domingo, 4 de julio de 2004

Yasunari Kawabata y Yukio Mishima - Correspondecia 1945-1970

Yasunari Kawabata y Yukio Mishima
Correspondencia 1945-1970

De respetuosa y profunda podría calificarse esta amistad entre dos maestros de la literatura japonesa del siglo pasado.
Este puñado de piezas que abarcan 25 años y que ascienden a noventa y tres; entre cartas, postales, notas dejadas bajo la puerta cuando –en muchas oportunidades– no se encontraba alguno de los destinatarios; conforman un corpus muy importante para estudiar a estas dos figuras a cara descubierta.
Yasunari Kawabata nació en Osaka el 11/06/1899, huérfano desde niño, vivió con sus abuelos hasta sus 15 años (16 según la tradición japonesa), momento en que la muerte de toda su familia lo dejó absolutamente solo. Fue un escritor más que prolífico, quizás no alcanzaría este espacio para enumerar su producción escrituraria que abarca, artículos en revistas y diarios, prólogos, libros de cuentos y novelas; en fin, más de 12.000 páginas. Algunas de las obras más difundidas son “La bailarina de Izu” (1926-53), “País de nieve” (1935-48), “El maestro de go” (1951-52), “Lo bello y lo triste” (1961-65), entre otras. Fue mundialmente reconocido y traducido a otros idiomas; además de ser el primer japonés en recibir el premio Nobel de Literatura en 1968. El 16/04/1972 YK se encerró en una habitación llena de gas para dejar este mundo.
Kimitake Hiraoka, más conocido como Yukio Mishima, nació en Tokyo en 1925 en el seno de una familia de samuráis. Estudio y se graduó en Derecho en la Universidad Imperial de Tokyo en 1947. Fue también prolífico en la actividad literaria, publicando innumerables textos críticos, novelas, obras de teatro, participando como actor de cine, etc. Algunos de sus textos más elogiados son “Confesiones de una máscara” (1949), “El tumulto de las olas” (1954), “El pabellón de oro” (1956), “El marino que perdió la Gracia del mar”(1963), “Nieve de primavera”(1966), “Caballos desbocados”(1968). Fue propuesto tres veces para el premio Nobel de Literatura. El 25/11/1970 junto a cuatro compañeros del Tate no kai (Sociedad del Escudo, la milicia privada fundada por YM) se sentó en el suelo y se hizo un corte abdominal conocido con el nombre del ritual harakiri, luego un compañero cortó con su sufrimiento decapitándolo de un golpe en seco.
El inicio del intercambio epistolar se inicia el 8/3/45, una época en donde los yankis sembraban bombas en Japón, “Tokyo no es más que un campo en ruinas y, ante el recrudecimiento del frío, los ciruelos de la capital, apenas en flor, ya se marchitan, perdiendo poco a poco su frescura anunciadora de la primavera. (16/3/45)” Varias de las cartas que se enviaron fueron verificadas por el ejército de ocupación norteamericano, y una vez aprobado por el control de censura, se las selló y se procedió a entregarlas a su destinatario final. En muchas de ellas podremos observar como ambos escritores se envían los borradores de sus próximas publicaciones; se consultaban mutuamente y se solicitaban sugerencias para mejorarlos. También se podrá apreciar la manera en que cada uno trabajaba, como por ejemplo, los viajes que realizaban y las personas con quienes hablaban para recabar información que luego volcarían en esos escritos. La admiración de YM por su maestro se plasma en frases como “Pero yo a usted lo pongo infinitamente por encima [de Hori Tatsuo, traductor y novelista], porque en su obra, la carne, las sensaciones, el espíritu, el instinto, todo lo que pertenece al dominio físico y espiritual se combina en un sutil acorde mudo, como el cielo azul con las nubes que lo matizan” (15/4/46).
Asombra el respeto con que se comunicaban, abundan las fórmulas de cortesía, se hacían obsequios, invitaciones a la presentación de tal o cual obra, o a viajar a algún país. En varias ocasiones YM solicitará disculpas a su mentor por los comentarios sobre obras de YK que realizaba en revistas literarias de la época “Le ruego me disculpe por mi comentario sobre su obra que apareció en la colección Shinchô Bunko; no es más que un tendal de frases huecas” (22/7/50). A este pedido YK responderá “(...) leí su comentario sobre La bailarina de Izu. ¿Cómo explicarle mi gratitud por las palabras exageradas, tan elogiosas, que dedica a este libro que no lo merece? (24/7/50)”. Encontraremos además, al contrario de lo que se pueda pensar, fragmentos que no tienen nada que envidiar a los textos literarios, ejemplo de ello “Por encima del cráter, el cielo está tan encendido como en el crepúsculo, y cada vez que la tierra truena, se ven brotar bloques de lava candente, que forman verdaderas olas: su cresta de fuego se rompe en fragmentos de roca, que se lanzan hacia el cielo como copos de espuma (9/5/50)”.
Cabe destacar que en ninguna de las cartas aquí presentadas, se mencionan ideas sobre los futuros suicidios de los literatos; pero el fragmento de YM que sigue es en cierto modo profético: “Digo cosas cada vez más tontas, que seguramente le harán sonreír, pero de lo que tengo miedo no es de la muerte, sino de qué será del honor de mi familia después de mi muerte. Si alguna vez me sucediera algo, supongo que el mundo lo aprovecharía para sacar sus dientes, marcar mis menores defectos y hacer trizas mi reputación. Esto me da igual que si se burlaran de mí estando vivo, pero la idea de que se rían de mis hijos después de mi muerte me resulta insoportable. Seguramente usted es la única persona que puede preservarlos de esto, así pues se lo entrego completamente para el futuro”(4/8/69). El 24/01/1971 YK presidió la ceremonia de las exequias públicas de su amigo y fue el momento donde leyó esta carta. Es dable preguntarse porque el joven escritor (45 años) le escribió esto a su colega (72 años), cuando en realidad YK estaba más cerca de la muerte.
Para finalizar, hacemos nuestras las palabras de Diane de Margerie, que aparece en el prefacio “De este modo, con la recopilación completa de esta correspondencia, asistimos al progresivo descubrimiento de Kawabata por su discípulo y a la construcción del talento de Mishima, con su voluntad, su narcisismo, su vanidad, el orgullo que le hace desear escribir un cuento magnífico como nadie lo haya hecho” y su nostalgia “por los grandes y magníficos saurios de los tiempos remotos.”
(*) Publicado en EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS, el domingo 04 de julio de 2004.-
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