domingo, 20 de febrero de 2011

Lecturas de Verano (07/2011)

LECTURAS DE VERANO (07/2011)


Última entrega de las Lecturas de Verano, éstas creaciones que nos han enviado ustedes, los lectores, y que nos han acompañado semana a semana en nuestro diario.
Cerramos con textos de cuatro autores que ya pasamos a reseñar:


Mercedes Sáenz reside en Buenos Aires. Ha obtenido menciones de honor en Prosa y Poesía. Certamen 2010, Junín. Ha publicado "Antología de narradores" (editada en Israel) como así el libro de relatos breves "Filos de lata". Vive en El Tigre y nos ha enviado poesías y narraciones de las que hemos seleccionados dos. Textos que salen desde lo más profundo y cobran formas inusitadas o imposibles como el tiempo. Versos plasmados con la finura de una poeta que nos deja pensado, que nos incita a atrapar sensaciones, que nos sobrevuelan al terminar la lectura.

Carlos Alberto Eder es oriundo de Etruria. Nació el 14 de junio de 1955 y se desempeña como preceptor en el Instituto Secundario General Paz. Es un apasionado por la música y la lectura. Se ha incorporado al Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento y descubrió que la escritura pasó a formar parte de otra de sus pasiones. Carlos se inclina por la narrativa y entrelaza en la realidad y la fantasía, como puntadas hechas con diferentes hilos y colores.

María Cristina Pedernera de Terreno es narradora oral. Desde pequeña se inclinó por la escritura trayendo esta herencia desde su padre. En 2006 comenzó a grabar por cable de Etruria con el Sr. Rodríguez. Hace un año que tiene un espacio en la revista Telecat. Asiste al Taller de Escritura Creativa siguiendo con su vocación. Sus textos son pequeños instantes que se retratan en el papel o se conservan como en un frasco de esos que narra en “sorpresas”.

Norma Alicia Sarrailh es nacida en Buchardo (Córdoba). Vive hace 30 años en Etruria. Es docente de adultos; de niña le gustaba leer y escribir poesías. Su poesía es una introspección, un pensar el yo y la circunstancia que la rodea. Norma aprovechó la oportunidad que le brinda el Talller que coordina la profesora Natacha Estévez y hoy está aquí presente con los textos publicados de la antología, a la cual pertenecen los últimos tres autores que les ofrecemos, y que gentilmente nos acercara el señor Oscar Nicola.

Hasta el próximo domingo, donde retornaremos con nuestras notas y entrevistas habituales a las personas y personajes que enriquecen a nuestra Villa.





Árbol equivocado
Mercedes Sáenz


me oculto
de un hambre harapiento de palabras,
la derrota que no entiendo
de no sé qué guerras.

invisible, invisible
el árbol de Diana me hace sombra
(tanta transparencia).

me alejo de mi propio sudario
(un hueco oscuro de pasillos)

no hay sombras,
no hay palabras.

era un almendro, creo,
uno que me miraba carey y en un solo tal vez
algo sombrío.

(en el árbol no hay hipocresía).



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Sin sed
Mercedes Sáenz

un soplido leve
dibuja el oído
en el segundo largo de la noche.
parece
sólo parece
que algo se oyera
y no hay nombre
que rompa
como en el cine
el falso vidrio
de azúcar.

estabas casi siempre ahí
invisible
sin adjetivos
desnudo
y sin piel
asomado a mí
con una pipa
jugando
sobre tu boca.

ahora
no hay sed
ni voracidad

en tu nombre.

te volviste tiempo.


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La búsqueda
Carlos Alberto Eder

Por fin la había encontrado, después de casi toda un vida mirando hacia arriba; ella estaba ahí, destacándose en el cielo tormentoso, tenía la forma exacta que había buscado incansablemente.
De pequeño siempre sintió una fascinación inexplicable por las nubes, y a lo largo de su vida fue catalogándolas según sus formas y tamaños. Como lo apasionaban las nubes, de la misma manera lo obsesionaban las aves; identificó en las imágenes de las nubes a todas las aves conocidas (o por lo menos las que él conocía). Lo que nunca pudo encontrar, y se transformó en su mayor obsesión hasta el día de hoy, fue una nube que se asemejara a un colibrí. Fue una tarea muy ardua ya que no es fácil siquiera encontrar a los colibríes en su hábitat, mucho menos será encontrarlos en la forma de una nube.
Aún así pasó toda su vida buscándola, y esa búsqueda le trajo, como es lógico, un terrible y continuo malestar en las cervicales. Su manía de andar mirando siempre hacia arriba buscando
formas le ocasionó no solamente ese problema sino muchos más; varias veces debió ser hospitalizado por cruzar las calles sin percatarse de que, por lo general, los autos vienen de frente o por detrás; otras debió ser rescatado por bomberos o equipos de emergencias al terminarse el camino caer a algún arroyo o en una pendiente. Pero la satisfacción de haberla encontrado lo llenó de una paz interior que le hizo olvidar los desvelos y sinsabores que pasó a lo largo de su vida.
Y ahora estaba ahí, la tormenta amenazante se desató con una intensidad inesperada; su nube comenzó rápidamente a disiparse y diluirse en gotas de lluvia. En un instante desapareció, sintió pena por haber tenido un encuentro tan efímero.
El fenómeno pasó rápidamente como toda una tormenta de verano. Al salir al jardín su sorpresa fue mayúscula. Allí, en un charquito de agua, aleteaba desesperado un pequeño colibrí.


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Noticias de un adiós
María Cristina Pedernera de Terreno

Entro al dormitorio. Miles de remolinos de recuerdos, de sueños, de sueños de ayer me envuelven. Me recuesto en la cama, nuestra cama. Tu aroma me transporta en una nube, estás aquí, te siento, estiro mi mano; allí, a mi lado, está el diario, lo toco angustiada. El ruido del papel es áspero como las noticias que contiene.
Adivino tu prisa por partir solo y en silencio, pero no comprendo el motivo por el que te dejé ir. Quizás leyendo en las páginas del clemente diario, me entere de la verdad acerca de tu partida.



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Sorpresas
María Cristina Pedernera de Terreno

Un personaje de mi pueblo amaba las sorpresas, las guardaba en su corazón… Tenía tantas.
Cuando niño se sintió sorprendido por sus primeros pantalones largos, y la angustia de ver a su primera novia con un amigo.
No podía olvidar cuando compró un televisor y lo engañaron porque sólo tenía el estuche.
Aún conservaba la sorpresa de cuando sus padres grandes le comunicaron su separación para rehacer cada cual sus vidas. Esta fue la más grande.
Grande fue el desconcierto cuando su vecina cuarentona le dijo que lo amaba ¡casi se muere! (era un bagayo). Él todavía esperaba a una linda joven.
Llegó el día que no tuvo más lugar para guardar tantas sorpresas. Tuvieron que operarlo y guardarlas todas en un frasco. Así tuvo lugar en su corazón vacío y cansado para los nuevos asombros que tendría en su vida.


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Noche de vida
Norma Alicia Sarrailh

Mientras el molino comienza a andar
bajo el brillo de la luna
misteriosas las estrellas
dibujan una cruz en el poniente.
La sombra de la noche se transforma
en ávida alegría
sin luz pero divina.
Se enciende una intrépida pasión
como una flor enrarecida
de alguna mente con lujuria
que deja fluir hacia la tierra
el agua clara de quien siente
dando vida esa noche
hasta a las mismas almas del infierno.



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Taza de leche
Norma Alicia Sarrailh

Busco en la taza
el sueño del día.
Revuelvo la leche
probando el cansancio.
Miro la hora
que pasa tranquila…
Ya dieron las once,.
mis ojos abiertos
aún no declinan.
Estoy viva
escribo en un día gris…
gris por el día, gris por el alma…
pienso y repienso qué es la muerte.
A veces la muerte misma
busco la respuesta justa
y al sentir mi vida pasar
sólo me aliento a decir
¡Estoy viva!


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 20 de febrero de 2011.-
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