domingo, 25 de julio de 2010

Poemarios de Susana Zazzetti y Fernando de Zárate

POEMARIOS DE
SUSANA ZAZZETTI
Y
FERNANDO DE ZÁRATE
Siempre digo que Villa María es cuna y casa de poetas.
En esta ciudad que ha parido y ha adoptado a tantos escritores a través de los años; pareciera ser, que últimamente se han multiplicado. Esto no es casual, los talleres literarios, los medios de prensa, la llegada de nuevas opciones para publicar, la tecnología, la comunicación, la instalación de lugares de estudio y desarrollo cultural… en fin, Villa María se ha configurado como un lugar propicio, un espacio donde la palabra se ha enraizado y en la que se sigue cultivando la literatura, pero sobre todo la poesía.
Unos meses atrás, dos poemarios dieron vida a una nueva editorial en la ciudad. Los volúmenes llevan por nombre “El hilo que sostiene” y “Brumario”, de los poetas Susana Zazzetti y Fernando de Zárate, respectivamente.
Cierta resistencia ética de usar este espacio con fines propios, ha hecho que no demos cuenta de estos lanzamientos en su momento; sin embargo, los autores que publican en este sello que me pertenece, no pueden quedar relegados por este factor. Así es que, entre luchas internas y otras disquisiciones, hemos decidido dedicar el espacio de hoy a dos autores locales y sus dos libros.
Les presentamos en esta oportunidad, algunas lecturas posibles de estos poemarios. Por un lado, tanto la poetisa chilena Juany Rojas, como el escritor y periodista de Israel Andrés Aldao dan una impresión del quinto libro de Fernando de Zárate; y por el otro, algunas palabras referidas al tercer libro de Susana Zazzetti. Ilustrarán una mínima selección de textos extraídos de sus recientes libros y las portadas los mismos.
Hasta el próximo domingo.






BRUMARIO I
Por Juany Rojas
Poeta - Chile


Brumario, libro de poemas breves que se van desenvolviendo como parte de un único lienzo de tristeza en el que se han estampado las horas y los matices de una dolorosa miseria que se gesta en la tierra y, de un estado interior, de un deseo, que se proyecta en el cielo y que es lo que quisiéramos para la sanación del alma. Aquí son el hombre y la tierra los que están heridos de muerte, y el hablante lírico se conduele de este morir hasta sangrar, siendo de esta cisura desde donde brota su palabra.
Brumario, desde mi mirada, se comporta como un álbum fotográfico del dolor y la desesperanza. Cada uno de sus poemas es como una fotografía hablada, una instantánea que revela una realidad cruenta y descarnada, en la que transitan destellos brumosos, luces y sombras plasmadas con un lenguaje sin adornos, puro y sucinto. Y son estas fotografías las que nos van mostrando un paisaje terrenal y tan actual, poblado del mayor desamparo, el abandono y la precariedad y luego, un paisaje de cielo, pero de un cielo en el que Dios está ausente, en el que no caben los milagros, porque estamos sumidos en un tiempo inexorable que, inevitablemente nos conduce hacia la muerte. Un tiempo, en el que sólo a veces nos encontramos con la presencia de los ángeles, pero éstos no nos iluminan, por el contrario, nos hacen sentir un mayor desamparo, pues son ángeles feroces, de vapor, o de hilo. Un tiempo donde la fe parece aflorar a deshora, como un último recurso, porque la hemos olvidado hace mucho. Y veo no sólo la muerte propia del hombre, sino la agonía de nuestro entorno, porque Brumario también pareciera ser un lamento por la inconciencia humana que lacera y destruye elementos vitales. Es así como en sus poemas encontramos ciertas claves ecológicas que nos llevan a una profunda reflexión: “...el final/ vendrá/ con la inútil/ palabra/ sofocada/ en la garganta/ agua/ agua …no llueve/ no hay sol… todo cielo/ crudo oleaje/ curvas del fuego… desencuentros/ derrotas anunciadas/ laberintos sin Dios/ acampan/ donde muere/ el viento/ sin tierra/ prometida.”
Brumario, de Fernando de Zárate, es un poemario que reclama, grita, denuncia con fuerza a pesar del dolor y a pesar de ese puñado de arena cerrándole la boca, pues a través de su palabra se proyecta la de tantos otros que no tienen voz.


BRUMARIO II
Por Andrés Aldao
Escritor y periodista – Israel


Fernando de Zárate presenta este flamante poemario en Villa María, un vergel de creadores de poesía... El autor me ha concedido el privilegio de escribir una líneas sobre su tarea de orfebre, de unir ideas, pensamientos y convertirlos en poemas. En el presente caso, Brumario. Las opiniones que emito parten de mi criterio de lector, y no de crítico literario.
La poesía son los poetas. No hay un axioma único, total. Pero hay sí una condición para definirlos... Cada poeta trae a cuestas su mundo, sus vivencias, el recorrido íntimo de su experiencia existencial con los “otros” y el universo.
Estos nuevos poemas de Fernando de Zárate demuestran que en este riguroso creador hay dos vertientes que se aglutinan en la intersección de la escritura y el pensamiento, que se fusionan en una simbiosis inequívoca, en la conjugación infalible del lenguaje y el escalpelo crítico de su pluma, con la libertad de pensamiento y la creatividad de su poesía que no oculta, no concede, es intransigente hacia lo trivial y el lugar común. En resumen, una poesía profunda que no deja nada al azar.
El poemario consta de dos partes: ‘Asuntos de la tierra’, la primera, y ‘Asuntos del cielo’ la segunda. Ya en su primer poema de Zárate nos enuncia su modo de abordar el tema: “ahora,/ un adentro/ donde sangro/ me sacude/ no tengo grito/ ni palabra,/ estoy puesto/ - niebla y fragmentos -/ alrededor/ de lo que/ cae.”
Una estética intimista, dramática y conmovedora preside el inicio de su tarea de artífice, que se extiende a lo largo del poemario. Pero el poeta no se repite ni se agota: cada poema tiene una corteza distinta que va definiendo la creatividad imaginativa del autor: “no fue/ lluvia/ el único detalle/ de sus párpados/ también/ colgaron/ atardeceres/ sin/ costuras.”
‘Asuntos del cielo’, a su vez, posee una sutil ironía, escepticismo e interrogantes que insinúan la réplica certera del poeta: “es difícil/ creer/ sin/ ver/ los milagros/ ocurren/ siempre/ cuando/ no estamos.” Ésta es una de las definiciones que caracterizan a la segunda parte de Brumario.
Imposible citar los versículos de la obra. Cada uno es definición espiritual y estética del estilo poético de Fernando de Zárate. Los lectores hallarán un gran placer en la escritura y el pensamiento de este autor, consagrado y profundo.


POEMA 11 (asuntos del cielo)
Fernando de Zárate


detrás ;
palabras y muchedumbre
después
panes
y peces :

síntesis del prodigio .

- - - - - - - - - - - - - - - - - - -

POEMA 15 (asuntos de la tierra)
Fernando de Zárate

preguntarse :

por qué
a
los débiles

el repique
del dolor

habiendo
tantos .

- - - - - - - - - - - - - - - - - - -

POEMA 11 (asuntos de la tierra)
Fernando de Zárate

un puñado
de carne
y
osamenta

un oficio
aprendido ,

precio
de vivir
en versión
original .

EL HILO QUE SOSTIENE
Por Darío Falconi


Gruesos y tensos son los hilos que sostienen a Susana.
La poesía de su último libro me la hace imaginarla así. La palabra se va retorciendo, se va conformando en pequeños filamentos que se unen y se hacen cada vez más grandes, como una cuerda, de esas que no sólo nos cuidan del abismo, sino que nos ayudan a trepar hacia la salida.
Una treintena de poemas se enmarcan en las páginas de este libro, donde la tristeza, la soledad, y el silencio están presentes; aún así, hay una esperanza, una manera de mantenerse y una decisión de cicatrizar las heridas. En “El hilo que sostiene” (El mensú, 2010), nos encontramos a otra poetisa diferente a la de “Cuando todo el silencio era mío” (autor, 2008), y más aún a la de un “Un vuelo de gaviota” (autor, 2006). Una poetisa crecida, que se renueva a cada instante y que en la escritura de breves versos, logra una atmósfera en donde se dicen algunas cosas y se completan las restantes. Una poesía que indaga y llama a la reflexión. Una escritura que nos hace partícipes y en la que es posible vernos como en el espejo de un charco, a veces con reflejos un tanto claros, otras con distorsiones, pero siempre matizado con la sensibilidad que caracteriza a la autora.
A simple vista parecieran escasos tres poemarios, para una poeta con tantos años en el oficio como Susana; sin embargo esta realidad obedece a que ella ha sabido darse a los demás. Una mujer que arrancó de sus silencios los versos más bellos, que les dio (y da) las herramientas a quienes empiezan a cultivar la palabra, que brinda andamiaje a sus pares, que promociona a los escritores de la ciudad y alrededores a través de Artesanías Literarias, que prologa cantidad de libros, que ofrece su tiempo (del que muchas veces no posee) para brindar el apoyo que otros escritores necesitan…
Decíamos en la introducción de este suplemento de hoy, que la poesía se ha enraizado en la ciudad y sigue dando sus frutos. Pero no basta con el humus poético que hay en esta tierra, hay que complementarlo con el trabajo laborioso y delicado de los sembradores como Susana, que con esas manos de madre, de mujer y de poeta, nos tiende sus hilos y nos hace un poco más felices.


POEMA 30
Susana Zazzetti


¿qué haremos
por la mañana
cuando aúlle el lobo
frente al hombre
que va a morir?


- - - - - - - - - - - - - - - - - - -

POEMA 10
Susana Zazzetti


afuera es menos noche.
adentro,
cabe el grito entre las uñas.
no es mi boca la que huye por el patio.
es la boca de otra,
buceando con sed
el nombre que no vuelve.
el nombre sepultado
en los surcos alambrados de tristeza.


- - - - - - - - - - - - - - - - - - -


EL HILO QUE SOSTIENE
Susana Zazzetti

ahora
toma el hilo.
la aguja.
la aguja que sostiene el hilo
y remienda las heridas.
cose.
desaparecen
planos inconscientes.
se va poblando
de a poco esta tela.
- ese baldío -
los fragmentos se juntan
agudamente unidos.
se transforma
el mapa encubierto
y en esa superficie
entierra
hilachas de sí misma.

(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del Paìs, domingo 25 de julio de 2010.-

domingo, 18 de julio de 2010

Mario Moral. Poesía: única religión posible

ENTREVISTA A
MARIO MORAL
POESÍA: ÚNICA RELIGIÓN POSIBLE


Resulta escaso el tiempo al momento de sentarse a conversar con Mario Moral. Cuando el tema convocante es la literatura, no alcanzan las horas para escuchar todo lo que este poeta tiene para decir. Nos instalamos fuera de los bares del centro, para escucharlo con más tranquilidad. Lo miramos y es como que le viéramos inflar los cachetes, da la impresión como si las palabras se le amontonaran en su boca y pujaran por salir. Nombre de escritores conocidos y no tanto, movimientos literarios, fechas de presentaciones, de concursos, de encuentros, no faltan, las tiene bien presente.
Aunque en la actualidad no es un poeta de los que se ve a diario, creíamos conveniente citarlo, preguntarle algunas cosas y conocer sus impresiones. Está alejado del ambiente, ha dejado de publicar, pero es uno de los escritores más interesantes que ha dado la ciudad.
Su incursión en la literatura puede rastrearse en los libros “Villa María y sus jóvenes poetas” (1982), en “Historia de la literatura villamariense” (1991) y en “Tinta de poetas” (2009). Tiene publicado el poemario “Sol de la sombra”, libro de poesía que auspició la Municipalidad de Córdoba y fue editado por Opoloop Ediciones en 1993. Su obra inédita se contiene en siete libros que desde hace años están sin editarse; alguno de ellos son “Música fenicia”, “Cuatro de carnaval”, “Palabra detenida en vuelo”, “Esas cosas y otros poemas”, “Se dice flor y otros poemas”, entre otros.
Fue colaborador en revistas de la ciudad, de Buenos Aires y Santiago del Estero. Confundó y dirigió la revista cultural “Luna quemada” (1982-1983) y “La araña de carbón” (2002-2003). Obtuvo premios en diversos certámenes, participó de charlas y conferencias. Fue presidente de la SADE Villa María entre 1999-2001 e integró la comisión directiva de la SADE Central en los años 1991-2006.




EL MEJOR ARTESANO
Desde que lo conocemos hemos sabido por él y por otros de sus libros inéditos, como un mito que se transmite de manera verbal… como un secreto que no termina de develarse. De frente en la mesa de café le arrojamos la primera carta que intenta conocer su decisión de no publicar.
Mientras hacemos el pedido a la moza de turno, nos contesta: “seguramente se conspira contra las propias posibilidades en término de publicación. Yo soy un poeta de los setenta, si vamos a esa cosa que se puede llamar generación, soy de los ‘70 y publiqué en el ‘93. Se presentó el 11 de diciembre del 1993 y eso quizás se deba a un explicitado rigor, a una desmedida autoexigencia de no publicar cualquier cosa. Yo respeto a la gente que ejerce el oficio, pero con firmeza digo a la vez que escribir, escribe cualquiera; ser escritor es otra cosa.”
Ante la pregunta que cae como fruto maduro, el poeta busca en su amplio repertorio de lecturas y frases célebres y encuentra las palabras de algunos grandes autores. Dice que “para Thomas Eliot fue: ‘il mayor fabro’, él fue secretario de Ezra Pound, quien fue un poeta que abrió el panorama de la poesía del siglo XX. Pound hablaba de once a catorce lenguas, y podía decir sus opiniones en diferentes idiomas, decía que en la tarea del escritor o del artista es ‘il mayor fabro’ (el mejor hacedor, el mejor artesano) y creo que eso responde a dos vertientes que tienen un común origen para la poesía moderna. En los poetas del Siglo XIX del Simbolismo Francés reconoce dos genios, uno es Arthur Rimbaud y el otro Stéphane Mallarmé. Rimbaud tuvo una vida muy turbulenta, algo conocemos de la vida del poeta; mientras que Mallarmé tuvo una vida sencilla, muy acotada, simple; pero también postuló para sí una visión de la literatura, para el la poesía es la única tarea espiritual para el hombre y eso es algo que yo también podría suscribir.


EL CREDO LITERARIO
Más que escribir nuestro entrevistado prefiere leer, aunque en la actualidad confiesa leer cada vez menos. Desde chico recuerda el interés que le despertaba la palabra impresa, desde libros hasta prospectos de medicamentos. La poesía para él es revelación, es conocimiento, lo ha dicho en reiteradas ocasiones y ha quedado plasmada en una reciente antología sobre escritores locales.
Moral le da más valor a la literatura que cualquier religión que el hombre pueda practicar, “la poesía para mí y por extensión la literatura, es un discurso que me ha explicado mucho más que cualquier confesión o credo religioso de los que no suscribo a ninguno; porque remedando a Luis Buñuel, el genial de director de cine español, ‘soy ateo, gracias a Dios’; es lo que ha abierto más la lente, el horizonte. Modestamente, el arte y por extensión la poesía, me han dado más respuestas que cualquier explicación religiosa.”
El autor de “Sol de la sombra” asevera con fuerza que cantidad no es calidad. Sus preocupaciones literarias han pasado más por la lectura que por cierta desesperación de creer que se pasa el tiempo y no se ha escrito todo lo que se tenía que escribir.


SOL DE LA SOMBRA
Bajo la Ordenanza Municipal N°8808 la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba auspició la publicación del primer poemario de Moral. El Fondo estímulo a la actividad editorial cordobesa se le otorgó a un escritor villamariense quien plasmó en un libro más de treinta poemas que se movieron por distintos motores y temáticas.
Cuenta su autor que “es un libro que de una manera resume una época en lo personal y en lo histórico también tiene que ver con el alrededor. Por lo tanto no parte de un programa unívoco; hay cruces, hay juegos lingüísticos, hay cruces estilísticos, hay temáticas, en ese afán, en ese delirio utópico del poeta de querer registrarlo todo; está la veta intimista, lo que llamo ‘encargo de conciencia histórica’, lo que te llama, te golpea la puerta y el corazón y la conciencia; por eso que además de ver las cosas hay que testimoniarlas. En ese sentido está el poema sobre Las Madres (Ronda heroica), está la matanza de civiles palestinos en Sabra y Chatila el ’82 (Grano de luz, grano de polvo, río de sangre), hay dos versiones de poemas de las Islas Malvinas (Dos poemas insulares), donde doy testimonio de la muerte de un veterano de Malvinas, Daniel Reyna, hay una calle en Villa Nueva que se llama así. Eso pasó después de la guerra y lo escribo a propósito porque Malvinas no se puede olvidar, más allá de que algunos gobiernos, más allá de la dictadura que no acepta la derrota, la política alfonsinista fue de un absoluto silenciamiento. Es un libro político también, los griegos me enseñaron eso, es una opinión, no una rememoración…”


POETA INÉDITO
Entre sus inéditos hay uno que está pujando por salir, su nombre es “Música fenicia”, al que su autor considera el libro donde el poeta dice esas cosas que normalmente no se pueden decir. Es uno de los libros cerrados, la mayoría del resto sigue permeable a la incorporación de algunos poemas que en los últimos años lo han hecho.
El ex presidente de la SADE expresa que “Música fenicia” va al terreno de lo inefable, “muchos han dicho, entre ellos Gelman, que la poesía es más importante en eso que calla cuando dice, y yo he tenido una particular obsesión en el trabajo con la lengua. Me reconozco deudor de grandes maestros empezando por Rubén Darío.
Rubén Darío fue un adelantado, pero el que profundiza, indudablemente el mejor poeta americano es César Vallejo; desde mis modestos recursos reconozco los simbolistas, el surrealismo y ésta línea que abre Darío con Vallejo, con Neruda, porqué no algo de Huidobro, después lo que sería poesía iberoamericana con Carlos Drummond de Andrade, Vinicius de Moraes, los prosistas, Arguedas…”


POETAS DE ACÁ
Cuando el tema convocante es de los que gustan el tiempo no pareciese estar, pero avanza quizás más rápido que lo previsto. Mario Moral habla de literatura y no puede evitar citar a sus maestros, estirarle la mano a otro e irse para donde ellos los lleven.
Nosotros intentamos traerlo a nuestro lugar, al espacio local y regional en el que nos movemos. Le consultamos si hay algunas plumas que le hayan interesado y nos dice que una de las pocas escritoras que lo sedujo es una mujer llamada María Eda Nicola, quien ganó el premio provincial para autores inéditos en poesía Glauce Baldovín allá por 2003, “es la manifestación más potentes en estos 15 años de las letras regionales”. En ese concurso un villanovense (Gustavo Borga) y un villamariense (Marcelo Dughetti) obtuvieron el mismo galardón y salieron publicados en una antología.
Nos cuenta además que no pertenece a cenáculos literarios y que lo que lee de escritores de la región es lo que le llega o se publica en diarios y revistas.
“En los últimos años surgió Gustavo Borga. También hay otros que están convencidos que trabajar con rigor, seriedad, hasta con una intención estoica como es el caso de Fernando de Zárate; que leer a Fernando en sus inicios y leerlo ahora es posible percibir una gran evolución.
Algo que quiero dejar bien presente es que no se puede pensar en la historia de la literatura local de los últimos 40 años, sin mencionar la figura consular de Dolly Pagani. Su condición de poeta, crítica y docente de las letras en el ámbito local y regional ha sido y es de una prodigalidad y trascendencia que los tiempos futuros justipreciarán en su real dimensión. Su principal virtud es éste verbo: dar. Dar la palabra.
Tengo el defecto de que soy sanguíneo, soy terrestre, la especulación filosófica, ideológica, surge porque uno es urbícola, vive en la polis; sino seria un ermitaño y no estaría contagiado de nada. Los poetas un tanto crítico me gustan, los que pueden opinar sobre los otros. En general, en Villa María no reconozco ni una vocación, ni una actitud, no tengo registro serios, cuando no han sido muy parciales, fueron malintencionados, arbitrarios y nadie espera que hablen bien o mal de su poesía, pero sí hay que hacerlo en profundidad y extensión, hay que tener parámetros, contextos, cuando vos trabajas con ciertos lobbys del mercadeo literario entonces es ominoso. Frente a eso cuesta callarme, tengo una actitud beligerante frente a esas manifestaciones.
No puedo negar mi condición de poeta del ’70, los grandes relatos y yo pertenezco a ese universo, no por autopostulación, sino que vengo, pienso y afirmo que el arte es un reflejo del desarrollo histórico, entonces la a-historicidad del arte me parece una cosa banal propio de un programa de entretenimiento y no a un debate serio.”


COCINA LITERARIA
Como hemos dicho el poeta escribe poco, pero recuerda otras épocas en la que en dos meses podía escribir más de 50 poemas.
“Los poemas se construyen desde adentro del poeta y luego alcanzan la forma, hay un amasijo. Coincido con Gelman, la poesía es un lenguaje calcinado dice, como si fueran capas, eso se va macerando, es un trabajo de emoción, tienen que atravesarle cosas, mas allá de lo personal de su propia biografía; cuando eso sucede, frente a la hoja hay que escribirlo y buscarle el recurso más acertado para que se parezca a la poesía. Respeto a los colegas que están todo el día a ver si les sale algo. Yo tengo un amigo, Jorge Torriglia que me ha mostrado muchas versiones de un mismo poema… son formas de trabajarlo.”
Mario Moral no es un poeta de los que saca muchas astillas del poema escrito, cree férreamente que deben tocarse lo menos posible, “no se puede tocar demasiado lo que ha salido, Antonio Gamoneda, premio Cervantes 2006 antes de Gelman, dice que la poesía en comparación con los demás recursos humanos, es ritmo. Hay algo que bulle, la palabra está cargada de cosas, esa cosa dinámica, viva, uno trata de tocarla, acariciarla, seducirla, de domesticarla y luego volcarla; otras veces hay que retorcerla para que diga más, porque cuando las cosas alcanzan la convención deja de ser poético. Una pregunta clave es ¿cómo nombrar lo que la poesía te dice?”


DEFINICIONES
Y en ese acto de nombrar le pedimos al poeta que nos resuma en dos o tres palabras, qué significa la poesía para Mario Moral y luego de pensarlo escasos segundos nos responde: “la poesía es el corazón del universo”. Y lo vemos pensar porque imaginamos cuantas palabras y sentimientos se le presentaron a Mario en ese instante de nuestra pregunta, difícil interrogante que el poeta pudo condensar en esas hermosas y certeras palabras.
Este ha sido un breve resumen de una larga charla con un escritor de la ciudad que aún tiene mucho para decir. Él es Mario Moral, o como lo llamara Francisco Madariaga alguna vez: el “poeta de tempestades sociales, pero también del sueño y del amor”.






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DOS MOTIVOS
Por Mario Moral


Si hay un caballo
tiene que haber dos jinetes:

el deseoso
y el de la espera.

Si alguien danza
bajo el diamante estelar
tienen que sonar dos músicas:

el son del aire
en el arco de la piel
y la del corazón
besando los abismos.

Si amanece el rocío
entre las rosas
tiene que haber dos motivos:

alguien hundido
en las ciénagas del amor
y el faro de los ojos

mirando

cómo crece

desbocado el mar.






(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, 18 de julio de 2010.-

domingo, 11 de julio de 2010

Olga Cabrera Ladú

ENCUENTRO CON
OLGA CABRERA LADÚ
POETISA CORDOBESA EN LA VILLA



Su llegada a la ciudad estaba planeada con varias semanas de anticipación. Era la invitada especial de un encuentro de poetas. De esas reuniones de antaño, donde la palabra convoca y luego se celebra con un jugoso banquete preparado para la ocasión.
Anduvo por la ciudad Olga Cabrera Ladú, una poetisa cordobesa; aunque llamarla así sería reducirla a una de sus actividades. Su curriculum registra como antecedentes 30 antologías, publicaciones en diarios y revistas. Integró el grupo Cultural “Córdoba Nueva” y realizó talleres con prestigiosos escritores de Córdoba. Es Socia activa de SADE (Córdoba), Vicepresidenta de Escritores Cordobeses Asociados 2008, Co-fundadora de Artistas y Pensadores Independientes (API) e integra la Junta Promotora.
Fue creadora del ciclo “Conversando con Nuestros Escritores” realizando una destacada labor en el quehacer literario, con una continuidad de 20 años ininterrumpidos. Coordina talleres literarios y participó como conferencista en numerosas mesas de lectura en la Feria del Libro Córdoba. También ha sido jurado de distintos certámenes literarios.
En cuanto a libros publicados, Olga tiene en su haber “Pliegues del tiempo” Alción Editora 1990; “Cerca del amor y las palabras” Editorial Argos 1993; Cuadernillo poético “Poemas del cántaro” (compartido) 1995; “Vientos de agosto” Editorial Argos (poesías) 2002 y se encuentra en prensa un nuevo libro compartido que verá la luz muy pronto.





Sentados en el living de la casa anfitriona, Olga repasa su vida. Nos cuenta de sus inicios y de esos clics que podemos reconocer a lo largo del tiempo, cuando nos es posible darnos vuelta y ver el camino que vamos dejando. Resalta a esas personas que dan el aliento, que descubren los potenciales de cada uno o que te empujan a animarte en algún actividad en que nos ven condiciones.
Ella estaba en el secundario, habían realizado la prueba de Castellano y al volver al aula la señorita la llamó con un inesperado “Olga Cabrera, al frente”. Pensó en algún llamado de atención y en cierta forma lo fue. Con sus compañeros ya ubicados en sus respectivos lugares, la docente le pidió a la joven que leyera su redacción. Olga lo hizo y fue puesta de ejemplo para sus pares. La alentó preguntándole “¡¿Por qué no escribís?! Está muy bien”, estaba sorprendida, no se consideró una alumna destacada, pero esa persona le inspiró confianza y le develó antes sus ojos una tarea tan noble como demandante.
Muchas veces, a altas horas de la madrugada la poetisa se encuentra con el papel y lápiz buscando el tan preciado sinónimo que pula la palabra, que aproxime la grafía a lo que realmente quiere decir.
Si bien ya esbozaba sus primeras armas antes de los 20, la escritora dice que a los 30 años fue cuando pudo dedicarse como ha querido, escribir para leer, luego de haber integrado grupos culturales; antes escribía pero para calmar una necesidad interior e íntima.


ELABORACIÓN DE LOS POEMAS
A lo largo del tiempo Olga ha cambiado su manera de producir sus poemas. Años antes, podía sentarse y pasarse horas escribiendo, “hasta lloraba y me ponía en cama como si estuviese enferma. Me costaba, me dolía.”
En la actualidad ese tiempo no lo dispone, las obligaciones de la vida hacen que ella cambiara su método de trabajo. Cuenta que trabaja sus poemas en la cabeza, lo va pensando, lo da vuelta y cuando cree que ya maduró el texto, busca el momento para plasmarlo en el papel. Este entrenamiento mental hace que Olga sepa sus poemas de memoria, que los recuerde en cualquier instante y que no necesite leerlos de ningún soporte. Siempre empieza por el verso final, reniega con los títulos porque dicen que no pueden contener todo lo que ella quiere decir, por eso mucha de su producción se encuentra sin titular.
Nos cuenta que estuvo tratando de corregir uno de los poemas que publicará prontamente y sentía que le hacía falta agregar un verso pero no lo podía encontrar. Luego de entregar los originales a la editorial pudo dar con él, el libro saldrá sin ese verso, pero ella ya lo tiene internalizado, ya que es un verso necesario. Es que “a veces hay versos que no son necesarios. Tuve un poema casi dos años, sin publicarlo por el primer verso, no me convencía ese primer verso, yo lo tenía hecho al poema. Mis hijos que son mis críticos, me ponen nota con número a cada cosa que escribo, me dijeron que lo sacara. Yo quería hacer la ambientación de la pieza de la casa, y no encontraba esa imagen que quería, y lo saqué sin ese verso y está hermoso, me gusta. Me pregunté ¡¿cómo estuve buscándolo a ese verso?! Es como a veces, que arrancamos con una comparación, una personificación o una metáfora, pero es como para dar pie y después la sacamos, esto me pasaba y no me daba cuenta.”


DEDICACIONES
Olga Cabrera Ladú se dedicó a los talleres literarios y a la gerontología. Cuidar ancianos es otra de las actividades que más el gusta. Su voz acompasada nos dice “me llaman siempre los enfermos, me persiguen; estudié asistente gerontológica y como tengo enfermos crónicos en la familia, quizás eso me despertó; pero siempre me tira mucho el anciano.”
Hoy atiende a su gente, pero en otras oportunidades salía a cuidar ancianos a otras casas. Es una tarea que le gusta y en la que aprendió muchas cosas, rememora: “me tocó cuidar una señora que no caminaba ni hablaba, pero aprendí de las alucinaciones que tenía, del miedo de la noche, ese hablar con la mirada, con los gestos, de pedir cosas, todo eso se aprende. Hay que darle de comer, sentarlos… Uno los va siguiendo y después te desconocen, eso es tremendo. La época de las pérdidas, el amor después de los 60 es otra cosa, son diferentes cosas… y sobre todo prepararse para las pérdidas.” Nos confiesa Olga que es un peso muy grande el sufrimiento por lo que pasado un tiempo recurre a terapia.


RECUERDOS DE EL TÍO
El Tío es el pueblo que está sobre la Ruta 19, pasando por Arroyito. Allí nació nuestra entrevistada, aunque hace desde los 8 que vive en Córdoba. Aún así es un lugar que regresa con frecuencia, ya que allí vive su madre de 86 años, que no quiere abandonar su lugar.
Olga reconoce que el pueblo la marcó, aunque no para bien, las acentuadas diferencias sociales la incomodaron. “Siempre reniego de todos los pueblos con el tema de la diferencia de las clases sociales. Las fiestas patronales donde la gente se iba a comprar ropa en los alrededores, para no estar vestidos iguales, donde se pintaban tanto que después ni te conocías. Todo se sabe, más todo lo que se va creando, que hay que saberlo manejar.” Estaban el farmacéutico que muchas veces oficia de médico, el intendente, la hija del bancario y los demás.
Hay también otras cosas que también han quedado registradas en ella, “he visto el ojo de una vaca bien cerca, y eso es impresionante, todo lo que te dice, la tristeza que tiene; he visto los gallineros, los pájaros, todas esas cosas que no se ven acá. El patio de un pueblo no es lo mismo que el de un departamento; todas esas cosas, me da mucha riqueza. Por supuesto que uno tiene sangre pueblerina, eso no cambia, por ahí tengo un poema que dice ‘ni el adiós ni el olvido / estrangularon aquel tiempo’, o sea que pasarán las cosas, pero siempre vuelve algo porque es lo que marca.”


POEMARIOS
Haciendo pie en el verso que cita la poetisa, retomamos la temática literatura y nos declara su predilección por el primer poemario “Pliegues del tiempo”. Sus producciones están materializadas en tres libros propios, más uno en conjunto y un próximo en conjunto que ya aparecerá a la brevedad. Obviamente que en su recorrido literario los poemas de Olga han hecho eco en diferentes antologías y revistas literarias, más aún con el desarrollo de las publicaciones periódicas digitales.
De todas ellas, las últimas son las que la autora muchas veces piensa muy bien que textos enviar, ya que aquellos poemas que pueden incluirse en libro intenta preservarlos. Piensa que incluir en libros los poemas que ya se publicaron en otro lado pierden cierto encanto , se “queman” al ya haber sido leídos.
Sobre su primer libro, considera que no puede volver a escribir algo más así; ya que uno debe intentar superar la publicación anterior. “Lo publiqué a los 42 años, pero ya estaban muy elaborados, no me arrepiento. ‘Vientos de agosto’ es el segundo que no me agrada tanto como el primero. Me gusta ‘Cerca del amor y las palabras’ hecho con tres personas, mi parte se llama ‘Desde donde el viento arde’. Ahora ando buscando otra cosa, ‘Con la complicidad debida’, es otro que va a salir en conjunto con otras dos mujeres.”
No nos sorprende escuchar que no encuentre en la actualidad muchos poemas que deslumbren e inviten a releerlos; sus años de lectura, de escritura, de taller la llevaron a ser muy crítica, “y eso quizás está tapando a la escritora. Yo escucho un poema y si una palabra no me sonó, me limita y ya no puedo seguir escuchándolo. Quizás sea mejor correctora ahora, pero se deja un poco de lado la poesía. Me gusta mucho escuchar, pero voy haciendo correcciones y me corta el disfrutar. Sí he escuchado algunos escritores de Villa María muy buenos, que llaman a volverlos a leer, tal es así que vengo con una propuesta de API (Artistas y Pensadores Independientes); para este año, en la Feria del Libro de Córdoba realizará el ciclo ‘Los elegidos’ y hemos elegido dos de Villa María, que son Susana Zazzetti y Fernando de Zárate. Completarán la lista Alicia Quiroga y Claudia Tejeda.”


RELACIÓN CON LOS LIBROS
Esa noticia, de que dos poetas de la ciudad fueron seleccionados por un grupo cultural de Córdoba nos pone contentos, agrada saber que de a poco otras voces locales van llegando a la capital, se van haciendo escuchar.
Seguramente Olga ha leído muchos poemas de ambos poetas en publicaciones virtuales, por lo que retomamos el tema de la virtualidad para saber que opina. “Yo creo que el libro empieza a entrar por el tacto, yo no puedo estar sentado delante de una pantalla y leerme todo un volumen. Creo que el libro papel no va a desaparecer nunca. Es como el cine, que ahora dicen que se van a cerrar porque todas las películas se ven en casa, no es lo mismo, el cine es desde el ruido de la gente, el olor, el prepararse para ir, el disponerse a ir… es todo. El cine no es la película, como el libro… no es que yo abro la pantalla y leo algo que va pasando y desapareciendo y que no lo tengo, es esto (y palpa con sus manos el libro de Zazzetti), es tocar el libro, el buscar el lugar para el leerlo, es ponerlo debajo de la cama, arriba de la mesa de luz, es el que está ahí, no el que yo me tengo que ir a aquella pieza donde está la computadora.”


SALVARTE VOS MISMO
Una de las preguntas que siempre hacemos a nuestros poetas, es la relacionada sobre la definición de la poesía. Un interrogante que busca conocer de qué manera la piensan los poetas, cómo la viven, qué quieren que sea, para qué les sirve ser poetas…
La poetisa nos da su punto de vista: “la poesía es un poco como el amor, decía que es como el amante, porque uno se prepara para la poesía. En una época me aparecía el amante, me esperaba, ese que con un toquecito me hacía volar y esa euforia cuando uno dice y la necesidad de transmitirlo ahí nomás: ¡esto hice! No hay una definición, lo bueno es que la poesía es eso que está en todos lados y es la que nos salva, por lo menos a los que escribimos. Interiormente nos libera la palabra, y la palabra en un poema. Del arte no se vive, no se vive económicamente, pero yo creo que el arte salva. A veces grito mis poemas, son oraciones, súplicas, el refugio que no tiene. Lo mío, lo verdadero es el arte, lo demás no.”
Y vamos cerrando la charla y Olga nos expone un deseo para los hombres del hoy y del mañana: “yo quisiera que todos los jóvenes tuvieran algo, aunque sea coleccionar cajitas; la pintura, la música, el canto, el teatro…, ese tiene que ser el refugio, no el alcohol, ni la droga. Yo digo siempre que hagamos algo. Están las puertas abiertas y no se tienen horarios para hacerlo.”

* * * * *

[POEMA]
de “Vientos de agosto”

Se sentó en la plaza
bebió todas las copas de los árboles
embriagó el engaño.
Tambaleante
remontó con los barriletes.



[POEMA]
de “Pliegues del tiempo”


El mago
En la vigilia de mis sueños
soy utilería de tus magias
galera
pañuelos
cartas
A veces escapo de tu varita
trepo los cordeles del trapecio
y arrojándome a la jaula de las fieras
domo el tigre de tu mirada.
Ráfagas de amor y odio me dardean.
Soy un papel en tus manos
lo doblas en cuadrados
y me guardas
para la próxima función.



AUSENCIA
de “Pliegues del tiempo”


Enredada en la bruma de tu aureola
arde la piel que me llevaste.
Soy sombra de silencio
transpirando tu ausencia.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, Domingo 11 de julio de 2010.-

domingo, 4 de julio de 2010

Liliana Marescalchi. Pasión, el condimento primordial

PINTURA, LITERATURA E HISTORIA
LILIANA MARESCALCHIPASIÓN, EL CONDIMENTO PRIMORDIAL


Siempre fue de Las Perdices.
Sus abuelos serían pioneros y fundadores de ese pueblo del sur cordobés. Llegaron cuando no existía nada, y con el esfuerzo que caracterizó a los inmigrantes, dejaron la vida en cada pared que se levantaba, en cada campo que se araba, en cada cosa que se hacía.
Liliana Marescalchi es una apasionada. Así se define. La pintura le fascina, la literatura la hace sentir más plena y la historia le juega a las escondidas y le pide que vaya a descubrirla.
Podríamos decir que en ese triángulo artístico, la pasión se mueve como el agua de una cubeta, que a veces se inclina más para un lado que para el otro y muchas veces se desborda. Cuando la pasión es el norte, el alimento, el camino, la salvación de los días, no hay más límites que los que puede dar el tiempo.
Liliana fue comerciante y hoy por hoy, “la escritora del pueblo”, como la llaman sus coterráneas, se considera una afortunada de poder dedicar su tiempo a estas actividades.
Sus pinturas han sido expuestas en diferentes lugares, sus investigaciones están editadas en el libro sobre la historia de su pueblo “Un paraje llamado Las Perdices” y “Lazos de sangre. Familia Broilo” (que le llevó 10 años de investigación sobre un abuelo venido de Brasil). “Al sur del río Tercero”, un importante libro que abarca la historia de la zona que comprendía el antiguo Salto (cercanías de Río Tercero) a Villa Nueva, aún aguarda editor. En cuanto a sus producciones poéticas fueron publicadas en dos antologías del taller “Peregrinos” al cual asiste hace cuatro años.
La citamos a un café y dialogamos con ella sobre su actividad conjugando estas artes y sobre un descubrimiento literario importantísimo, del que alguna vez dimos difusión en este suplemento.




La imaginamos docente, la gente también. Si bien estudió Historia y Geografía, y algo de Bellas Artes, nos cuenta que no era lo suyo. La pasión que recorría por sus venas no cabía dentro de las paredes de un aula. Era pasión, “todo eso que bullía, todo eso que nacía por dentro”; primero por la pintura, por la escritura de sus sentimientos y luego por el desafío de conocer la historia.
Nos dice pensativa, “la mayor parte de mi vida fue pintar, quizás tendría que haber continuado los estudios para capitalizar y tener un fundamento. Con el hecho de la literatura, escribía lo que sentía, lo que me gustaba, pero no encausado en la poesía porque no tenía las armas, no sabía cual eran las cosas que había que tener en cuenta.” Armas de las que fue haciendo suyas en el taller literario “Peregrinos” que coordina Dolly Pagani y que nuestra entrevistada la define con una sola palabra: “fantástica”.


LA HISTORIA DEL PUEBLOHay muchos parajes, pueblos y asentamientos que no tienen su historia escrita. Las Perdices no era la excepción. Liliana recordaba algunas historias que le contaba su abuela, las cuales no se encontraban registradas en ningún libro. La inquietud comenzó a cosquillearla, a motivarla, a preguntarse por los orígenes, a ver las genealogías y cuando toma conciencia de todo ello va aproximándose a la realidad de aquel entonces. Fue buscando algunas informaciones y documentos y cuando se tomó un respiro, se dio cuenta de que tenía tanto material como para poder organizarlo en un libro. Así fue, siete años de búsqueda, de aprendizaje, no sólo del tema de estudio, sino también de las estrategias y técnicas de investigación; ya que al inicio, no sabía como organizar o estructurar la búsqueda. La historia oral la ayudó a comenzar la investigación y luego siguieron los archivos.
“Amo mi pueblo, y ésta era la forma de devolverle algo, a lo mejor me aboqué a la búsqueda de historias muy viejas que pensé que no interesaban tanto; pero sí que interesaban. Por ejemplo descubrí toda una sociedad colonial muy estructurada que la desconocíamos totalmente, sociedad que era muy rica; no solamente era que llegaron los inmigrantes y comenzó la historia de la zona, viene de antes.” El libro llevó por título “Un paraje llamado Las Perdices” y se vendieron todos los ejemplares en la presentación, a la semana se reimprimió, y hay una tercera edición circulando.


AL SUR DE NUESTRO RÍOEn ese tiempo de investigación y de armado de la historia de su pueblo, a Liliana le ocurrió algo extraño; “en los siete años en que preparé el libro no podía pintar, era una cosa rarísima, me ponía pero no podía, ni siquiera dibujar; el día que yo puse punto final al libro me salió la tapa de un tirón. Y de ahí, al año siguiente hice una exposición de 20 cuadros. Indudablemente soy apasionada, por eso pongo la vida en cada cosa que hago, esa es un poco la esencia de mi ser.”
Junto a la ventana de un café, Liliana pareciera mirarse en el cristal y describirse. Nos cuenta que nunca se va a dormir sin haber hecho muchas cosas en el arte, es su vida. Para el 2002 publicó otro libro y ya estaba trabajando para “Al sur del río tercero”, ya que la zona es históricamente muy rica. Este volumen se le presentó con menos inconvenientes ya que conocía como debía moverse, había cámaras digitales con las que podía fotografiar algunos documentos y llevarse trabajo a su casa y se sentía más cómoda para trabajar.
Liliana, amable y de una sonrisa infaltable, pone sobre la mesa su anhelo. “ojalá que sirva y lo pueda editar... Yo iba viendo que había una historia muy rica, que había un censo, que había habido esclavos y demás; ¡¿pero cómo es que no hay bibliografía?! (se preguntaba), y efectivamente, no existe. Está muy bien investigado la historia en Villa María, la de Río Cuarto; pero en el medio o yendo para el lado de Río Tercero no hay historia, entonces es ese el hueco el que yo traté de completar. Te puedo asegurar que yo busqué todos los manuscritos de gobierno, de escribanía, de Catastro, todos los censos los copié y los digitalicé. Esto no me hacía falta para el libro, pero me gustó y me pareció una información importante. Quiero decirte con esto que no me quedó nada por investigar, es esa tranquilidad la que tengo.”


TIEMPO, PUEBLOS Y ARCHIVOS
Muchas horas invirtió Liliana en la búsqueda de datos. Viajes a Buenos Aires, a Villa Nueva, a Córdoba para revolver, leer y descubrir parte de nuestra historia. Nos cuenta que en el Archivo Histórico de la ciudad de Buenos Aires, no hay mucho material sobre las postas. Hay que ir con mucho tiempo y hurgar en cajas que no se encuentran en muy buenas condiciones. Mientras tanto que en Córdoba, en Catastro la información es más abundante, dice Liliana que “allí tienen toda la historia de las distintas divisiones que tienen las tierras en Córdoba, entonces hablamos de la época en que llega Jerónimo Luis de Cabrera y ya se empiezan a otorgar mercedes; entonces vas sabiendo las determinadas zonas, cómo fueron entregándose esa merced, quiénes fueron los diferentes dueños… en los mismos planos viejos encontrás los diversos caminos de postas, uno piensa en el norte cuando se habla de postas; pero nosotros teníamos, fueron mencionados por distintos viajeros del mundo en diferentes siglos.”
Le consultamos sobre cuáles son los inconvenientes que se tienen a la hora de hacer este tipo de investigaciones y ella, sin dudarlo, nos contesta que “el tiempo y el hecho de no vivir en el lugar apropiado”. Con esto último, nuestra entrevistada hace referencia al tiempo en que le insume el hecho de viajar y permanecer en diferentes archivos de distintos lugares para poder ir rastreando documentos que le ayuden al esclarecimiento de la historia. “La gente de los archivos te trata muy bien y te ayudan. El inconveniente, en mi caso, tanto para la pintura como para la escritura, es vivir en un pueblo chiquito. Fijate, ¡¿qué poeta conocés de Las Perdices?! Nosotros estamos allá olvidados, ahí gente que puede hacer trabajos muy buenos, y si no participás en un concurso o algo así, no hay posibilidades…. No tenemos oportunidad. Ni oportunidades de aprendizaje.”
Pero vivir en un pueblo no sólo te limita, por esa razón le consultamos cuáles son las cosas a favor que tiene vivir en Las Perdices; nos responde sonriente, “es fantástico vivir en un pueblo. La vida es así… siempre tenés algo a favor y algo en contra: yo elijo toda la vida Perdices. Habrá que renegar más en el camino, pero mi meta no es trascender, es hacer lo que me gusta y para lo que nací.” Y para lo que nació es el arte, por eso es que no duda en confesarnos “no creo que haya que irse del pueblo para trascender. Está en la valía de cada uno, en la capacidad que tengas, también te contagia los compañeros y amistades, es más fácil crecer en grupo, porque a veces uno está muy solo, cuando encontrás gente afín, aprendés del otro.
Liliana no cambiaría jamás su lugar de residencia. Vivió cuatro años en Buenos Aires y pensó que desfallecía, nos dice sonriente.


PASIONES QUE SE VIVEN
Liliana Marescalchi define sus actividades como una pasión y una forma de vivir, “si me sacás esto no soy yo, indudablemente que le meto toda la pasión. Cuando me pongo a pintar pongo vida y alma, a veces cuando estoy pintando me dicen que ya está terminado, pero le falta, a lo mejor pasa un año y lo sigo retocando.”
En la pintura trabaja con óleo porque es más lento, pero también incursionó en el acrílico y ha hecho texturas mixtas… según sus necesidades, lo que tenga a mano o como se le presenten las ideas el día de la creación. Expresa ser perfeccionista en cada cosa que hace, no abandonar sus trabajos hasta quedar satisfechas. “En esto en realidad, terminamos dando las vueltas y nos damos cuenta que lo hacemos para nosotros mismos, es un poco para nuestra alma, nos tiene que conformar a nosotros, si les gusta a los demás es un plus, viene de regalo.”
Además de hacer las cosas para calmar el hambre de nuestra alma, muchas veces este camino se hace más llevadero y productivo si se hace de manera conjunta. En el taller literario “Peregrinos” que coordina Dolly, todos los participantes aportan ideas y sugerencias para mejorar los escritos de los talleristas.
La autora de la historia de su pueblo escribe cuentos, poemas, notas históricas y demás sentimientos en el papel. El taller le ayudó a mejorar su escritura, a ver que una historia verdadera se puede contar como cuento, entre otras cosas. En la actualidad ha culminado un libro que trata sobre los 25 años de los ingenieros agrónomos de la zona y ha sido galardonada en el reciente concurso literario de las Fiestas Mayas de Villa Nueva.


ROBERTO ARLT, HABITANTE DE PERDICES
Una de los puntos que más nos interesó cuando la conocimos a Liliana fue el hecho de que nos contara que Roberto Arlt vivió en Las Perdices. No podíamos dejarla ir sin que nos diera los pormenores de este descubrimiento.
Cuenta que “cuando investigaba la historia de Las Perdices, encontraba a algún memorioso, esos de más de 80 años, los consultaba por vivencias de cuando eran chicos y algunos daban vueltas mencionaban a Roberto Arlt. Era mucha casualidad, cuando no eran gente lectora pero sí muy confiable. Era llamativo que mencionaran a una persona que estuvo tan poco tiempo y se fue, entonces debió ser alguien que trascendió. Incluso hubo una viejita que tenía una memoria fantástica, que ya falleció, y le consulté por hacerle una entrevista. Ella sola me dijo que había trabajado de los Mancini, yo sabía que ellos eran los parientes de Arlt. Me dijo que era muy chica cuando doña Pepa cocinó al gato. ¡¿Cómo?! Le dije… Ella ni idea tenía de quien era Roberto Arlt. El cuento (se refiere a ‘El gato cocido’) yo lo sabía de memoria y ella me contó todo lo que había pasado. ‘Sí, me dijo, y tenían parientes que sacaron en el diario la noticia’. Y no era una noticia, era el cuento.
Mi tarea era encontrar algo escrito, todo estaba con pinzas, necesitaba la prueba palpable de que Arlt anduvo por Las Perdices. Fue una tarea profunda, totalmente empecinada… Venía a Villa Nueva a buscar en los archivos parroquiales, porque los libros que era de Perdices, están ahí. Calculaba las fechas entre 1922 y 1924, busqué libro por libro y no lo encontré, libros del registro civil, casamientos, defunciones… me los busqué en todos, tenía que ser padrino o algo, algún registro… me decía.
En esa época la Sociedad Italiana era una institución fuerte, busqué todos los libros, debía estar como invitado… no. Me fui a la Sociedad Española, me leí todo y nada. Así fui buscando dos años. Seguí armando mi libro de Perdices y tuve acceso a los libros de ordenanzas, partidas… vos no sabés lo que fue leer, ‘el señor Roberto Arlt solicita permiso para instalar un surtidor de nafta…’ creo que esa alegría la tuve únicamente cuando nació mi hijo.”
Así de esa manera, nos relataba Liliana su hallazgo, trascendente para su pueblo y la literatura toda. Es casi increíble que un genio como lo fue Arlt viviese aquí, a unos cuantos kilómetros de nosotros.
Más adelante Marescalchi publicó su libro, pudo contactarse con la hija de Arlt y se lo envió. Recibió los agradecimientos, hasta el descubrimiento de saber que ella, su hija bebé, había estado en Las Perdices en ese entonces.
“Después de publicado el libro, encontraría a otro señor de 90 años que se acordaba perfecto de Arlt, que ella jugaba con la hija que se llamaba Mirta. Recordaba que el era un loco de la guerra, que un día le rompió todas las macetas a la mujer y cosas así… fue una satisfacción tremenda. Es muy poco el tiempo, pero creo que fue un buen aporte. Ese señor me dijo donde está la casa. ‘El gato cocido’ inmortalizó Las Perdices. Todos los personajes que nombra en el cuento se los puede reconocer fácilmente.”


Así con ese descubrimiento cerramos esta nota. Con una Liliana Marescalchi que no dejó de emocionarse durante toda la entrevista. Una mujer que apuesta a la cultura y que se define apasionada por lo que hace. Y nosotros le creemos, porque la emoción y la pasión pudieron percibirse en esa charla, como el viento que acaricia nuestra piel y que nos hace saber, a cada instante, de que estamos vivos.


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REALIDAD
por Liliana Marescalchi

Temor
Doble cerrojo
Trincheras doloridas
de rejas adentro

Un niño taciturno
espera en la ventana
Cobija en su pecho
una pelota
sin calle.




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(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 4 de julio de 2010.-