domingo, 26 de junio de 2011

Hugo Las Heras. Restaurando la Capilla San Antonio

Restaurando la
HUGO LAS HERAS
Capilla San Antonio



La vida en las ciudades relativamente grandes, como ésta, hacen que en muchas ocasiones transitemos por sus calles y no prestemos atención al entorno. El ruido urbano, la urgencia diaria, el tiempo que nunca alcanza, hacen que vivamos apresurados, y así, descuidemos la atención de singulares inmuebles antiguos que han sido (y son) de una importancia capital para la historia y la cultura de la ciudad en la que habitamos.
En ese sentido, seguramente lector, usted transitó por la Avenida Sabattini en tantísimas oportunidades sin percatarse de una monumental obra del siglo pasado. Frente al predio del ferrocarril se construyó en la primera década del 1900, la Capilla del Instituto San Antonio. Un templo religioso que tiene la particularidad de ser la única iglesia gótica de Villa María.
Ese inmueble, perteneciente a la Orden de las Hermanas Franciscanas, se fue construyendo de a poco con el aporte de un bono solidario de los vecinos. Tiene unos 500 metros cuadrados y fue pintada por Giuseppe Bassoli, un muralista anterior al renombrado Fernando Bonfiglioli. Bassoli, nació cerca de Bologna (Italia) y vino a establecerse a esta ciudad en 1886.
El 24 de setiembre de 1926 se habilitó la capilla con un destacado acto en el que participaron autoridades de toda la provincia de Córdoba. Pero los años pasaron, las cosas fueron cambiando y la capilla, se fue descuidando, el tiempo y el clima deterioraron el material, la iglesia cerró sus puertas y se convirtió en “un basural”.
Así pasó el tiempo hasta iniciar el 2010, en que el arquitecto local Hugo Las Heras tomó cartas en el asunto, y junto a colaboradores, están restaurando el añoso edificio que sería habilitado para octubre próximo.



Nos damos cita a las 16 y él nos espera en las escaleras de ingreso. Nos saludamos e inmediatamente atravesamos la gran puerta. Las Heras, ex Director de este matutino, nos sitúa en el tiempo y en el espacio: “Es la única iglesia gótica, tiene muchas particulares, una de ellas es la terminación de las puntas. Al igual que la Iglesia de los Capuchinos en Córdoba, tienen solo una torre. Con respecto a la pintura, todo esta pintado al temple, una mezcla que se hacía en el momento. En el 1900 tenían los pigmentos, que no distaban mucho de los que se utilizaban desde el 1400. El pigmento era el polvo que se le echaba; se le ponía yema de huevo, que se ve amarilla pero que si la batís quedaba transparente, se hacía como una mayonesa con el color que vos querías. A esa mezcla se le echaba ácido acético o algún ácido componedor, que permitía detener el proceso de descomposición del huevo… hacía que no se pudriera. Se le agregaba cola de zapatero, que venía por plancha y que había que hervirla. Se hacían potes grandes de pintura de distintos colores y después se mezclaban y se conseguían más colores.”

-Son colores cálidos, muy agradables a la vista los que ostentan las paredes.
-Son todos colores apastelados, tenemos que hacerlos textualmente, hemos usado algunas técnicas modernas, pero sólo en colores planos; le agregaron doble cálculo de cola para que la pintura pegue más, ya que con el pigmento original, si pasabas la mano te ensuciabas. Todo lo demás esta hecho con pintura original y buscando el pigmento original; porque sino no lográs el color que querés. El rojo no es un rojo bermellón, sino es un rojo magenta, los azules son ultramar, los amarillos tienen que ser oro, sino le pones amarillo limón no funciona… pero todo tiene que ser con los colores de la época.

-Contanos, ¿quién fue Bassoli?
-No se tenía registro de este pintor, se pensaba que la parte mural existía en Villa María de Bonfiglioli para adelante; pero este hombre, que también hizo una carrera titánica en esa época, había quedado como olvidado. Se estableció en Villa María; vivió con su familia y tuvo 11 hijos… fue un villamariense más. En general, los pintores venían por trabajo, cuando terminaban su tarea se iban. La diferencia con Bonfiglioli es que éste vino por un amor y se quedó, además manejó mucho mejor su arte, se metió más en la Escuela de Bellas Artes; Bassoli no, hizo esto (la capilla), la Farmacia Pinardi, la Estancia La Negrita, hizo la parte baja de la Catedral que tiene como un cortinado... toda la bóveda de la Catedral la pintó él.
La Capilla de San Antonio no se sabía quién lo había pintado, pero revolviendo en una vieja revista que se llama “Nuestra Causa” empiezan a aparecer pagos a Bassoli. Después hablando con la familia nos interiorizamos un poco más, aparecieron fotos, etc… sin este descubrimiento su nombre quedaba totalmente oculto. Es muy valioso recuperar algo así en la ciudad.

-¿Quiénes colaboran con vos en esta ardua tarea?
-Trabajo con César “Titina” Bravín, que es un maestro, creo que él va a restaurar grandes cosas en la ciudad, porque es muy joven. César se ocupó de las guardas, yo pintaba más arriba. Esas tarimas (nos señala algunas bases de madera que es donde descansan las imágenes de los santos) las tuvimos que mandar a hacer. Buscamos un carpintero, y me pasó que cuando vi al carpintero éste se largó a reír y me abrazó, porque resultó ser el hijo de Bernardino Calvo, que fue el fundador del diario conmigo. Fue un impacto muy grande encontrarlo a Juan Calvo. Por otra parte como nos ocupamos de la imaginería por completo y había muchas cosas que reparar, así que la llamamos a María Eugenia "Coqui" Podestá, que ha hecho un trabajo maravilloso. La pintura la hice yo. Había que envejecer la pintura, para que se asemeje a la original, ocuparse de algunos mármoles y granitos, vamos a arreglar los bancos, las puertas de entrada, los cuadros, la iluminación...

Mientras charlamos le consultamos al arquitecto, porque una de las partes de la capilla aún no ha sido restaurada.
-La iglesia estaba deteriorada, muchas veces pasa que la gente no se da cuenta el trabajo que se hace. Como teníamos muchos arcos en la capilla, decidimos dejar uno como estaba para que se note el día de la inauguración. Le vamos a poner una tela y la vamos a descubrir ese día, para que el público aprecie el contraste. Pasada la inauguración nos ocupamos de esa parte y culminaremos con todo el trabajo en dos meses más.

Seguimos la charla bajo una bóveda celeste adornada con miles de puntos dorados que se dispersan por todo ese firmamento.
-El cielo tiene puntitos como de un bronce con cobre, eso se iba haciendo a medida que revocaban el techo. Arriba de la bóveda tiene chapa de cinc. Le iban revocando y Bassoli con un hilo que iba girando, metía la mano en el bolsillo e iba enterrando antes de que el cemento se endurezca. Nosotros los pintamos a los 7.400 botones con un color oro.

-Hugo, ¿cómo conseguís los trabajos, los buscás o te llaman?
Yo voy mostrando los lugares que se podrían restaurar… en esta oportunidad nos ayudó la Municipalidad, con un presupuesto muy pequeño para lo que es el arte; pero lo hacemos porque nos gusta hacerlo. Yo creo que esta restauración va a durar cien años. Hace un año y medio que estamos trabajando acá, porque son muchas cosas y las queremos hacer bien.

-¿Desde cuándo te dedicas a esta tarea y en qué lugares de la ciudad podemos encontrar rastros de tu trabajo?
-Siempre pinté. Empecé a pintar con Marina Lucchini, y llegué a conocerlo a Bonfiglioli. Estudié Arquitectura donde teníamos cuatro historias del arte en cuatro años. Me fui a Chile y trabajé con un muralista que fue ayudante de (David Alfaro) Sequeiros. Luego me fui a Méjico, a observar como trabajaban los grandes muralistas. En la ciudad trabajé en el ex Cine Sud, la casa de Fernando Bonfiglioli, la Asociación Española, la Catedral… se podría decir que hice gran parte de la ciudad.

-¿Cuántas horas diarias están dedicadas a la restauración de esta capilla?
-Son aproximadamente tres horas a la mañana y tres a la tarde, la luz del día juega un papel muy importante en la tarea. Hay que tener en cuenta que trabajar tres horas en un andamio allí arriba, no es lo mismo que trabajar tres horas aquí abajo. Estás más tensionado y a veces las piernas te tiemblan. El piso está desnivelado y debimos poner andamios con piolas, atados entre ellos.

-¿Cuál es tu sensación, sabiendo que estás restaurando inmuebles de alto valor histórico y cultural que son de la ciudad en la que vivís?
-Es un orgullo ser de Villa María. Esto es una cosa insólita, y creo que lo hacemos bien y también barato; porque es nuestra vida. Sucede que si traes alguien de Italia, por ejemplo, los costos son muy altos (gastos de hotel, comida, trabajo, material). Nosotros estamos recuperando la ciudad.Las críticas de la gente de afuera nos dan un parámetro de que vamos bien. Todavía está instalada esa locura de que si se trae alguien de afuera se hará un mejor trabajo y no es así. Yo no voy a tocar un Miguel Ángel; pero me le animo a la Catedral de Córdoba y cualquier otro desafío. Somos de Villa María, son pocos lo que hacen esto, en Córdoba debe haber uno, en Rosario no hay nadie; entonces, creo que eso también debe ser valorado.


Es así Hugo. Por eso éstas páginas que quieren atestiguar la gran labor que se está realizando en una de las construcciones más bellas de la ciudad. La Capilla del Instituto San Antonio está recuperándose, está volviendo a ser lo que fue hace un siglo atrás. Por eso vale la pena, aminorar la marcha, tomarse un tiempo de ese que siempre no tenemos y detenernos a admirar esta gran obra. Estamos ante una recuperación del patrimonio cultural de Villa María y está ahí para que lo apreciemos y valoremos.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, 26 de junio de 2011.-

domingo, 19 de junio de 2011

Banda Infanto Juvenil y Escuela de Música de Ballesteros



Entrevista
BANDA INFANTO JUVENIL
Y ESCUELA DE MÚSICA DE BALLESTEROS
Notas del sur cordobés




Hoy nos vamos de la ciudad. Seguimos la ruta hacia el sur, hasta una localidad cercana. Es que allí, a 30 kilómetros de Villa María se enclava la pujante Ballesteros. Un pueblo de poco más de 4000 habitantes, que al igual que muchos otros de nuestra pampa gringa, se rodea de campos, principal fuente de ingreso de sus habitantes.
Viajamos para una ocasión especial, el día viernes se cumplió el primer aniversario de un colectivo musical integrado por niños y jóvenes, que apuestan al bello arte de los sonidos. La Banda Infanto Juvenil y Escuela de Música de Ballesteros está de festejo.
Por ello, aprovechamos la oportunidad de presenciar una de las clases y charlar con los profesores Mauro Sánchez y Fernando Hemadi, quienes le devolvieron a esa localida las notas de una banda musical, que no se oían desde hace 40 años.



Fue hacia finales de 2009 que Mauro Sánchez presentó un proyecto para crear y desarrollar una banda y escuela musical para niños y jóvenes en Ballesteros. El municipio se mostró muy interesado y luego de varias reuniones la idea tomó fuerza y arrancaron el 17 de junio de 2010.
El profesor Sánchez nos introduce en la génesis del proyecto, y relata los pormenores e inconvenientes que se tienen a la hora de iniciarse en un emprendimiento de estas características.
No es fácil iniciar algo semejante, menos en ciudades chicas donde las necesidades y carencias son tantas. Se necesita de dirigentes de “cabeza abierta” que estén dispuestos a apoyar con espacios y dinero un nuevo proyecto musical; ya que muchos, como dice Mauro “entienden una banda de música como un gasto.”
La idea de los profesores que hoy están cargando este proyecto es ambiciosa, tiene varios objetivos y muchos horizontes. La banda y escuela no quiere ser simplemente un lugar donde se toquen las marchas que todos estamos acostumbrados a escuchar en cualquier acto público. Dice Fernando, “la idea no es solamente que la banda toque el himno, marchas y nada más; la idea es orientarla a la cuestión sinfónica y a la escuela de músicos. Intentamos formar músicos que después continúen su camino, siempre y cuando tengamos el apoyo, vamos a poder hacerlo posible.” Por su parte Mauro nos cuenta que en general las bandas se han ido formando de manera caótica, “vení, sentate, soplá y arreglátelas…”. “Nosotros queremos enseñarles una técnica, queremos que lean música, queremos enseñarles la mayor cantidad de cosas que les pueden hacer falta en un futuro.”


VAMOS LAS BANDAS
La dificultad que se plantea con las bandas está relacionada con poder coordinar grandes grupos de personas. Fernando Hemadi por lo general no quiere trabajar con bandas porque es complicado, “pero si lo organizás distinto, con otra idea es diferente (nos comenta). En la mayoría de los casos se le da cierto instrumento a cualquiera, entonces no le das importancia a la persona y así el chico no aprende.” Inmediatamente nos cuenta como fueron los inicios, cuando tenían a 120 chicos y muchísimos menos instrumentos; en sus palabras, “apenas empezamos, hicimos una ronda, y le fuimos mostrando todos los instrumentos a cada uno; después decidían, otros estaban indecisos y de a poco lo fueron haciendo; nosotros intentamos no imponerles, que sean ellos que elijan.”
Los chicos que ingresaron a la banda y escuela de música no poseían ningún tipo de aprendizaje musical, por lo que fue y es un gran desafío para los profesores y para ellos mismos. “La condición es que sepan leer y escribir, porque si son más chicos se distraen mucho… Desde los 8 años en adelante.” Mauro manifiesta su preferencia por los niños, porque de esa manera son muchos años los que ese niño puede quedarse dentro de la banda y eso lo hace crecer con el instrumento a la par; en cambio, al ser más grande, surgen algunos impedimentos (estudio y/o trabajo) que hacen que ese niño, ya joven, continúe en la banda.
Ante nuestra consulta sobre si los niños aprenden mucho más rápidos que los jóvenes, Fernando nos responde “creo que es algo que tiene que ver con la actitud de cada uno, es como que el chico está cargado de menos cosas, presta más atención y toma la información más rápida.” Mauro refuerza la idea, “aprenden al toque. Una persona grande si no aprendió a leer música de chico, es mucho más complicado; no imposible, pero te ponés más trabas. En eso los chicos no tienen prejuicios, les enseñás algo y lo aprenden así, no se cuestionan, sino que se centran en aprender lo que uno les enseña.”


SOBRE EL REPERTORIO
Mientras uno de los ensayos transcurre, nos damos una vuelta por el salón y divisamos el repertorio que estaban preparando para su presentación festejo, que se realizó en el día de ayer. Algunas de las canciones: “Careless whisper”, “Pink panther”, “La bifurcada”, “We will rock you”, “Arde la ciudad”, “Mi enfermedad”, entre otros… como se aprecia, el repertorio es variado, con canciones populares del rock, del pop y hasta de programas de televisión.
Al respecto Mauro cuenta, “tenés que seguir la onda de los chicos, no podes hacer sólo marcha porque se aburren; hay que hacer cosas que a ellos les guste.” El profesor Hemadi aclara, “por el momento, la idea del repertorio se basa en obras fáciles porque recién empezamos; pero el día de mañana queremos ir buscando obras más originales. Generalmente las bandas caen en los mismos temas, vos vas a un festival de bandas y todos tocan las mismas obras. La idea es que se hagan arreglos especiales para la banda, queremos que se trabaje esa idea; ya que en esta zona se van generando compositores, principalmente por la Universidad Nacional de Villa María. Queremos que se vaya instalando la idea de componer y adaptarlas a la idea de los chicos y de sus gustos.”
Otra de las propuestas de la banda y escuela de música es ir creciendo en propuestas. A medida que se adquieran nuevos instrumentos, se necesita también de otra gente especializada que venga a enseñar las técnicas particulares de ese instrumento. Así pasó con el profesor Eduardo Brandi quien durante tres meses les enseñó a las chicos las particularidades de la flauta traversa. Más adelante, está la necesidad de ir sumando nuevos instrumentos y con ellos llegarán otros profesionales que vayan complementando ese espectro. “El saxo y trompeta está bien (dice Fernando), pero hay que darles la posibilidad de otra cosa, pero ¿por qué no hay banda sinfónica acá en la zona? Porque no hay instrumentos de bandas sinfónicas, son todos de bandas militares. Los instrumentos de sinfónica son caros, entonces la municipalidad no alcanza a comprar; pero si te organizás y de a poco vas sumando, podés ir adquiriendo.” Además del sostén municipal, la banda y escuela ha conformado una comisión para cubrir los gastos mínimos que vayan surgiendo.


TRABAJO CON NIÑOS
Trabajar con niños no es nada fácil, menos aún si se les intenta enseñar música. “Tenés que armarte de mucha paciencia y tiempo”, nos cuenta Mauro, “hay que tratar de llegar al chico; pero es muy lindo, nos gusta lo que hacemos.”
La metodología de trabajo es darle teoría y cuando la resuelven, pasan al instrumento. En un principio fue complicado manejar un grupo de 120 alumnos; hoy continúan la mitad, chicos que quieren aprender y que se esfuerzan por lograr sus objetivos. Recuerdan, los profesores, que debieron armar una ronda e ir mostrándoles los instrumentos a cada uno para que tuviesen un primer contacto. Luego armarían grupos de manera tal que en distintos horarios, estén siempre disponibles los instrumentos; ya que por lo general las bandas son libres y muchas veces cuando se quiere practicar un instrumento en particular, se encuentra ocupado.
Son los alumnos que van marcando un poco el paso hacia donde van, son sus gustos y el interés. El profesor Mauro destaca el hecho de que la música te da disciplina. “hay chicos que son muy revoltosos, y vos los ves sentados ahí leyendo y te sorprendés, porque se ponen, hay que coordinar el movimiento, soplar… El chico se sienta y es media hora que está con él mismo. La música te enseña a contar los tiempos porque es matemática, hay que ver donde hay que entrar, escuchar al de al lado, ver al director que esta al frente… todo eso te da la música; es un grupo, sólo no podés hacer nada.”
La Banda Infanto Juvenil de Ballesteros ha realizado algunas presentaciones, en ellas sus profesores son casi espectadores; quieren de esa manera lograr independencia de los niños, “todo lo interpretaron ellos, se las arreglan; porque si ellos saben que vos estás a lado se genera una dependencia que no queremos.”


LA GENTE
La gente de Ballesteros está contenta. Tener una banda y una escuela de música ha sido un gran avance en lo que a materia cultural y musical respecta. No son pocos los que han pasado, en su juventud, por la Banda del Club Talleres y eso enciende una llamita que parecía extinta desde la década del ‘70.
Dice Mauro, “antes todos pasaban por la banda”. Se lo ve contento, es uno de sus sueños, “siempre tuve la idea de que iba a terminar en una banda laburando, siempre estuvo instalado en mí ese proyecto, era esperar y también ir a buscar.” Fernando también está contento, “es lindo el hecho de que vas enseñando y los chicos van aprendiendo. Es muy positivo poder lograr un proyecto distinto, lograr el apoyo para una banda que no está sólo para actos y nada más. Es una banda que forma músicos y ejecuta otros repertorios a los que la gente no está acostumbrada.”
Mauro concluye, “son cosas que le sirven al pueblo. Nosotros vemos que se habla mucho de Rubén Juárez y acá puede haber muchos Rubén Juárez, pero no tienen la forma. Nosotros nos sorprendemos de que hay chicos que tienen súper condiciones. Nosotros los vamos preparando para que en un futuro, cuando estudien o sigan con la música, la realidad no les sea tan complicada.”



Emprendemos nuestro viaje de retorno. Pasan los campos por nuestra ventanilla, pasan los postes y los carteles viales; pero la música no pasa, parece que nos acompañara dentro del vehículo. Son las notas de una banda de jóvenes y niños que desde el fondo cordobés se está haciendo escuchar. Desde estas páginas nuestras felicitaciones y los augurios de continuidad.





BANDA INFANTO JUVENIEL
ESCUELA DE MÚSICA
BALLESTEROS
Integrantes




1. Andrea, Verónica
2. Antune, Camila
3. Antune, Lucila
4. Arroyo, Lorenzo
5. Arroyo, Lourdes
6. Bollo, Laureano
7. Bollo, Sierra Celene
8. Bosio, Bustos Diamela
9. Bruno, Sofía
10. Bustos, Candela
11. Campos, Anahí
12. Campos, Daniela
13. Campos, Gabriela
14. Campos, Jesús
15. Campos, Nimsi
16. Casas, Tadeo
17. Cepeda, José
18. Cepeda, Lara
19. Cerrutti, Angie
20. Cesare, Camila
21. Cesma, Nahuel
22. Chupettini, Benjamin
23. Comba, Irina
24. Cuccietti, Narella
25. Esquivel, Benjamin
26. Ghione, Azul
27. Ghione, Ivo
28. González, Milagros
29. Gutiérrez, Elisa
30. Gutiérrez, Ximena
31. Jackow, Matías
32. Jaime, Dayana
33. Jara, Maylen
34. Jara, Selene
35. Mautone, Ileana
36. Montesino, Octavio
37. Montesino, Valentina
38. Pereyra, Lucas
39. Picatto, Antoni
40. Picatto, Jenifer
41. Picatto, Stefania
42. Quiroga, Delfina
43. Rivero, Evelyn
44. Ron, Alejo
45. Ron, Diego
46. Ron, Mario
47. Sánchez, Lourdes
48. Santopolo, Andrés
49. Santopolo, Mauro
50. Sciencia, Gaspar
51. Tagliavini, Facundo
52. Tagliavini, Leonardo
53. Torno, Florencia
54. Villalba, Virginia
55. Zandri, Malena
56. Prof. Hemadi, Fernando
57. Prof. Sánchez, Mauro
58. Prof. Brandi, Eduardo


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 18 de junio de 2011.-

domingo, 12 de junio de 2011

Alcide Fornero. Surcos de papel y tierra

Entrevista
ALCIDE FORNERO
Surcos de papel y tierra


Le miro las manos y ellas lo dicen todo.
Me hablan de un hombre que construyó su vida intensamente. Son las manos de un “chacarero” que sembró la tierra, manos que hicieron el pan en el horno de barro, manos que acariciaron la suave piel de sus hijos, manos que sufrieron el frío de las heladas cuando hacía el tambo y sintieron el calor de un humeante mate de madrugada, manos que reparaban la maquinaria rural que se rompía siempre, manos con las que alambraba los campos de esta pampa gringa… en fin, manos de un hombre que después de 60 años empieza a plasmar en el papel, el retrato de su vida y la de los otros.
“Y si te hacés uno de esos cafecitos lindos que sabés hacer…”, le dice a Elsa, su mujer. Nos sentamos en el comedor, mientras que en el otro extremo de la mesa, dos de sus nietas hacen dibujitos. Alcide Fornero me habla en voz alta, con sentencias sólidas engarzadas con una sensibilidad que lo caracteriza. Es un tipo simple, cristalino como sus profundos ojos celestes.
Recientemente, ante una multitud poco vista en las ceremonias literarias, presentó su tercer libro “Por los surcos de esta tierra”. Hablamos con él, de este nuevo hijo y de los surcos que va dejando en esta vida.




Alcide Fornero nació hace 76 años en Los Zorros y allí vivió hasta su juventud. La vieja casa que habitaba se convertía en un punto en la inmensidad del monte. En 1958 se trasladó a Carrilobo donde nacerían sus seis hijos, que de niños, escuchaban atentos los cuentos que su papá les contaba luego de cenar y rezar el Rosario.
Hombre de campo, los designios de la vida hicieron que Alcide a sus 30 años debiera operarse de la pierna y limitar su capacidad de trabajo. Lo lamenta y se consuela a la vez, “tuve el auxilio total de la familia, mi señora, los chicos me salieron buenos”.
Antes de que se lo pregunte se adelanta y me cuenta sus inicios en la escritura. “¿Sabés cómo empecé? En la época de Menem me sentía tan indignado. ¡¿Cómo puede ser que se esté vendiendo todo?! ¡No nos va a quedar nada! Me dio bronca. Hice una carta para mandar a los diarios, ¿pero que me pasó? Yo no sabía que tenía aptitudes narrativas… de la carta me sale un relato, así que no la mandé y me dediqué a profundizar en la escritura y el relato.”

-¿Y como llegás al taller literario de Dolly Pagani?
- Estaba remendando bolsas en el campo y escuchaba la radio. En un momento hablaba una mujer sobre la literatura y la escritura de taller. Dejé la aguja, la miré y la veía parecida a un lápiz. Así empecé a decantar cosas… La señora invitaba a la gente a su taller, pensé y me pregunté porqué no ir a aprender. Así que hacíamos el tambo, terminaba y a mi horario me iba. Habíamos formado un grupo muy compañero, Luis Luján, Adriana Claudeville, Mariela Álvarez, Gustavo Borga, Marina Giménez... Después, en el campo, dejamos el tambo, no daba nada, probamos con la crianza de terneros y terminaba el trabajo y me venía al taller. Mi problema era que yo me decía, “soy un chacarero, no soy un intelectual, hace 47 años que hice la escuela primaria (sexto grado)”.
Una vez la Dolly presentaba un libro, hablé con ella y me dijo los horarios de los talleres.

-Así que fuiste…
-Encaré y vine al taller. Tenía el problema de quiénes serían mis compañeros, yo acostumbrado a llevar la leche, cuidar los chanchos, esas cosas, ¡mirá donde me meto! Cuando yo entré, varias miradas se fijaron en mí. Había mucho silencio cuando leí y me sorprendió el respeto, pero te juro que me temblaban las manos. “¡¿A dónde te vas a meter gringo, acostumbrado a levantar paredes, a poner a punto una máquina, a salir de los animales?!” Empecé, seguí y gustó mucho lo que escribí y me aceptaron de buen grado. Tuve buenos amigos. Hice como 8 años de taller. Es muy bueno porque lo que escribe el otro te ayuda a vos, y lo que escribo yo quizás sirve para el otro. Muchas veces pasa que un escrito de una hoja, no te dice nada, pero puede haber una oración en el texto, que te puede impactar; esa frase acomoda todo.

-Siempre digo que si en un poemario hay un solo verso que te gustó, el libro ya se justifica.
Es verdad, yo a la literatura la llevo en el alma, como mi gran amor a la tierra. Tengo dos novelas empezadas y poesías tengo un montón. El primer libro publicado se llama “Vivencias, relatos y poesías” (1999) y luego le sigue “El hijo del hombre” (2004). “Por los surcos de esta tierra” vendría a ser una continuación de mi primer libro; tiene relatos, cuentos, anécdotas y hay personajes de campo. Había muchas situaciones que en ese momento te daban mucha bronca; pero que, lejos en el tiempo es una cosa que te causa gracia. Yo hago el relato de ese caso poniéndole gracia, para mantener vivo el interés de la lector, empiezo a trabajar la imaginación. Hay también relatos de misterio, de esos que te contaban las abuelas, me gusta tratar el misterio.

-¿Qué sentís cuando ves un libro tuyo terminado?
-Una de las más grandes satisfacciones y doy gracias a Dios por haber alcanzado hacerlo, porque es un don. Vos tenés un don, el gran médico operador es un don, un gran músico es un don, el gran jugador de tenis es un don, el chacarero anónimo es un don… que quizás no se ve, pero el de arriba si lo ve y lo va a premiar. También lo es el linyera, que no contribuía en nada; sin embargo contribuía en el campo para que lo viéramos como caminaba, porque nosotros tenemos que ver la vida del otro. Siempre es importante la vida del otro; te digo Darío; es muy posible que yo haya aprendido más de los que no sabían nada, que de los que saben mucho. De los hombreadores, hombres que trabajan en las máquinas, de los alzadores de bolsas… teníamos una sentencia, son tipos que no hablaban mucho. Una sentencia de ellos, valía mucho, quizás te decían una sola frase. Mi padre era mi ídolo y era un gran consejero, para el “La prensa” y “Los principios” eran diarios serios, y él amaba la verdad sobre todas las cosas, no soportaba los mentirosos. Una vez al irnos al acostar yo le dije, “papi, no me voy a casar, siempre voy a estar con ustedes”. Me puso la mano en la cabeza y me dijo, “hay que prometer poco y cumplir mucho”. Me mató, esa frase hasta hoy está acá (y señala su corazón). No me faltó nunca esa frase. Era un chacarero de colegio de campo y cuanta razón. Son sabios. Si un viejo de vida sana y con jerarquía de vida te dice algo, grabátelo porque tiene razón. Aprendí que cuando un viejo me decía, a lo mejor no le hacía caso, pero a la vuelta de la esquina tenían razón, yo admiro eso.

-Si tuvieras otra vida, y la posibilidad de quedarte en la ciudad o volver al campo, ¿qué harías, Alcide?
¡¡¡Mañana me voy al campo, Darío!!! Porque no me gusta la ciudad; pero no podemos decir que las cosas se vayan a dar como uno quiere, porque la vida tiene muchas vueltas. No sé puede decir que vamos a hacer mañana, sí, podemos tener previsto; pero en la vida el hombre propone y Dios dispone.


Quizás Alcide, fue el mismo Dios quien te trajo a la ciudad, para estar más cerca de los tuyos... Seguramente fue también quien despertó en vos este don, el de la palabra, con la que hoy podés rememorar todos esos años junto a la tierra y la naturaleza; años de mucho sacrificio, pero de mucha alegría. Esa misma alegría que hoy tenemos nosotros al leerte.



(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 12 de junio de 2011.-

domingo, 5 de junio de 2011

Delieite coral. Beethoven por villamarienses

Deleite coral
BEETHOVEN
por villamarienses





Decir que la música no conoce de fronteras, más que una frase trillada es una verdad. ¿Se imaginó Beethoven que en épocas como las de hoy aún se ejecutarían sus obras? ¿Habrá pensado alguna vez el compositor alemán que su influencia no conocería de fronteras ni tiempos? Por otra parte ¿se habrá imaginado un grupo de coreutas villamarienses interpretar a Beethoven, en un auditorio de lujo y ante más de 2000 personas?
El 8 y 15 de mayo en el Auditorio de Belgrano se interpretó la 9na. Sinfonía de Ludwig van Beethoveen, ejecutada por la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires y dirigida por Gustavo Codina. Participaron de ese momento un grupo de villamarienses integrantes del Coro del Conservatorio Superior “Felipe Boero” dirigido por Rubén Terreno y el Coro Nonino de la Universidad Nacional de Villa María dirigido por Cristina Gallo y acompañada por la profesora y mezzosoprano Manuela Reyes. También participó el Coral Ópera del Centro (Córdoba y Santa Fe), sumados al Coral Ensamble (Buenos Aires).
Esta experiencia única y destacable es la que nos contarán algunos de los protagonistas que participaron de esa inolvidable experiencia.


Manuela Reyes inicia la alocución recordando el momento en que comenzaba a gestarse esta posibilidad. Se había planteado hacer una gala lírica para celebrar el 10º aniversario del Eninder y el Bicentenario de la Patria. Se quería incluir el cuarto movimiento de la 9º Sinfonía de Beethoveen. “La consigna era hacer un espectáculo de música clásica, pero que tuviera repertorio popular y muy reconocible por todo público.”
Ese fue el preludio de lo que estaría por venir. El mes pasado un grupo selecto de coreutas de la ciudad viajó a Buenos Aires para participar de esta imponente presentación. Para ello debieron unirse integrantes del Coro Nonino, del Coro del Conservatorio “Felipe Boero” y del Coro Ópera del Centro, que es un grupo regional que se congrega en torno a proyectos que van surgiendo desde el 2007.
Este año el Eninder decide programar completamente la 9º Sinfonía y se establece como lugar el Auditorio del Belgrano, que “después del Teatro Colón, acústicamente es la mejor sala de Buenos Aires.” Así, de esa manera se da una situación especial y completamente inédita para muchos, congregar a más de 120 personas arriba de un escenario, en un auditorio que es un lujo, con un marco imponente de público y con semejante obra a cuestas, hace que destaquemos este hecho.
La dirección corrió por cuenta del destacado Gustavo Codina, quien es el Director del Ensamble Lírico Orquestal de Buenos Aires. Además de ello cantaron Manuela Reyes (mezzosoprano) docente de la UNVM, Soledad de la Rosa (soprano), Christian Casaccio (tenor), Leonardo López Linares (barítono), Carlos Duarte (tenor) y Lucía Ramos Mañé (mezzosoprano).


EXPERIENCIAS
Inolvidable, es uno de los adjetivos que recurren los presentes. “Una experiencia muy linda, que no se nos había presentado nunca… cantar con una orquesta sinfónica, con 180 personas arriba del escenario y en un auditorio espectacular”.
Reyes reconoce que todo tiene que ver con un cambio que se está experimentando en la región en torno a la llamada música clásica. A su vez, “me emocionó ver a nuestros estudiantes escuchando la orquesta y protagonizando una interpretación de una obra emblemática como ésta. Es una emoción muy grande cuando se ve realizada la música.”
Fabián Mossello, es Magíster en Literaturas Latinoamericanas; pero ha cantado en diferentes coros desde hace más de 30 años y reconoce el gran esfuerzo y el logro que ha sido desarrollar un evento de tal magnitud, por ello está agradecido. En sus palabras: “la posibilidad que nos ha abierto Manuela (Reyes), Cristina (Gallo) y la UNVM de poder ir un grupo a cantar semejante obra es única. La experiencia de estar ahí cantando no es transferible con ninguna otra cosa…, estar del lado del que canta, del coreuta, con la vibración, con la energía, con todo lo que significa esa obra es algo que no se puede contar.”
Cristina Gallo, la Directora del Coro Nonino, agrupación vocal que en sus 13 años de vida ha realizado múltiples presentaciones en distintos puntos del país y que ya está terminando su segundo disco, esgrime algunas apreciaciones al respecto. “El aprendizaje es enorme, tiene que ver con el trabajo de masa coral; porque generalmente se trabaja con un máximo de 30 integrantes y no está la posibilidad de cantar con un gran coro, donde el trabajo es distinto. La oportunidad de conocer otros directores, la posibilidad de ver como trabaja ese músico con esa orquesta que además tiene músicos importantes, compartir con otros cantantes y trabajando en pos de un sonido específico es muy gratificante y exigente también, hay que estudiar los ejercicios vocales que hace una masa coral de 120 personas, para cantar el cuarto movimiento de la 9º Sinfonía de Beethoven…”
Ciertas características de este tipo de obras, a veces, parecen imposibles. Manuela dice “hay una grandilocuencia posible en lo acústico, que tiene su punto máximo en estas obras. ¿Qué es un forte en un coro no amplificado? ¿Qué es un forte en una orquesta? Todo establece en la sensibilidad de cada persona que participa un parámetro nuevo, que lo ayuda a superarse; el agudo que al leerlo parecía una cosa imposible, después en la masa de 120 cantantes con todo el efecto de marea que produce la situación, se convierte en una nota más…”
“La construcción del Auditorio de Belgrano permite tener cerca al público y los podemos ver y eso también es importante. La masa coral de cada coro por separado se desarrolló muy bien y la cohesión entre todos también.”


POTENCIAR LA RECEPTIVIDAD
Villa María, se ha fortificado en las distintas manifestaciones que hacen a lo cultural. Nadie discute ya, el papel fundamental que ha tenido, por ejemplo, la instalación de la UNVM en la ciudad. La llegada de docentes y alumnos de distintos puntos del país y del extranjero ha nutrido considerablemente todo el espectro cultural. Manuela Reyes, docente de esa casa de altos estudios y responsable reflotar, luego de 40 años, la ópera en estas tierras con el recordado “Capuletos y Montescos” (2007) vuelve enriquecida. “Tenemos la sensación reparadora de decir ‘podemos hacerlo’; no es que por una cuestión geográfica los habitantes que nacen en tal lugar no van a ser capaces de cantar tales obras.”
Reyes es optimista, dice que el espacio se ha abierto y no se va a cerrar más; porque “además de los artistas y de la comunidad, hay un soporte institucional concreto (UNVM y Eninder), que está creyendo en el proyecto y que es de destacar. He encontrado una receptividad muy grande acá. Comparando a Villa María con otras ciudades semejantes hay una de expresión vida muy particular, en las artes, en la cultura…”
Cree además que nos encontramos en una época con una oportunidad histórica, donde la clave es la integración, “la tecnología permite balancear ciertas cosas que históricamente estuvieron muy desbalanceadas. Había ciertos proyectos que se hacían en las ciudades y ahora gracias a la tecnología, por nombrar un factor, contribuyen a realizarnos; por otro lado recalco la acción de los organismos que están acompañando la iniciativa de los artistas, con un apoyo institucional y económico, ya que sin ellos se hace imposible participar.”
Y cuando hablamos de integración no podemos dejar de mencionar a los tres coros cordobeses que estuvieron allí y que además de compartir el escenario, compartieron otros espacios, y esa convivencia posibilitó la gestación de nuevos proyectos. Así lo asegura Cristina Gallo que destaca ese contacto y el aprendizaje para cada uno de los integrantes, que en su mayoría son estudiantes o egresados de otras instituciones.
El grupo de coreutas volvió fortalecido, una experiencia semejante los incentiva a más y esto le hace bien a la cultura, nos hace bien como sociedad. “Estamos recuperando cosas, que se dicen que no son masivas, que no son populares, que no le gustan a todo el mundo”, sentencia Manuela.
Por su parte Cristina, apoya esa expresión manifestando que la gente se va aproximando paulatinamente a estas expresiones que son muy valorables. “En un momento donde muchas actividades del hombre son individualistas, tienden al trabajo personal y rentado; el coreuta pone mucho esfuerzo, tiempo en pos de un proyecto artístico musical.”


Un sueño que se cumple, un proyecto que se realiza y la esperanza de lo que vendrá. Desde estas páginas culturales nuestras felicitaciones y la energía para instarlos a continuar.



(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, 05 de junio de 2011.-

domingo, 29 de mayo de 2011

Horacio Sosa. Músico de Selección

entrevista a
HORACIO SOSA
Músico de Selección


“En una ciudad chiquita, que es una pancita”, nació Horacio Sosa. Recuerda allí sus primeros años, la actividad agropecuaria, los silos que se plantaban en el paisaje, ese puerto que no necesitaba ser dragado y que nunca fue explotado comercialmente… Allí en Diamante (Entre Ríos) transcurrió su infancia hasta los ocho años. Luego la situación del país, hizo que el presidente Arturo Frondizi cerrara los ferrocarriles y cortara la fuente de ingreso de la familia. Se mudaron a Córdoba y gracias a un pariente que trabajaba en la Renault, el padre de Horacio consiguió su lugar y pudo seguir llevando el pan a casa.
Desde los ocho años Horacio estudió guitarra en una academia de barrio y rendía en un conservatorio privado del centro de Córdoba. Continuaría sus estudios de magisterio, pero antes de culminarlos ya había empezado a impartir clases en casa, “porque era el chico que tocaba bien la guitarra”. Recuerda que sus primeros ingresos fueron dando clases barriales, tiempo después vendría el grupo “Comunidad” y el acompañamiento a Francisco Heredia, que “era un cantor que movilizaba en la época y que se las arreglaba para decir en clave, había censura y autocensura.”
Horacio Sosa fue integrante del reconocido grupo “Posdata”, que se metió en el imaginario colectivo provincial con el emblemático “Córdoba va” de Francisco Heredia. Es autor además de la canción “Quiero amar a mi país” que Mercedes Sosa inmortalizó en su disco “Vengo a ofrecer mi corazón” (1985). Para 1991, ya como solista, grabó el disco “Línea del corazón”, contando con Bernardo Baraj y Litto Nebbia como músicos invitados. Junto a Ariel Borda y Sergio Korn, grabó “Cordobeses” en 2007. Ese mismo año aparecería su disco “Ocre” con participaciones de Peteco Carabajal, Jorge Fandermole, entre tantos otros, incluido alumnos de sus cátedras de Villa María. Este disco es el que el músico urbano de fusión folkórica con rock sinfónico “defenderá” en tierras españolas esta semana. Horacio se sienta en un banco de estudiante universitario y nos introduce en el inicio de este periplo.



“Todo se lo debo a un gran amigo, Pepe Morlans. Él fue el propietario de un bar de Córdoba que se llamaba “Arrope”, en los primeros años de 2000. Fue un escalón de calidad de experiencias de boliches nocturnos. Era un lugar donde se tocaba, pero a la vez, estabas cómodo, tomabas un vino como la gente; duró no mucho tiempo como se esperó, pero tuvo mucho éxito. Era un ámbito que daba para escuchar, tenía buenas condiciones técnicas, luces, sonido, operador… por allí pasó Liliana Herrero, Raúl Carnota, Fandermole…, todos los artistas de córdoba, Ariel Borda, yo… todo lo que no fuera comercial pasaba por ahí, ya sea música urbana, proyección folklórica o fusión. También estuvieron Agustín Pereyra Lucena, Raúl Porchetto… hubo artistas de diferentes géneros conviviendo. Cuando cierra el local, le quedaron un montón de relaciones con muchos artistas. Estaba al frente de la plaza principal de Alta Córdoba; sin embargo se generó toda una movida alrededor y en calles cercanas a la plaza. Muy cerca de ahí se instalo uno que se llamado “Ruido de fondo” en donde tocamos el trío Ariel Borda, Sergio Korn y yo.
Pepe un buen día me mandó a grabar “Ocre” con la producción de él, y otro día, nos mandó a Borda, Korn y a mí a grabar “Cordobeses” que fue el disco que hicimos como trío.

─Pero para llegar a grabar debiste primero hacerte de un nombre.
─Nos fue muy bien con el grupo “Posdata” que tenía junto a Pancho Alvarellos en el festival de La Falda ’83 y ’84. Luego reunimos las notas de los diarios y fuimos a golpear las compañías discográficas de Buenos Aires. Yo tenía una historia previa en Córdoba, había integrado un grupo que se llamó “Comunidad”, después toqué con Francisco Heredia, yo fui guitarrista.

─¿Cómo era esa época, qué escuchabas, como se componía por entonces?
─En un mundo donde no había el volumen de información que hay hoy con internet. En esa época decíamos “Déjalo ser” no “Let it be”, hoy ya lo decimos en inglés, antes se traducía todo y a veces eran traducciones horribles. Nos devorábamos la tapa de los discos de vinilo, el objeto, la información, no había tantos videos… además una serie de cuestiones tecnológicas que tienen que ver con cómo se dio la formación de uno, uno sacaba los temas de los Beatles con el brazo del Winco, llevando la púa surco por surco, los destrozábamos… no era que podías tener toda la discografía como ahora donde te bajás y lo escuchás mezclados y no tenés noción de cómo fue la cronología. Había más percepción de cual era el proceso estético que estaba haciendo el grupo, no hacías superposiciones o cruzamientos caprichosos que son los que te propone el MP3 hoy. El pro de la actualidad es que podés conseguir muchísimas más cosas, el texto de la obra, la partitura, el análisis técnico, la biografía…; aunque entre tanta información el potencial receptor se pierde, pero depende de cada uno, de la seriedad con que lo tomes, de cómo le podes dar un orden a todo eso.

─Lo bueno de Posdata es que le cantaban a su lugar.
─Francisco Heredia aportaba la novedad de hablar de Córdoba. En el ‘79 Francisco se va a México, y quedan esas canciones que había tocado con él, y que me enseñaron a pintar la aldea en un código que no era ni folklórico ni cuartetero, que son como los dos pilares que hay en Córdoba. Esto de la canción urbana, aunque tocábamos con cuerdas de nylon estábamos más emparentados con el rock, con el bossa nova brasileño, el tropicalismo del Chico Buarque, Caetano, Milton… es como que mirábamos por un lado a Brasil, a los Beatles, y el rock sinfónico y psicodélico que llegó después, y al incipiente al rock argentino. Yo fui contemporáneo cuando nace Almendra y cuando se separa, tenía 17 años cuando apareció el disco “Vida” de Sui Generis... y obviamente Charly (García) que en ese momento, nos dio vuelta la cabeza a todos. En esa época yo ensayaba con el grupo Comunidad.
Francisco decía “nos toca Córdoba, éste es nuestro lugar en el mundo, ¿por qué no podemos escribirle una canción a La Cañada? Pero tampoco era decir La Cañada para que sea cordobés, porque podés hablar de una angustia personal y lo mismo iba a serlo. En un país macro cefálico, donde esta todo digitado desde Buenos Aires, era una ley ir allá si queríamos una mínima trascendencia. “Quiero ser, pero acá” fue uno de los temas del primer disco, ¿Por qué lo nacional es lo que se vive desde Buenos Aires? Era como una manera de revelarnos a ese sistema, que desgraciadamente sigue vigente porque está hecho así a todos los niveles. Fuimos allá pero no veíamos la hora de volvernos.

─Es que se hace mucho más difícil trascender quedándote en el interior.
─Pagás un costo como artista, que por momentos lo sentís muy alto, porque a veces ves otros que tienen menos “conquistas profesionales” que uno... Cuando Mercedes Sosa grabó “Quiero amar mi país” la grabó en el disco “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, en esa época estuve con Fito Páez porque vino a Córdoba a presentar “Giros”, lo conocía de la época de Juan Carlos Baglietto que lo había conocido en La Falda. Fito me decía, “Mercedes te graba ese tema, lo va a presentar en el Luna Park, tenés que ir.”… y yo no fui. No tenía conciencia de lo que estaba pasando… Era el momento ideal para dar el salto, e irme a vivir allá. Nuestro productor, decía que nos fuéramos a vivir a Buenos Aires porque si pegábamos allá, íbamos a pegar en todo el país. El objetivo es profesionalizarse, y en ese sentido hubiera sido bueno hacer una carrera discográfica, no todos los artistas tienen una carrera discográfica, a lo mejor tienen un disco y después pasan 10 años y sacaron dos…

─¿Estás hablando de Horacio Sosa, no? (risas)
─Un poco eso, claro. Esa es la realidad. Nosotros firmamos por tres discos, pero grabamos dos y el tercero nunca salió. Nunca supimos exactamente la cifra que se vendió… “Ícaro” el segundo, ya era menos localista, tuvo menos éxito, fue un bajón general que se dio en el país, volvía la democracia y había una situación nueva.

─Hablando específicamente de tu viaje a España, ¿cuál es el programa de presentaciones?
─Voy a presentar el disco en un teatro municipal de Palma, que se llama “Mar y tierra”, un lugar que ha sido refaccionado. Ellos escucharon el material, no reciben todo tipo de propuestas, sino acordes al lugar. Voy a presentar mi último disco, que es el disco de un cancionista que puede subir a defender sin banda esas canciones. Por supuesto que voy a extrañar la presencia del grupo; no sólo en lo musical, sino por el vértigo de subir al escenario, ese nerviosismo que se comparte cuando te acompañan. Tengo cuatro estaciones, en Palma el 3 de junio, en Barcelona el 6 en un bar que se llama “Tournesol” en la calle Vic 11, el 8 en Madrid en una pizzería que se llama “La Recoba”, que generalmente se toca tango ahí; pero me han dicho que suele aparecer Ismael Serrano, Joaquín Sabina… espero no tener ninguno de esos nenes esa noche de público, la gente está acostumbrada a comer y escuchar. El 10 en Granada, en “La Tertulia”, un local de un cordobés llamado Horacio Tato Rébora. Pero además de eso, quiero conocer y reencontrarme con muchos amigos que hace años que no veo. Estoy muy contento por ir a defender la música que uno hace.

─Antes de comenzar la charla decías que la gente te mira como cantante, no como compositor o músico ¿cómo te llevás con eso?
─Es un fenómeno raro, yo siempre me sentí un músico, un instrumentista, un compositor… obviamente el intérprete que compone para su instrumento. Soy un músico que se vincula con el instrumento, desde el instrumento compone y canta aportando un color vocal a lo que compone y escribe, porque hago canciones; obviamente que las canciones sino las cantás vos las tiene que defender alguien que cante, y el compositor que escribe canciones es a la vez el que defiende esas canciones vocalmente, por eso es como que de pronto te encontrás cantando. Pero a la vez, la vivencia que vos tenés es que sos un compositor que elige los acordes, que se enreda en las cuerdas, en el instrumento, y ese es mi oficio. Cantar es como un elemento más que se suma a esta totalidad, pero yo no me veo como cantante. No hice lo que hay que hacer para ser un cantante en cuanto a manejo técnico de la voz, la respiración, etc.… yo no tengo esas armas. Sin embargo en las reuniones hago algún tema instrumental y al terminar la gente te dice “bueno, cantante algo ahora”. El público tiene una idea de mí como cantante; es como que se te plantea una ambigüedad extraña.

─¿Cómo podrías explicarnos “Ocre”?
─El otoño es la estación que se toma como metáfora de la vida. La etapa otoñal de la vida… Por un lado, Ocre es una etapa donde trato de aceptar las cosas como son, no lo logro siempre, pero trato. Por el otro está la idea de que juega la Selección y del empate… eso es porque la vida te pone días donde estás 5 a 0 abajo, o lo máximo que tenés es un empate que te permite clasificar para la promoción. Creo que Ocre tiene que ver con ese espíritu, el de que por más que vengan degollando, tratar de empatar con la vida, todas esas ideas creo que están en Ocre... la necesidad de aceptar las cosas y de seguir vivo, viviendo lo más intensamente que se pueda.



Un dulce cello abre el silencio y se apega a los acordes de una serena guitarra. La voz, que no se hace esperar, nos dice: “Ocre, amarillo, marrón / hoy juega la Selección / otoño versus mi alma un empate uno a uno”. Es el puntapié inicial de un disco que lo lleva a un cordobés a tierras españolas. Un cordobés que nos representará allá cuan si fuera nuestra celeste y blanca. Hoy no hay empate Horacio, hoy ganaste vos.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 29 de mayo de 2011.-

domingo, 24 de abril de 2011

Liliana Fassi. Viajera del pasado

entrevista a
LILIANA FASSI
viajera del pasado


El proceso inmigratorio en la Argentina es uno de los hechos que ha calado en lo más hondo de nuestra historia como país. Fueron ellos, los inmigrantes, los que llegaron a este territorio cargados de esperanzas y sueños de un futuro mejor. Y fueron ellos los que trabajaron esta tierra, los que dejaron su marca en cada colonia o pueblo, los que le dieron identidad y de los cuales, la mayoría provenimos.
Cada inmigrante tiene una historia que contar, las situaciones particulares que cada uno vivió podrían ser interesantes novelas históricas, por lo ricas en sí mismas. Es apasionante conocer nuestro pasado, “saber de donde venimos, para saber donde vamos” como decía Laura Borga.
En Villa María, una mujer sintió el llamado de la historia y por un hecho fortuito, se le despertó la curiosidad por una de las ciencias que nos ayuda a comprender nuestro pasado. Ella es psicopedagoga y desde hace un puñado de años investiga los orígenes de su familia y todo su contexto.
Liliana Fassi publicó a fines del año pasado el libro “En busca de un tiempo olvidado” en el que da cuenta de sus investigaciones y en la que se anima a narrar ficcionalmente las historias que no ha podido dilucidar por la vía investigativa. Si bien el libro aborda, sobre todo, la historia de su familia, es fiel reflejo de tantas otras que llegaron en similares circunstancias. Además de ello, su página web www.lilianafassi.com.ar aporta más material al respecto.
La genealogía es una ciencia sin fin, en la que se investiga sobre el camino que han hecho nuestros antepasados hasta llegar a la actualidad. No es una tarea fácil, se necesita de mucha paciencia, perseverancia, orden, actitud y agudeza en las búsquedas. A veces suelen ser muy lentos los pasos que se dan y los descubrimientos pueden ser minúsculas partículas que conforman la inmensa cartografía familiar. Sobre esto, iniciamos nuestra charla con Liliana.


─¿Qué sentís cuando vas encontrando las piecitas del gran rompecabezas?
─Es apasionante. Por un lado es un desafío el tratar de armar ese rompecabezas con los pedacitos de información que van apareciendo muy de a poco; y es frustrante cuando no podés hacerlo, pero a la vez te incentiva y sentís más fuerte la necesidad de seguir buscando. No sé si es fácil de entender para alguien que no comparte la atracción por esto; por ahí otra persona que tiene algún hobby, puede tener una idea de lo que se siente.
En alguna charla alguien me dijo que busco parientes, y yo no lo considero así. Lo entiendo como una investigación desde lo histórico, desde lo genealógico también; pero no con la intención de encontrar un pariente como para ir a visitarlo; sino de encontrar una forma y un lugar mío en esa forma. Se ha dado y he conocido gente maravillosa y con quienes hemos establecido un lazo y lo continuamos, porque hemos encontrado afinidades, intereses comunes… hemos simpatizado.

─¿De dónde viene la inquietud?
─Fue casual. Siempre tuve la idea de esto, pero entre otras muchas cosas que quería hacer. La decisión la tomé a partir de una visita con mi hermana a la casa de un primo, que había hecho la ciudadanía italiana. Los hijos de mi hermana jugaban al básquet y había una idea de irse a jugar afuera, y hablamos con este primo para ver que documentación hacía falta, cómo se hacía. Nos ofreció las actas que él tenía. Para hacer la ciudadanía necesitás el acta de nacimiento o bautismo de tu ancestro extranjero, las actas de nacimiento, matrimonio y defunción del hijo del que descendés… hasta llegar a vos. Cuando leí la documentación de mi bisabuelo y encontré esos nombres y esa época fue algo que me atrajo…

─¿Cómo te formaste?
─Me fui formando a partir de lecturas, hay muchas páginas en internet que te explican, te sugieren estrategias y te dan mucha información; después están los grupos que me han ayudado mucho. Al principio tenía dificultades con las traducciones del italiano al castellano y viceversa, o llegaba a un punto muerto y no sabía como continuar… y ellos me ayudaron mucho, tienen muy buena onda.
También leyendo, porque la genealogía tiene ciencias auxiliares que son la historia, la geografía, la heráldica… son para contextualizar esa búsqueda que estás haciendo; para que esa familia en ese contexto, en esa época, en ese país, en ese marco, tome un poco mas de realidad, de vida; que no sean simplemente papeles.

─¿La búsqueda genealógica es una búsqueda que nunca se acaba, no?
─Vos le ponés el fin. Por ahí hay dificultades para trascender por la falta de datos, por los años, por la distancia; porque no es lo mismo buscar acá que buscar en Italia, por ahí las respuestas no llegan. Sucede que muchos datos que son muy viejos se han perdido. Suelen faltarte datos de un lapso de 20 años y no es fácil que gente te lleve el apunte para buscártelos. Hay quienes han tenido muy buena onda y me han mandado cosas porque sí; pero a veces en los registros civiles, la demanda de trabajo que tienen no se lo permiten. El hilo se corta ahí, esa es una limitación.
Yo estoy suscripta a dos grupos de genealogía (en Internet) y hay miembros que han llegado hasta el año 1400 con datos. Me parece fascinante poder trascender en el tiempo, hasta el origen de los apellidos.

─¿Hasta que año llegaste?
─En el caso de mi familia materna he llegado hasta 1802 y en el de la paterna 1840; porque me he encontrado con limitaciones de las búsquedas en Italia. Hay gente de los grupos de genealogía que dice “me voy de vacaciones genealógicas a tal parte, ¿alguien quiere que le busque algo?” Son grupos de ayuda mutua. Te sugieren estrategias, a veces un usuario busca información en donde vive alguien que integra el grupo, entonces ayudan a hacer las búsquedas. Yo busqué para alguien de Chile, cuyos bisabuelos temporalmente anduvieron por Villa María.

─¿Cómo es la tarea?
─Siempre he tenido muy buenas respuestas de los municipios. Te buscan ellos la documentación en lapsos que van de 3 a 5 años. Los mormones están microfilmando de registros civiles, iglesias, datos de nacimientos, defunciones, etc. De hecho he encontrado muchas cosas porque están disponibles en internet. Están organizados por países, por pueblos, por iglesias, por periodos; hay algunos índices y están las actas.

─Obviamente que en esta tarea la tecnología juega un papel muy importante.
─Por supuesto, antes era la carta. La mayoría de lo que he recibido de Italia, me he comunicado por correo electrónico, casi todas las parroquias tienen página y dirección de mail; también las comunas, en algunas tengo respuestas, otras no, a veces llega la información después de insistir mucho, en otros al mes lo he recibido. Hay diferencias entre un lugar y otro, depende muchas veces de la buena onda de las personas.

─¿Una de las claves sería la persistencia?
─Totalmente. Por eso te decía que es un desafío y una característica muy personal, yo ante una dificultad lejos de bajar los brazos es como se me despierta una cuestión de rebeldía que me ha permitido lograr una parte de los objetivos que tenía. En algunos casos es insistir e insistir hasta que les ganás por cansancio.

─¿Es más fácil conseguir la documentación aquí en Argentina?
─Me parece que en Argentina es mucho más lo que se ha perdido, hay más dificultades que en Europa; mas allá de que cosas se han perdido por las guerras y vaivenes que han tenido, allá podés llegar mucho más lejos que acá. De hecho, por ejemplo, el acta de bautismo de mi abuelo no la encuentro, tengo suposiciones del lugar, pero no tengo certezas.

─¿Cómo llegaste a la publicación del libro “En busca de un tiempo olvidado”?
─Se fue dando con todo lo que venimos hablando. En la investigación genealógica es una necesidad el ir registrando muy sistemáticamente todo lo que vas haciendo, a la par de los documentos que vas encontrando. Me ha pasado pedir dos veces lo mismo o hablar con alguien otra vez por el mismo tema. También es importante entrevistar a las personas de mayor edad que quedan en la familia, ellos pueden brindar información para encontrar documentación, pero también para armar la novela de la familia. Y a partir de eso se me fue ocurriendo darle la forma de libro, no sabía cómo hacerlo y tenía le prejuicio de a quién le iba a interesar. Fue todo un proceso...
Por otro lado, mi tesis de licenciatura (psicopedagogía), se orientó a investigar los procesos que se ponen en juego en la creación de narraciones, estudiar la creatividad, y específicamente la creatividad en la escritura de narraciones. Me pasó que en las historias de la familia, había contradicciones, o huecos y pensé escribir ficcionalmente esas historias y completar con lo que me pareció a mí que había pasado. En esos cuentos, fui tratando de implementar diferentes técnicas narrativas, cambios de puntos de vista y en el tiempo… me parecía que la historia de cada familia se podía prestar para una técnica narrativa determinada. A eso le sumé las entrevistas y así surgió el libro.

─En esta actividad que hacés, si pudieras pedir un deseo, ¿que pedirías?
─El zumun sería ir Italia… conocer los lugares donde venían mis ancestros y seguir escarbando, tratar de llegar lo más atrás posible en esta investigación. El poder conocer los lugares sería un poco vivenciar, de alguna manera, lo que vivieron ellos; o ver las cosas en parte, más allá de la distancia.
Si desde lo teórico, la información, la lectura de lo que fue el proceso inmigratorio, del momento histórico, de las causas, algunos testimonios… me han permitido acercarme y entender o imaginar lo que pudieron haber vivido; en ese sentido viajar allí contribuiría mucho más a comprender este pasado.


Un pasado que es intrigante, como las fotos que acompañan esta nota, desde la cual sobresalen los bigotes de Bartolomeo, que nunca se imaginó aparecer en diarios de esta época o en páginas de internet. Apreciar esa familia que posa para la cámara como lo haría un equipo de fútbol, con sus vestimentas, los rasgos físicos que delatan la pertenencia a cierta familia, esos gestos, una vida de la que de sólo apreciar esas imágenes nos hace imaginarlas y preguntarnos muchas cosas. La historia está ahí, no sólo la de los grandes, sino la nuestra, de nuestros antepasados. Hay que ser curiosos y dedicarse, como lo hace Liliana Fassi, un viajera del pasado.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 24 de abril de 2011.-

domingo, 17 de abril de 2011

Lucas Destefanis. Escuela de circo en la Villa

entrevista a
LUCAS DESTEFANIS
ESCUELA DE CIRCO EN LA VILLA



Lucas Destefanis es un hacedor de arte. Un joven que ha incursionado por las disciplinas más diversas pero complementarias; es músico, bailarín, actor, clown… “me gusta de todo”, según sus palabras.
Reconoce sus inicios en la escuela secundaria, luego vendría un período de calle, viajes a Buenos Aires en donde mamó las enseñanzas de dos viejos profesionales del reconocido Circo Rodas, realizó diversos talleres, aprovechó las diferentes convenciones a las que asistió y siempre dedicó mucho tiempo al aprendizaje de manera autodidacta.
¿Quién no recuerda las noches de color y risas bajo inmensas carpas multicolores? Ahora, el circo sigue estando en las carpas, pero también fuera de ellas, en la calle, en la tele, en las fiestas, en la villa.
Lucas acaba de iniciar las clases de su nueva escuela de circo, un emprendimiento inédito en la ciudad; un singular espacio de aprendizaje para que nos acerquemos a una de las artes que han cautivado a grandes y chicos a través de los tiempos. Y cuando hablamos de circo, no sólo hablamos de malabar, es una de las primeras cosas que nuestro entrevistado nos aclara; la estructura de escuela posibilita que se enseñen variadas técnicas, en zancos, de acrobacia, entre otras, siempre acompañado por la técnica del clown (payaso), que complementa y nutre las demás actividades.


Cómodamente sentados en los sillones del club de arte “El globo rojo”, hablamos con Lucas sobre los detalles de esta nueva propuesta cultural y artística. “Lo quise empezar como taller, pero pensé porqué no todo. El circo está tomando otra vuelta, no sólo es el circo tradicional, al que sigue siendo bueno apostarle, pero están surgiendo artistas en la calle, como también en las fiestas... Hay una nueva estética.”
Básicamente, son dos clases semanales de una hora y media en el que los alumnos inscriptos, y los que quieran sumarse, aprenderán de manera progresiva las diversas técnicas que un artista de estas características implica. Por el momento la escuela se apoya en dos años de cursado; en el primer de ellos se hace rolo, malabares, zancos, entre otros; mientras que en el segundo acrobacia en altura, monociclo, cuerda floja; “la idea es la estructura de circo clásico, pero si alguien quiere apuntar a otro tipo como el Circo del Sol, o con otra estética no tan estructurada también lo podemos hacer. Queremos avanzar con un grupo, tener el año que viene segundo, y arrancar simultáneamente de nuevo con primero.”
El crecimiento en una escuela de este tipo es individual, algunos traen algunos conocimientos, se le corrigen formas y se los trata de nivelar, para seguir juntos y llegar al objetivo final que es ser un “artista de circo” íntegro, que puedan hacer muchas cosas o especializarse en alguna de ellas.


VILLA MARÍA
Lucas se sorprende que el crecimiento de esta actividad en su ciudad sea notable. Recuerda que hasta no hace mucho era poco el público que los seguía, “la gente de Villa María, responde muy bien. Me sorprende, antes juntábamos pocas personas, ahora la gente se acerca más y se queda. Era muy cerrada la ciudad, pero ahora está siendo otra cosa. La generación que viene ahora es distinta.”
En relación con el público, Lucas nos comenta que en esta ciudad la gente no está acostumbrada a pagar, el público acepta las distintas propuestas, pero no lo valoriza; sin embargo “hay gente que responde muy bien, no quiero usar la plata como parámetro de medición, pero hay quienes ponen en la gorra veinte pesos, que es mucho para una gorra, pero la gente sabe que está entreteniendo a sus cuatro hijos.”
Si hablamos de los espacios físicos para practicar este arte, las dificultades no son menores, ya que antes si alguien quería incursionar no encontraba otro lugar que la calle misma. Lucas, recuerda haber aprendido a andar en monociclo en las inmediaciones del anfiteatro, o practicar zancos en el polideportivo… ciertos lugares públicos en los que se puede encontrar algunas condiciones mínimas para llevar adelante la práctica de estas artes no tan convencionales. Por eso Lucas está contento, de haber encontrado un lugar con las condiciones necesarias como lo es El Globo Rojo, para poder desarrollarse; ya que nadie presta lugares y ni es posible alquilarlos para desarrollarse. Dice el entrevistado, “ahora es más común ver alguien malabarear, y la escuela también va a ayudar, está bueno para que se generen nuevas ramas.”


EL APRENDIZAJE
Como toda actividad que exige coordinación física y psiquíca, la clave es la práctica; “hay que dedicarle mucho o el tiempo que lo dedicás es hacerlo bien. Hay que estar preparado para hacerlo, concentrado, tomarse su tiempo. Cuando yo inicié, al principio estaba todos los días; les comente que deben hacer sus elementos y practicarlos en su casa.”
El frontman de Belosanta, está proponiendo desarrollar un nuevo género en boga, el circo teatro; cuya esencia es poner elementos de circo en otros ambientes alejados de la tradicional carpa y contar historias con malabares y demás elementos.
El aprendizaje “como todas las actividades, hasta los 12 años la captación de cosas es fuertísima, hasta los 25 es otra cosa y pasando esa edad cuesta un poco más. No quita que no lo puedan hacer, al contrario, los grandes le suelen poner más pila para aprender y eso es bueno.”
Para aquellos que se pregunten el ámbito de acción de un artista circense; las posibilidades son muchas y cada día se abren nuevos espacios, como las fiestas. Villa María se caracteriza por tener muchos lugares de eventos sociales, lo que genera buenas posibilidades de insertar las distintas variantes del arte en esos festejos. Lucas no se detiene, sigue capitalizando conocimientos y prácticas, ahora está incursionando con performances en arnés; “hay que estar atentos y proponer siempre cosas nuevas”, concluye.



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ELENCO ENINDER
Diálogo con Javier González


Desde EL DIARIO Cultura nos reunimos con Javier González, responsable de El Globo Rojo, espacio en el que se dicta la escuela de circo. Aprovechamos la oportunidad para que nos hable de la reciente conformación del Elenco Eninder, cuyos integrantes pertenecen a localidades de La Playosa, Villa Nueva y Villa María.
Javier nos cuenta su sueño hecho realidad, “conformarnos como Elenco Eninder nos posibilita proyectar la cultura teatral regional, en todos los ámbitos, provinciales hasta internacionales. De hecho hace poco viajamos de la mano del Eninder a Chile a un festival iberoamericano de teatro, donde se dieron cita los elencos más importantes del mundo, y nosotros fuimos representando a Argentina. Lo cual fue para los chicos una gloria, y esta gloria tiene que ver con un trabajo intenso que venimos realizando en la faz personal, con mucho remo encima, pero sin la presencia del Eninder como lo estuvo y como está, sería prácticamente imposible llevar adelante la proyección del trabajo que uno realiza.”
En la actualidad este grupo de ocho personas, está de gira por las 44 localidades que pertenecen a este ente, presentando la obra “Chau Misterix”, que es un clásico de la literatura argentina escrito por Mauricio Kartun. El director del elenco nos cuenta sobre la obra: “hace referencia a ese héroe de los años ’50 y ’60 que simbolizaba toda una generación, habla de los prejuicios, habla de las características a través de Misterix, abordando temas como lo social, lo psicológico, lo fisiológico, de cada uno de los símbolos de la época y representado por cuatro personajes. Hay en la obra bailes de carnaval, figuras míticas como Borocotó, Los Globetrotters, Marilyn Monroe, Gina Lollobrigida… es un espectáculo fascinante.”
Consultado por la importancia del elenco, González nos lo responde con una palabra: “integrar”. Y seguidamente nos cuenta “cuando llegamos, se da una interacción con la gente de cada localidad, nos relacionamos con mucha gente, intercambiamos información, ganas, proyectos y de a poquito se va formando una red entre los que hacemos teatro. El Eninder nos permite proyectarnos, desde su faz ejecutiva, logística y económica; esto nos posibilita estar relajados y que el artista pueda dedicarse a hacer lo que realmente tiene que hacer. Todo esto sin olvidarnos que la palabra artista lleva una misión social, lo cual hay que remarcarlo, porque el trabajo que se hace no se olvida de ello.”
En relación a las temáticas abordadas, González nos aclara “no son temáticas livianas, hemos asumido junto a los directivos un alto compromiso de manifestación de lo que nos pasa hoy como sociedad, como cultura; abordando prejuicios, mitos sociales, que en algunos lugares cae bien y en otras no tanto; pero estamos dispuestos a jugarnos por eso también. No buscamos congraciarnos con nadie, sí buscamos encontrarnos; no damos las respuestas justas, sino que formulamos las preguntas para que cada comunidad resuelva esta incógnita que nosotros presentamos.”
“Todo esto es posible gracias al Eninder. Tener hoy un mecenas como el que tenemos nos permite trabajar con total libertad, honestidad, sin ningún tipo de coacción, es fantástico. Se nos ha permitido formar parte del Elenco Eninder, y esto lo afrontamos con muchísimo orgullo, compromiso, responsabilidad y respeto por nuestra sociedad y nuestra cultura.”


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 17 de abril de 2011.-

viernes, 15 de abril de 2011

Sarmiento escritor

SARMIENTO ESCRITOR

Hablar de Domingo Faustino Sarmiento es hablar de un personaje polémico y difícil. Es hablar de uno de los próceres de nuestra historia, una figura puesta sobre un pedestal de oro por algunos y amontonada con otras figuras controvertidas por otros. Fue un educador renombrado, presidente de la Nación, periodista, político, militar, autor de libros que cimentaron la mirada de un país que se construía con ideales de progreso.
Pero hablemos del escritor, el autor de “Facundo” o del tan nombrado “Recuerdos de provincia”. Sarmiento es ante todo un periodista, que inició su labor literaria en los medios de prensa de la época. Dueño de un estilo ligero, desprovisto de adjetivos, en el que se trataba de mostrar las proposiciones como un objeto limpio de ornamentos. La urgencia periodística fue moldeando al escritor que luego después se convertiría el autor de libros.
Sarmiento transformo la prensa de la época con artículos densos, extensos y de alto contenido crítico; dicen algunos biógrafos que más que un tipo de ideas brillantes, era de ocurrencias memorables y que su lógica actuaba en pos de mostrar las impresiones del día.
Fue un hombre muy culto que comenzó a leer temprana edad, que estudió inglés, francés, italiano y otros idiomas de los que se nutria su intelecto. El gran escritor Leopoldo Lugones, cuando se refiere a él dice que no hay una obra única y compacta, sino que es “el escritor de los trozos selectos”; ya que la literatura es para él un medio y no un fin; un medio para llegar al ideal de país que pregonaba en su momento. Tenía una capacidad de describirnos los paisajes y las situaciones como si las hubiese vivido, de esa manera describió las pampas del “Facundo” que conocería posteriormente de publicada la obra.
Hay varios libros de su autoría, pero resaltamos “Recuerdos de provincia”, por ser el de estructura literaria más sólida y bella; mientras que “Facundo” es una novela política en la que se concentran las ideas de Sarmiento, el pensamiento, la historia…
Muchas actitudes de Sarmiento podrán ser discutibles, pero es innegable su gran capacidad intelectual, su brillantez en el accionar cotidiano y el legado que ha dejado para la literatura nacional en sus libros y en la copiosa cantidad de páginas que aún andan dispersas en publicaciones periódicas capturadas por el tiempo.


(*) Publicado en "Cátedra Libre", abril 2011, Año IX, edición 74, Villa María.