejor que la ingesta de cualquier líquido caliente para amenizar nuestro encuentro.
El motivo del mismo, interrogarlos sobre una concentrada propuesta artística.
Ellos son dos jóvenes que tomaron la posta para continuar con uno de los eventos multiculturales y disciplinares de mayor cabida en la ciudad. Un encuentro que ya va por séptima edición y que los ha llevado a mostrar el arte villamariense también por las tierras rosarinas y santafecinas.
En una gélida noche y con poca gente a nuestro alrededor, dialogamos con Cristina Centeno y Néstor Cabrera sobre la próxima edición de DESTILARTE a realizarse el miércoles 11 del corriente...

EL DIARIO Cultura: -¿Cómo es que llegan ustedes a formar parte de la comisión organizadora?
Cristina:
-Nosotros colaboramos en la edición pasada del DESTILARTE. Este año Tito D’abate, que fue uno de los organizadores se fue y como somos amigos, nos dijo que quería que esto siguiera y nos motivó en ese sentido. Buscamos un grupo de gente y propusimos una fecha para hacerlo, quisimos que no fuera en julio porque los chicos se van, o están los exámenes, dijimos de hacerlo en junio o en agosto. Como queremos hacer otra edición, si nos va bien, a fin de año, entonces no lo queríamos dejar para agosto. Esta es la séptima sin contar una hecha en Santa Fe y otra mucho antes realizada en Rosario.

EDC: -¿Para quienes está destinado esa noche?
Cristina: -El año pasado fue mucha gente y de muy variadas las edades. Al principio había mucha gente que iba a ver las pinturas y se quedaban a ver algunos cortos del inicio, también había gente grande, gente que por ahí vos no esperás. Fueron unas 300 personas aproximadamente.

EDC: -¿Se cobra alguna entrada a los que asistan?
Cristina:
-Cobramos cinco pesos que es para cubrir los gastos de salón, de sonido, de boleto de Córdoba o Rosario para los exponentes... queremos ayudarlos aunque sea en esas cosas.
Néstor: -Este evento es sin fines de lucro; el que se hace ahora lo podemos realizar utilizando lo recaudado de la ultima edición, y este bancará el próximo.
Cristina: -Es como se estuvo haciendo hasta ahora hasta llegar a la séptima edición.

EDC: -¿Y qué tan difícil es trabajar por el arte?
Cristina: -Está bueno porque hay mucha colaboración de parte de los artistas. Hay muchos trabajos por ahí que poca gente conoce pero que están muy buenos, y se copan para venir a ayudarte, te dan las cosas para exponer y no te cobran nada. Lo hacen para salir adelante con su arte y para darnos una mano a nosotros también. Hay grupos conocidos, pero también gente que recién arranca y quiere ir mostrando lo que tiene. Tenemos muchos auspiciantes que conoció el DESTILARTE y que le parece bien la propuesta.

EDC: -DESTILARTE se caracteriza por desplegar en una noche gran cantidad de manifestaciones artísticas, ¿por qué apuestan a la diversidad y no se especializan en alguna de las ramas?
Néstor:
-La contra de esto es que me parece demasiado subjetivo. Es quizás lo que le planteaba la otra vez a un fotógrafo, nosotros le dejamos una libre elección, no decimos que las fotos o los cuadros deben seguir determinada línea, nosotros damos libertad y creo que la mayoría de la gente prefiere la diversidad; lo bueno es no encajonarse en un evento que tenga 100 obras de pinturas, por decir algo... Si vos querés ver una pintura en el DESTILARTE encontrás pintura, si vos querés ver una banda de rock, también lo tenés... si vos te gusta algo, casi seguro que en el DESTILARTE lo encontrás; inclusive con los cortos, ni siquiera se parecen, hay experimentales, animaciones... no hay censura previa, ni nada que se le parezca.
Cristina: -A mi me parece que está bueno porque le ayuda a la gente a mostrar que el arte no es una sola cosa y nada más, el arte es todo y está bueno conocer un poco de todo.
Néstor: -Como te decía recién Cristina, el tema de colaboración está muy bueno porque acá nadie pide plata, hay bandas que ya empiezan a tener trayectoria, por ejemplo La Tusca es una banda muy buena que tiene su propia peña, tocó en el Cosquín, han crecido muchísimo y lo que hacen lo hacen con onda. Otro caso es el de Revolución (Nacional) que no es una banda habitué a espectáculos múltiples, pero que tiene un mensaje muy potente de protesta y no tienen drama en presentarse de esta manera; eso es lo bueno, si lo vemos del lado musical abre Revolución Nacional y cierra Adónde?, ¿más variado que eso?

EDC: -¿Cuál es el programa para esta ocasión?
Néstor: -Este año la idea es abrir las puertas a las 22 en Ávalon (25 de mayo 255, entre Entre Ríos y Mendoza) para que la gente tenga tiempo de disfrutar de las pinturas, de las muestras de fotografías y la serigrafía; la idea es generar un espacio contenedor de esa obra, que la gente no transite por ahí para pasar a ver otra cosa. Queremos que la gente se tome un tiempo para ver eso. Raúl Oliva va a hacer una cosa inédita, va a llevar una pareja de gente mayor que va a bailar el tango viejo y una pareja de jóvenes que bailará el tango más reciente. Habrá arte callejero de la mano de Tito D’abate que viene exclusivamente para esta ocasión y se trae hasta las luces de Rosario.
Cristina: -Hay también un par de fotos y dibujos de unos artistas amigos de ellos que también vienen para acá.
Néstor: -De acá de Villa María expone Julio Oviedo, Walter Carrera, Lucilia y Victoria de Córdoba, todos hacen fotografía. En cuanto a pintura, vienen convocadas por la Agenda Miró, que Alejandra Alesso se re-portó con nosotros y convocó a los artistas por parte de ella; los va a alojar en su casa, el aguante que nos hizo fue espectacular. A las 22 arrancaríamos con una banda de rock que se llama Revolución Nacional, la banda del amigo José, como la temática que se eligió en un comienzo fue el tatuaje creímos que lo más conveniente una banda potente que se pudiera identificar con esa temática. Después sigue La Tusca, Panacea, una banda de Bell Ville que es acústico que vienen a hacer una especie de flamenco jazz y cerraría Adónde?. Entre medio de las bandas se van a pasar cortos de gente de la UNVM, cortos independientes, una animación que viene desde La Pampa, cortos que trae Andrés D’abate de Rosario y otros que hicieron los chicos de la UNVM para UNICEF sobre chicos que están en riesgo social.

EDC: -¿El año pasado lograron salir del ambiente de Villa María y presentar DESTILARTE en Santa Fe, ¿qué balance hacen de esa experiencia?
Cristina: -Estuvo bueno porque la gente que lo armó allá después vinieron a exponer a Villa María en el DESTILARTE local; nosotros llevamos gente de acá y ellos trajeron de allá, fue un intercambio entre las dos ciudades. También hubo mucha gente y fue sobre todo más artístico relacionado con la rama de la pintura, teatro, baile; en Villa María es más fuerte la presencia de la música.

EDC: -¿Cómo es nuestro público?
Néstor
: -En el caso mío, que tengo contacto con alumnos universitarios los chicos preguntan como va a ser la onda, el tema de conseguir las entradas. Básicamente, más allá de que sea una muestra cultural, es una muestra cultural para la gente; a veces no encuentran cosas que la muevan o la motiven a ir, pero por ejemplo, Sopló El Fantasma solo mete 250 a 300 personas, Adónde? mueve a 180 personas, La Tusca hace peñas para 200 personas, creo que la gente va y se identifica. Quedamos conformes pero esperamos llegar a algo, la última vez hubo 300 personas y creo que eso fue un okey muy grande para nosotros, a las cuatro de la mañana había más de 100 personas. Si hay un próximo DESTILARTE es porque fue gente a éste.

EDC: -¿Hay alguna rama del arte que tengan pendiente y quisieran exponerla?
Néstor:
-Este año incorporamos a los fanzines, por primera vez invitamos a Mundo Petiso, la gente de la Agenda Miró, la revista Sr. Rock... Sobre Mundo Petiso creo es el mayor ejemplo de arte independiente que hay en la ciudad, porque sale cuando ellos juntan el dinero para la impresión y la cantidad que pueden pagar, no sale con auspiciantes de Villa María. Hoy por hoy se está armando básicamente en Bell Ville, porque dos de los tres creadores son de allá, es una muestra de como se trabaja en Villa María, “a pulmón”, como la mayoría de las revistas, lo que pasa es que Mundo Petiso es como el extremo del extremo: absolutamente financiación.

EDC: -¿Por qué el DESTILARTE se hace un día de semana y no un fin de semana?
Cristina:
-Porque es el día en que la mayoría de los estudiantes está acá, gente de afuera, mayormente por eso, por los estudiantes...

EDC: -¿Y ustedes apuntan a los estudiantes o a un público en general?
Cristina: -No, es a todos, pero también para darle la oportunidad a quienes está viviendo acá y son de afuera puedan conocernos.
Néstor: -Va mucha gente como decía ella, pero hay un grosso de público que son estudiantes de las distintas carreras universitarias sobre todo de la Universidad Nacional de Villa María. Está bien lo que dice Cristina, si nosotros lo hiciéramos un viernes o sábado hay mucha gente que se va a su pueblo a descansar o a ver a la familia.

EDC: -Desde una óptica del sentimiento, ¿de qué manera pueden definir DESTILARTE?
Cristina: -Para mí es como lo dice la palabra... en el DESTILARTE se destila arte, ves de todo y ves las ganas que pone la gente para hacer las cosas lindas que todos los años se exponen, a cambio de mostrar lo que se hace sólo por amor al arte. Está bueno ver que en esta época todavía se tiene ese sentimiento con respecto a lo que es arte, está bueno convocar mucha gente y ayudarlos a ellos a que puedan darse a conocer con nuestra ayuda también, es una ayuda mutua para nosotros. También porque cada festival que hacés nada es igual, te divertís, conocés cosas nuevas y se conocen gente de todos lados. Nosotros estamos felices cuando terminamos y que la gente nos pueda decir que le gustó, que te felicitan por lo que vio, por lo que expusieron, te reconforta y te das cuenta de que no fue en vano, porque decís “hice todo esto para ayudar a las personas y a mostrar el arte de la ciudad y la zona”.
Néstor: -Lo principal que puedo destacar del DESTILARTE es que no está la idea de la gente que participa de ser estrella, porque la gente que va, lo hace para ver arte, ve al tipo que hace cortos, al tipo que hace música, al tipo que pinta es como él; la conexión que tienen es una cosa de compañerismo, ven que el arte que se hace en Villa María se pelea desde abajo. El DESTILARTE no es un pub, no es que una vez que se termine va a generar que los que lo hicieron cambien el auto o se vayan a ir de vacaciones a Brasil; es una actividad que nosotros hacemos para poder continuarla. No sé si será una obra de arte el DESTILARTE, pero se pelea desde abajo, le ponemos las mismas ganas que un pintor le pone para pintar, la mismas ganas que una banda cuyos integrantes laburan hasta las once de la noche y luego ensayan hasta las dos de la madrugada; toda esa misma pila, hay toda una conexión de gente que labura para algo.

Y ese “ALGO” debería escribirse con mayúsculas, pues, no es otra cosa que aquello que llamamos cultura.
Con los pocillos ya vacíos, decidimos dar por concluida esta charla.
Sobre la mesa quedaron esparcidos los clásicos sobrecitos de azúcar con alguna masita huérfana.
Enseguida tomé la hoja de papel, en la que había deslizado algunos interrogantes para iniciar la charla y sin pausa garabateé: www.fotolog.com/destilarte, más abajo destilarte@hotmail.com y al final www.destilarte.blogspot.com... Un pequeño anticipo de una gran noche.




(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 01 de junio de 2008.-

domingo, 25 de mayo de 2008

Luciana Villarreal (Técnica en Grabado)


LUCIANA VILLARREAL




Madera, PVC y plástico
Gubias
Tinta y planchas de papel
Prensa...



Las palabras precedentes no configuran un poema, solo representan un listado posible de algunas de las herramientas y materiales que Luciana Villarreal emplea para inmortalizar sus pensamientos, sus preocupaciones y sus alegrías.
Logra a través del grabado crear conciencia, impulsa conductas solidarias y contribuye al crecimiento de un arte que “está resurgiendo”. Luciana es Técnica en grabado, docente de nivel medio en la vecina localidad de Tío Pujio y profesora en la Licenciatura en Terapia Ocupacional de la UNVM.
Cuando su beba se lo permite, baja a su taller a darle forma y vida a los materiales con los que trabaja. Mediante el empleo de la precisión y la paciencia, diseña, dibuja, pinta, pega y estampa sus mensajes en la sustancia inerte.
EL DIARIO Cultura dialogó con la artista local para interiorizarse sobre este arte que se práctica desde hace siglos y que es tan antiguo como la invención del papel. Le preguntamos sobre sus técnicas, sus procedimientos, la popularidad y demás aristas inherentes a esta tarea.



-¿En qué técnica de grabado te especializás?
-No me especializo en una técnica particular de grabado, sino que la técnica va surgiendo de acuerdo a la imagen y a la necesidad expresiva. En este momento estoy trabajando con una serie de grabados en relieve pero porque la imagen que estoy buscando posibilita esta técnica.

-¿Qué materiales son los que usás generalmente como matriz?
-Los materiales que estoy usando en este momento como matriz son, el clásico de la xilografía: la madera; aunque también estoy utilizando materiales alternativos como el plástico, el pvc, siempre trabajándolos con gubias.

-¿El grabado permite actualización de las técnicas o se usan las mismas de hace tiempo atrás?
-El grabado tiene mucho de laboratorio, permite reformular técnicas como es, por ejemplo, el grabado en hueco que siempre se trabajó con ácidos y barnices que eran nocivos para la salud y el ambiente. Ahora se está empezando a utilizar métodos no tóxicos. Otra alternativa relativamente nueva es el medio digital.

-¿Es costoso dedicarse a esta rama del arte?
-Es costoso como todas las ramas del arte, ocurre que si no estás inserto en el mercado del arte y podés vender obras, el costo es solventado por parte del artista desde la producción de la obra hasta la instalación de la muestra. Además, sucede con el grabado que no es fácil conseguir los materiales en Villa María para trabajar; a veces hay que buscar como remplazar esos materiales por otros que no son específicos, si no se tiene la posibilidad de viajar a Córdoba a comprarlos.

-¿Qué imágenes son las que más te gusta trabajar?
-Las imágenes con las que estoy trabajando son figurativas, trabajo mucho con la figura humana. Las composiciones son bastantes claras en el mensaje. Actualmente estoy trabajando con imágenes referidas a la problemática ambiental.

-¿Es preocupante la situación actual del medio ambiente? ¿Por qué te ves motivada a expresar esta problemática?
-Creo que es preocupante y urgente la situación ambiental, por eso me veo motivada a expresar estas imágenes en mis trabajos. No solamente por los mensajes que nos está mandando constantemente la tierra, sino porque creo que es un tema del que se está hablando mucho pero poco se hace; aparte de que las políticas ambientales llevadas adelantes son pocas y algunas contradictorias con la protección ambiental.
Creo que pasa también por un cambio de mentalidad colectivo, en el que el hombre no se sienta dueño de la tierra, sino como parte de un todo. Nuestros pueblos originarios, sabios en sus creencias, tenían como cosmovisión la naturaleza sagrada y su modo de interactuar con esta, era en equilibrio comunicación e integración. El día que nosotros comprendamos que la naturaleza no es una hectárea, ni un country sino que somos un todo, hay van a producirse los cambios.

-¿Qué lugar ocupa el grabado en el arte local?
-En Villa María el grabado en este ultimo tiempo tuvo un resurgimiento, hay muy buenos artistas que se están dedicando a la obra gráfica, y también se han generado espacios donde se trajeron muestras de artistas de otras localidades que son buenos exponentes y de larga trayectoria en el grabado. Aunque todavía dentro de las ramas del arte, es la menos conocida por el público en general.

-¿A qué se debe el desconocimiento por parte del publico en general?
-Creo que se subestima la multiplicidad que posibilita el grabado, hablando de público en general, no conocedores de todo el proceso que implica. Se tiene una idea errónea de que el grabado es una obra que se repite como “fotocopiadora”, descartando que cada estampa es única, cada estampa tiene la impronta del artista.

-¿Qué se puede hacer para darle mas difusión?
-Quizás desde la educación sería uno de los caminos para difundirla más, también generando o incorporándolo en el circuito artístico; si comparamos la cantidad de concursos y encuentros de pintura y escultura que hay a nivel nacional con los de grabado, este último queda relegado.

-¿Creés que el grabado debe recibir un mayor apoyo y promoción en comparación con la pintura y la escultura?
-No, no creo que deba recibir “más” apoyo y promoción en comparación con esas ramas del arte; considero que el problema está en la popularidad que carece el grabado con respecto a las otras disciplinas, es muy difícil encontrar salones o encuentros de grabado.

-¿De dónde obtenés el germen de lo que después se transforma en una obra propia?
-Es una pregunta difícil de responder, nunca me puse a analizar de dónde surgen las imágenes que luego se plasman en la estampas. Pensando, las últimas series fueron impulsadas por la incertidumbre que me genera el futuro.

-Hace un tiempo vendías tus xilografías para ayudar a la salud de tu hermano, ¿la gente de Villa María colabora con estas causas?
-Por suerte hubo mucha gente que colaboró, de una u otra manera, gente que no conocía que era una xilografía se acerco a colaborar. Cuando se me ocurrió la idea, no tenía la expectativa que generó; en un primer momento fue destinada para la gente conocida, luego fueron ellos los que difundieron la movida. Hay una lista interminable de gente para agradecer.

-Está en vista una próxima exposición en la ciudad, ¿qué detalle nos podés dar al respecto?
-Está pensada como fecha tentativa de inauguración el 19 de junio. La misma, es de “Estampadas”, un grupo de artistas villamarienses (Liliana Renna, Ivana Árbol, Rosana Rossi, Gisela Svetko, Luciana Villarreal) que nos estamos dedicando al grabado.
Estampadas surge de la necesidad, no solo de mostrar lo que cada una de sus integrantes tiene para decir, sino también como punto de encuentro para poder debatir y compartir problemáticas en torno al grabado. La muestra esta conformada de 25 trabajos de diferentes técnicas, y diferente temática.

-¿Podrías describirnos brevemente las etapas por las que atraviesa la creación de una obra?
-Hay una frase de Ales Krejca que dice que una estampa es la resultante del esfuerzo guiado por la inteligencia, el sentido artístico, y el savoir-faire artesanal; creo que esa es la esencia de la creación de una obra. Comienzo por bocetar imágenes, después se invierte la imagen en espejo para poder dibujarla sobre la matriz, se transfiere la imagen a dicha matriz para poder trabajarla de acuerdo a la técnica (si es xilografía con gubias, si es metal con barniz, punzón y ácido, entre otras) y por último se entinta la matriz y se la pasa por la prensa para así poder obtener la estampa.

-Además de esta rama del arte, ¿qué otras ramas del arte consumís?
-En general consumo casi todas las ramas del arte. Actualmente estoy consumiendo mucha historieta, sobre todo argentina es un género que me interesa y el cual en algún momento me gustaría desarrollar.

-¿Alguna tira o autor en particular?
-No hay un autor en particular que me interese, en estos momentos estoy viendo mucho los trabajos de Breccia, El Tomi, Nocturno de Salvador Sanz, entre otros. Lo que me atrae del género de la historieta es como la palabra y la imagen se conjugan y se necesitan una de la otra.

Palabra e imagen configuran una perfecta simbiosis que atraen a Luciana. Una afinidad comparable entre el hombre y arte; dos términos necesarios el uno del otro, en el que el primero se complementa y se completa practicando el segundo.
El arte enriquece al hombre como individuo social y cultural que es... como si éste fuese un trozo de madera que se perfecciona al tallarlo con las gubias del arte.

(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 25 de mayo de 2008.-