domingo, 22 de febrero de 2009

Tinta con olor a rosas: entrevista a Olga Fernández Núñez (2ª parte)

ENTREVISTA CON
OLGA FERNÁNDEZ NÚÑEZ
TINTA CON OLOR A ROSAS

(segunda parte)


La edición de hoy da continuidad y cierre al reportaje a Olga Fernández Núñez.
El domingo pasado tuvimos la oportunidad de conocer, de palabras de su creadora, los detalles de sus próximas publicaciones. Pudimos darle un sorbo al capítulo inicial de Linón (1939), novela que inaugura el género en la ciudad.
Hoy podremos degustar de las primeras páginas de su nueva novela a punto de aparecer. Si bien han pasado 70 años entre una publicación y otra, podrá notar, que su estilo se ha mantenido y reluce como una joya entre las nuevas narrativas.
Dama de las letras y cultora de la vieja escuela literaria de las que ya quedan pocas. Olga no escatima esfuerzos para continuar trabajando para la literatura. Sigue participando de las distintas comisiones de la SADE, desde las primeras hasta las actuales épocas. Sobre esas incursiones retomamos la conversación. Escuchémosla sin más demora.



—¿Cuál es su participación en la nueva comisión de la SADE y que “beneficios” acarrearía para Villa María?
—La SADE renovó hace poco tiempo su comisión directiva, yo soy de la SADE Villa María, pertenecimos un tiempo a Córdoba en el ’66; después en los ’70 pasamos a ser filial de Buenos Aires, que trabajó maravillosamente desde el año ’28, nosotros nos incorporamos en el 50 y pico, 60 y pico, con otras personas pusimos una filial aquí. Hemos tenido, con la SADE de Buenos Aires, participaciones con sus distintos presidentes y comisiones directivas. Yo no puedo precisar las épocas, pero llegó un momento en que hubo una suerte de crisis que tocó a casi todas las manifestaciones de cultura del País. Se llegó al extremo de que dos propiedades de Buenos Aires, en calle México y otra en la calle Uruguay. Esas dos sedes de la SADE llegaron a ser motivo de la ruina, fueron hipotecadas, vendidas, fue mandada por otra gente que no eran escritores, o tenían otros fines. Entonces ahora el escritor Alejandro Vaccaro, biógrafo de Borges, se interesó por algunos escritores y demás.
Yo tengo un sobrino que publicó su primer libro de cuentos hace dos años, que lo conocen por “el Chueco” en Villa María. En ese vaivén le dieron la faja de honor de la SADE, pero la situación general de la sociedad, no estaba en condiciones de seguir; porque tuvo un tiempo glorioso que yo diría desde que empezó con Lugones en 1928 hasta el ’70 y ’80, por ahí. Después hubo en decaer. Recientemente ha jurado una comisión nueva en la que yo me encuentro, con mi sobrino y Eduardo Belloccio; integramos tres de los 37 cargos que existen. La consecuencia de esto es que empieza a circular la posibilidad de publicar, el presidente de la SADE dice que va a hacer la primera reunión de la comisión en Villa María, donde presentarían La escritora.

—Olga… ¿Usted leyó desde muy chica?
—He leído mucho, desde chica, lo bueno, lo malo y de todo. Porque si no se conoce lo que se considera prohibido o malo, se crea como un mundo imaginario que hace peor las cosas, pero cuando uno vive la vida y es capaz de sostenerse, saber las cosas no es malo; es mejor saberlas, porque sabiéndolas uno se defiende de las malas, porque no sabiendo es muy difícil. Por otro lado yo soy una defensora acérrima de la palabra justa, de la palabra sin ambages, de la palabra que no hay que cambiar ni modificar por nada, yo soy una respetuosa de la palabra. No me allano a la palabra deformada, porque no está dicha con propiedad, o está dicha de forma agresiva o insultante, yo quiero la palabra por su verdadero significado, la defiendo, y creo que todos los escritores deben defender la palabra, no usar terminologías extrañas, salvo los dialectos. Sabemos que en las afueras de Buenos Aires está el lunfardo, que es una mezcla de palabras mezcladas con otros idiomas, es como un acostumbramiento y ya está aceptado, eso es lo vulgar; pero estoy a la defensa de la palabra y la propiedad de la palabra. Creo que el escritor dice las cosas por escrito, me parece que, más que de pasión, es una especie de entrega, de meditación, de oración, es algo que tiene que salir de los sentimientos, que tiene que salir del corazón y que tiene que salir también de la belleza, porque sino, me parece que no tendría razón de ser. La belleza tiene su razón de ser, la belleza es fundamental.

—La literatura tiene que ser bella… (y antes de lanzar mi próximo interrogante continúa).
—La literatura tiene que ser bella, la literatura no puede ser la cosa bastarda, la cosa que no guste; yo recibí una vez, un saludo por mis actividades como docente, que me dejó perpleja y pensándolo mucho, que decía “las manos que reparten rosas, quedan perfumadas de rosas” y realmente es así.

—¿Qué opina de los anti-géneros?
—La literatura ha cambiado (y se corrige inmediatamente) la literatura es cambiante, pero entiendo que depende del autor que antes que nadie, que la lectura sea una especie de enseñanza, de placer, llevado a lo imponderable; porque si el escritor es capaz de emocionar, es capaz de hacer creer, de interesar, a mi me parece que ya está ganando. Si el escritor entrega un escrito en que está despotricando contra la vida, contra los acontecimientos, exaltando lo que no es bueno, lo que no es lindo, lo que no es noble, entonces es como si no le importaran los valores, y los valores tienen que existir, debe ser el primer defensor de los valores humanos, la pureza, el deber… pienso, es mi lógica y no entiendo antítesis a eso, si existe y se practica no sé cual es el resultado para el escritor, qué placer y qué satisfacción puede sentir el escritor cuando se manifiesta de esa manera.

—Quizás llamar la atención con golpes bajos a los valores, lograr el impacto rápido de la hazaña, de lo escandaloso o morboso…
—Claro, porque contar o relatar, o decir, o hablar de cosas que son dolorosas, que son terribles, es una cosa; pero usar la literatura para destruir la palabra, el pensamiento y el sentimiento. Yo creo que el escritor tiene en sus manos, para que en alguna medida, yo no sé si volver, pero sí defender los valores. Creo que en eso tenemos que ponernos muy firmes, y pensar que tenemos un poder, que no sabemos valorar, para que la literatura en general y para que la palabra en particular, sea un vehículo de entendimiento, de comprensión, de afecto, de solidaridad, porque el hombre se ha olvidado del hermano, entonces pienso que ese poder lo tiene el escritor, y lo tiene que usar.

—¿En la actualidad está leyendo algunos libros de escritores de la ciudad? ¿Tiene una opinión formada al respecto?
—Leo algunas cosas. La literatura de Villa María es, en general, una literatura sana, educativa, placentera. En general el escritor de Villa María es un escritor sano.

—Habrá notado además que en Villa María, al día de hoy, son muy pocas las novelas que se publican…
—Sí, la novela es un género desde las épocas tradicionales en que se leía El conde de Montecristo, Los miserables, El jorobado de Notre Damme, todos los que fueron famosos alguna vez por la narración larga; porque esa es la gran diferencia, que la narración de aquel entonces era larga, en cambio ahora la novela es más breve. De todas maneras sigue siendo un poco más extensa que el cuento y que el relato. Es cierto, no hay muchas novelas.

—¿Usted cree que responde a lo que está pasando hoy a que el público tiene poco tiempo para leer, donde todo es más rápido, la cuestión de los medios…?
—En realidad, por suerte, el libro todavía está vigente, pero hay una enorme diferencia entre el libro de hace 25 años al libro que sale ahora, porque no hay estímulo, por una parte, por otra interesan más otras cosas, hay intereses distintos.

—¿Qué tipos de intereses por ejemplo?
—La televisión, por decir alguna. La televisión en general ha decaído una enormidad, pero de cualquier manera sigue haciendo mal a la literatura. Las programaciones no responden a ninguna expectativa ni lógica, ni notable, ni nada. Nada de contenido, tenemos programas que habría que cerrar el portón y no tenerlos. Esa es un lucha más grande que tiene el escritor y el público en general, que está desconcertado y desentendido, porque ya no hay intereses que había en una programación, ahora no hay programación, ya no hay nada. La televisión es terrible, hay mucho malo y sobre todo ¡hay mucho muy malo! Es un verdadero riesgo para la juventud, porque es donde el chico busca, es tremendo.

—¿Dónde estudió Olga?
—Mi ingreso fue al Colegio Sarmiento, después en los primeros grados me pasaron al Colegio José Ingenieros, allí estuve desde el tercer grado y terminé la primaria allí. Me inscribí en el Instituto del Rosario en Secretariado Comercial porque todavía no había llegado la normal. En general eran academias que enseñaban contabilidad o castellano. Me recibí de Secretaria Comercial, empecé a los 17 años en el Instituto del Rosario también otro estudio recibiéndome de Maestra Normal Nacional. Luego me dediqué a la docencia, al poco tiempo me nombraron en una colonia suizo-alemana que está cerca de Chazón y Ucacha, fui un año maestra allí, la primera oficial, porque había maestra particular hasta entonces. Luego me pasaron a Arroyo Algodón, como Directora de tercera categoría con cuatro grados a mi cargo. Tenía una gran pizarra que la dividía en cuatro y enseñaba a los cursos ya que era personal único. Fue creciendo la escuela, estuve allí durante 15 años. Más adelante me trasladaron a la Escuela Mitre de Villa Nueva, escuela de varones, como Directora, por razones políticas. Pero yo tenía mi casa aquí en Villa María que lo hice por el Plan Eva Perón y yo me quería venir, había nacido acá, entonces pedí descenso de categoría como Vice-Directora para poder estar en una escuela de la ciudad. Fue la Escuela Dalmacio Vélez Sarsfield, estuve un par de años, y quedó vacante la vice-dirección de la Escuela Bianco el turno varones, y me pasaron hasta que me jubilé con ese cargo en 1960. Sigo siendo jubilada como Vice-Directora de la Provincia, ya no le hago mucho favor a la provincia porque llevo casi 40 años de jubilada (risas). Tuve cargos políticos, estuve de regente en la Escuela 20, estuve como Secretaria de Relaciones Públicas en la Escuela del Rosario, también en la Municipalidad de Villa María en la intendencia del Señor Asensio, y trabajé con Miguel Ángel Veglia cuando me pidió hacer una investigación de las instituciones de la ciudad. Siempre escribí en los diarios. En algún momento fui cronista social del diario “Reflejo” de la ciudad, y bueno, he tenido una actividad, casi diría que permanente.

—Y me sorprende la memoria con que recuerda perfectamente todo…
—Nunca me jacté, pero siempre estimaron en mí la condición de la memoria. Cuando tuve el problema del derrotero de corazón, cuando me desperté y noté que era como era, me dije gracias a Dios y la gloria porque me ha permitido mantenerme lúcida. Hubo una gran habilidad de los médicos por suerte volví a recuperarme, y acá estoy esperando que se publique el libro, que es uno de los deseos que más tengo porque con estos años que tengo yo puedo esperar o no, depende de Dios el que me tiene en sus manos.

—Finalmente quería consultarle a nivel nacional ¿cree que la mejor literatura argentina fue la publicada en la época de Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones… épocas de la primera SADE…?
—Yo creo que esa fue la gran literatura, lo de Horacio Quiroga es único y notable. Lugones fue un heredero de la superioridad del nicaragüense Rubén Darío, porque lo siguió y lo mejoró y lo modernizó. Lugones fue una cosa extraordinario. Tiene trabajos como “La montaña de Oro” que es… sin palabras. Y pensar que llego a un diario de Buenos Aires de un pueblito del interior del interior. Yo no he leído todo, pero tome cualquiera de los libros y es increíble, es inefable leer eso. Para mí esos fueron los escritores, existía una revista “Capítulo”, venían los libros de los autores, esa es la real literatura. Creo que el secreto está ahí... Cortazar, Juan Carlos Dávalos, Perlongher, escritores que se leían y se sentían; porque si usted lee los poemas de Lugones hoy en día, hay una cosa que entra, que hoy no está , no hay nada que hacerle. Le digo que desde 1928, y quizás antes algunos autores a producir, hasta el ‘60 o ‘70, tenemos una literatura sin nombre y quizás no se la valora como tal.

—Muchas gracias Olga, nos alegramos mucho que se publique su nueva novela y se vuelva a reeditar Linón…
—Le voy a dar la última copia que me quedó de Linón.


Se levanta de su silla y lentamente se dirige a una hermosa biblioteca, de las de antes, esas de cristales grandes en la que se puede escrutar con la mirada los volúmenes que contiene: muchos autores de la ciudad y otros de política que le quedaron de su hermano. Busca entre los inclinados libros, pero no lo encuentra, “me parece que es un libro blanquito… chiquito”. Y el libro no está. Lo va a buscar a otra habitación y mientras espero (porque no quiero irme sin esa reliquia) el canto de los pájaros se impregna en mi grabador junto a los intermitentes ruidos de los autos.
Vuelve con el ejemplar de Linón, pero el original, el único que le queda de los mil que se imprimieron en aquella oportunidad. Lo observo y buscamos unos minutos más hasta que felizmente aparece. Es una edición facsimilar, hermosa, totalmente artesanal pero perfectamente ensamblada, que no tiene nada que envidiarle a cualquier edición de autor.
Le agradezco su amabilidad a quien, con 88 años de edad sigue apostando a la literatura. De nuestra parte, tendremos que esperar un poco más para conectar aquella primera incursión (Linón) con este nuevo texto (La escritora). Ambos se imponen como puntos de partida y de llegada… como un extenso puente que se extiende orondo y en el cual han corrido 70 años de letras acaudaladas.
Sin lugar a dudas el nombre de Olga Fernández Núñez de Olcelli está marcada en la historia de la literatura.
Ella nos deja sus obras, a nosotros nos resta disfrutarlas.


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LA ESCRITORA (2009)



Corría el año 1940 cuando en una floreciente ciudad cordobesa, Juan Carlos Molina un comerciante bastante afortunado en sus negocios, había formado su hogar con Cristina González, una hermosa joven con quien había tenido dos hijos varones, Juan Carlos el primogénito y Carlos, llegando con el tiempo a tener una tercera descendiente algunos años menor que sus hermanos, a quien se le impuso el nombre de Silvia.
La familia destacada en un ambiente de clase media, gozaba de una particular estimación y amistad en la ciudad, donde era conocida por sus actividades comerciales. Los hijos, integrados a las escuelas participaban en la vida deportiva y social.
Pero la fatalidad habría de caer sobre la familia, produciendo horas de dolor y angustia que cambiarían el curso normal de su vida.
Los dos hijos, en una tarde de verano en que con intención de refrescarse en las aguas del río que pasaba por la ciudad, junto a un grupo de amigos, murieron ahogados al ser llevados por la corriente de agua, en aquellos momentos muy crecida. Los dos hermanos desaparecieron hasta ser encontrados días después en las proximidades de otra población, hasta donde fueron arrastrados.
Después del trágico hecho Juan Carlos Molina no pudo sobrevivir a la pérdida de sus hijos adolescentes, de 18 y 16 años respectivamente.
La casi inmediata desaparición del padre dejó sola a Cristina, la esposa, quien volcó toda su ternura en Silvia la pequeña y dolorida hermanita, que sólo contaba con 10 años de edad.
Esta circunstancia sostuvo en pie a la madre, que procuro llevar adelante la vida, protegiendo a la niña y preocupándose por su educación. Así fue como Silvia concluyó la escuela primaria en un colegio religioso, continuando estudios de Secretariado Comercial en el mismo.
Las dificultades económicas ante la falta de la presencia del padre, cuyos negocios quedaron abandonados y con un patrimonio de poca significación, hizo que las mujeres tuvieran que buscar los medios para seguir viviendo dignamente.
Fue así como, antes de egresar Silvia del Liceo como Secretaria Comercial, entró de inmediato a trabajar en los escritorios de una conocida firma comercial.
La joven cumplía sus tareas y después de las horas de trabajo, continuaba en el hogar con actividades que le reportaban ingresos, que le permitían atender las necesidades del hogar, conjuntamente con el sueldo que recibía de la firma donde trabajaba.
En las oficinas había un gran número de empleados, entre los que se encontraba Silvia. Cuando la joven llegó esa mañana, aún no se había disipado su cansancio de la noche anterior. Instantes después, sonó el timbre de la gerencia; empujó la puerta intermedia que comunicaba con el escritorio de su Jefe y se halló frente a aquel, que leía atentamente una carta llegada en el primer correo de ese día.
Don Jaime Martínez, gerente de la casa Moly y Cia., hizo ademán de ajustarse los anteojos, levantó su mirada hacia la secretaria y con voz grave en la que podía advertirse cierta imponencia le dijo:
—Señorita Molina, acabo de recibir un comunicado por el cual, se me hace saber que en mi lugar, otro gerente -consultó el papel que aún conservaba en su mano y leyó el nombre- Ernesto Guzmán, vendrá a hacerse cargo de este puesto. Será usted quien se encargue de informarle de las actividades desempeñadas por la casa, y espero que a las órdenes del nuevo jefe, cumpla satisfactoriamente con sus tareas, tal como lo ha hecho hasta hoy.
Trataré de hacerlo -respondió Silvia, que ya estaba acostumbrada a sentir sobre sí la responsabilidad de su cargo.
Serían aproximadamente las diez de la mañana del día siguiente, cuando fue llamada por su jefe, quien se encontraba en compañía de Ernesto Guzmán. La joven se puso de inmediato a las órdenes de este último, que con la valiosa cooperación de la inteligente secretaria, fue informándose de las operaciones realizadas por Moly y Cia.
En los días subsiguientes al de su llegada, gerente y empleada, pasaban juntos largas horas durante las que, a la vez que cumplían con su tarea, iban realizando mutuas observaciones personales.
A pesar de que la voz de la joven se limitaba a enunciar cifras comerciales, su superior no pudo menos que detenerse más de una vez para mirarla atentamente. Algo le atraía en Silvia, pero no podía explicarse qué era lo que en realidad la hacía tan interesante a sus ojos. Ella a su vez, había entrevisto en Ernesto Guzmán, a un hombre muy dueño de si y de múltiples conocimientos.
Al servicio de su nuevo jefe, la joven se había sentido desorientada en un principio, pero no tardo en recobrarse a causa de que aquel se mostraba muy amable, no obstante su seriedad y corrección.
Con el transcurso del tiempo, las relaciones se fueron estrechando cada vez más, hasta que llegó el día en que ambos comprendieron, que estaban unidos por un sentimiento ajeno por completo a su labor. Entre ellos no había habido otro intercambio de palabras, que las estrictamente necesarias, pero sus miradas se habían encontrado más de una vez, provocando la turbación en ambos. Se sentían atraídos mutuamente y sólo faltaba una palabra o un gesto para que se revelara.
Después de una noche de insomnio, Ernesto Guzmán se paseaba nerviosamente por su escritorio. Había sido el primero en llegar a la oficina, sorprendiendo al portero, y parecía muy preocupado por algún negocio de importancia.
Pero su intranquilidad era de otra naturaleza. Tres meses hacía que se hallaba en su cargo de gerente, tres meses durante los que inconscientemente, se había ido enamorando de Silvia. No le era posible seguir trabajando al lado de la joven, sin hacerle saber el sentimiento que había despertado en su alma.
Así de pie, se podía apreciar su estatura y la vigorosa complexión de su físico. De su mirada oscura, parecía desprenderse cierta fuerza magnética; y un trazo enérgico delineaba su boca de labios bien formados. Su mentón algo saliente, le daba un aspecto autoritario que hacía aún más atractiva su interesante persona.
Después de haber medido varias veces la habitación a grandes pasos, consultó su reloj, y viendo que marcaba las ocho horas y diez minutos, oprimió el timbre a cuyo sonido acudió Silvia. —¿Llamaba Señor Guzmán?
Silvia... -Se estremeció al oírse llamada por su nombre.
El gerente que advirtió la turbación de su empleada, sonrió imperceptiblemente y prosiguió:
"Debo hablar con usted fuera de las horas de oficina". La joven no supo que responder, solo asintió débilmente con una ligera inclinación de cabeza y salió.
Ya en su mesa de trabajo empezó a coordinar ideas. ¿Sabría el Señor Guzmán (su "Ernesto” como ella lo llamaba a solas) la secreta admiración y amor que ella le profesaba? ¿Habría adivinado que desde hacía dos meses, su imagen no se borraba del corazón de la joven?
Desde esa misma tarde Ernesto y Silvia fueron novios. No podía ser de otro modo; se amaban. Para ella que sólo había conocido amarguras y contrariedades, ese amor fue como un don celestial, al que se entregó con todas las fuerzas de su corazón y con todo el poder de su inteligencia.
Un latido de vida pareció recorrer todo su ser. En sus ojos se pintó un brillo de ansiedad y la melancolía desapareció, dejando en su lugar una expresión inefable de jubilosa espera. Silvia se sabía novia, y este pensamiento bastaba para hacerla feliz. Ernesto también era dichoso, sus sentimientos respondían ampliamente a los de la joven. Estaba íntimamente satisfecho de haber alejado la tristeza del rostro de su amada, de haber puesto en aquella alma juvenil, prematuramente castigada, resplandor de auroras.
A medida que se iban conociendo íntimamente, ambos comprendían que estaban unidos por múltiples afinidades. Indudablemente, habían nacido uno para el otro.
Silvia estaba transformada, la presencia de Ernesto -su amor primero- sus manifestaciones de cariño y la inocente vanidad de saberse amada, disiparon por completo las sombras del pasado y la joven sintió la sublime alegría de vivir.
Silvia consultó por última vez al espejo y salio de su habitación en dirección a la pequeña salita en la que esperaba Ernesto. ¿Sabés que estás hermosa?... -exclamó (aquel) al verla. Se acercó a ella y llevando su mano a los labios, besó delicadamente las puntas de sus deditos rosados.
¿Rubores?... Vamos... ¿no eres acaso mi novia? Inquirió él con dulzura, al ver que los colores se extendían por su rostro.
Después se puso serio y miró atentamente a la joven diciendo lentamente:
—Silvia; va a hacer un año que somos novios. Hasta hoy todo ha sido ventura para nosotros. ¿Crees tú que el amor es solo felicidad y alegría?
Aquella pregunta sorprendió a la joven que se apresuró a responder.
—En verdad Ernesto, desde que somos novios nada ha venido a turbar nuestra dicha, pero creo que para que el amor se afirme, debe pasar necesariamente por ciertas pruebas.
—¿Y qué me dices tú, si nuestro cariño debiera pasar hoy por una de esas pruebas? Dijo él con cierta entonación que alarmó a la joven.
—¿Es que ocurre algo? Inquirió ésta anhelante.
Él tomó entre las suyas las manos de ella y tratando de ocultar su tristeza dijo en voz baja. —Debemos separamos.
Silvia no hablo. Él prosiguió. Esta separación no se prolongara mucho tiempo. Dentro de dos meses debo abandonar mi cargo actual, para trasladarme nuevamente a Buenos Aires. En cuanto logre regularizar mi posición, vendré en tu busca.
Silvia levantó la cabeza y Ernesto pudo ver que dos lágrimas asomaban en aquellos ojos amados. Entristecido por el sufrimiento reflejado en el semblante de su novia, la atrajo hacia él y la retuvo largo tiempo contra su pecho.

“Capítulo primero” de La Escritora, de Olga Fernández Núñez, ECC, Villa Nueva, 2009.

(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 22 de febrero de 2008.-

miércoles, 11 de febrero de 2009

Iván Falvo: Otra oportunidad de vivir

ENTREVISTA
IVÁN FALVO
OTRA OPORTUNIDAD DE VIVIR



¿Puede un hombre nacer dos veces?
La realidad nos respondería tajantemente de que no, sin embargo, Iván Falvo cumple años los 18 de noviembre y los 8 de mayo de cada año.
Su Documento Nacional de Identidad nos revela sus 41 años, pero el asevera tener tan sólo cinco.
La explicación de esta situación radica en un acontecimiento que marcó la vida de este Técnico Electrónico, que estuvo casi seis meses sin conciencia y a un paso de abandonar este mundo.
Escribe perfectamente bien, toma el celular, habla casi con la simpleza que lo hacemos todos y se maneja con total agilidad a pesar de no poseer ocho dedos de las manos e importante cantidad de masa encefálica.
Nos invitó a su casa donde tiene perfectamente montado su negocio, su “kiosquito”, según sus palabras. Iván se ocupa de la venta, la instalación, el montaje y el servicio de mantenimientos, tanto de alarmas, como de Circuitos Cerrado de TV (CCTV) que ha denominado AMG Seguridad (www.amgseguridad.com.ar). Estamos frente a él, para que nos cuente su historia, cómo es nacer otra vez, qué cambios sufrió su vida desde que perdió masa encefálica y la gangrena atacó sus manos, en fin… cuál es la explicación de que aún se encuentre entre nosotros. “Lo que quiero demostrarle a la gente, es que todo se puede cuando estás vivo; con la mitad de la masa encefálica podés hacer algo, pero sin vida no”, nos dice. “Yo, a la gente la encuentro mal, deprimida y yo no siento eso; porque estés como estés, estás vivo; todo los demás son boludeces”. “Yo no me bajoneo nunca” remata luego de un silencio, “no sé que es eso”.
Con este tipo de palabras alentadoras, dándole crédito a la vida, Iván nos responde a nuestros primeros interrogantes.


DAR BATALLA A LA ADVERSIDAD

“Yo no arranqué fundido, sino sepultado 3000 metros bajo tierra. Tuvieron que vender mi auto para pagar a mi sicóloga, mi vieja me cuido 6 meses en Vida Plena en Argüello de Córdoba. donde están los Terapistas Ocupacionales cubanos, mi viejo hacía pollos los sábados y domingos, mis amigos colaboraban conmigo; porque se gastó muy, pero muy mucha plata en lo que eran remedios y doctores. Y yo me repetía que ‘nunca más en mi vida voy a recuperar el auto’, mi sicóloga Lic. Raquel Krauchik decía, ‘¡¿pero qué no?! ¿Quién sos vos?’ Así arranqué”.
Poco más de cuatro años hace desde que instaló su empresa levantada con el sudor y el apoyo de sus allegados, “cuando vendía una alarma, yo le pedía plata prestada a mi amigo el Vasco Ugartemendia y también tengo que reconocer que mis “sicólogos comerciales” son los siguientes empresarios: Fernando Cabezón, Alberto Martín Cuvero y Carina Mariel Mortara. Nunca le pedía seña al cliente, instalaba, cobraba, devolvía y me dejaba unos pesitos para el café.” Con la ganancia hacía caso a su madre y a algunos de sus clientes amigos, grandes empresarios de la Villa, que le aconsejaban guardar en stock, sabía que tarde o temprano, las iba a utilizar. Pero llegó una época de crisis donde, si seguía adquiriendo bienes, no iba a tener con que subsistir; recuerda con gracia entonces, cuando consultó al gerente de un banco local para que le sugiriese dejar en plazo fijo en pesos o en dólares, y éste le contesto que nadie, ni los economistas más grandes del mundo, saben lo que va a suceder.
“Escuchame Darío, yo no conozco los delincuentes… pero son los bancos y las tarjetas. Los ladrones están vestido de traje y corbata, las financieras, y no son los empleados, sino los grandes bancarios.” Mientras dice eso, nos reímos a dúo, es que Iván tiene predilección por el humor negro, que esparce de ratos en sus enunciados. “Yo no conozco a Dios, ni vi el túnel de luz como Víctor Sueiro, estuve muerto; pero estoy contactado con el obispo y el cura, ¿me entendés?” Y para ser acorde a su humor yo me lo imagino agradeciéndole a Dios el hecho de que existan los ladrones, para poder seguir desarrollando su empresa. En alguna oportunidad reciente instaló un sistema de alarma y Circuito Cerrado de TV. en la Iglesia Catedral y la Casa Parroquial de esta ciudad. “Mis viejos se ríen porque dicen que me han adoptado, mi viejo es evangelista y mi vieja católica,…yo paso.” A pesar de ello, recurre a la importancia de valorar la vida por estar respirando.


EL ACCIDENTE

“El 13 de abril de 2003, me caí del balcón de la calle Gral. Paz, en donde ahora hay una heladería. Era el departamento de mi ex – novia. Caminé, no me caí trepando. El 100% piensa que me desmayé porque no puse ni las manos. Fue a las 3 de la mañana y la gente de la estación de servicio llamaron a los bomberos. Yo tenía 1000 mangos en la billetera, si alguien se lo agarraba nadie se enteraba; pero el bombero le dio la plata a mi mamá. Gente como esa hay muy poco.” Se toma unos segundos para resaltar esa actitud.
“Estuve en el Hospital, de ahí me trasladaron al sanatorio Marañón y mis padres querían llevarme a Córdoba pero les dijeron que no, porque en Tío Pujio me podía morir. Hay que reconocer que el Dr. Cayetano Galetti del sanatorio Allende de Córdoba. fue la persona que me revisó en terapia intensiva y el les sugirió que me llevaron al Roentgen para hacerme una tomografía y de vuelta al Marañón, en función a la tomografía, necesitaba que me abrieran la cabeza para poner la bomba del drenaje, el drenaje me salvó la vida, pero perdí masa encefálica… La bomba salía 7000 pesos y un amigo mío la puso y al mes la mutual se la reintegró. El día 25 estaba en coma 4 con muerte farmacológica; no sé definirlo, pero es casi ahí. Mi vieja llamó al Dr. Luis Pérez y al cura Pedro Luchessi y los dos me dieron la extremaunción, evangelista y católica. En ese momento se junta mi familia para donar los órganos y uno de ellos se opuso; a las 5 horas salí de coma. Fue una gran alegría para mis viejos, pero fue un terrible problema dentro del Marañón porque me empezó a agarrar gangrena en las manos. Salí de coma el sábado, justo el día en que llega el Dr. ‘Cachi’ Bauk, quien discutió con otro doctor porque me querían amputar los brazos.”
Continúa su relato y menciona a mucha gente involucrada con tratar de salvarle la vida, mutuales, centros médicos, de los que sólo mencionaremos algunos imprescindibles para la narración.
“Me tienen un mes en mi casa, me pasan a otra mutual. Luego me llevan a Vida Plena en Argüello, y me atiende Eumelia, me acuerdo muy bien porque fue la primera palabra que dije. Ella me habló: ‘yo me llamo Eumelia, pero es muy difícil, vos decime cubana, cu-ba-na.’ Y a esto me cuentan que al otro día me despierta y me pregunta su nombre, ‘¿cómo me llamo? Yo soy cu… cu…’ y le dije la primera palabra que asocié con esa sílaba. Se reían todos y siempre recuerdan esa anécdota cada vez que voy para allá”.
“Yo andaba en silla de ruedas, no me movía, me llevaban, me daban de comer. El quinto mes, cuando me acercan a la habitación para dormir, eran como las 10 u 11 de la noche y me sacan la silla de ruedas. A partir de allí me empecé a acordar de todo. No te olvides que tenía pañales, se me caían las babas y tenía silla de ruedas. Por eso yo volví a nacer y festejé el cumpleaños el 8 de mayo, cumplí 5 años. Festejé con mis clientes, mi sicóloga, y otros tantos más.”


EL ROMPER LAS REGLAS EN FORMA LEGAL

Si bien Iván se maneja muy bien reconoce tener algunas dificultades. “A mi me cuesta mucho leer, tengo que leer dos o tres veces, y si son temas de política o economía leo cuatro o cinco.”
Pero en el estado en que se encuentra reconoce haber logrado muchas cosas, y no escatima detalles a la hora de mostrarme los logros que consiguió, los empresarios con los que se codea y demás. Sus fotos a mi costado derecho lo atestiguan: recuerdos en Chucul, donde pudo comprarse seis hectáreas y trabajarlas, su viaje a Alemania inmortalizada con una imagen dentro de la cabina, que nadie más pueden entrar a ese lugar, después de lo que sucedió en Las Torres Gemelas, del avión, con clientes, amigos, familiares, con Martín Palermo, en la Torre Eiffel…
Después de repasar velozmente su vida, Iván tiene un interrogante para sí, “¿Por qué estoy así? ¿Por qué subsisto? Me falta la mitad de la cabeza y me faltan ocho dedos de las manos y ando”, se pregunta, me interroga y yo no sé responderle. Nadie le ha respondido satisfactoriamente su duda, excepto su sicóloga, persona con una amplia experiencia, que le expresó: “Mirá, yo atendí a muy mucha gente en mi vida, pero por donde lo mirés vos rompés las reglas por donde lo mires. De acuerdo a tu estado el 99,99% de las personas que están así se mueren, y vos saliste adelante. Vos rompiste la regla de la masa encefálica, con la mitad andás, lo de tu mano es secundario, tu grado de inteligencia es superior. (El comentario es la excepción para todas las personas discapacitadas e incapacitadas) ‘Y allí discrepo con ella, porque si yo subsisto así, es porque mucha gente no tiene nada.’” Y acompaño su sentido del humor con una sucinta risa. “Vos rompés las reglas, me dijo, primero por volver de la muerte, segundo porque con la mitad de la masa hablás muy bien, y me fue enumerando; les rompí las reglas a mi ex abogados que me dejo prescribir un caso porque “estuve muerto” seis meses. Y otra de las cosas mas importante, es que a rompí las reglas a todos mi colegas por las marcas de alarmas y CCTV que estoy ofreciendo y tantas cosas más.”
“Aparte, me dice Raquel (la sicóloga) que tengo lo que tienen los dos Giménez, ¿de quiénes hablo Darío?” ¿De la Mona Jiménez y Susana Giménez? Indago yo. “Tal cual, más grande que la Mona y cantante como el, no hay y Susana Giménez, desubicada y bruta como ella no hay, pero es Susana Giménez. Ellos tienen un don y ahora yo hago valorar eso.”



(*) Publicado en revista cultural Nativa (Villa María), Año 5, Edición Nº 27, febrero de 2009.-

jueves, 25 de diciembre de 2008

Una nota de puta madre. Apunte sobre las "malas palabras"

UNA NOTA DE PUTA MADRE
APUNTE SOBRE LAS “MALAS PALABRAS”








Son el mejor ejemplo de cómo funciona el sistema de la lengua. Se crean, se reproducen y mueren con tanta rapidez que nos asombra. Las utilizamos para descargar nuestras energías, para demostrar admiraciones, como apelativo para comunicarnos con amigos, para expresar la inmensa felicidad o para insultar nuestra mala suerte.
En esta nota intentamos despuntar el tema acercarnos a sus orígenes, los usos, la riqueza de su inventiva y hasta nos preguntamos qué hacer con ellas; son esas expresiones que no conocen de raza, posición social, edad, ni sexo, con ustedes las “malas palabras.”




Siempre recuerdo el anecdótico momento en que una de mis sobrinas de Río Tercero le decía a su madre, “—Vamos a la casa de la abuela Ana y del abuelo Ano”. Y todos reíamos a carcajadas.
En esa construcción armada sobre la base de asociar la “a” final como letra que define a lo femenino y la “o” como la que se ocupa del género masculino, Ruth resolvió la necesidad de expresar sus ganas de venir a casa mis padres.

Mi madre se llama Ana, pero mi papá Jorge… ¡¿?!
De estos ejemplos hay montones en los niños que comienzan a manejarse con el lenguaje, ese sistema de símbolos y signos que le permitirán poder saciar sus necesidades más pronto cuando los adultos comprendan lo que requieren, logrando de esta manera, como dice John Austin, hacer cosas con palabras. Y mientras van aprendiendo a pasos agigantados el uso del lenguaje, los pequeños son permeables de adquirir todo lo que la sociedad considera bueno, pero también lo que se considera malo. Allí ingresan las denominadas “malas palabras”, ese compendio tan amplio de expresiones, poderosamente reproducible (en el sentido de creación constante de nuevos términos) y que la comunidad lingüística considera tabú, por lo tanto prohibido, reprochable, censurable...
Sucede a menudo que todo aquello prohibido genera curiosidad (¿sino, pregúntese por qué razón usted está aquí?), esto por un lado; y por el otro, el deseo de rebelarse, de trasgredir ciertas normas establecidas. Existen sobrados ejemplos en distintos ámbitos que certifican esta aseveración.
Pero volviendo a los niños, es interesante ver/escuchar como ellos recurrirán a esta estrategia para hacerse notar. Aunque no sepan el significado de las palabras que expresan les resulta poderosamente llamativo decirlas, ya que les encanta el efecto que producen en los demás. Cuando mi sobrina llamó a su abuelo “Ano” en vez de “Jorge” y descubrió que todo el auditorio familiar se desternillaba de la risa, supo que había encontrado sus minutos de fama. También supo que cuando fuese la responsable de alguna travesura, la emisión de esa palabra mágica de tan sólo tres letras, la haría salir ilesa de recibir los retos, las penitencias o algún chirlo bien merecido. Créame lector que fue así.

¿CÚANDO UNA PALABRA ES MALA?
Lingüísticamente, las “malas palabras” son el mejor ejemplo de mostrar en carne viva como funciona el lenguaje y también son las que se producen en mayor cantidad.
Sergio Bufano y Jorge Perednik, diferencian en su “Diccionario de la injuria” (Losada, 2006) las “malas palabras” del “insulto”, caracterizando a las primeras como obscenidades, aquellas que están destinadas al ámbito público y ofenden a la moral y el buen gusto; en cambio, el segundo término está ligado al uso, ofende a alguien en particular y está gestado en el ámbito privado, aunque después pueda pasar al ámbito público, su intención nació allí.
Según estos autores el nacimiento de una palabra tiene dos orígenes, uno popular y otro erudito, en ambos casos el ingreso de una palabra al lenguaje, su permanencia y egreso depende nada más de la comunidad; es ella la que decide consciente e inconscientemente que t
érmino se queda, que término se va o si se otorgan nuevos valores semánticos (significados) a los mismos.
Nótese que hay ciertas palabras que han persistido al paso del tiempo y hay otras que sólo nacieron y vivieron por una temporada; no pretendo dar muchos ejemplos porque quiero conservar mi trabajo en Nativa, pero póngase a pensar lector y brotaran sin mucho esfuerzo.

PALABRAS MALAS O CONSTRUCCIONES PELIGROSAS
Es interesante ver y saber que las palabras en sí mismas no son buenas, ni malas, son amorales; el mejor ejemplo de ello es el lexicón, popularmente conocido como diccionario. Si leemos del mismo “planta herbácea anual, de hojas grandes y enteras, flores pequeñas y amarillas y raíz carnosa comestible”, no nos dice más que la descripción de un “nabo”; pero cuando alguien nos dice, “tu hermano es un nabo”, ya esa palabra toma otra connotación y se ejecuta como un insulto. Peor aún si se lo adereza y se lo enriquece logrando otras construcciones como “tu hermano es un reverendo nabo”, ¡¿qué tiene ver la religión, con la planta y con mi hermano?! No sé, pero que uno se ofendería al recibir estas palabras seguro que sí, porque
sabe que lo están agrediendo.
Muchas veces, se convierten en insulto palabras que no fueron creados con esa intención, ahí reside la versatilidad de la palabra: “sos un negro”, “bolita” (por boliviano), etcétera… cuando negro ni boliviano, en sí son insultos, hasta debería ser un orgullo ser de tal color de piel o hijo de cualquier país de este mundo.
Los insultos se abren ampliamente como un abanico y toman elementos de los más diversos para nutrirse. Mencionaremos a continuación algunos ejemplos (suaves) que vienen al caso:
Verduras: dijimos recién “nabo” que es una planta, pero también una manera de decir que alguien es un inútil, bueno para nada o connotaciones similares; zapallo, “collar de sandías”…
Animales: es muy común vincular a alguna persona con la características propias de algún animal; cerdo (“comiste como un cerdo”), vaca (“estás gorda como una vaca”), perro (“sos un perro, jugando al fútbol”), venado (“Germán es un venado”), burro (“¡no podés ser tan burro!), etcétera.
Características físicas o defectos: cuando alguien quiere agredir, un clásico es resaltar los defectos físicos de la persona en cuestión; narigón, enano, flaco, rengo, ojudo, pelado…
Preferencias sexuales: todo aquello que tenga que ver con la sexualidad y el tabú son materia prima para el escándalo y la ofensa; maricón, traga balas, torta, proxeneta, etcétera.
Religión, nacionalidad o color de piel: judío, bolita, chinaca…
Enfermedades, desastres y afines: cuando se emplea el uso de alguna enfermedad para referirse a un individuo o colectivo de individuos que causan inconvenientes o molestan de alguna manera; “sos el cáncer de esta fábrica”, “esos críos son una plaga de langostas”, “Graciela es un terremoto”…
Diminutivo: el empleo del diminutivo, tan común entre nosotros los cordobeses, muchas veces empleado para referirse a alguien con cariño, también sirve para que la palabra suene más cruel; sirvientita, putita, pendejito…
Ironía: la ironía es uno de los recursos que se emplea muchísimo y hay que estar con cierta preparación para saber cuando son irónicos con nosotros mismos. Es un arma muy efectiva y se consiguen los efectos más memorables con ella; su empleo está reservado a
personas más ricas y desenvueltas de vocabulario que hacen uso de esta forma inteligente. Si bien el empleo de insultos, improperios, y otras atrocidades no es aconsejable, la ironía está un paso más adelante y se rescata de ella la preparación que se tiene para emplearla, en comparación con el insulto fácil, recurrente y chabacano.
Decir palabras en otros idiomas o crear pseudopalabras sin que el receptor de la misma las comprenda; dado que lo que se pretende es que el otro no entienda lo que uno dice, el enunciado se transformaría en una burla.

LOS PRIMEROS INSULTOS
Las “malas palabras” y los insultos son tan antiguos como la sociedad misma. Su primer registro, según Bufano/Perednik vine de las Santas Escrituras. Aunque parezca irónico, el primero que insultó fue el mismísimo Dios al decirle directamente a la serpiente “maldito”, palabra que emplearía contra Adán y Eva, luego contra Caín por asesinar a su hermano Abel y el eco de ese insulto se escuchará en todos los textos que le siguen. También la serpiente insultaría a Dios diciéndole que los motivos por los cuales les prohibió comer los frutos de cierto árbol “no son ciertos”, por lo que lo estaría llamando, en definitiva, mentiroso.
De esta manera ¿paradójica? tenemos los primeros insultos registrados en Occidente. De allí en adelante son muchísimos los textos donde se da cuenta y reproducen insultos (véase más adelante “Las malas palabras en la literatura”).

OTRAS CARACTERÍSTICAS
La característica inmanente e inherente a las “malas palabras” y los insultos es la energía que concentran y que se vacía o se calma cuando uno la descarga al aire libre o contra alguien.
Los insultos cobran vida de acuerdo al contexto en el que se encuentren, ya sea para agredir al otro, para agredirse a uno mismo, o para exteriorizar alguna alegría o admiración por alguien. Cuando uno lanza a viva voz un “hijo de puta” (y lo escribo con todas las letras, siguiendo al recordado Fontanarrosa que decía que poner puntos suspensivos para sugerir una mala palabra era triste y absurdo) esa hermosa construcción que todos usamos alguna vez, podemos significar muchas cosas. Por un lado, la ofensa más grave que a uno se le puede hacer, insultando a la madre que nos dio la vida; por otro, admiración total para un congénere o persona que ha cometido la gran hazaña “¡qué hijo de puta, cómo juega a la pelota!” Y cuando l
argamos un “hdp” (abreviatura eufemística para decir lo mismo que el párrafo anterior) nos damos cuenta de que no suena con tanta fuerza, tampoco llegaría con la misma intensidad si definiéramos el término al proferirle a alguien “¡Sos un descendiente de un mujer que desarrolla su trabajo en el comercio sexual!”. Pasaríamos a ser un tipo raro, hasta pensarían que no estamos bien de la cabeza. Sintetizando, cuando hay que putear, hay que putear con todas las letras.
También es cierto que las “malas palabras” cambian o significan refieren a diferentes cosas, de acuerdo al país, la provincia, la ciudad y hasta el barrio en que uno se encuentre. Me resisto un poco a dar estos ejemplos porque todo el mundo los conoce, el “pelotudo” para España sería aquella persona valiente, que tiene pelotas, cojonudo; mientras que en nuestro país como en varios otros insinúa un insulto.
Debo decir además que generalmente uno expresa un insulto contra alguien, también consigo mismo cuando comete algún error o se golpea física o moralmente; pero en ocasiones también el empleo de “malas palabras” tiene la intención se satisfacer la necesidad de sacar una energía positiva surgida por la obtención de alguna buena noticia, una cuestión emotiva, de alegría inconmensurable que necesita salir de nosotros mismos.
Con el subtítulo de “verdad, mentira y arte del insulto” los citados autores del Diccionario de la injuria, resaltan otras características del insulto. Ellos dicen, con justa verdad, que todos tenemos algunos secretos que no queremos contar o a veces recordar, sucesos que han pasado o ciertas características en nuestra personalidad que no queremos dar a conocer, todos, en cierta forma, tenemos secretos muy bien guardados. Entonces, cuando alguien sale a relucir estos secretos, nos molesta mucho y declaramos no grata a la persona que se ocupó de develarlas. Esto es así cuando lo que se nos dice o se hace vox populi es verdad. Pero también es cierto que el insulto no requiere de verdad, cuando a alguien se le dice “hijo de puta”, esta aseveración puede ser cierta, pero no todos somos hijos de una prostituta. La conclusión de esto es que el insulto no tiene pretensiones de ser verdadero ni falso, sólo quiere incomodar y golpear la moral pública o privada.
Aunque no las definiremos (por cuestión de espacio) estas son algunas formas de las “malas palabras”: adulación, blasfemia, calumnias, falso testimonio y perjurio, frivolidades, hipocresía, insultos, ironías hirientes, juicios temerarios, maledicencia o críticas, mentira, vanagloria o jactancias… y el catálogo se amplia constantemente.

LA “MALAS PALABRAS” EN LA LITERATURA
El aporte que ha realizado la literatura a la cuestión de las “malas palabras” o “voces malsonantes”, según Amado Alonso, ha sido valiosísimo, se trata de alguna
manera de suavizar (si se quiere) estas expresiones que al ser dichas por escritores de prestigio o personajes de sus textos, le dan un toque de anestesia para el escándalo. Reproducimos tres aportes (tomados del libro de Bufano/Perednik) para ejemplificar, téngase en cuenta el tiempo en que fueron escritos y el contexto en cuestión:

“El farmacéutico se levantó, extendió el brazo y haciendo chasquear la yema de los dedos, exclamó ante el mozo del café que miraba asombrado la escena:
—Rajá, turrito, rajá.
Erdosain, rojo de vergüenza, se alejó. Cuando en la esquina volvió la cabeza, vio que Ergueta movía los brazos hablando con el camarero”.
(Roberto Arlt, Los siete locos).

“—Por Dios –dijo Sancho- que vuesa merced me trae por testigo de lo que dice a una gentil persona, puto y gafo, con la añadidura de meón, o meo, o no sé cómo.”
(Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha).

“A un oficial nietzscheano que gritó: ‘¡Primero morir que entregar el barco!’, lo tiraron por sobre la borda después de largarle un insulto que, en idioma teutón, debía significar algo así como ‘la puta que te parió’.”
(Alejo Carpentier, El recurso del método).

¿QUÉ HACER CON LAS “MALAS PALABRAS”?
En varias oportunidades, nos encontramos en la situación de resolver que hacemos con estos términos, nos lo planteamos como educadores, como periodistas, como padres de familia, como usantes de un idioma que nos liga a una sociedad cada vez más desinhibida.
Al respecto, reproduzco un fragmento de una entrevista que le hiciese al Lic. Enrique Doerflinger sobre el tema en cuestión,
“hay que procurar que los chicos las eviten, pero no ponerse en una perspectiva moralista, de escandalizarse; se debe incentivar desde el hogar, la escuela y los medios de comunicación (tema aparte porque estos, en especial la TV, son los principales productores de malas palabras)… De algún modo hay que procurar de que nuestro lenguaje se enriquezca con todo lo maravilloso que tiene la lengua, y no me refiero a que debamos hablar con un lenguaje florido o cargado de imágenes barrocas; hay que hacer el uso de otros recursos lingüísticos, que cuando una persona no está lo suficientemente educada lingüísticamente no los maneja, como la ironía. Al mismo tiempo en que son efectos comunicativos determinados sería bueno que puedan ser juegos ingeniosos del lenguaje, esto tiene que ver con el desarrollo de otras potencialidades con el lenguaje, antes que recurrir al recurso fácil del improperio reiterado.”
Hay que destacar también, que la inventiva en materia de forjar “malas palabras” no se detiene y nos sorprende ver/escuchar (más en Córdo
ba donde el humor es una vertiente de complejos vitamínicos para el lenguaje) cuán pensado son los términos que se crean con este fin. Los apodos a políticos, de amigos y demás son de una inventiva notable, al punto tal que más de uno diría que, si fuéramos igual de buenos para el trabajo, Argentina sería un país del primer mundo.
Las “malas palabras”, como fenómeno de la lengua que es, crece día a día y eso es positivo, porque da cuenta que la sociedad está cambiando y el lenguaje se va enriqueciendo; lo importante no es eliminarlas, es adecuarlas al contexto en el que nos encontremos y que de usarse como improperio, sean el sustituto ideal de la violencia física.



(*) Publicado en revista cultural Nativa (Villa María), Año 4, edición Nº26, Diciembre de 2008 (nota ampliada).-


domingo, 21 de diciembre de 2008

Javier Arenas: Con aire de locutor y Periodista

ENTREVISTA
JAVIER ARENAS
CON AIRE DE LOCUTOR Y PERIODISTA


Lunes 19 de mayo de 1986.
Un joven de 15 años sale de la Escuela Superior de Comercio y transita las calles de su pueblo, con el objetivo fijo de leerle a la ciudad. Es el vocero del Obispado, cuyas palabras se escucharán en un informativo religioso. El dial marca 930 en Amplitud Modulada, pionera emisora que se convertiría con los años en su casa de siempre. Llega… la luz de “en el aire” se tiñe de rojo y tiene sus 15 minutos de fama. Culmina su lectura y regresa a la institución educativa a continuar con sus estudios nocturnos.
Por aquel entonces, lo incitarían a formarse en la Capital provincial llegando a recibirse de periodista en el Colegio Universitario de Periodismo “Obispo Trejo y Sanabria”. Hijo de esta tierra, Javier será también Locutor Nacional egresado del ISER (Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica) dependiente del COMFER (Comité Federal de Radiodifusión).

Lunes 8 de diciembre de 2008.
Acaba de culminar otro ciclo de su programa periodístico con invitados que denominó “En voz alta” (
www.envozaltalv28.com.ar). Desempeña una importante tarea para la UNVM uniendo la institución con los medios radiales de casi 50 localidades. Recientemente estrenó junto a elenco amigo el radioteatro “La casa de Bernarda Alba”, proyecto integral y novedoso para la ciudad.

Veintidós, casi 23 almanaques han caído desde aquellas incursiones de un colegial muchacho que empezaba a descubrir su vocación. Sentado en el living de su departamento en un mullido sillón, veo sobre mis piernas una bandeja con café humeante y un vaso con jugo fresco. Levanto mi vista, lo observo y asiento con mi cabeza el relato de sus inicios profesionales. “—Yo estudié de grande”, me dice y buscando más detalles le consulto.



—¿Por una sugerencia de Monseñor Disandro?
—Claro, de todas las vueltas que doy voy a parar al Obispado y ahí estaba Monseñor (Alfredo Guillermo) Disandro, que es quien me dice que tenía condiciones y que tenía que estudiar. Yo le dije “está bárbaro Monseñor, pero yo no tengo plata”, aparte en Villa María nunca hubo, ni actualmente hay para estudiar periodismo ni locutor. Entonces me dijo que el Rector de la Escuela de Periodismo de Córdoba era ahijado de él y le iba a pedir una beca. En esa época, para ser locutor, decía la reglamentación que uno debía ser periodista, entonces el que no le gustaba tenía que bancarse todas las materias de periodismo; pero a mí siempre me gustaron las dos cosas, siempre estuve feliz. Yo siempre digo que tengo un 50% de locutor y un 50% de periodista. Yo me enamoré de el aire, eso de poder estar en contacto con la gente y personificarme a través de mi voz, mucha gente se identifica con lo que digo, con la forma que yo pienso, con la forma que yo actúo, cómo pregunto; siempre digo que yo quiero preguntar lo que la gente quisiera saber. Ese es el perfil que yo trato de transmitir, de estar seguro, de ponerme a estudiar antes de que el invitado llegue, de conocer su trabajo antes, ¿no? Siempre está la curiosidad del periodista y por el otro la posibilidad del locutor de embellecer esa palabra, el periodista busca la información, la trabaja y el locutor tiene la obligación de jerarquizar esa palabra. Es una conjunción perfecta, son primos hermanos.

—Está bueno que te guste de igual manera tanto la faceta de periodista como la de locutor…
—Sí, el 7 de junio y el 3 de julio yo recibo saludos de la gente, sobre todo la primera fecha. Sucede que está desjerarquizada la categoría de locutor. Tiene que ver con lo que vivimos, porque antes el locutor tenía un lugar de privilegio, hoy está muy echado a menos, con léxico muy elemental, bastardeado por la televisión; el ISER cambió el concepto, ya no tenés que tener la voz de locutor, sino un buen vocabulario, la voz ya no es una condición sine qua non. He tenido alumnos no con voz de pito pero casi; el timbre de la voz te ayuda, pero lo que se busca un locutor integral, que sepa hacer entrevistas, que sepa hacer móvil…casi locutor-periodista, en cambio antes no.

—¿Vos sos de esta ciudad Javier?
—Yo nací acá, tengo padre y madre. Yo me identifico con Radio Villa María, es mi casa. Villa María ha sido muy generosa conmigo y muy cruel, es muy difícil no mezclar los tantos, pero ha sido muy generosa en lo profesional, yo podría haber pedido traslado a otro lado, como estuve a punto de hacerlo, pero fue cuando todo dio un giro y me volvieron a reintegrar y la verdad es que no lo puedo creer, ha sido mágico, único. Entonces cuando todo vuelve medianamente a su cause normal, yo me quedo acá. Ahora tengo la posibilidad de crecer, porque ahora con este rector (Martín Gill de la UNVM) se abre la radio, la televisión y yo espero una jerarquización de mi lugar de trabajo, si me voy de acá tengo que empezar de cero.

—Una de las preguntas que quería realizarte más adelante tiene que ver con tu trabajo en la UNVM ¿cuál es tu función en esa institución?
—Yo estoy a cargo de una red de un poco más de cuarenta emisoras, son 5 AM y todas las demás FM, en la que está Marcos Juárez, Bell Ville, Oliva, Corral de Bustos…; ahora tenemos el rango de Secretaría, con la llegada de Martín Gill se sube al rango de secretaría. Yo estoy a cargo de todos los medios radiales de la Universidad. Mi tarea es producir un informativo que se llama “La Universidad en la radio” que se graba los lunes y se manda por Internet a las emisoras y los miércoles se graba acá en Villa María y sale con Cavagliatto, con el Tony Rinero en Radio Líder y en Villa Nueva, en Radio Villa Nueva y en la radio de los evangelistas. Todo esto más la salida que hago por teléfono todos los días entre las 7 y las 14.

—¿Me decías que hay una posibilidad de crecimiento?
—Se abre la radio el año próximo, por Internet, primero por “streaming”, la señal de la Radio Universidad Nacional de Villa María y después el COMFER va a otorgar AM y FM a la Universidad. Producimos y hacemos notas de todas las áreas, con la incorporación de muchos chicos nuevos que hacen notas, algunos son corresponsales.

—¿Cómo surge la posibilidad de realizar un radioteatro en Villa María? Se irgue y me pide que lo aguarde para buscar un poco de agua anunciándome que tiene un regalo para ofrecerme. A los segundos se vuelve a sentar y me entrega un CD con la grabación del radioteatro íntegro.
—El radioteatro aparece como una posibilidad de jerarquizar la palabra, de volver a incorporar la palabra hablada a través de la radio. Hace muchos años estaba pendiente un texto que a mí me fascina, yo soy admirador de Federico García Lorca de toda la vida, quien escribió una de las mejores obras literarias, “La casa de Bernarda Alba”. Bromeando con un grupo de gente en la que estaba Mónica Céliz, Normand Argarate, Fabiana León, María Eugenia Kfuri, Stella Maris; dijimos que iríamos a hacer la obra. Entonces lo llamamos a Juan Montes para que él la dirigiera, y Juan chochísimo, y empezamos a encarar el proyecto con el distingo de que Bernarda Alba lo iba a interpretar yo; porque en realidad, la primera vez que se hizo en España lo interpretó un hombre y a mí me parece un personaje fantástico. Todos me decían que lo tenía que hacer y yo les dije que si me animaba lo hacíamos. Lo empezamos a preparar para teatro y nunca cuajó, llegó a escena la puesta teatral, recuerdo que ensayábamos en el colegio de abogados. Pasaron los años... yo me reintegro a la radio y vuelve a aparecer “La casa de Bernarda Alba” y yo dije “—No, en teatro no, pero en radioteatro sí”. Busqué quien lo adaptara, el guión del primer acto lo hizo Normand Argarate y el segundo y tercero lo hizo Alicia Perrig, fantástico. Buscamos actrices, narradores y locutores, fue difícil encontrar por que son muchos personajes, todas mujeres y en el caso de nuestro radioteatro los dos personajes femeninos somos dos varones, Bernarda que fui yo y Normand que encarna la abuela porque no teníamos quién lo hiciera. Veníamos los sábados todo el día. Los ensayos eran en este mismo lugar, éramos como diez leyendo y Normand se ofreció a leerlo hasta que apareciera quien pudiese hacer de la abuela. Le salió tan bien que le dijimos que lo hiciera él.

—¿Por qué la elección de esa obra?
—La elegí porque tiene que ver con lo que yo siento, a lo que Lorca plantea teniendo en cuenta que es un momento muy difícil de España donde él escribe la obra. Empieza con el golpe de los tacos de las mujeres que llegan del duelo, ese taconeo militar, de que todo tiene que estar en orden, que nada podía salirse de eso, Lorca denuncia ese silencio en que lo obligaron a estar. En un momento dice “en este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, siempre bebemos el agua con el miedo de que esté envenenada”, y yo creo que en alguna manera, en todos los pueblos, inclusive en Villa María, hay una casa de Bernarda Alba, donde siempre bebemos el agua con el miedo de que esté envenenada. Nos pasa eso muchas veces. Lorca denuncia todo el tiempo, en otro fragmento dice una de las criadas “—No te podés quejar han venido todo el mundo” ¿Cuántas veces nos pasa que viene todo el mundo a nuestro cumpleaños, a nuestra fiesta, a nuestro acto de egresados, pero para qué? Bernarda le contesta, “—Sí, a llenar mi casa de enaguas y el veneno de sus lenguas. / —¿Pero no hable así madre? / —¡Es así como se tiene que hablar en este maldito pueblo sin río!” Creo que es duro.
Después la frialdad con que el personaje de Bernarda lleva a lo largo de la obra, aún ante la muerte de su hija, ella dice “—Las lágrimas para cuando estemos solas. La muerte hay que mirarla cara a cara, no quiero llantos.” Y niega una realidad, todos sabemos que la hija no murió virgen, que tuvo relaciones con Pepe Romano, pero ante esa sociedad que lo crucifica a él por ser homosexual, porque Lorca lo fusilan por ser homosexual, entonces él denuncia eso, “silencio y nadie dirá nada”.
A mi me parece que una de las cosas más fuertes es el final de la obra, pero yo sostengo que Bernarda es víctima de todo ese contexto, marca toda una época, tiene textos riquísimos, diálogos fantásticos. A mi hay cosas que me han quedado grabados, como cuando dice “los pobres sienten, tienen sus penas, pero las olvidan delante de un plato de garbanzos”.
Creo que esta historia está muy cerca de lo que somos ahora. Denuncia la avaricia, el querer parecer…

—¿Cuánto hace que no se realiza en la ciudad un radioteatro?
—No sé, es la primera producción integral. Se hizo hace muchos años con Raúl Suppo, y después no se hizo más; Córdoba es pionera en esto, LV2, LV3, Oscar Kloner, Jaime Kloner, Ana María Alfaro… acá en Villa María Paulina Villagra, Nelly del Prado, Raúl Suppo…

—¿Cuál fue la repercusión de la obra?
—Brillante, llamados acá y en la radio. Yo creo que lo que más llamó la atención fue que yo haya hecho el personaje y Normand la abuela. Las vueltas de la vida hacen que llegue un director de teatro español a la ciudad, que se llama Héctor Pascual Álvarez, él dirigió “La casa de Bernarda Alba” en versión inglesa, donde el personaje también era un hombre, así que nos contactamos e intercambiamos su DVD por nuestro CD.
La repercusión fue buena, mucha gente de los pueblos. Fue una coproducción UNVM, Universidad Popular y Radio Villa María. El aporte de la UNVM muy valioso porque lo grabamos en los estudios de calle General Paz y vamos a repartir ese CD que te obsequio, por todos los colegios, porque hay muchos colegios que lo pidieron para trabajarlo en Lengua y en Historia y también las 40 radios.

—Volviendo a tu programa ¿qué invitados recordás a lo largo de estos años?
—A lo largo de todos estos años han ido muchos invitados, políticos, artistas, muchos escritores y docentes, cineastas, teatreros, gente que hace mimo, payasos… Un programa que recuerdo es uno que hicimos sobre la historia de los taxis en Villa María, invité a un par de taxistas que no querían ir; uno de ellos aceptó y estuvo fantástico, pero debe hacer fácil seis años. Un programa que me sensibilizó fue un muchacho que tenía cáncer, fue a contar su experiencia y como fue lo duro de él de llevar adelante su enfermedad, de dar su testimonio y a la vez pedir ayuda económica. Recuerdo que salí de la radio y me vine muy mal, me costó llevar el hilo de la conversación, mirá que he trabajado hasta el día que falleció mi abuelo…

—¿Vos sos muy permeable a todo lo que pasa a tu alrededor?
—Depende…con el paso de los años me he puesto un poco más frío, también las vueltas de la vida hace que estés mejor parado o parado de otra forma, una postura diferente frente a las cosas que ocurren. Han dejado de ir los políticos, yo soy una persona que critica al Gobierno, a mí el Gobierno no me auspicia ni quiero que lo haga.
Yo siempre digo que estoy más incisivo para hacer las preguntas; me he dado cuenta que no tengo miedo de preguntar. Antes no me animaba, parecía que se me iban a enojar, pero lo hago con respeto. Uno está en su derecho de no contestar lo que no quiere, yo no niego una realidad. Yo digo que entre lo íntimo de uno y lo profesional siempre hay puntos que se encuentran. Una cosa es que yo no hable de lo que hago acá adentro y otra que yo niegue una realidad, pero yo apuesto a este tipo de cosas, yo quiero que la gente me conozca por lo que soy, por lo que hago como periodista, a la gente no le interesa lo demás. Tiene que quedar lo que uno hace, porque yo voy a pasar, pero tiene que quedar lo que yo hice. Me reconozco una persona conocida, que todo lo que va vuelve y que el tiempo lo dirá, que en parte lo está diciendo, algunas cosas por decantación salen. Me parece que esta es una posibilidad de difundir lo que uno profesionalmente sigue haciendo, más allá de lo que puedan decir o lo que hayan dicho.

—¿Con qué tipo de programas te sentís más a gusto?
—Me gusta lo que hago. Por un lado yo disfruto del invitado, disfruto de preguntarle cosas; por el otro, la del locutor, creo que mi parte histriónica la tiene el locutor, que tiene la posibilidad de actuar. Todo lo que sale por los medios de comunicación es una representación de la realidad, nunca es la realidad tal cual; a mí no me interesan que se sepan algunas cosas, creo que la gente a comprado ‘a pesar de’, creo que la imagen de Javier Arenas en la gente sigue estando y eso es lo que me ha sostenido y es lo que me tiene hoy en el aire nuevamente, que me haya convocado Kfuri otra vez, que esté en una institución pública, que goce del respeto de la gente… y hacer lo que me gusta, yo me identifico con la gente que hace cosas, y ellos tienen un espacio en mi programa. A mí me criticaron muchas veces diciendo que mi programa era elitista, porque mi programa en algún momento se llamó “Nivel 10”; yo no tengo falsa modestia, no tengo falsa humildad. Me molesta terriblemente la gente que dice “—No, a mi que no me nombren porque yo no quiero.” ¡Mentira! A mi me gusta ser Javier Arenas, me encanta ser lo que soy y lo hago con toda mi alma, disfruto de lo que soy.



Con fuerza de verdad, estas palabras rajan el aire en dos, dejando el intersticio justo para liberarlo. Miro la bandeja, veo la borra del café y a medias el vaso que contiene jugo. Apago el grabador y le agradezco su atención y sus palabras. Esas, que como la herramienta de un obrero emplea para escudriñar en lo más hondo de las personas, esas palabras que pule y trata de hacer brillar cuan si fueran piedras preciosas, esas palabras que se incrustan en nuestros oídos cuando la ciudad merma su actividad y la cubre un progresivo manto de tranquilidad, con el que Javier se abriga dándonos calor por las noches.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, el domingo 21 de diciembre de 2008.-

domingo, 14 de diciembre de 2008

Flavio Govednik: Navegante apasionado de sonidos

ENTREVISTA CON
FLAVIO GOVEDNIK
NAVEGANTE APASIONADO DE SONIDOS


En uno de los vértices del barrio del Golf, frente a la salida del hoyo 11, se emplaza oblicuamente una casa de color blanco, de mediano tamaño, con piscina en el patio y un hermoso quincho para múltiples usos. Hay además una embarcación encubierta que me hizo dudar de si estaba o no en el lugar correcto.
Golpeo las manos, no sale nadie. Intento nuevamente y nada. ¿Estaré en el domicilio indicado? Llamo a su celular y desde dentro de su casa se escucha el ring tone que suena sin cesar hasta desembocar en la casilla de mensajes que simplemente me dice “Flavio”.
La puerta de la casa está abierta, y desfilan por su patio media docena de perros que me miran impávidamente; uno de ellos llamado Fernández, grande, en años y tamaño me torea acercándose al portón de ingreso. Desconozco que pasa, el calor húmedo me hace transpirar y no sé que pensar, son las 17, no puede estar durmiendo, ¿habrá salido? Me cobijo bajo la sombra de un árbol y vuelvo a presionar la tecla “send” dos veces. Ésta vez atiende y me dice que ya me abre.
Estaba durmiendo, pero comprendí después la organización de sus tiempos al saber que la noche se transforma en el mejor momento para explotar su capacidad creativa. Flavio Govednik es profesor de las cátedras “Sonido y Musicalización I” y “Sonido y Musicalización II”, que dicta desde 1999 hasta la fecha en la Lic. en Diseño y Producción Audiovisual. Todos los años, sus alumnos, de primero y segundo año, muestran sus trabajos en algunos lugares públicos de la ciudad. Ese es la excusa de mi visita.
Me estrecha la mano, y me ofrece hacer la entrevista en el patio. Busca dos reposeras y nos sentamos a la sombra con el trinar de las aves que nos escoltarán durante este intercambio dialógico.

—¿Cómo es la vida profesional del profesor Govednik?
—¿Por dónde empiezo? Los docentes generalmente tenemos que cumplir con tres tareas: extensión, investigación y docencia. En extensión he pedido que me dejen hacer un programa de radio y estoy haciendo dos; la idea era hacer un programa sobre la historia del jazz pero muy diferente, entonces me inventé un personaje que solamente está en mi imaginación nada más, que supuestamente a tocado con todos los músicos reconocidos de toda la historia del jazz desde los primeros a los últimos. Con lo cual mi personaje debe tener como 120 años, tocó con Dexter Gordon, con Eduardo Elía, con todos, y si no ha tocado con ellos ha estado ahí, los conoce personalmente. Este personaje está buscando a una mujer, nunca sabremos si es su esposa o su hija. Está en Villa María porque la está buscando en la ruta pesada. Los profesores y alumnos van a verlo porque es una celebridad del microcosmo del jazz. Le agrego mucha bibliografía, y si bien el personaje es ficticio, las cosas que dicen son ciertas… En el intento de hacer esto, aparece la posibilidad, entre comillas, presionado por mi amigo Santiago Druetta que me dice “loco, escribite un guión para que hagamos un programa de la Universidad, pero popular, para la gente”, entonces hay dos locutores, Javier Arenas y Fernando Lanfranco trabajando en esto, quienes discuten temas de los más diversos planteados por otras personas a las que se les llama o entrevistan para confirmar que lo que dicen es así. Esto me ha llevado muchas horas de la noche.
En investigación estoy en dos proyectos, uno con la Doctora Alicia Sarmiento y en otro con el Arquitecto José Seia, con quien el año pasado estrenamos un libro y un DVD respecto de la estética, con un programa reality, el guión lo escribí yo y lo mejoró José. Este año vamos a hacer algo parecido, menos pretencioso porque se trata de hacer un relevo de la plástica en Villa María, hay que ir, revisar cosas, fotografiar obras, ver donde están, hablar con los autores, hay que citarlos y eso lleva tiempo.
Además estoy terminando mi Maestría, quiero terminar la tesis en abril que es el tiempo para que me esperaran… como verás estoy muy atrasado.
Luego están las clases propiamente dichas, en donde, como si me faltaran tareas, me puse a dictar un módulo de arte como materia optativa, que es lo que más me ha gustado dar este año. Esto me ha hecho muy feliz, me ha puesto muy contento, me puso pilas para todo lo demás.
En lo personal soy saxofonista, también soy compositor pero no estoy ejerciendo porque no hay mucho que hacer por estos lados y no tengo muchas ganas de irme a otro lado, así que estoy tocando el saxo donde me contraten, como los domingos en Rigoletto.
Y en los ratos libres estoy terminando mi barco que quiero tirar el 6 de enero, para Reyes, como regalo; estoy sumamente conectado con gente que está en el tema de la náutica en España en un foro que se llama “La taberna del puerto” que me ha hecho muy feliz. Y nada, ya no puedo hacer más nada.

—¿Para qué más, no? Además, son actividades tan diversas, la música, la docencia, la navegación…
—Bueno, la navegación es tan vieja como mi pasión por la música. Navegaba antes de que me gustara la música, tenía la suerte de que mi familia tuviera un barco, después como no lo mantenían económicamente, yo le hacía todo lo que había que hacerle en términos manuales, pero se terminó hundiendo, pobre mi amor. Con el tiempo fui haciendo cursos, fui instructor, viajé… hasta que me pude comprar el barco, que también lo estoy restaurando íntegramente.

—Contame como es el tema de presentar los trabajos finales de tus alumnos frente al público de la ciudad.
—Yo le estaba contando a la gente que fue que esta vez sentí esa sensación ambigua de felicidad por haber terminado una etapa con unos alumnos que dejarán de ser mis alumnos hasta que se reciban; por otro lado, he tenido una respuesta de mis alumnos que no he tenido en toda mi historia; he tenido excelentes alumnos, es un feedback siempre… Pero esta vez me ha dolido, sinceramente, porque estos tipos no sólo me han comprado por su manera de trabajar sino por su compromiso por la vida. Gente que sin que se lo haya pedido ha investigado sobre algo, ha puesto muchísimo esmero, no ha escatimado costos en tiempo y esfuerzo, nunca había visto ni sentido nada igual. Nunca había visto tanto compromiso.
A mi me asusta cierta abulia en los jóvenes, y me preocupa porque cuando uno habla así, es porque se está volviendo viejo. Ese discurso yo lo he escuchado de mis mayores cuando yo era joven, “estos jóvenes son unos irresponsables”. Y la sensación que yo tengo ya no pasa ni por una cuestión de irresponsabilidad, pasa por un sinsentido, sin ganas de nada, inclusive gente que quiero mucho. “—¿Y qué vas a hacer? / —Y no sé, algo haré” y tienen 22 o 23 años. Imaginate lo que te estoy contando, mi pasión por la música, por los barcos, por la docencia; si me ponés me apasiono con un programa de radio y ese programa deriva en otro, me sobran vocaciones y hay tipos que no saben lo que les gusta, lo que quieren. Hay una cosa generalizada de los pendejos de que quieren ser famosos de lo que venga, es lo mismo ser Borges que Maradona, lo importante es ser famoso. Es preocupante, y en realidad no estoy muy preocupado por el universo porque siempre ha sabido encontrar el lugar donde desagotar esos excesos de, en este caso, abulia. Estoy preocupado porque estoy chocando con los jóvenes, con lo cual estoy absolutamente seguro que me estoy convirtiendo en un viejo gruñón. Pero este año, los chicos de segundo año han estado refutándome esta teoría todo el tiempo, comprometidos, mejorando día a día su trabajo, empezó el módulo de arte y los tipos se anotaron sin que nadie les digiera nada y algunos me han prometido que harán la segunda parte el año que viene y eso es lo más importante que le ha pasado a un profe en la vida.
Ese reconocimiento en el sentido de que han recibido perfectamente lo que les doy, me han dejado muchísimo más, y bueno cuando se termina el año parece un alivio pero los voy a extrañar, realmente me molesta pensar que el año que viene voy a entrar al aula y esos tipos no van a estar. Yo le estoy agradecido a los Dioses (yo hablo en esos términos) haber conocido esa gente porque te reconcilian con la vida, te dan esperanzas.

—¿Te han sorprendido los trabajos que presentaron?
—Han sido muy homogéneos. El año pasado y los anteriores había trabajos excelentes en relación a otros que no daban ganas ni de presentarlos, pero la razón por la que se presentan a fin de año es porque desde el primer día de clase de mi cátedra, se tiene absolutamente claro que en esta carrera se trabaja para un tercer, para el otro. Esto de que “yo hago arte y lo hago para mí”, en ni cátedra no existe y me enoja; yo disiento con varios de mis camaradas docentes que se autoproclaman artistas, me enojan mucho, porque lo que hacemos puede ser arte, pero antes que nada es una industria que tiene un consumidor.

—Artista es una palabra como muy grande…
—Bueno artista es Bergman, ahora, como Bergman y yo estamos en el mismo rubro, somos colegas, pero ¡andá a la mierda! No es así, claro, como yo soy músico y Beethoven también, los dos somos artistas, no jodamos... Que la gente te considere artista, por otro lado la gente considera artista a Tinelli, pero él tendrá un mérito, pero está donde está, ahora… está en los medios y nosotros tenemos que aceptar que los medios son lo que son y entonces es irrefutable esto de que se trabaja para otro. Aunque hagás un documental sobre la vida sexual de la hormiga salteña y cómo se hace la torta de limón en Egipto, que a nadie le va a importar, habrá alguien que te lo pidió o te lo encargó, hay otro que lo va a ver, porque si no lo ve, no lo hiciste, no está, no existe. Vos podés saber la súper teoría y te voy a poner un nueve, en la práctica supongo que uno se va afianzando su técnica y sus conocimientos, pero los que van a determinar lo que pasó con vos son los destinatarios de tus productos. Si sos un genio incomprendido, ese destinatario te comprenderá y te reconocerá dentro de 200 años, pero hace falta el otro, hace falta mostrarlo y hace falta hacerlo. Estos poetas que meten el poema en la mesa de luz y creen estar capacitados para discutir con Borges y con Cortázar, está lleno de esos tipos y nadie leyó nunca nada. Yo no creo en eso, el reconocimiento final lo da el destinatario, entonces preséntese al destinatario, háganse verdaderamente responsables de eso que están haciendo.

—¿Y esto es así desde que empiezan el primer año de la carrera?
—El que no tiene claro que esto es como es, que no estudie esta carrera. Ese es otro mito, la gente entra a la Universidad creyendo que va a estudiar una cosa, porque tiene una fantasía respecto de una profesión y no es así como se pensó.
Después tenés la otra variante de estudiar una carrera que le permita vivir bien, por ejemplo las tradicionales, abogacía, contador… ¿Te permite vivir bien? ¡No! Primero porque hay muchos y segundo porque no te gusta y lo hacés con desgano y no ves la hora de terminar de hacerlo para irte al club o donde quieras. Probablemente sean las profesiones mejores pagadas, pero hasta que vos consigás un cliente con esos criterios y hasta que sea bueno lo tuyo, cuando en realidad eso tuyo te disgusta, sólo un milagro te va a convertir en un tipo próspero. Y todo esto también me convierte en un viejo gruñón.

—Así hagas lo que hagas, si sos bueno en eso el laburo lo vas a tener...
—Vos vas a ser medianamente bueno, pero si le ponés pasión. La gente busca los tipos apasionados, esos que se levantan pensando en su trabajo y se acuestan pensando en su trabajo, que parecen obsesión, pero el trabajo te tiene que divertir, si eso no pasa es una vida muy fea, tan áspera, tan larga. ¿Por qué la vida nos parece tan corta? Porque la venimos pasando bien, si la pasáramos mal nos parecería eterna, para un tipo que tiene cadena perpetua una vida debe durar muchísimo, cada segundo parece una hora; pero cuando te estás divirtiendo querés navegar, querés preparar la clase para el módulo de arte y estás con la cabeza en 20.000 lugares y se va rapidísimo. Yo no puedo creer que ya he pasado 22 años de docencia, ¡¿en qué momento?!

—Hace 9 años que estás en Villa María, ¿viniste de Córdoba?
—Yo soy de Córdoba, di clases 10 años en la UNC en una carrera colega en el Departamento de Cine y Televisión y estuve casi 6 años en La Metro, en la escuela privada de Cine y Televisión donde he tenido ciertos problemas con la empresa, porque tenemos diferencias políticas, diferentes maneras de abordar el respeto hacia el otro. La gente viene porque vos tenés una serie de equipamiento y quieren practicar con ellos y vos le decís ¡No! Vamos a tener estos micrófonos, estas cámaras, estos cables y resulta que todo ese equipamiento no está, porque se vendieron; entonces vos dibujás una consola en el pizarrón y el sonido no se dibuja, se escucha. Si para enseñar consola durante dos años, ya tenía el croquis hecho.

—En relación con el equipamiento y en comparativa con la UNVM, ¿eso lo ves como una fortaleza?
—Tienen un pro y un contra, primero, hay muchas universidades que tienen equipamientos pero que no tienen la modalidad de los nuestros, los cuidados de los nuestros, ni la cantidad de los nuestros. Las cuotas de hace más de 10 años atrás eran de $1.000 para vivir allá, actualmente en la UNVM ese dinero te sobra, para residir, para los apuntes y el uso de todos esos equipamientos. Esa es la ventaja. La desventaja es que como todo eso está, nadie le da el suficiente valor que tienen, creen siempre estuvieron, que están en todas partes. En Córdoba un tipo necesita un micrófono para hacer un práctico y mis alumnos tienen al menos un práctico por semana, ese micrófono lo tiene que alquilar. Y acá no se valora, se piden las cosas, no se usan, se las mira… Qué injusto, ¿no?
Me cuenta la historia de una alumna que utilizaba una consola que tenía su padre para hacer los trabajos y deja libre a otros compañeros el equipamiento. Ese es el compromiso con la vida que yo celebré con estos alumnos de segundo año y eso es una cosa que me encanta sentir, que he experimentado, no quería morir sin pensar que hay unos “chichipíos” que están haciendo todo bien, que hay unos “chichipíos” de los que hay mucho que esperar y me tranquiliza que estén porque van a salvar a todos los otros. Entonces uno se puede morir tranquilo. Es una preocupación menos y un gol más, yo tengo la sensación de que algo que ver en eso, algo de mí está por ahí y me siento muy orgulloso, a veces pasa que le dan un Oscar a un argentino, para generar una analogía que más o menos tenga algo que ver, yo nunca me sentí identificado con un logro que no sea el mío, yo nunca me sentí más argentino porque Vilas ganó una copa, o porque Reutemann ganó un subcampeonato, o porque Maradona es argentino.

—Deberías mencionar algunos más actuales o van a decir que estás viejo… (risas).
—Cañas, Nalbandian… que se yo, a mi no me gusta el tenis, ni el fútbol, ni nada; en todo caso era muy fanático de Reutemann cuando era pendejo. Nunca sentí que yo tuviera algo que ver con esos triunfos, en todo caso lo celebraba porque su manera de hacer las cosas a mi me encantaba. Hoy veo un Valentino Rossi, que no es argentino en lo más mínimo, hacer las cosas que hace con su moto y siento una admiración enorme, si fuera argentino lo haría igual, no me siento más argentino o mejor porque él es argentino; sí me siento mejor porque mis alumnos han mejorado día a día, eso a uno lo llena de satisfacciones. Habrá algunas diferencias generacionales, pero creo que me van a sentir igual en un sentido, yo también puse mucha garra, yo también fui comprometido con la vida. En eso sí somos colegas, estamos en el mismo nivel, por lo menos en la exigencia, estamos en el mismo estrato.

—¿Qué apreciación te merecen los docentes de la Licenciatura en Diseño y Producción Audiovisual en cuanto a los conocimientos que imparten, en cuanto a su manera de enseñar?
—Tengo un íntimo amigo que se llama Pedro Klimovsky, un amigo de hace años, igual que Santiago Druetta, con los que generalmente disentimos en nuestras opiniones; pero yo estoy muy de acuerdo con Pedro cuando dice “antes, desde mi punto de vista, había dos formas de hacer las cosas, como las hacía yo o mal” (risas). No había ninguna posibilidad al medio. Como en ese punto éramos iguales llegó un momento en que pudimos sentarnos en una mesa y decir, “—yo veo las cosas de ésta manera / —No, yo veo las cosas de ésta otra manera…” aprendimos a decir “no está mal”, porque existe otra manera de ver, que yo no puedo ver porque yo no soy vos. Así que yo no puedo hablar de mis colegas, porque tienen un punto de vista que no es el mío, casi la mayoría de ellos.
Celebro que entre la bibliografía para la materia de Guión haya capítulos de la interpretación de los sueños, la celebro con cañones y con una alegría inmensa, porque en mi materia que es Sonido y Musicalización hay mitos griegos. Entonces no es solamente la técnica para manejar un programa, hay una sensibilidad que nos va a meter en una determinada línea a pensar una sonoridad desde otro lugar y ver como llegamos a esta estética que tenemos, cual ha sido el hilo conductor y porque Freud, ha utilizado todas estas cosas griegas para decirnos “miren, les guste o no, nosotros somos como nos han venido haciendo, y acá estamos”. Por eso decimos que tal cosa es linda; de haber nacido en África tal cosa no sería linda, ni tenida en cuenta. Con la cultura pasa todo el tiempo eso. Hace relativamente poco, en el hilo de la historia hace solo segundos, los africanos no tenían arte. Vinieron los europeos y dijeron “ah sí, esto podría ser considerado arte”. Mientras tanto el arte sólo el arte era europeo. Arte es una palabra moderna, ahora podemos hablar de arte, Homero no era un artista, el arte como tal no existía, y ahora cualquiera que escribe un fragmentito es un escritor, un poeta… por esas cosas que te contaba antes. El tango Cambalache está cada vez más descriptivo de nuestra realidad, está todo mezclado, los artistas con los escritores, Homero con los que escriben la redacción de la vaca…

—En cuanto a la modificación del plan de estudio de la carrera que ha cambiado recientemente, tus materias pasaron a los primeros años, ¿fue sólo un corrimiento o hubo actualizaciones importantes?
—Hubo cambios radicales en todo, fijate como se llamaba antes (Lic. en Diseño y Producción de Imagen), el sonido no está… ahora se llama Lic. en Diseño y Producción Audiovisual), porque como verás el audio está primero, y no es que voy en desmedro de los realizadores y fotógrafos; es que si ves una película de terror sin sonido, no te pasa nada, si ves una película de amor sin la música de fondo, no te pasa nada, si ves una película de guerra muda, no-te-pa-sa-na-da, entonces… ¡¿Cómo que la imagen vale más que mil palabras?! Vos tenés que poner palabras, música y ruido.

—¿Cómo se define Flavio Govednik? Me comentaste que no sos artista, ni esto, ni lo otro y que te molesta cuando se autoproclaman de esta manera.
—Me defino como un apasionado, como músico, como un profesional de algo, el otro dirá si lo que hago le sirve y le gusta. Como músico yo soy un saxofonista, que le debe gustar a alguna persona y a otro le debe disgustar. Yo soy un profesor con un criterio y un punto de vista con respecto a la docencia, estoy absolutamente convencido que existen otros puntos de vista, que no tengo otra alternativa que respetarlos, y me cuesta por lo apasionado que soy, pero los respeto por educación y principios. Cuando armábamos el plan de estudios me he peleado con amigos del alma, por defender lo que yo creía que era lo mejor, por suerte los amigos del alma no se pierden porque uno los lleva en el corazón, y pudimos reconciliarnos, pero fue un momento muy duro. Ahora que lo miro a la distancia puedo ver que buenos tipos fuimos, capaces de mellar una amistad por aquello que creemos que es la educación. Me podría definir como un apasionado, pero yo también tengo mis escapes, porque la gente cuando se quiere escapar toca un instrumento, tocá música, eso también es mi profesión. Tengo un barco que lo estoy armando y restaurando y eso me desenchufa de toda esta vorágine más o menos intelectual.

—¿y dónde tenés pensado irte con el barco?
—Yo tengo una casa en Embalse, así que el barquito lo miro desde la ventana. Sueño hacer alguna travesía, como varios compatriotas (en esto sí me siento muy argentino), Enrique Celesia, Gerónimo San Martin..., una serie de navegantes, para citarte algunos y hay un montón. El que más admiro es Jerónimo San Martín, tipos que han dado la vuelta al mundo en barcos construidos por ellos mismos en una etapa que la vida presiona para que hagas otras cosas, entre los 35 y 45 años. Gerónimo San Martín, además de unir el Polo Norte con Ushuaia, ida y vuelta. Cuando estuvo en Alaska le pidieron que llevara unos dibujos a personas más australes y San Martín vivía en el país más austral del mundo, así que a su regreso en vez de quedarse en Buenos Aires, San Martín saludo a su familia y siguió de viaje hasta Ushuaia para entregar eso que le habían pedido, no tenía ninguna razón para hacerlo, pero se había comprometido con alumnos de allá había sido ese. Cuando leo esos relatos y el hecho tener la suerte de conocerlos y estar sentado frente a frente, comiendo algo porque la comunidad náutica tiene ese tipo de socialismo. Vos podés poner que soy antisocialista, la izquierda me repugna, y lo digo a cara descubierta, pero en la comunidad náutica no importa cual es la eslora de tu barco, importa que tan bueno sos navegando, entonces se va a sentar un armador, como lo llaman en España un patrón de yates, al lado de un tipo que tiene un H20, el barquito caminero más pequeño que existe, y con ese barco se fue a Alaska y después a Ushuaia y después a Buenos Aires… Entonces ese tipo cena en las mesas de los señores del mundo, porque tuvo los huevos para hacer eso en un H20, que se hacía en Quilmes. Su diseñador, Gaylord tiene una libreta, porque hizo 570 barcos iguales con el nombre de los dueños y a quién lo han vendido, y anda todo el tiempo con ella porque cuando encuentra uno consulta quien lo tiene, a quiénes se lo compró y va llevando ese registro. Ese tipo es un tipo como yo, comprometido con la vida y apasionado.

—¿Y no te imaginaste un viaje largo en el barco? Con todo lo que ello implica en cuanto a abandonar obligaciones y demás.
—¡Ufff! Estoy tan agradecido de Villa María, porque es una bisagra. Llegué a esta ciudad en el peor momento que haya podido recordar, espero que nunca haya algo parecido. Vine acá escapándome del mundo, en una de las depresiones que de vez en cuando me tocan, todo me iba mal, acepté venir a radicarme porque no sabía qué hacer con mi vida y tenía la posibilidad de quedarme o de vender todo lo que tenía, que no era mucho pero alcanzaba para comprarme ese barco que tengo, cargar mi saxofón y tocar en los puertos para comer, para pagar el amarre de esa noche y ya vería que haría con mi vida. En ese interín se cruzó Adelqui Pellegrino, sino probablemente yo estaría naufrago o hablando en varios idiomas con la boca así de tanto tocar el saxo.

—¿Y de dónde conocías a Adelqui?
—Lo conocí en La Metro, a él le gustaba como encaraba las clases y cuando armó su proyecto me tuvo en cuenta convocándome, estoy en la primera camada de profesores, sólo que comencé el tercer año porque mi materia se había empezado a ver el tercer año. Con todo lo que yo lo apreciaba a Adelqui, peleé mucho para que eso se cambiara, Sonido tiene que estar desde el primer año; antes estaba en el segundo y cuarto año, había un sándwich que no tenía sentido. Era un excelente fotógrafo, buen escritor, ¿por qué tenía que saber de sonido? Armó la carrera y ya está y yo celebro y lo aplaudo. Después, cuando hubo que cambiar la carrera, fue como volaron sillas, platos, puñales; pero la ventaja que tuvo fue que ahora sabemos quién es quién. Eso es fantástico a la hora de caminar con determinada seguridad. Y esto es todo lo que puedo decirte de mí.


Y tiene mucho más que decir, pero será otro espacio (este del blog), ya que el mismo muchas veces se torna tirano y no deja reproducir todos los enunciados de nuestro entrevistado. Desconocía una faceta, ahora comprendo la barca en el patio de su casa, por lo que me dice y porque al buscar sus antecedentes en la web, se encuentran más entradas relacionadas con la navegación en comparativa con sus otras dos pasiones.
Flavio es el profesor universitario, Flavio es el músico de pub, pero Flavio también es un apasionado navegante en el mar de los sonidos.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, el domingo 14 de diciembre de 2008 (entrevista ampliada).-