domingo, 29 de junio de 2008

Gladys Bettini de Pérez (Artista villanovense)

DIÁLOGO CON
GLADYS BETTINI DE PÉREZ
ARTISTA VILLANOVENSE


Por Darío Falconi



Cuarenta y ocho horas transcurrían del invierno, pero la estación más fría del año había arrancado varios días atrás. El aire gélido se colaba por las hendijas de mi casco y por cualquier otro hueco que mi vestimenta descuidara. Circulaba por las calles de la ciudad con destino al Hogar de Día de Villa Nueva. Allí me esperaba una profesora de pintura que en ese momento estaría dictando su curso a un par de alumnas.
Ingresé al lugar y me sorprendí de ver a tanta gente trabajando. No me esperaba que las chicas asistieran con el intenso frío de esa tarde.
“Siempre vienen, hasta cuando llueve y en vacaciones” me dice Gladys, “la única forma de que no asistan, es que se vayan de viaje”. Y sorprende ver tanta fuerza, tantas ganas de sus estudiantes de todas las edades, trabajando en sus pinturas. Alumnas que, ni bien intercambié algunas palabras con la profesora, no dudaron un segundo en manifestar: “ahora menos nos vamos a ir cuando un buen mozo nos visita” y yo sonreí. Y mientras no despegan sus miradas ni el pincel de las pinturas dialogaban entre sí, se hacían bromas y se reían todas juntas.
Rápidamente cambié la hipótesis inicial, ya que me di cuenta de que la clase de pintura no era sólo el encuentro con el saber artístico, sino un momento para compartir y disfrutar entre compañeras. Me dispuse a tomar algunas fotografías, y no es necesario mencionar que con cada flash que iluminaba la sala, recibía diferentes acotaciones que usted lector se imaginará.
Esperé a que terminara la clase y luego nos sentamos con Gladys a charlar sobre su taller de pintura, entre otras cuestiones.

—¿Qué tipo de talleres realiza?
­—Tengo tres talleres. El taller de pintura tiene 9 o 10 años. Apenas me jubilé empecé a pensar volver a dedicarme a la pintura porque culminé mis estudios, pero nunca más pude tocar los pinceles. Me recibí de maestra normal y de maestra de artes plásticas. Me dije que ahora que podía, me iba a dedicar a lo que me gusta. Pensaba pintar para mí nomás y después empecé a ver gente que no tenía conocimiento y que daba clases, y yo me decía “Dios mío, cómo puede ser que se animen”. Yo soy recibida, pero fui a tomar unas clases en el Bellas Artes, en un taller de un año o año y medio para volver a retomar, porque quizás podría haber técnicas nuevas… Estuve practicando un poco y después me decidí. Empezaron mis amigas, que creo que estaban todas, Nelba, Yoly, Adela, Pocha y un señor que venía de Tío Pujio y mi hermana. Nos reuníamos en mi casa. Después fue creciendo y fui buscando otros lugares más amplios y más cómodos para seguir incorporando gente. No quería chicos, porque ya con mi trabajo de docente estaba cansada de renegar. A los cuatro o cinco años de empezado el dictado del curso, me vino a hablar una mujer por su hijo, a suplicarme que lo dejara entrar porque su niño iba a una institución de arte pero allí no le dejaban pintar, y el ansiaba eso. Empezó y se trajo tres o cuatro compañeritos y como se comportaban muy bien los tomé y los dejé. Esos chicos ahora están en secundaria y por cuestiones de estudio no pueden venir más. Después vinieron otros, así que para no dejarlos afuera, les doy clase en una casa particular y como están solos conmigo se comportan bien, que es diferente a si están con otra gente. Entonces enseño acá (Hogar de Día) tranquila con los grandes y cómoda con los chicos en otro lado.

—Usted me dice que la pintura siempre le gustó, ¿cómo fue entonces el acercamiento, para el caso de porcelana fría e inglés?
­—Cuando iba a la primaria empecé a estudiar inglés y no pude terminar, porque en el último año del secundario se me complicaba con las prácticas, iba a clase pero no estudiaba, entonces dejé casi en los últimos años de la academia. Después cuando me recibí de maestra, inicié el Profesorado de Inglés en las Rosarinas, que fue el primer año que se dictaba con un solo profesor y un sólo libro para todo el alumnado. Entonces nos teníamos que sortear el día y la hora en que podíamos sacar notas de ese libro. El profesor venía de Inglaterra, o sea que daba el inglés británico. En esa época a las jovencitas no las dejaban salir de noche y a mi me tocaba el horario de las once y no había forma que mis padres entendieran que iba a estudiar; fui una vez, fui dos veces, pero tuve que dejar. Tenía diez en fonética y siempre me acuerdo de ese diez, tan lindo; podría haber seguido (mientras su mirada parece perderse en el tiempo y viajar a aquel pretérito momento)… Luego empecé a preparar alumnos en inglés y nunca dejé de darlo. Los alumnos míos que toman siempre pasan. A pesar de no tener título he tenido suerte con ellos, tengo la práctica; la conversación me cuesta, pero traducir, comprensión, armar las oraciones, etcétera, lo puedo hacer perfectamente. Yo empiezo con los pronombres personales y un verbo, luego le agrego el verbo “to have” y algún otro verbo que lo acompañe. Después uso el dónde, cómo y qué y es increíble como van aprendiendo los chicos.

—¿Y con el tema de la porcelana fría?
­—Empecé hace como cinco años en la casa de una amiga de Córdoba, que ha ganado dos premios internacionales y me empezó a enseñar. Después tomé clases con una profesora que enseñaba en Villa María, hice tres años y después hago algunos cursos y sobre todo me doy maña.

—Pero podemos decir que de esas tres actividades lo suyo es la pintura.
­—Totalmente. Por empezar el título me avala, porque yo puedo enseñar inglés pero no soy recibida; puedo enseñar mejor, por la didáctica que yo tengo, pero no poseo título que me avale. De porcelana no voy a tener título porque no se dan, se entregan certificados.

—¿Usted cree que es un impedimento el no poseer título?
­—A veces sí, pienso que me falta perfeccionamiento, en el inglés por ejemplo, estudié mucho y practiqué mucho, pero aparte me gustaría poderlo conversar, me falta la soltura para poder hablarlo.

—Volviendo al tema de la pintura ¿ha participado en exposiciones y concursos?
­—Hice una exposición individual acá en Villa Nueva, para las Fiestas Mayas. En cuanto a concursos de pintura en Villa María siempre me han rechazado los cuadros.

—¿Por qué cree que eso es así?
­—Porque les gusta más el Modernismo, más pintar no al detalle como es mi estilo. Lo que más me gusta pintar es rostros; pinté a la Madre Teresa, al Papa… Participé en un concurso que hacía Osde, que aunque no ganó, lo mandaron a Córdoba. Hay un cuadro del que me siento orgullosa y que mandé a Buenos Aires hace como cinco años en un concurso de Aerolíneas Argentinas. Esa vez se le desbordó la cantidad de cuadros a los organizadores y no pudieron exponer todos, el mío fue expuesto; aunque no sacó premios fue reconocido. El año pasado me presenté al Instituto Cise que organiza concursos a nivel federal y gané el segundo premio en el rubro paisajes. El año pasado volví a participar, presenté un rostro de un negro y un animal, y gané el segundo premio en la categoría animales.

—¿Qué técnicas emplea para pintar?
­—Yo trabajo en óleo nada más. He pintado algunas cositas en tiza pastel, pero no me llena.

—¿Cómo es Villa Nueva en cuanto a pintores?
­—Hay buenos pintores como hay muy buenos escritores. Villa Nueva es como un nido de artistas. Yo tuve el asombro de conocer muchísima gente, anónimos, yo los conocí cuando estuve en la Dirección de Cultura. Organizábamos muestra de telares y aparecían unas cosas maravillosas, entonces eso nos animaba a hacer concursos de pintura, a invitar a los vecinos para que participen… se fue abriendo más la gente.

—¿Y la gente respondía?
­—La gente respondía mucho, fue la época floreciente acá en Villa Nueva. Yo estuve cuando se organiza la Dirección de Cultura que estaba a cargo de la señora Maldonado, ella estuvo como seis años más o menos, y después pasó otra señorita que no podía dedicarle el tiempo que ese cargo necesitaba. Entonces me nombraron a mí. Estuve dos años hasta que cesó el mando de Zanotti y entró Navarro. Este último no fue favorable para la Casa de la Cultura, la usó como oficina de Registro Civil y de Tránsito, había una biblioteca que se había inaugurado hace poco y también desapareció. Hubo mucho trabajo de años que se cayó, un trabajo de luchar con la gente, tratar de traerla, sacar un pesito de un lado, otro pesito del otro y siempre trabajando gratis. Con todo el dinero que recolectábamos de las diversas actividades fuimos comprando ladrillos para ir levantando una pared que sería la del nuevo salón de la Casa de la Cultura. Habíamos hecho una pared de un metro y medio aproximadamente hasta el fondo y el señor que la cuidaba, como no le gustaba el salón lo volteó. Teníamos el plano que lo había diagramado el arquitecto Pajón y demás para hacer el salón. Inclusive cuando yo cuento, hay gente que me dice, “acá nunca hubo nada”, ¡y sí había! había una pared.

—Más allá de la cuestión monetaria, ¿usted ve algún apoyo por parte del Municipio?
­—Hasta ahora no, con la gestión de Frossasco sí. Por empezar cambiaron las reglas, nosotros nos manejábamos con la Casa de la Cultura y solicitábamos lo que nos hacia falta. No hay nada de colaboración…

…y me cuenta un montón de pormenores que se pueden resumir en la carencia de continuidad, en un gran alimento para la desilusión de la actividad cultural.

—Es como un reflejo de la Argentina, donde no se tiene memoria y no puede construirse sobre los cimientos anteriores...
­—Volviendo a las paredes de lo que podría haber sido el salón de la Casa de la Cultura, si vos me dijeras que entra un director que no le gusta donde está ubicado, bueno…, pero acá la decisión la tuvo el señor que limpia, tuvo el poder de hacer lo que quiso y que nadie dijera nada. También teníamos un museo, que se robaron las sillas. Esa falta de continuidad de las cosas hace que nunca se crezca. Así que todo esa gente que había salido culturalmente a la luz, se volvió a esconder.

Me cuenta de sus malos recuerdos con un manifiesto pesar, cuando se robaron todo de cada lugar… entonces yo le comento que me encuentro trabajando en un futuro libro sobre escritores locales en los que la respuesta ha sido casi idéntica entre los literatos de Villa María y Villa Nueva, y ella me responde…
­
—Mirá vos, deberías tener mayor porcentaje en Villa María comparado con la cantidad de habitantes que tiene cada uno. Por eso te digo que Villa Nueva es cuna de artistas, sucede que no salen a la luz porque no tienen oportunidad, es como que al ser chicos, la gente te dice “qué vas a exponer vos, qué vas a pintar vos, qué vas a escribir vos…”. También hay gente que le gusta exponer pero su trabajo no es bueno. Yo siempre digo que en el arte no se puede decir no sirve o está feo, porque eso es según la mirada que uno le ponga, porque si uno dice “mirá, hizo dos o tres pinceladas y se ganó un premio”, no existiría Picasso y yo a Picasso no lo hubiera aceptado (risas). Al haber apertura de miradas y de gustos es cuando surgen todos los otros artistas, sino estaríamos encasillados en una forma.

Y cuan consiguiente es en lo que dice que me confiesa su gusto por Los Redonditos de Ricota, su sonido, la voz del Indio Solari… su agrado por Virus, por Soda Eséreo, la música clásica y las demás artes que tienen mensaje, pero también toda aquella que no lo tiene y también le agrada.
Así es Gladis, una mujer de actividades culturales múltiples que sigue creyendo y apostando sus años de experiencia al quehacer cultural de nuestra vecina localidad villanovense.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 29 de junio de 2008.-
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