domingo, 8 de junio de 2008

Darío "Rana" Azumendi (Gestor Cultural)

REPORTAJE
DARÍO “RANA” AZUMENDI
GESTOR CULTURAL


Por Daniel Castoldi y Darío Falconi




Organizó su primer show en 1994 en La Caleta con una banda que venía de Suiza. Con mejor suerte y experiencia concretó un ciclo de más de diez encuentros denominado “Rock de acá a la luna”, en el que todos los domingos bandas locales y de la zona se lucían en la recordada Loft. En las épocas donde la Argentina se caía a pedazos ejecutó el primer “Fijate Rock” con la consigna de que nos “fijásemos” lo que estaba pasando alrededor y colaboráramos aportando alimentos para aquellos que más lo necesitaban.
Hizo radio, televisión, prensa escrita, organizó shows, es padre de familia y comerciante de nuestra ciudad. Entre idas y venidas nos acercamos a dialogar con el “Rana” en su local céntrico. Lo molestamos para que nos cuente (en medio de interrupciones y corridas) sobre sus incursiones en el ámbito cultural.
Como hombre nato de radio que es, no escatimó detalles en el relato de su paso por los distintos medios, desarrollos de shows y convocatoria a los mismos, los que mencionamos sucintamente.



EDC: —¿El desarrollo de todas estas actividades te han dejado algún margen de ganancia?
Darío: —El que recuerdo que me ha servido económicamente fue el ciclo de “Rock de acá a la luna”. Cuando vivía en Córdoba las dos últimas semanas comía fideos y gracias... y recuerdo que con esa serie de presentaciones alguna vez pude comer algo de carne. Económicamente no me fue siempre bien, uno cuando organiza lo hace para no perder plata, nadie quiere perder; porque vos te esforzás, hacés tiempo extra, hacés muchas cosas para no tratar de perder. En mi caso, yo lo planteo como una historia a largo plazo, como que en algún momento se va a dar. Yo no hago todo, pero los shows que hice como No te va Gustar, como El Soldado o las bandas que actuaron en los Fijate, mayormente son shows que yo no busco, sino que me llaman por contactos que uno ya hizo, porque uno se va haciendo un nombre a medida que hace cosas. Los Fijate hoy por hoy no son rentables, pero no todo se mide por el dinero. Es muy difícil que algun productor viva exclusivamente de esto y si vivís sólo de esto la cosa se torna poco clara.

…y mientras dice estas palabras, el grabador se detiene, ingresa gente al local.
Ya sin clientes, quitamos la pausa del grabador y antes de que volvamos de lleno a la respuesta el rechinar de la puerta retumba en nuestros oídos. En ese momento escuchamos un “buenas tardes” de algún otro comprador del lugar.
El tiempo pasa por lo que debemos suspender la charla.
Volvemos casi una semana después e hilvanamos la conversación con lo último dicho la semana anterior…


EDC: —¿Cuál es el motor principal que te lleva a seguir con el Fijate Rock entonces?
Darío: —La motivación es que yo creo en algo que en algún momento tiene que llegar, triunfar en el sentido de que la gente vaya y aporte su bolsita con granos de arroz para las instituciones que les está haciendo falta, que gane el concepto de que hay que apoyar. Si una banda no toca en ese festival tiene que ir a ver a los demás, no porque no toquen ellos van a dejar de asistir, esas cosas no las entiendo. Otra cosa que por ahí escucho es que, por ejemplo, no hay nada para la gente grande; pero para que vas a hacer algo para la gente grande si no va… acá lo hicieron y no duró nada.

EDC: —¿Decís que es difícil sacar a la gente de sus casas para ir a shows?
Darío: —La queja es muy fácil pero pocos son de hacer o aportar. Piden una disco y cuando ponen una disco tremenda la gente no va; piden un café literario y son contadas con las manos la gente que se llegan, te hablo en todos los aspectos… No tenés que guiarte por estas cosas porque desde lo que se dice y lo que se hace hay muchas diferencias, ojo, les repito, tampoco hay que tener eso como norte, uno debe seguir con lo que piensa, lo que quiere y lo que cree.

EDC: —¿Vos pensás que las instituciones deben apoyar todos estos proyectos?
Darío: —Creo que hasta por ahí nomás. Lo que me molesta es que alguien te da uno y al otro que tiene el mismo proyecto le da cien. En la caso de la Municipalidad creo que te debe apoyar pero no debe bancarte todo; mucha gente piensa eso y algunos lo logran, pero está mal. La Municipalidad como ente gubernamental no se puede despegar, pero tampoco darte todo. La crítica es sobre la distribución, porqué a unos sí y a otros no, porqué los porcentajes; siempre vas a tener a alguno que se va a quejar.

EDC: —Estás incursionando desde hace unos años en la cuestión editorial, ¿cómo surge la idea de publicar una revista?
Darío: —En papel había trabajado poco, lo hice en un suplemento de rock de un diario de Villa María que se llamaba “El país del interior”, por el comienzo de los noventa. Allí cubrí cuando vinieron Los Redondos. Lo de publicar en papel era algo que me venía haciendo cosquillas de hace rato y Dardo Fernández me dijo que si tenía ganas, me ofrecía la editorial, que le buscara la forma y la hacíamos. Lo gracioso es que se hizo una publicidad primero antes de que apareciera la revista. Ahí conocí a Walter Carrera y Daniel Castoldi, quienes escucharon la publicidad de la radio, me llamaron y nos juntamos, porque ellos querían hacer una revista de rock. Durante todo el 2006 hicimos “La hoja del rock”.

De pronto mira su celular y va calculando el tiempo en que llevamos hablando, sabe que en pocos minutos debe salir a buscar a Ignacio (su hijo) al colegio. Nos hace el ofrecimiento de ir grabando la entrevista en el auto y nosotros sonreímos…

Darío: —La revista se cortó (continúa el relato) porque la editorial quería hacer otra cosa, que no me parecía mal, pero que no coincidía con el espíritu de la publicación. Se fue desgastando eso hasta que terminó y este grupo de trabajo armó lo que fue su sucesora que se llama “Sr. Rock” y está sobreviviendo hasta ahora.

EDC: —“Está sobreviviendo” porque se viene su sucesora.
Darío: —Sí, la revista nueva se va a llamar “Postales del cerebro”; tiene que ver con un viejo programa de radio propio. Pero les aclaro “Sr. Rock” no va a desaparecer, porque va a ser un suplemento de la misma. Si bien en Villa María hay agenda o revistas que también tocan la parte cultural, nosotros queremos mirarla desde otro sector: hacer video, teatro, productores culturales, personajes, literatura…

EDC: —¿Por qué decidiste ampliar el universo de esta publicación?
Darío: —Por una cuestión de que sobreviva la revista, queremos abrir el abanico para no quedarnos dentro de una cajita. Por el momento está pensada en el mismo formato y dedicar la mitad a la parte cultural y la otra mitad a la parte rock. Vamos a seguir en el mismo formato en blanco y negro, si vemos que la revista está en condiciones, iremos dando otros pasos, todo en pos de lograr la continuidad que queremos. Ojalá esto pase ya que la cuestión estética actual de la revista no es tan buena. Estamos apuntando a una revista trimestral y trataremos de bajarla a dos meses.

Es hora de ir a buscar a Ignacio, y aquella propuesta que se dibujaba como broma se convierte en realidad. Subimos al auto y seguimos hablando, ahora retomando los shows…

Darío: —Yo los hago cada tanto y me siento libre de traer a quien quiera y armarlos a mi manera. Entré al mundo de la comunicación y de las bandas por la radio. Arranqué en Villa Nueva en la Río en 1989 atendiendo el teléfono. Después pasé por una radio que se llamaba Paradise, siempre haciendo programas de rock, tenía uno llamado “Prohibido para mayores”, al otro año tenía un programa denominado “No le des patadas a los locos”; después pasé por FM Sport y en 1994 entré en la Rock and Pop de Córdoba. Yo tenía veinticuatro años y estaba con toda la ilusión. Recuerdo que en esos días venía un grupo y creo que fue la segunda vez que fui a la radio y me encontré con un cartel grande que decía “no pasar ningún tema de esta banda”, porque la pautaba otra empresa, y ahí como que se me empieza a caer toda esa estructura de lo que uno pensaba que era la matriz del rock, comenzás a ver el negocio que hay y que a vos te pagan dos pesos la hora. El otro extremo era que te decían que como la radio producía tal show había que hablar bien de esa banda, así fuera una porquería.

Ya habíamos dejado a su niño en casa y estacionado cerca del negocio. Bajamos y entrábamos a él.

Darío: —Otra impresión me la llevé en la Mega en Mar del Plata; me había ido por razones personales, me casé y mi señora estaba haciendo una residencia. Allá me dedicaba a vender para una fábrica pero me hacia un tiempo para hacer radio. Presenté un currículo, me hicieron una entrevista y me llaman para trabajar en esa radio, diez años después de Rock and Pop, en ese momento el dueño era Adad y lo manejaba la mujer. Yo entré con todo el preconcepto porque las notas que uno lee, por las líneas que se podían bajar; pero la única condición, que la conocía antes de entrar, era que había que pasar sólo rock argentino. Trabajé de 2004 a 2005 y les miento si alguna vez tuve alguna prohibición de nada.

El parlante de una computadora que tenemos cerca hace interferencia, preludio de una llamada. Suena su celular y mientras un cliente le expone su problema Darío le contesta: “mandame la madera rota, que yo se la envío a un carpintero para arreglarla más rápido y que sea menos problemático que mandarlo a la fábrica”. Corta y ya tiene gente en el local, a esta altura la entrevista ya ha sido fragmentada en varias oportunidades.
Seguimos adelante de cualquier manera…


EDC: —Vos que trabajaste en radio, televisión, periodismo escrito y tanta otra actividad, ¿te sentís más cómodo con alguna en particular?
Darío: —Es más cómodo la radio en vivo, porque me siento como en mi casa. La televisión está buena pero es un poco más armado, ojo, si me pongo a ver la radio es el medio que menos “popularidad” te puede dar, pero bueno me siento conforme de esta manera.

EDC: —¿A qué banda te gustaría producirle un show?
Darío: —A mi me gustan las bandas que puedo ver; es como decirte, puedo simpatizar con un club grande pero si yo no lo puedo ver no tiene sentido. Me puede encantar Aerosmith por decirte alguna banda, pero si yo no estoy en contacto… me gusta identificarme con grupos en los que puedo hacer algún contacto. Cuando era un pibe, tuve la suerte de ver a Luca Prodan y Sumo y me dije “estos locos van a llegar” y llegaron lejos; vi a Los Redondos cuando no eran nada y llegaron; una vez le comenté a un amigo que había una banda nueva que se llamaba Los Piojos que nadie la conocía acá. La ofrecí por chauchas en 1995 y no pude hacerlo, pero mirá como están Los Piojos ahora.
La banda que quisiera producirle un show es aquella que todavía no pegó…

Y con esa frase y gente recién ingresada al local, decidimos liberarlo para que siga con sus actividades cotidianas... Obligaciones estas, que a pesar de insumirle la mayor parte de su tiempo, no le impiden continuar ni empezar nuevos proyectos culturales a los que siempre estuvo acostumbrado.
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 08 de junio de 2008.-
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