domingo 1 de noviembre de 2009

Roberto Arlt. entre realidades, cables e informaciones... la literatura.

ENTRE REALIDADES, CABLES E INFORMACIONES…
ROBERTO ARLT
…LA LITERATURA




“¿Qué hubiera pasado con Roberto Arlt de no haber muerto a los 42 años? ¿Hacia dónde habría avanzado su escritura?”
De esa manera Ricardo Piglia arranca el prólogo al libro que hoy pasamos revista. Yo le respondería con una sola palabra: inimaginable.
El Fondo de Cultura Económica editó hace unos cuantos meses, una obra recopilatoria de uno de los grandes escritores que parió el Siglo XX. El libro en cuestión se llama “El paisaje en las nubes” y viene a exhumar para la posteridad las 236 crónicas que el brillante escritor del barrio de Flores, publicó en el diario español El Mundo entre marzo de 1937 y julio de 1942. En una monumental edición de 766 páginas encontramos aquí sus escritos que, básicamente, se sostuvieron en dos columnas llamadas “Tiempos presentes” y “Al margen del cable”.
Después de vivir casi todo un año en la Madre Patria, Arlt regresa a la Argentina. Desde aquí busca insertarse en ese periódico, con una serie de notas de diferente color a las aguafuertes porteñas que dio a conocer antes de su viaje al viejo mundo.


LAS CRÓNICAS
Los artículos que el autor de “El juguete rabioso” plasma durante cinco años (por lo general de manera diaria, otras con algún día de por medio) las hace con total libertad. Muchas veces selecciona su materia prima de los cables que llegan, en otras toma alguna frase de alguna noticia o de la profunda observación de una imagen… motivo más que suficiente para crear el artículo.
Lo asombroso es que no le piden a Arlt que escriba tal o cual cosa (salvo contadas excepciones donde se lo envía a cubrir cierto acontecimiento), sino que él elije una mínima unidad de sentido y recrea un mundo que pocos podrían imaginar. Las crónicas arltianas nutren esa unidad y la complementa con diversas visiones, monólogos, detalles de color local (muchas veces de lugares que no conoció jamás), diálogos entre personajes reales o ficticios, maximiza ese cuerpo textual y lo da vuelta a su gusto y placer aportando, sobre todo, literatura.
Muchas de sus temáticas rondan sobre la inminente guerra que se venía por esos años, la presencia nazi; pero también las historias de vida de personajes importantes y de aquellos excluidos o ninguneados por la sociedad. Se plantea además, como escribir en una época donde “Europa [es] barrida por un simún de fuego”; no puede el periodista, el escritor, encerrarse en la literatura y disociarse de la vida, porque se corre un alto “riesgo de inhumanidad”.
Piglia afirma también que “la literatura es para Arlt el laboratorio donde se experimenta con las conductas inesperadas y las especies ambiguas, con las partículas y las moléculas microscópicas de la vida social. Sus aguafuertes escritas durante casi veinte años son el archivo de esa investigación biológicopolítica. Múltiples y maleables, sus crónicas mezclan diagnósticos, pequeños panfletos, microhistorias, futuras novelas, fragmentos de un folletín personal, y extraordinarios registros de lectura. Pero quizás lo más notable de las crónicas de Arlt es que fueron escritas por encargo. Se publicaron desde el primer número del diario El Mundo; posiblemente se trató de encontrar un lugar para Arlt como redactor especial. Y el redactor se convirtió en la noticia. La consigna era sencilla: Arlt estaba obligado a escribir pero nadie le decía sobre qué. Esta disposición (que dura años) es la base de la forma de sus crónicas y define el género. Arlt actúa como un observador exigido, obligado a encontrar “algo interesante”. La experiencia de buscar el tema es uno de los grandes momentos de las aguafuertes. La obligación vacía de escribir les da una tensión de la que, por supuesto, carece el periodismo. Quiero decir, el periodismo busca el dramatismo en la noticia, y las crónicas de Arlt dramatizan la exigencia de escribir, la obligación de encontrar algo que decir. En más de un sentido, el cronista es quien -para decirlo así- inventa la noticia. No porque haga ficción o tergiverse los hechos, sino porque es capaz de descubrir, en la multitud opaca de los acontecimientos, los puntos de luz que iluminan la realidad. En nadie es tan clara como en Arlt la tensión entre información y experiencia.”


LIBRO MÚLTIPLE
Este es un libro con múltiples accesos. Es de notable ayuda para el periodista que podrá aprender las maneras de experimentar estilos y recursos, muchos de ellos impensados aún en la actualidad. Le sirve al historiador quien puede cotejar hechos y pensamientos de la gente de un tiempo clave para la civilización mundial. Para quien gusta de las letras, encontrará en el cúmulo de grafías, verdaderas joyitas que le arrancarán alguna asombrosa onomatopeya. Claro está que también el lector común (el de diarios) tiene su lugar, logrará aquí imbuirse en algunos temas y situaciones de un pasado no tan lejano…
Roberto Arlt, tiene la versatilidad de cambiar de registros. Esa es la grandeza de un escritor, poder llegar a la mayor cantidad de lectores; pero aportando creatividad y refrescando la lengua en cada artículo escrito. Es un gran desafío, construir textos bellos, útiles, comprensible, pero sin caer en lo liviano y lo soso.
“En la notable serie de notas escritas “al margen del cable” incluidas en este libro, a las que me he referido (continúa Piglia), Arlt trabaja directamente sobre la interpretación de la noticia. Esas crónicas están construidas básicamente sobre una escena de lectura: Arlt comenta los cables que lee. Y su modo de leer es extraordinario. Amplifica, expande, asocia, cambia de registro y de contexto las noticias que recibe. Las revela, las hace visibles. Arlt ha titulado la mayoría de sus crónicas usando el modelo de una técnica gráfica (las aguafuertes, el ácido que fija la imagen) porque quiere fijar una imagen, registrar un modo de ver.”
En recuadro aparte les ofrecemos la primera crónica que pública en El Mundo, no sólo para que aprecien su escritura, sino porque tiene como escenario a Río Cuarto, que es contrastada (levemente) con la ciudad que la venía opacando: Villa María.


REVALORIZACIÓN DE LA CRÓNICA
Como bien afirma la compiladora del volumen Rose Corral, la crónica periodística se encuentra en un lugar marginal en la historia literaria, y si bien esa tendencia se va revirtiendo, no es lo común. “El paisaje de las nubes” (nombre del libro, pero también de su última crónica publicada) se conforma en un gran paso en pos de ese reconocimiento.
Aquí hay vivencias, historias, realidades que se matizan con la pluma del periodista y con la inagotable cantera de recursos literarios con que los ornamenta Arlt. A casi 70 años de la muerte, este aporte refresca la visión de un escritor que fue denostado por otros “grandes intelectuales”, quienes utilizando argumentos de poco peso le hicieron sombra a quien es uno de los profesionales más importantes e influyentes de nuestras letras latinoamericanas. Pareciera que la contemporaneidad es injusta con los grandes hombres cuando están vivos; pero el tiempo, la clepsidra, es quien se encarga de enaltecer y solidificar la imagen y obra de estos trabajadores. Allí se inscribe Arlt.


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ORO NEGRO EN RÍO CUARTO
Por Roberto Arlt

Una bomba de oro ha reventado en Río Cuarto. Río Cuarto, la ciudad muerta envuelta en torbellinos de tierra roja. Pero ya no estará muerta. Ha resucitado.
En Coronel Baigorria el ingeniero Reyes afirma haber encontrado petróleo. ¡Petróleo! ¡Oro negro! Una sinfonía de borbotones de betún se levanta ante los atónitos ojos de los destripaterrones que manejan Ford y desnatan leche. Sueño de vascos, de gallegos, de italianos. ¡Petróleo! ¡Oro!
Una suerte de delirio negro y rosa cruza en estos momentos, con sus ráfagas de billetes de banco, las imaginaciones de los hombres del departamento. Perspectivas de pleitos. Anulaciones de boletos de venta. Pérdida de señas. Es la hora en que cada chacarero de Río Cuarto, la solitaria, admite la posibilidad de que bajo sus terrones ondula, espesa, la tardía sangre de la tierra.
¡Petróleo! En cada casa de la solitaria Río Cuarto, con su plaza, su iglesia, sus calles anchas empedradas, con picapleitos cetrinos, con agentes de automóviles de apellido español o italiano, con grandes almacenes de ramos generales donde los vendedores son habilitados, con “procuradores diplomados” y chicas que están en la primera parte del Czerny, en cada casa de Río Cuarto, que despacio se sentía morir bajo la competencia de Villa María, hoy un sueño de increíble prosperidad sacude las esperanzas de esas gentes: ¡En Río Cuarto hay petróleo!
Petróleo. Riqueza. Destilerías. Mares de obreros. Bares con music halls, sueños de ventrudos tratantes. Bares. Mujeres que muestran las piernas. Orquestas. Pleitos. Pleitos en torno de todas las hijuelas. Pleitos en torno de los boletos de venta rescindidos. Sueños de los almacenes de ramos generales. Camiones, hileras de camiones con mercadería. Sueño galopante del vecindario de Coronel Baigorria. Sueño del turco que tiene un lote. Sueño del italiano que tiene una chacra. Sueño del español que arrendó un terreno. Sueño del inquilino que contrató una casa. ¡Enriquecerse! ¡Enriquecerse!
Esta noche, mañana, pasado, no encontrará usted un solo vecino que le venda un lote de tierra en Coronel Baigorria. No encontrará un solo propietario de Río Cuarto hoy dispuesto a vender. Petróleo, petróleo. Los agentes de automóviles, la casa del jefe político, en teléfonos, caras pegadas a los auriculares. Conferencias. Las ediciones de los periódicos de la Capital disputadas en la estación. Los chacareros en el hotel discutiendo la noticia. Las esperanzas inflándose como la leche en la marmita. ¡Petróleo! ¡Oro! ¡Music halls, con mujeres que muestran las piernas! Coimas, sueños de coimas. Aumento del servicio médico. Ensanchamiento de las boticas. ¡Oro! ¿Quién piensa vender hoy en Coronel Baigorria? Nadie. Nothing. Nadie. Nothing. ¡Oro! ¡Dólares! ¡Torres! ¡Destilerías!
Los pueblos de los alrededores creciendo. Los demacrados picapleitos engordando. Cambiándose el cuello. Lavándose la camisa. Los estudios de abogados abriendo las persianas. Los estudios de Czerny renovándose con más vigor. Un marido ingeniero. Un marido catador. Un marido jefe de contaduría. No importa. ¡Oro, oro! Sueño del petróleo. El petróleo brotando de la tierra, negro, hediondo, precioso, maravilloso. ¡Oro! ¡Petróleo! ¡Oro! ¡Petróleo! Una sinfonía. Sueño de cabarets descomunales. Los chacareros retorciéndose el bigote. Los partidos políticos languidecidos, fortalecidos prestamente. Los bancos. Los bancos. ¿Qué gerente no abre los ojos? Reuniones de directorios. ¡Fiebre! Botellas de cerveza reventando. Botellas de champaña. ¡Oro! ¡Petróleo! La tierra envuelta por los largos vientos cruza los poblados de Río Cuarto. Bajo las estrellas, entre los reverberos del sol, tremendos, en los pescantes de las chatas de cuatro ruedas descomunales, en los talleres de vulcanización, en las carpinterías, en los almacenes, en las esquinas, en el taller del zapatero, en lo del turco Alí, en lo del fascista Cristóforo, en lo del comunista Jaime, consigna única: ¡Petróleo! ¡Petróleo! ¡Petróleo! Sueños de enriquecimientos fabulosos. De millones. De cientos de millones.
No se habla, no se piensa en otra cosa. Abajo hay petróleo. ¡Qué importa la posible guerra europea! ¡Qué importa la Revolución Española! ¡Qué importa todo si hay petróleo! Aquí, aquí abajo, donde golpea el zapato. Mañana mismo, pasado, dentro de dos meses. Ahora no puede tardar. Todos sueñan.
¡Ha ocurrido! ¿Cómo ocurrió? ¿Por qué ocurrió? ¿Cómo no ocurrió antes? Palabras, palabras, palabras. ¡Villa María! Villa María no existe en el mapa. Ahora es Río Cuarto, Río Cuarto la solitaria. De avenidas anchurosas. De picapleitos flacos. De muchachas desganadas.
Río Cuarto, cabeza de departamento. Con tribunales. Con jueces. Es un sueño. Ha ocurrido. ¡Allí está! No basta nada más que esperar un poco y de pronto el petróleo en un chorro de betún tocará el cielo. Los pastos verdes quedarán cubiertos de alquitrán. Nubes de humo ennegrecerán el cielo. Rascacielos. ¿Por qué no? Pueden surgir. Quién no sueña con rascacielos. Véalos. Allí están en el hotel principal, en el comedor del hotel principal, en la sala del abogado principal, allí están todos los conspicuos de Río Cuarto hablando de la noticia, escuchando con los ojos brillantes la palabra de un ingeniero, de dos ingenieros, de diez ingenieros. Explicaciones. Hipótesis. Palabras doradas. ¿Quién ha dicho que la vida no es hermosa cuando hay petróleo?


“Tiempos presentes”, 12 de marzo de 1937.


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ROBERTO ARLT


Su nombre completo fue Roberto Godofredo Christophersen Arlt. Nació el 2 de abril de 1900 en Buenos Aires. Fue novelista, cuentista, periodista y dramaturgo.
Publicó las novelas “El juguete rabioso” (1926), “Los siete locos” (1929), “Los lanzallamas” (1931) y “El amor brujo” (1932); los libros de cuentos “El jorobadito” (1933), “El criador de gorilas (1941) y “Un viaje terrible” (1941). En cuanto a sus obras de teatro, “300 millones” (1932), “Prueba de amor” (1932), “Saverio el cruel” (1936), “La isla desierta” (1938) y “La fiesta de hierro” (1940). Los libros “Aguafuertes porteñas” (1933) y “Aguafuertes españolas” (1936) resguardan un porción de su actividad periodística que comenzó allá por 1928 en el diario El Mundo. Posteriormente se publicaron compilaciones de sus aguafuertes gallegas, andaluzas, asturianas, vascas y africanas.
En 1935, viajó a España y África enviado por El Mundo, de donde aparecen sus Aguafuertes Españolas. Arlt permaneció en Buenos Aires, salvo este viaje y alguna que otra escapada a Chile y Brasil.
Murió de un ataque cardíaco en Buenos Aires, el 26 de julio de 1942.



(*) Publicado en El Diario del Centro del País, domingo 01 de noviembre de 2009.-

lunes 19 de octubre de 2009

Muestra "Leer es lo más". Ilustraciones para niños y jóvenes

MUESTRA
“LEER ES LO MÁS”
ILUSTRACIONES PARA NIÑOS Y JÓVENES




Hasta el próximo miércoles se podrá recorrer y apreciar la muestra itinerante, que la editorial cordobesa Comunicarte preparó en la Biblioteca Municipal y Popular Mariano Moreno (Av. Sabattini 40).
“Leer es lo más” se inauguró el 7 del corriente en el marco de la Feria del Libro local y aún permanece instalada para que los usuarios, adultos y sobre todo los niños se lleguen a apreciar parte del “detrás de la escena” de la construcción de los libros infantiles.
En esta oportunidad, lo que se expone es la faceta relacionada con el arte de las distintas colecciones que esta editorial presenta; “de esta manera los chicos podrán conocer la ‘cocina’ de los libros, el proceso que se sigue desde la creación hasta la edición definitiva que llega a las librerías.”
La muestra se presentó por primera vez en sociedad, en las instalaciones del Centro Cultural del Buen Pastor en Córdoba Capital. Villa María, es la primera ciudad del interior donde aterriza este precioso emprendimiento, para luego continuar por Mendoza (noviembre).
La suma de obras presentadas asciende a cuarenta y cinco; las mismas corresponden a artistas de todo el país, entre los que se destacan: Cachoíto De Lorenzi, Jorge Cuello, Liliana Menéndez y Mónica Weiss. Algunas de estas obras han sido galardonadas con importantes premios nacionales e internacionales, como es el caso de las acuarelas de Saúl Rojas para el libro “El camino de la luna”, con el que resultó elegido a nivel internacional en la Lista de Honor de IBBY 2010 (International Board on Books for Young People).
“Las ilustraciones originales permiten apreciar la arquitectura del libro, el proceso que se sigue entre el acto creador y la edición definitiva”, dice Karina Fraccarolli, responsable de este proyecto.
Con lápiz, acuarelas, trapos, plastilina, temperas, con retazos de cualquier material que posibilite el collage… todo sirve para que estos grandes artistas den el complemento necesario a las historias que representan. De niños nos transportábamos a mundos imaginarios, motivados por la riqueza de los textos y matizado por las ilustraciones que acompañaban los volúmenes.
EL DIARIO Cultura visitó la muestra y tomó algunas fotografías con las que ilustramos nuestra edición de hoy.
Los invitamos a recorrerla, lo invitamos a volver a soñar…



Liliana Menéndez
El árbol de las lilas
Técnica: Dibujo en tinta china, lápiz color y collage sobre papel
Dimensiones: 33 cm x 24 cm, 36 cm x 20 cm, 32 cm x 24 cm
Texto: María Teresa Andruetto
Colección: Vaquita de San Antonio

* Lista de honor IBBY 2088
* Destacado ALIJA 2009 / categoría poesía


Claudia Degliuomini
Pajarraigos
Técnica: Acuarela sobre papel
Dimensiones: 43 cm x 23 cm, 43 cm x 23 cm, 43 cm x 23 cm
Texto: David Wapner
Colección: Vaquita de San Antonio

* Destacado ALIJA 2009 / categoría Libro Ilustrado




Saúl Oscar Rojas
El camino de la luna
Técnica: Tinta, acuarela y collage sobre papel
Dimensiones: 52 cm x 28 cm, 52 cm x 28 cm, 52 cm x 28 cm
Texto: Laura Escudero
Colección: Bicho Bolita

* Destacado ALIJA 2008 / categoría ilustración
* Destacado ALIJA 2008 / categoría cuento







Miguel de Lorenzi
Noche de Luna Llena
Técnica: Acuerela y lápiz con montaje digital sobre papel
Dimensiones: 44 cm x 20 cm
Texto: Laura Devetach
Colección: Vaquita de San Antonio





Guillermo Casas
Un mar para Crispín
Técnica: Lápiz sobre papel / Plastilina sobre cartón
Dimensiones: boceto 44 cm x 20 cm, 27 cm x 20 cm, 44 cm x 20 cm
Texto: Claudia Sánchez
Colección: Vaquita de San Antonio





Mónica Weiss
Un perro llamado Cuál
Técnica: Acuarela sobre papel
Dimensiones: 63,3 cm x 29,7 cm
Texto: Renato Peralta
Colección: Veinte Escalones

* Los mejores libros para niños y jóvenes 2007
Categoría Los tres imprescindibles de la Biblioteca otorgado por Banco del Libro, Caracas, Venezuela.
* Destacado ALIJA 2008 / categoría Colección





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MUESTRA DE ILUSTRACIONES ORIGINALES
LEER ES LO MÁS

Muestra de ilustraciones originales de libros para niños y jóvenes
Biblioteca y Medioteca Municipal y Popular "Mariano Moreno"
7 al 21 de octubre de 2009


La muestra “Leer es lo más” propone un encuentro con las imágenes originales de los libros publicados en las colecciones para niños y jóvenes de Editorial Comunicarte. Un espacio para que chicos y grandes puedan conocer y disfrutar de una de las partes del proceso creativo de los libros: el hacer de los ilustradores.
Las producciones gráficas se exponen en sus soportes y medios originales. Son piezas únicas que luego de reproducidas en los libros, perviven y se multiplican. La presentación de las ilustraciones en forma independiente respecto del texto y la producción editorial destaca las cualidades estéticas de cada imagen, mientras el montaje en serie remite a las secuencias visuales y narrativas que estructuran cada título.
Las obras pertenecen a ilustradores argentinos y extranjeros. Realizadas en soporte papel o digital, con procedimientos técnicos y estilos diversos permiten apreciar, no sólo la materialidad de lo que luego veremos impreso en los libros, sino también la construcción de mundos tan distintos como atractivos.

Ilustradores: Gustavo Aimar/ Guillermo Casas / Constanza Clocchiatti / Roberto Cubillas / Jorge Cuello / Guillermo Daghero / Claudia Degliuomini / Miguel De Lorenzi / Sonia Esplugas / Carolina Farías / Paula Fränkel / Luis Fernández Alle / Alexiev Gandman / Javier González / Rosa González / Piet Grobler / Claudia Legnazzi / Liliana Menéndez / Ivana Myszkoroski / Saúl Oscar Rojas / Mónica Weiss.

Idea: Karina Fraccarolli.
Curaduría: Clementina Zablosky.

Colecciones: Vaquita de San Antonio, Bicho Bolita, Veinte Escalones, La nube verde, Los niños del MERCOSUR, Los imprescindibles.



(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 18 de octubre de 2009.-

martes 13 de octubre de 2009

Panorama Local: Literatura en tapas duras. Catálogo 2008-2009 (quinta parte)

PRESENTACIÓN DE LIBROS LOCALES
FERIA DEL LIBRO

PANORAMA LOCAL LITERATURA EN TAPAS DURAS
CATÁLOGO 2008–2009 (quinta entrega)




“Más libros, más voces, más libres”.Con ese lema como estandarte, cerrará hoy la Feria del Libro local, que tuvo su desarrollo entre el 7 y el 11 del corriente.
En esta oportunidad se instalaron 150 metros de carpas con 25 stands para la promoción y venta de libros. Se desarrollaron conferencias, recitales, lecturas y talleres. Tuvo, otra vez, la emotiva suelta de poemas desde el aire que organizó la SADE local. El propio Secretario General de la SADE central, el villamariense Ernesto “Chueco” Fernández Núñez, expresó con emoción que esta actitud “únicamente puede pasar en Villa María”.
Se realizó además la Feria de Ofertas Educativa y de manera paralela el 6to Congreso de Educación.
Como corolario a esta fiesta de la cultura, se presentará como última activad, a las 19 de hoy, una multipresentación de libros de seis autores locales. La Editorial Universitaria (Eduvim) ha publicado en bellas ediciones los primeros volúmenes de la colección “UP cinco mil novecientos”. Dicha serie se edita bajo la Ordenanza Municipal 5974, que promueve la edición de autores locales mediante el aporte de comerciantes e industrias a los que se le deducen impuestos. Los autores beneficiados (varios de ellos, inéditos hasta hoy) son: Marina Giménez, Fernando Ceballos, Marcelo J. Silvera, Griselda Rulfo, Federico Giacomelli y Evangelina Sodero.
Desde estas páginas, se nos ocurrió la idea de consultarle a cada uno, qué significa su libro y qué sensaciones les despierta el hecho de haberse publicado. Con esa premisa disparadora y amplia contactamos a sus autores y esto nos dijeron.




Palabras que caminan la cornisa (poesía), Evangelina Sodero, 60 páginas.
Evangelina Sodero nació en Villa María en 1980. Actualmente se desempeña como profesora en Lengua Castellana de nivel medio egresando de la UNVM en 2004. “Palabras que caminan la cornisa” es su primer libro de poemas publicado. Desde hace tres años es integrante de la SADE filial Villa María. Tiene una novela inédita titulada “Libertad interrumpida”.


Que la palabra sea aquella sombra delirante
que camina la cornisa
una loca que anda suelta...


Se me hace que el poeta, en su papel en blanco, tiene las palabras como eternas peregrinas hacia lo indecible, equilibrantes de significado, indecisas en el acto de existir o no existir, de decir o no decir, de sentir o no sentir, de fingir o no fingir, de pecar o no pecar, de estarse con Dios o sin Dios.
En "Palabras que caminan la cornisa" la poesía me llegaba como una cosquilla en la punta de los dedos, la necesidad imperiosa de decir que con la palabra se construye o se destruye, se enciende o se apaga, se es minúsculo o grandioso, es la forma más sutil y bella de decir sin nada que decir.
La publicación de éste, mi primer libro de poemas es la culminación más gratificante de aquella inspiración que al poeta le llega quién sabe de dónde. Todos y cada uno de los poemas que integran el libro tienen reservado un lugarcito en el mundo sin decir de los poetas, muy adentro mío, allí donde vivir es una utopía, un imposible para seres de esta tierra, al menos hasta ahora... ¿quién sabe...? quizás dentro de miles de años... tengamos visitantes, turistas que se lleguen al corazón del poeta. Gracias Dios por enseñarme el costado sensible de la palabra. Gracias hasta que ya no tenga nada que decir.”


Nueve y diez… el que no se escondió se embromó (narrativa infanto-juvenil), Griselda Rulfo, 88 páginas.
Griselda María Rulfo nació el 17 de abril de 1943 en la localidad de La Playosa. En Villa María (donde reside) cursó sus estudios de Nivel primario, medio y terciario en distintos establecimientos educativos. Egresó como Bachiller, Maestra Normal, Profesora en Educación Física y Psicopedagogía. Tiene estudios cursados sin finalizar en Metodología de la Investigación Educativa, Letras Modernas y Arquitectura. Se desempeñó como docente en distintas áreas en los niveles primario, medio y terciario en diversas instituciones educativas. Y como coordinadora Regional de Educación Física en la Inspección Regional con sede en Villa María. Ha asistido a talleres literarios dirigidos por: Marta Parodi, Susana Zazetti y Mercedes Espinosa.


“¿Qué siento al publicar mi primer libro? Aunque la
respuesta parezca demasiado simple experimento una emoción profunda y gran alegría, lo que no es poco. Ya que escribo por el placer que experimento al hacerlo, por una necesidad de crear que me ha acompañado toda la vida.
Y como esa niña que cuenta “Nueve y diez… el que no se escondió se embromó” para salir a develar el misterio de un juego maravilloso yo intento jugar con las palabras, el misterio, la ficción, el suspenso, la narrativa infantil, que también me permiten encontrar el sentido de muchas vivencias.
Pero en esencia es solo una la respuesta: ESCRIBO PORQUE SIENTO LA NECESIDAD Y EL PLACER DE HACERLO, NADA MÁS.”


Monitor interior (relatos y poemas) Marcelo J. Silvera, 71 páginas.
Marcelo J. Silvera, nació el 30 de julio de 1975 en la Capital Federal. Primera generación argentina de familia uruguaya. Vivió y estudió en Capital y Montevideo alternativamente. Periodista y escritor, a los 12 ingresó al mundo de la radio y mantuvo su propio programa, "Monitor Interior", por espacio de 13 años en diferentes radios de Buenos Aires, Montevideo y Villa María. Argentino por nacimiento, uruguayo por adopción y villamariense por elección, actualmente está radicado en Villa María (Córdoba), es vicepresidente de la Sociedad Argentina De Escritores local y trabaja en el diario Puntal Villa María.


“Básicamente éste es mi Monitor Interior. El libro, así como lo fue el programa de radio (con el que amenazo con volver en cualquier momento) y hasta el blog (monitorinterior.blogspot.com) son canales de expresión, cables a tierra que me permiten aportar una mirada más literaria a la vida.
Es mi primer libro, porque hace mucho tiempo sostengo que el ser artista también es trabajo, y tener que pagarse su propia edición para publicar es como pagar para trabajar. Afortunadamente el proyecto fue visto como viable y pudo ver la luz, de otra manera seguiría en el cajón, junto a otros libros y proyectos esperando su oportunidad.
En él se recopilaron varios relatos de diferentes épocas, experiencias vividas en primera persona o en tercera (nunca sabrán cuál es cuál) y alguno ficcional; unidos a poesías de estos últimos tiempos, las primeras de carácter social, una mirada crítica a una vida que pasa demasiado rápido sin conocer cuál es el destino, las últimas del corazón, sin olvidar las broncas hacia un mundo injusto pero aferrado al amor.
El Monitor Interior nos permite ver lo que tenemos dentro, y cualquiera sea el interior que nos deje ver está bien, en este tiempo tan lleno de exterioridades.”


Cáliz de arena (poesía), Marina Giménez, 37 páginas.
Marina Beatriz Giménez nació el 7 de marzo de 1961 en la ciudad de Santa Fe. Vive en Villa María desde 1996. Escritora, poeta, promotora de lectura y escritura. Publicó dos libros de poemas: “La morada y el pájaro” (Argos) y “La puerta” (De autor). Participó en antologías provinciales, nacionales e internacionales con sus cuentos y poemas. Coordina talleres literarios para niños en diferentes localidades y escuelas. Participó como expositora en el Seminario Internacional “Relaciones de la literatura y los niños en riesgo” auspiciado por la UNVM, Editorial La Bohemia, Ministerio de Educación de la Nación, CONABIP, Embajada de Francia y Banco del Libro de Venezuela.


“La publicación de "Cáliz de arena" significa ante todo la oportunidad de abrir la palabra hacia los otros. Mis dos publicaciones anteriores "La morada y el pájaro" y "La puerta" fueron ediciones de autor y entonces el recorrido se hizo más difícil y acotado. La poesía igual circula entre la gente, está viva, pero los libros merecen ser leídos, llegar al lector. Desde Eduvim el camino puede ser más amplio, volverse visible para los que invisiblemente oficiamos con la palabra. Poner voz en el silencio. Ayudar a que el autor publique y que el texto circule y no quede atrapado dentro de su propio hábitat de papel que de ser el más legítimo, puede también ser una trampa bien ordenada en algún estante. Este oficio sobrevive ante toda circunstancia: el sustento cotidiano que hay que ganar con esfuerzo, la lucha indeclinable contra repetidos molinos de viento, la enfermedad, la muerte. El poeta vuelve a levantar su cabeza, toma un papel, un lápiz o una tecla y sigue escribiendo.
Entonces que alguien ponga sus ojos, pero adentro de tus palabras y quiera ponerlas por vos en un libro, en una escuela, en la biblioteca, te ayude a repartirla, a compartirla, como el pan, hoy, como poeta y como persona, me hace sentir menos sola.”


Evocando el pasado (relatos) Federico Giacomelli, 131 páginas.
Federico J. D. Giacomelli nació en James Craik, provincia de Córdoba en 1930. Reside en Villa María desde 1947. Egresado como tornero mecánico de la Escuela del Trabajo. Se desempeñó como operario, docente y desde 1962, viajante de la firma Nossovitch y CIA SA. Este es su primer libro.


“Lo que puedo decir es que para escribir un libro se necesita, para empezar, tener ganas; no importa la edad, y luego como dice mi nieta Evangelina Sodero (profesora de lengua y escritora), a escribir se aprende escribiendo. Yo puedo asegurar que tiré muchas hojas hasta lograr algo que más o menos me convenciera.
“Evocando el pasado” es un relato autobiográfico en la que relato las buenas y las malas que viví para organizar la venta en nueve provincias de un producto de muy buena calidad pero desconocido en la zona asignada. Lo que tuve que argüir para convencer a los comerciantes para que trabajen ese producto.
Recorrer miles de kilómetros en un Citroën 2 CV por caminos malísimos sobre todo en la zona de la Mesopotamia, cuando para cruzar el río Paraná había que esperar, después de haber cruzado el río Colastiné y recorrido algunos kilómetros a veces hora y hora en una isla donde de día te molestaban y te picaban los gegenes y de noche los mosquitos y con un calor húmedo que te hacía transpirar a mares.
También cuento sobre cultivos y ganado importante medio de vida de los habitantes de esos lugares.
Felicito a Eduvim por ayudar a fomentar la cultura haciéndole fácil y sin costo editar libros a escritores noveles y más que eso hacerlos conocer.”


El manicomio (ensayos y otros textos) Fernando Ceballos, 142 páginas.
Raúl Fernando Ceballos nació en Colazo en 1964. Enfermero profesional, trabajó en instituciones psiquiátricas de la provincia de Córdoba y en la provincia de Santa Fe. Ha sido instructor docente de diversas instituciones en diferentes provincias. Es autor y compilador de diversos libros entre los que se cuentan “Palabras de enfermería. Reflexiones para una actitud ética en el cuidado enfermero en salud mental” (Sema), “Memorias de la capacitación: gente necesaria para construir historia”, (Comp.) Proyecto Troncal de Capacitación 2006-2007. Gobierno de Santa Fe. Recibió diversos premios y menciones por su obra literaria entre los que se destaca la 1º Mención en el Segundo Concurso Topia Libro de Ensayo 2008, de la revista Topia con el texto: “El manicomio. Crónicas de una lógica que coloniza subjetividades”, en 2008.


“Escribir se construye como cicatriz de la experiencia, y como potencia que impulsa a las palabras a ir más allá de sí, de lo que nombran, de lo que inventan. Fernando Ulloa, cuando habla de la escritura la compara con la escritura de una vivienda. Uno toma posesión de una casa cuando la escritura. Entonces cuando habla de escribir, nos dice que un sujeto se adueña de su práctica cuando puede plasmarla en la escritura. Allí verdaderamente, dice, toma posesión de su hacer, y lo transforma en saber.
Escribir no es una tarea sencilla, pero si dejamos que cada uno pueda escribir sus escritos, que cada uno pueda inventar liberándose de las ataduras discursivas que nos disciplinan, nos encaminamos hacia acontecimientos emancipadores, hacia apariciones lingüísticas, hacia enunciados y pronunciamientos que nos permiten pensar la transformación y desgarrar hábitos institucionales.
Escribir tiene que ver con dejar huellas, surcos, grietas, caminos, senderos, cicatrices…
Escribir tiene que ver con dejar testimonios, dudas, corazonadas, ilusiones, utopías…
Escribir tiene que ver con posicionamientos, discusiones, reflexiones, luchas, pasiones…
Escribir tiene que ver con esa turbulencia de lenguas sueltas y pensamientos a punto de salir…
Escribir no tiene que ver con juntar palabras, escribir tiene que ver con que las palabras se encuentren en un colectivo…
Escribir tiene que ver con la creación de sujetos clínico-políticos esperanzados en luchar contra las lógicas que nos atontan…
Escribir como una insistencia, como una energía presta a estallar, como una potencia que se resiste, que porfía.”
(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 11 de octubre de 2009.-

lunes 5 de octubre de 2009

Silvina Mercadal. Trazando huellas en el lenguaje

ENTREVISTA CON
SILVINA MERCADAL
TRAZANDO HUELLAS EN E
L LENGUAJE




Nació en la capital provincial y estudió Comunicación Social en la UNC. Es docente auxiliar concursada en la UNVM, donde dicta el “Módulo de Realidad”. Además posee dos cátedras obtenidas también por concurso en la Lic. en Comunicación, “Seminario de Políticas de Comunicación y Cultura” y “Comunicación y Procesos Culturales”.
Publicó en la recordada Editorial La Creciente su primer libro “Nupciario” (2007) y acaba de aparecer por el novísimo sello Caballo Negro Editora su segunda publicación, que dio en llamar “Acuario de la morsa” (2009). Nos contactamos con Silvina, motivados por la presentación de este texto, que se realizará dentro del marco de la Feria del Libro local, el viernes 9 a las 20 con la lectura de poemas de Elena Anníbali (Oliva). Previo a dicho “acto social” se presentará (a las 19) la editorial que tuvo a su cuidado la edición del libro; leerán en esa oportunidad: Alejo Carbonell (Cba.), Lucas Tejerina (Cba.) y José Di Marco (Río Cuarto).
“Acuario de la morsa” es un libro extraño, que puede tomar al lector desprevenido o desnutrido de lecturas. Un libro que, como un cofre cerrado, busca que el lector encuentre la llave para abrirlo y descubra allí todo ese tesoro que nos brinda la palabra.
A pocos días de su socialización en Villa María, Silvina, nos hace un tiempo para contestar estos interrogantes.





—Si tuvieras que titular y definir de otra manera a “Acuario de la morsa”, ¿cómo lo harías?
—Es difícil titular de otra manera el “Acuario…”. Por lo general, en mis títulos busco resolver algunos problemas vinculados con el corpus de poemitas que pretendo abarcar. En todo caso, puedo intentar poner patas para arriba el poemario, y proponer algunos títulos que funcionen a modo de degradaciones lúdicas e intertextuales: “El juego de las decapitaciones”, o “La vida acuática”, o “La misa acuática”, o en vez del poema carrolliano “La morsa y el carpintero”: “Carpintería de la morsa”, o con Felisberto Hernández de “Muebles El Canario” pasar a “Carpintería La Morsa”.

—¿Cómo se relaciona este texto con su anterior “Nupciario” y el próximo “El jardín colgante”?
—“El jardín colgante” es el libro ausente en estas escrituras que, espero, no guarden una relación de identidad entre sí. En todo caso, la relación es de proceso, de poner en movimiento el acto de escribir. Hablo de libro ausente porque es anterior, y no creo que alcance su publicación, funciona más bien como una especie de campo gravitacional. Algo de esto dije en una lectura del “Acuario de la morsa”, retomando una idea de la física. En la física es posible pensar la posibilidad de que un campo gravitacional, generado por un objeto, pueda seguir existiendo en ausencia del objeto. La relación es de procedencia, de un acto de escritura que potenció o hizo posible nuevas formas de “inscripción”, si se piensa que escribir es trazar huellas o marcas con el lenguaje.

—A juzgar por tus dos libros editos, podríamos decir que Lewis Carroll ha impregnado tu escritura, ¿esto es así? ¿Qué rescatás de él? ¿Qué otras influencias fuertes podés reconocer?
—En el “Acuario de la morsa” hay algunos elementos del sueño carrolliano, pero están pulverizados para producir una lectura indicial, que sea capaz de seguir el rastro, siempre diferido, que intenta generar algo diferente a partir de una apropiación. La influencia es relativa a las marcas que se pueden reconocer: el conejo, la reina, los cuerpos mudables, una morsa. También pensado como proto-surrealismo, que otorga entidad y realidad a los fenómenos oníricos, y exhibe la contracara de la vida diurna. Si “la vida es sueño”, como quería un español, hay que seguir la pista de los trabajos del día en los mapas nocturnos del sueño. El “Nupciario” está construido con otros elementos que están lejos del nonsense de Carroll, allí todo busca producir sentido, en cambio en el “Acuario…” el sentido se derrumba, y lo imposible relumbra con un efecto de extrañamiento que muestra la fallida racionalidad que intenta imponerse en nuestra relación con el mundo. No todo es cosmos y sentido, también hay caos y nonsense. Las influencias son diversas, y se pueden reconocer en los epígrafes que son umbral del poemario: proverbios surrealistas y metamorfosis leminskiana del imaginario griego.

—Tu libro es un tanto críptico (si se me permite el término), presenta cierta complejidad de lectura, ¿qué llave podrías darnos para poder ingresar en ese mundo? ¿Considerás que es importante aportar estas “ayudas de lectura”?
—Si se me permite la reversión, diría que más que críptico el libro es hermético, y se sitúa así en una vieja tradición (acaso algo olvidada en los tiempos contemporáneos del objetivismo y coloquialismo) de la poesía moderna: de pérdida de referencialidad del lenguaje, y potenciamiento de la forma. Toda vanguardia tiene algo arcaico, o bien la búsqueda de una forma nueva reclama cierto primitivismo. El viejo Hermes nos recuerda que el poeta es un mensajero que porta una vara mágica, y la hermeneútica que toda interpretación es una serpiente que se muerde la cola. Me parece que una ayuda insuperable se encuentra en la contratapa: Silvio Mattoni hace su propia, y muy proteica, lectura del “Acuario…”. Cito: “¿Y qué dicen la morsa o el reptil, es decir, el sueño placentero o la pesadilla? Por momentos, más allá de jugarse en su cantinela, en su sistema de asociaciones, se diría que piensan, contemplan la teoría de los objetos transicionales, el goce, la ausencia del sexo”. Y luego: “Lo preverbal, si existe, llámese cuerpo, deseo, infancia, repetición, logra en esta poética una gracia que expresa lo menos familiar, la ominosa sustracción del individuo demasiado humano, al mismo tiempo que hace saltar el idioma hasta los colmillos inocentes de un ser que sólo habla en sueños”. ¿Qué puedo decir de mi poemario? Prefiero que cada lector siga su propia trayectoria, sin indicaciones de sentido, o llavecitas. Cuando Alicia alcanza la forma, al fin puede abrir la puerta que conduce al jardín.

—No se te ve muy seguido en el ambiente literario local, ¿un escritor debe dedicarse solamente a construir su obra? ¿Creés en las presentaciones de libros?
—El escritor no hace “obra”. Es una idea institucional de la escritura que sólo aspira a lo trascendente, y toda aspiración de trascendencia resulta opresiva, porque olvida que es la vida: pura inmanencia, lo que en verdad importa. Mallarmé decía algo interesante al respecto: “la obra es la máscara mortuoria de su concepción”. Es lo acabado, lo que se muestra cerrado e impenetrable, en cambio el momento de la creación es lo contrario, pura deriva, lo inacabado, y la pulsión de la forma que quizás motiva todo proceso creativo. Si “no se me ve en el ambiente literario local”, no es porque esté dedicada a construir “obra”, es simplemente porque algo de vida, con sus avatares, me coloca en otro lugar. Por último, las presentaciones de libros son sólo un acto social, e inaugural, en el que todos aceptamos de manera tácita la necesidad de socializar nuestro trabajo, un momento de economía política de la poesía: su puesta en circulación, que bien podría tener un carácter festivo, derroche de la palabra que no se subordina al mercado. Pero nada de eso sucede, o sucede de manera muy esporádica, cuando una lectura o presentación nos conmueve, y logra movilizar o trastocar nuestros sentidos.

—Recientemente salió publicado un libro en el que decís: “la poesía no es una carrera, no es una velocidad, es una quietud a conquistar”; ¿cuál es tu manera de calmar esas aguas?
—Sí, te referís a la encuesta de “Tinta de poetas”. Si digo que la poesía no es una carrera, o una velocidad, es porque la pienso de manera insistente como “más vida”, que alienada aspiración de trascendencia. En la idea de “carrera” además está implícito el pensarse como un profesional de la escritura. Y no tengo una carrera con la poesía, y sus escalafones dependientes del reconocimiento, el hechizo social de los capitales. En mi caso, la vida profesional pasa por otro lado, por las actividades más vinculadas de manera directa con la obtención de un salario.

—¿Te sentís más cercana a los poetas de Córdoba que a los de Villa María? ¿Por qué?
—No entiendo bien la pregunta. O mejor dicho ¿Por qué me debería sentir más cercana a los poetas de Córdoba? Hace por lo menos diez años que tengo una vida “entre” Córdoba y Villa María, desde mi retorno que estuvo marcado por el trabajo (y otras cuestiones más personales), jamás me despegué de la ciudad en la que hice mis estudios universitarios y comencé mi vida profesional. Además, siempre he tenido contacto con los poetas locales. Dolly Pagani me estimuló y animó a publicar en las ediciones de “los Nuevos” de la Sade. Normand Argarate y Susana Giraudo, en algunas ahora lejanas tardes de amistosa “tertulia” me contagiaron cierto entusiasmo por las actividades inútiles (o la belleza de los gestos inútiles). Y hace poquito tuve un encuentro muy agradable, una charla de café, con Gustavo Borga y Fabián Clementi, con quienes intercambiamos libros, especie de santo y seña de los grupos de afinidad.

—¿Para qué escribís, Silvina? ¿Por qué la poesía y no otro género?
—Ya está dicho. A riesgo de repetirme, creo que bien lo expresé en la encuesta a los poetas: para mí escribir es la difícil construcción de un espacio de autonomía y libertad. Y a la vez un devenir minoritario, un apartarse del despotismo de las mayorías, y reconocerse parte de un pueblo menor, como quería Rimbaud: “Soy de raza inferior por toda la eternidad”, y “pertenezco a la raza que cantaba en el suplicio”. Por otra parte, la poesía me permite un trabajo más puntilloso con la forma, y sus desviaciones, aunque ahora escribo unas prosas poéticas que no sé en qué pueden derivar. También escribo en otros géneros, pero para el circuito (¿también algo inútil?) del ensayismo académico.

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POEMAS DE “ACUARIO DE LA MORSA”
de Silvina Mercadal



En mi parque hicimos el acuario
bajo la fronda líquida
de remotas playas extensibles
llamada a su veloz contagio
la curiosa morsa vino
me regaló música de cajas
y luego cambió de hábitos.

En crujientes témpanos
tan sólo somos
cortes prematuros.


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Una vez dijo
“en tu vida quiero vivir”
o “tu vida quiero”
no recuerdo exacto
recuerdo brusco.

¿La tuya comenzaba
cuando me hicieron?
O ¿me hicieron
para que te comenzara?


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En la inmóvil siesta
un rasgueo bajo la puerta
del mensajero, ya dentro
del sobre me hunde
lacerante goce
de tus versiones.

En ambiguo roce estuve
con tus visiones
a mi cuerpo filtraba
tan góticos como tóxicos
derrumbes, tan insensato
siempre irreversible.

En mi siesta alucinada
el tiempo es reversible.

* * * * * * * * * * * * * * * * * *

A ella los sueños traen
ardida melena de medusa
y es ella espiral incesante
caracoles en el sueño
en cristaleras
la ascienden.

Sólo en sueños así vista.
Acaso del día es médium
de partes de mí. Ya no
me encuentra sino
en superficie sumergida.

Agua electrizada
toda vigilia cuando
a espejos oscuros atrae.

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ACUARIO DE LA MORSA
según Silvio Mattoni



De manera mucho más inesperada que los domésticos gatos y conejos, la morsa llega a la literatura también con Lewis Carroll para jugar en el oleaje de las palabras. Creo que los poemas de Silvina Mercadal, además de aludir a los animales parlantes del sueño de Alicia, procuran alcanzar su grado de innovación rítmica: la frase se vuelve abrupta, evita las conexiones redundantes, se complejiza y flota sobre la cresta de unos versos breves para encabalgar su sentido. ¿Y qué dicen aquí la morsa o el reptil, es decir el sueño placentero o la pesadilla? Por momentos, más allá de jugarse en su cantinela, en su sistema de asociaciones, se diría que piensan, contemplan la teoría de los objetos transicionales, el goce, la ausencia de sexo. De allí proviene, quizás, el habla intensa y lúdica, vertiginosa de este libro y su efecto casi paradójico: no la risa complacida sino un punto de angustia. Lo preverbal, si existe, llámese cuerpo, deseo, infancia, repetición, logra en esta poética una gracia que expresa lo menos familiar, la ominosa sustracción del individuo demasiado humano, al mismo tiempo que hace saltar el idioma hasta los colmillos inocentes de un ser que sólo habla en sueños.

(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 04 de octubre de 2009.-

martes 29 de septiembre de 2009

Entrevista para Corto Circuito UNVM

Entrevista del Programa
Corto Circuito de la UNVM
sobre
TINTA DE POETAS




lunes 28 de septiembre de 2009

142º Aniversario de Villa María. Evocación Literaria

142º ANIVERSARIO DE
VILLA MARÍA
EVOCACIÓN LITERARIA


Nuevo aniversario de la ciudad.
Para estar acordes con los festejos y este magnífico suplemento homenaje que hoy les regala EL DIARIO, quisimos realizar nuestro aporte desde la escritura literaria. Pero quisimos hacerlo con textos del pasado, textos que ya no circulan y textos que muchas veces nuestra memoria olvida.
Revolvimos algunos libros y archivos de nuestro diario para rescatar y hacer presentes, aquellos textos donde escritores y músicos, le cantaron a Villa María. Queremos mostrar de qué manera nuestros viejos poetas evocaban a la ciudad que les dio la vida o que fue el espacio donde se pudieron desarrollar y proyectarse.
En las líneas que siguen están impresas la presencia de la ciudad, los barrios, su gente y sobre todo de su río. Ese río que es uno (sino él) elemento constitutivo de nuestra ciudad, y que ha sido musa de nuestros poetas de todos los tiempos.
No queremos extendernos más de lo previsto, dejemos el lugar a quienes desde el sentimiento, el corazón y la palabra nos hablan de la ciudad, nuestra ciudad.
¡Felíz aniversario Villa María!




[POEMA]
Geremías P. Monti.


Cinco ríos cruzan Córdoba
que son como cinco arterias,
por donde corre la sangre
perfumada de la sierra.
El Tercero presuntuoso
quizás por marinas ansias,
que enjoya a Villa María
como una bincha de plata.

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EMBELESO JUNTO AL RÍO
Primo Miguel Beletti, del libro “¿Dónde hay silencio?...”.


Pelambre lacio y pendulante de los sauzales
sobre la arruga de la epidermis de la tierra
y el peine del agua murmullante
que corre por su cauce
en setiembre le imprime lustre
a sus mechones capilares.
En el brillo de un espejo itinerante
se zambullen cual anfibio
las esmeraldas repetidas por millares
de las horas diminutas que eclosionan
al conjuro de cien flautas animadas
y las alas de mi ensueño desplegadas
se baten sobre el oasis que allí me abriga.

El suave mecedor de la corriente
a mi vera sobre el muelle enarenado
musicaliza con las coplas de su andanza
la evasión que por fisuras de mi alma
arrobada, goteando el zumo amargo
drenan la aspereza que me atrapa
en un navío que boga errante
con las velas hinchadas de mis ansias.

En la alcoba iluminada de mi seno
para ese huésped que deambula vacilante
no hay puertas a su retorno
no hay sitio habitable
que no vuelva!
que sucumba!
que naufrague!

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BAJO EL CIELO DE VILLA MARÍA
Olga Fernández Núñez , del libro “Bajo el cielo de Villa María” (1979).

Con imágenes de toda la existencia
los recuerdos uno a uno se desgranan,
como gotas de rocío que cayeran
sobre el cáliz apretado de mi alma…

Cuántas hondas ansiadas contenidas
y deseos que no fueron alcanzados.
Y es nostalgia la ilusión adormecida
evocando los ideales no logrados…

Fue impotencia de volar hacia lo alto,
fue tener el corazón aquí sujeto
a un vivir inexplicable, casi extraño
que ignoró mi otro mundo: el de los sueños..

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[POEMA]
Armando H. Fabre.


Mi viejo río, ya no guardas
en tu raleado sauzal,
el silbo de aquel zorzal
que en las mañanas de estío,
te saludaba viejo río
con tu canto sin igual.

Mi viejo río, ya no ofreces
en tu cauce, el torrente
de esas clásicas crecientes
que traías en otrora,
con la fuerza arrobadora
de tu belleza imponente.


* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

TE CANTO, VILLA MARÍA
Moisés Cabañeros , del libro “Canto y rebeldía”.


Te cantaron los poetas que en tu cielo se inspiraron
volcando en sus sabias rimas el fruto de tu trabajo.
Te canta el niño que juega, el joven con su alegría,
te brinda su algarabía que es poema y también canto.

Te cantan los estudiantes que de tarde o de mañana
se encaminan jubilosos a cumplir con su jornada.
Te canta el hombre maduro, aquel del rostro acerado,
con la canción del martillo o en el surco con su arado.

Te canta el ave canora con sus trinos celestiales,
las flores son como un canto de perfumes virginales.
Vibra el cielo generoso con sus diarias bendiciones,
también te canta la madre en el hijo de sus amores.

Te canta el barrio Sarmiento, las jovencitas del centro,
las del barrio Rivadavia, y también las de Palermo,
por San Martín, hasta el fin, cruzando por Buenos Aires,
y por el barrio Ameghino alegre cantan sus calles.

Lamadrid, San Justo, Belgrano, te cantan con sus labores,
General Paz, Pellegrini, Güemes a tus pies te rinde honores
Avellaneda, Santa Ana, Sáenz Peña, Moreno y Almirante Brown
te ofrecen con su progreso el brindis de una canción.

Desde el barrio de Las Playas hasta el nuevo Trinitarios
acrisolan, hermanados su mensaje veinte barrios,
con su río silencioso, fiel testigo de la historia
que es dolor o es alegría reflejando tu memoria.

Ciudad de mi humilde cuna, ciudad de noches serenas,
porque eres patria argentina, porque eres honrada y buena,
yo también quiero cantarte y rendirte mis honores
en la labor cotidiana, Villa María de mis amores.

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[POEMA]
Horacio E. Roqué


Acodado, en suspenso
sobre la baranda
del puente, oigo
el ritmo del agua.
Luminosa,
sobre las curvas claras
de brillantes hojuelas,
cabrillea el alba.
Un desgarrar de ondas
se multiplica y se agranda.
En la pura emoción
el río me acompaña.
mi verso al igual se ondula
en la corriente mansa
o en oleajes
de espuma bravas.
Está dentro de mí
la vibración del agua.

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SALUDO A VILLA MARÍA
Horacio E. Roqué, del libro “Canto al Río Tercero y otros poemas”.


En el recogimiento de mi buenaventura,
alejado del tráfico de la insólita urbe,
sin que una sombra hostil mi presencia conturbe,
vine a buscarte, imagen de una calma segura.

Ciudad que besa el río como una enamorada,
no llegué como un náufrago hacia playas desiertas.
Mi amistad fue hacia ti con las manos abiertas,
y tu pasaje fugaz convirtiose en morada.

Y la hallé, y aquí estoy, sin que el tiempo le huya,
ahondando el secreto de una oculta armonía.
No he nacido en tu cuna, que una vez dije mía.

Si parte de mi vida se incorporó a la tuya,
lo que me reste de ella para que en bien concluya,
La quiero bajo el signo de la inmortal Poesía.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

RÍO
Horacio Bianciotto (1984).


Broto de tus dedos de barro
como un poema con hebras de musgo.
Zamba trastocada que canta.
Vendimia de girasoles.

Río. Abierta tu boca a lavanderas.
Se quiebra tu espejo de amaneceres precipitados
quiero ver tu enigma y llegar a tus manos
y desterrar tus soles deshilachados del ocaso.

Mis pies mis manos mi piel toda
te buscan como raíz huérfana.
Quiero adentrarme en tu latido marrón
Y en las abejas zumbonas de la corriente.

Llevas en tus venas una acuarela de hombre que sueña.
Tu agua sacia el silencio cuando es preciso.
Talamochita. Nombre legüero
bombo retumba tiembla tumba
lengua de enero isla emergente
vino guitarra luna a destiempo.

Río del cielo sideral cósmico
dame tu estampa de estatua caída
dame tu garganta de aguaceros.
Voy a volar como la garza
rozando apenas besando agujas
para que mi memoria haga tu perfil
y el olvido se escurra tras las sombras.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

[POEMA]
Bruno Ceballos.


Riberas del viejo río
que levantaba bravío
su murmullo colosal;
poco a poco desoladas
fuiste quedando enterradas
bajo el reseco arenal.

Viejas queridas riberas
también sois como taperas.
En donde el paso llora;
en las visiones de un triste,
ante aquello que no existe
y eternamente lo añora.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

CANTO A MI CIUDAD
Rosa Tejeda Vázquez de Theaux, del libro “Los azules caminos del recuerdo” (1986).


I
Voy por tus calles, mi ciudad querida
recorriendo calzadas y recuerdos,
imágenes y estampas que se avivan
y del olvido rescatar pretendo!

Voy por tus calles y mi pensamiento
ubica en el espacio y en el tiempo
el poema de caros sentimientos!
que yo viví y bebí cual un sediento!

La chiquilla lejana se me acerca…
viene desde el ayer, marcha a mi lado,
luego, la adolescente con sus sueños…

Y la mujer después, recia y altiva,
con floración de luces y de amores
y un ocaso vestido de agonías!


II
Voy por tus calles, mi ciudad querida:
movimiento, frescuras, lejanías,
galopa el viento fustigando recio
o la brisa musita letanías!

Miro tu cuerpo, contemplo tu grandeza,
no eres ya la aldea quinceañera,
las viejas estructuras ya caducas,
hablan de ti, de lo que antaño fueras!

Voy por tus calles con mi fe desnuda
de floraciones cual gajo de nardos
que una tierra reseca no fecunda!

En tu tierra descansan indefensos
los seres que yo amé y que amaron
y en la paz del no ser, viven inmersos!

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

PASO DE FERREIRA
Letra: Armando Fabre y Andrés Acheral
Música: Andrés Acheral


Recitado:

Viejo Talamochita del aborigen nómade,
junto a tu margen se levantó
la posta e avanzada de los Ferreira Abad;
te vadearon las carretas y las diligencias
-asombro de progreso en la pampa-
te cruzaron los hijos de esta tierra arisca
en un chapoteo de lunas y estrellas;
te recorrió el Deán Funes
en su fantástico proyecto de hacerte navegable.
Una y otra vez se desbordaron tus aguas,
hasta que los diques le pusieron riendas
a tus ímpetus borradores de huellas…


Canto:

Sobre la herida huella pampeana
sangran los sueños del pajonal,
silban los vientos de la llanura
la sinfonía de algún zorzal.

Como un refugio sobre el paisaje
donde dormita la soledad,
se alza una posta, como esperanza
de los que cruzan la inmensidad.

Un monte y un río que corta la senda,
un vado que lleva por el arenal
rumor de carreteras cruzando el desierto
rumbeando camino a la eternidad.


II

Cantaba el río su cantor eterno
con voz antigua junto al sauzal
que despeinaba su cabellera
en el espejo de su caudal.

Alborozada cantaba el ave
sobre el añoso algarrobal,
mientras el puma se agazapaba
entre las sombras del matorral.

Un monte y un río que corta la senda,
un vado que lleva por el arenal
rumor de carretas cruzando el desierto
rumbeando camino a la eternidad.
(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 27 de setiembre de 2009.-

lunes 21 de septiembre de 2009

Matías Atencio. Comunicador alternativo de culturas

ENTREVISTA CON
MATÍAS ATENCIO
COMUNICADOR ALTERNATIVO DE CULTURAS




Quizás lo viste tocando la trompeta en las heladas noches de invierno.
Quizás lo recordás al costado de las calles céntricas, desplegando su tela con aros, collares y pulseras.
Quizás leíste su nombre en alguna revista cultural o en las páginas de alguna reciente antología literaria.
Quizás te pareció verlo revolear las clavas, mientras la luz roja del semáforo te detuvo.
Quizás te pidió un cigarrillo o tal vez lo viste en la universidad.
Pareciera que habláramos de distintos personajes, pero no, es uno solo. En ese cuerpo de muchacho barbado y pelo desprolijo se concentran todas esas imágenes que lo conforman. Algunas parecieran antagónicas, ¡¿un artesano callejero Licenciado en Comunicación?!
Matías Atencio es un joven villamariense, que con sus 31 años tiene muchos más kilómetros recorridos que cualquier joven de su edad. Es que la mitad de su vida la ocupó en conocer a su país (sólo le resta conocer Tierra del Fuego) y países de Latinoamérica como Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil y Colombia. Mientras el común de la gente hace “turismo armado”, Matías práctica el turismo de mochilero, conociendo intensamente la idiosincrasia de nuestros pueblos. Aprendió inglés, portugués, quechua, y reproduce (en sus anécdotas) las distintas tonadas y registros idiomáticos de los pueblos que visitó.
Lo encuentro en la universidad, lo invito a que vayamos un aula y gustoso carga sus artesanías, instrumentos musicales y libros.



—¿Qué hacés acá en la universidad?
—Me recibí de Técnico en Comunicación Social, ahora estoy haciendo mi tesis de Licenciatura. Pero…, ¡¿qué te puedo decir, loco?! Es como un engaño, un título, un papel, no sé. Ahora estoy tratando de cerrar círculos para no dejar tantas cosas abiertas en la vida. Quiero terminar de una vez esta vaina y seguir haciendo lo que me gusta, que es tocar música, hacer artesanías y escribir; tratar de enrollar esas tres cosas en las universidades, si se puede de Latinoamérica, sino de acá. Siempre tratando de no trabajar para ningún patrón, intentando lograr una autonomía que, al fin y al cabo, para eso estudiamos; no estudiamos para meternos en una oficina, detrás de un mostrador, o ser un licenciado; porque en definitiva es lo mismo, es ser un esclavo de cuello blanco.

—¿Cómo te ganas la vida actualmente?
—Con la música, la artesanía, la escritura... Quisiera formar un conglomerado, sería una nueva cátedra en la universidad, pero ¡¿cómo haces loco?!, la única manera es trabajando por las universidades de Latinoamérica. En Bolivia, tendría mucho trabajo, porque con la globalización, con la estabilidad que estamos viviendo, con el fin de las raíces de nuestros pueblos latinoamericanos, la invasión cultura yanqui, los productos importados y todo eso que nos meten desde afuera… yo podía llevarle su propia música, que la dejaron de lado por escuchar reggaeton, dar talleres, hablar con los papachos, con la mamachas, son los dueños de la tierra, nuestros antepasados… (Mientras me dice esto desenvuelve un charango y la samponia, que lo acompañan a todos lados).

—¿Creí que sólo tocabas la trompeta?
—Primero, toco esto porque Krishna me dio un don para tocar; segundo, cuando viví en Bolivia me enamoré tanto de ésta música, que tiene una nostalgia que vas absorbiendo junto a la cultura. Ahora somos jóvenes y escuchamos tangos y decimos ¡paaaaa...! y pensamos en Buenos Aires, y lo que sería haber vivido la juventud del ’40; pero no la vivimos, loco. La música del Altiplano, hasta que no estás allá no sabés de qué te están hablando. Después se presentan grupos como Los Tekis que hacen un comercio con esa música y las chicas bailan como si estuvieran escuchando Juanes o Shakira y no tiene nada que ver, es otra cosa la música del Altiplano. Es el lamento, esa tristeza que sufre ese pueblo constantemente; por eso Evo Morales es como una suerte de Mesías, el primer indio, como ellos, que está en el gobierno y que puede administrar tantas riquezas de un país en el que se están gastando todo, explotando todo, reventando todo… y no están dejando nada para ellos.

—Estás hablando de Bolivia, pero ¿cómo ves a la Argentina?
—Estoy empapado de Argentina, siempre es bueno ver las cosas desde afuera; igual no dejo que los medios de comunicación me metan nada en la cabeza, pienso que está todo en la calle, porque ahí se puede hablar con las personas. Pienso que ellas tienen el conocimiento, pero ¿qué pasa? La opinión pública está influenciada por los medios de comunicación, entonces es lo mismo; siempre es bueno irse a otro país para ver el propio, para que el cardo no te tapa el monte.

—Además de Bolivia, ¿qué otros lugares has recorrido? ¿Siempre de mochilero?
—Siempre, trabajando. Empecé a los 14 yéndome a conocer las Sierras, después seguí conociendo mi país, conozco todas las provincias, me falta Tierra del Fuego. Siempre conociendo amigos, compartiendo con las personas de mi país; en Puerto Pirámides nadaba desnudo y para comer cazaba pescado y vivía en una cueva con una vela para la noche. Para curtirse a full amigo, porque nosotros los humanos tenemos que curtirnos bien, para que ninguna tempestad nos pueda voltear. También viví en la selva de Misiones, sin luz ni agua y era pura selva, había que tener cuidado porque podían andar los bichos, había que dejar fuego prendido de noche, y andaba con un cuchillo así (y hace un gesto rememorando el tamaño), pensaba que tenía que conocer mi país a fondo. Buceaba en el Río Iguazú, buscando piedras, cazaba mariposas de colores para vendérsela a los japoneses… Qué loco, te morfaban los mosquitos, tierra colorada, agua colorada…

—¿Cómo te iniciaste con las artesanías?
—En Río de Janeiro me enseñaron los malucos, son los que viven en la calle, pero son superartistas los tipos. Me enseñaron a manejar la resina y tintura vegetal, las piedras, las semillas, todo eso. Lograban un realismo en una cara con resina, lograban un realismo mágico, como el de García Márquez, pero hecho con dedos, ¡¡guauu!! Yo me quedé asombrado. Los aros los aprendí a hacer en Perú, son las filigranas peruanas, es el arte de atrapar los alambres sin soldarlos, la grampa también la fabricás vos, y le ponés una piedra semipreciosa de tu país, que éstas (me los muestra) son de Catamarca. Las semillas me las traje de la Selva Amazónica, la usan los skaters, los surfistas, porque son como amuletos de protección, tienen la energía de la naturaleza y algunos están bendecidas por papachos chamanes con palo santo, madera santa.

—¿Llegás a zafar vendiendo estas cosas o se pone muy duro?
—Yo pienso que me ayuda mucho Krishna, o llamale como quieras, Buda, Jesús… Lo que yo tengo ahí es un producto… estamos en un pueblo, man, y muy cerrado, de gringos, y esto es un producto nuevo.

—¿Creés que tenés que irte de Villa María para mejorar?
—Siempre pensé eso, pero está todo dentro nuestro. Ese dicho de que nadie es profeta en su tierra es mentira; todo depende de cómo estés por dentro, de cómo veas las cosas. Como dice la canción de Las Pelotas, “si tus ojos quieren negro es todo negro”, esa es la verdad, man. Tampoco podemos vivir positivo todo el día porque no existe, tenemos que tener nuestros bajones y ahí es cuando ves diferente a tu ciudad.

—Estás terminando estudios universitarios y has aprendido muchas cosas de la calle y la gente, ¿qué valorás más, para tu crecimiento personal?
—Cuando estás estudiando te dan apuntes y tenés que leer, y tenés que rendir. Empecé a contrastar la práctica con la teoría, la teoría está dentro de las instituciones, que son los profesores que te dan los libros que vos precisás leer, muchas veces sí, muchas veces no. A veces te dan chingaderas y dije que la práctica está en la calle. Con plata cualquiera viaja, entonces saqué a un pasaje a una provincia que no conocía y llegaba sin un cobre, sólo con mi mochila. Ahora a poner en práctica, decía mi cabeza, y era así. Después tenía que seguir las clases, me iba un mes más o menos. Dormía en los lugares que me encontraba en la ciudad… ahí conocés la idiosincrasia y la cultura de un pueblo porque tenés que hablar con todos, desde el tipo que vende diarios hasta arriba…

—Sos muy extremista, esto es un ejercicio de sobrevivencia constante…
—Sí, es muy loco, pero ya desarrollé tantas estratagemas que me puedo ir a cualquier país sin un mango. En Quito trabajaba y aprendí a hablar inglés, empezás con películas, con canciones, es parte de la culturalización yanqui; cuando sos niño empezás a escuchar música en inglés, ves películas en inglés y vas aprendiendo cuando estás en contacto con el extranjero.

—¿Cuál es tu relación con la escritura literaria?
—Empecé a los 8 años, descubrí el mundo de la literatura que me abrió muchas puertas mentales. Comencé con Horacio Quiroga, y fue tal que fui a conocer su casa, quería comprar todos sus libros y todo eso. Quería ser periodista, estudiar y trabajar, hacer lo que me gusta y que me paguen; entonces Fabián Mossello me da el primer taller de escritura y siento que me puedo expresar muy bien, y sigo leyendo, no lo que me daban en la universidad sino lo que yo quería. Después descubrí el nuevo periodismo con Roberto Arlt, y traté de contar mis viajes de una manera similar.

—¿Y de qué tratan tus escritos?
—Tengo algunos cuentos que son muy fuertes, pero que son la realidad. Lo que más hay en la calle son putas, drogas, borrachos escandalosos y niños. Hoy en día, al país que vayas va a haber marihuana, siempre, a donde vayas, acá hay marihuana, en el centro hay marihuana, en los barrios hay marihuana, en todos lados… en Bolivia, Cocaína, ahí van todos a tomar, van y compran una caja de fósforos así llena por 10 pesos; y acá conseguís por 80 pesos un capuchón de lapicera que creo que entra un gramo, pero de la buena. El pobre, el que no tiene un mango, labura para comprar merca y el rico también, vos decís, mirá los locos que diferentes que son pero convergen ahí, si se tienen que “cagar a piñas” por una bolsa de merca, lo hacen. Eso es lo que no tiene asumida nuestra sociedad, vos hablás de esto y todo el mundo se escandaliza; yo probé pero salí, gracias a la educación también. Hay que agradecer que no hay Paco, tampoco ácidos, hay estas dos (marihuana y coca) y el escabio que no parece, pero es una droga fuertísima. Trato de ejercer la literatura y el nuevo periodismo de la onda de Tom Wolfe, ¿te acordás?

—Sí, claro, me hablaste de la música, de las artesanías y la literatura, ¿y los malabares?
—San Juan es una ciudad de tranquila como Villa María pero grande como Córdoba, no sabés que loco. En un momento los malabaristas de todo el país se dieron cuenta que ese lugar era bueno, porque había muchos semáforos para trabajar. Estabas una hora y te juntabas 30 o 40 pesos, cuando estábamos dolarizados, imaginate si te quedás todo el día. Ocupamos un edificio, había tribus, siempre estuve con tribus de artesanos que son más cerrados, como que dominan una plaza y te miran lo que querés vender, siempre con el pelo largo, fumándose una mota ahí, disfrutando de la luna llena, con mucho olor a sahumerio por ahí.

—¿Cómo es ese mundo?
—Conocí a tribus de malabares que tienen sus propios juguetes: clavas y bolas. Siempre tienen un corte exótico, se pintan los ojos. Hay una fusión del punk de los ’70 con Sid Vicious y los Sex Pistols y el arte circense que trajeron los italianos a la pampa gringa. De todo eso sale algo muy raro que vos te parás en un semáforo y no podés no mirarlos. Yo siempre estuve de observador, te comprometés, pero siempre tenés que estar de ahí afuera para poder observar, y te sorprendías de las cosas que hacían. Hay escalafones dentro de ellos.
Apenas llegué no me quisieron, me vieron y me dijeron que no, como un cuento de Jack London en donde el lobo quiere entrar y no puede; pero el lobo siempre ronda, hasta que llega un momento en que hay pelear con el líder para ser líder o ser aceptado en la comunidad. Yo iba con los hippies, con los malabares, frecuentaba un poco con cada uno, no hay que comprometerse mucho, como lo dice la teoría del juego de Pierre Bordieu.
Comíamos juntos, por dos pesos con veinticinco nos daban una docena de empanadas árabes, el vino se vendía suelto, y con lo que te quedaba lo ahorrabas, cuando andás así tenés que tener un pequeño capital.

—Siempre relacionándote con gente excluida.
—Me empecé a juntar con los verdaderos hombres, con los que se juntaba Jesús, porque Él andaba con lo peor de lo peor, con los chorros, con las putas; no es el que pintan en los cuadros, no es el de los ojos celestes. Cuando vos llegás a una ciudad sin un mango, ¿con quién vas?, el único que te va a tirar una mano, es a quién nadie le tira una mano. Son marginados por propia elección. Son libres, pero el precio que hay que pagar es la exclusión.

—¿Cómo te proyectás en un futuro, Matías?
—Me gustaría englobar las tres cosas: la literatura y periodismo, la música y las artesanías y hacer una suerte de comunicación alternativa: dar talleres, charlas, intercambios, trabajar con otras facultades, traer y llevar cultura entre los pueblos y poder crecer como persona, siempre.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 20 de setiembre de 2009.-