domingo, 12 de diciembre de 2010

arreMolina: Siete poetas de la ciudad

Siete poetas
arreMOLINA
de la ciudad



Solemos decir a veces que el poeta es un pintor.
Esa persona que carga su pincel de palabras y retrata en versos imágenes sobre el fondo blanquecino del papel.
Ambos saben de armonía, de espacios, de silencios, de colores y de sentimientos. Ambos son artistas, los pintores y los poetas pintan y hacen poesía. Cada uno a su manera retrata la belleza del amor, a veces un mundo desfavorable y en otras, plasma sentimientos que no pueden verbalizar, pero que les brota del alma.
En muchas ocasiones comparamos al poeta y al pintor y adjudicamos los elementos y formas de uno en el otro. Y en esta oportunidad no será diferente, porque recientemente, un grupo de escritores de la ciudad ha presentado su primera antología poética; y lo ha hecho rescatando a uno de los grandes pintores argentinos: Armando Molina Rosa, “Molinita”… “el poeta del color.” Una pintura del artista oficia de portada y de puerta de ingreso a la lectura, un cuadro que el genial pintor obsequió a Giraudo y con el que la acuarelista y poeta local, decidió complementarlo con la voz de sus compañeros.
Son siete los poetas reunidos en este texto: Fabiana Léon, Fernando de Zárate, Susana Zazzetti, Eduardo Cichy, Susana Giraudo, Juan Ramón Seia y María Elena Tolosa. Ellos muestran en esta policromía literaria sus versos que en tantas ocasiones leyeron, corrigieron y compartieron en la casa de Giraudo, lugar de encuentro donde el “Grupo Paco Urondo” se reúne religiosamente los días miércoles.
En un volumen de más de 230 páginas y con casi 90 poemas de los escritores mencionados, “arreMolina” se convierte en una de las antologías poéticas más representativas de la literatura local. Así lo entendió la Legislatura de la Provincia de Córdoba, que adhirió con beneplácito este libro. El mismo logró editarse gracias al aporte de varias empresas y personas de la ciudad, que están apostando a la difusión de la poesía, por ende a la cultura local.
El texto en cuestión se presentó en sociedad el viernes 19 de noviembre en la Biblioteca Municipal y Popular Mariano Moreno con un nutrido marco de público, que fue registrado por este medio en su momento.
Ahora más tranquilos, como sentados a la orilla del río y remojando nuestros pies; queremos compartir con ustedes una aproximación a la esencia de este libro.
Que lo disfruten.


Lilia Lardone baja el picaporte, abre la puerta y mirándonos a los ojos nos dice: Bienvenido lector, “al leer los poemas, aquí y allá aparecen imágenes, colores, elementos relacionados con la sombra protectora de Molina. La herramienta es distinta. Donde había pintura, aquí hay palabras. Los siete poetas cavan y cavan, intentan tocar sentires, los dolores, las emociones. Y juntos construyen un clima armónico, austero, replegado en las interioridades, alejado de las pompas. Ellos nombran y al nombrar, ofrecen un mundo que es a la vez particular y general, porque la impronta personal los define, y la intención los une.”
Con esas palabras extraídas del prólogo, entramos y visitamos a cada uno de sus autores y sus textos.


FABIANA LEÓN
Fabiana es la primera en recibirnos. Una poetisa que escribe sus versos entrelazando los recuerdos de una infancia pasada, con los sentimientos de una mujer madura, muchas veces combativa. Ella escribe con la delicadeza del género femenino pero golpea con la fuerza de un puño cerrado como lo haría un hombre. Dice Marta Nuncio, “la mirada poética de Fabiana León atrapa la realidad (espacio-tiempo, personaje, objeto) la aparta del caos del devenir, la salva de lo indiferenciado y la exalta).”


Quiero
una espada mancillada
con sangre sometida
las bulas de la infamia
quiero
la vergüenza del conquistador
esa tierra usurpada y masacrada
de hembras que agonizan
todavía
quiero el ultraje más perverso
el pan de miedo entre las hojas
la luz del instante
quiero cartografiar el horror
de América en un punto.


FERNANDO DE ZÁRATE
La poesía de Fernando de Zárate, en ocasiones, aparenta ser un collage de palabras que se entraman casi indescifrablemente; sin embargo, con una mirada atenta, es posible encontrar las claves que llevan a la comprensión de su voz, de su sentido. Y ese sentido es el de un hombre que transita estas calles todos los días y se convierte en testigo de como su vieja ciudad es devorada por una nueva. Dice Mercedes Espinosa Peretti “en este poeta villamariense, sus poemas son creación y también revelación de la experiencia de un manojo de instantes, donde el ser se da plenamente, a veces intempestiva, otras inquietante en esa búsqueda constante de su propio estilo.”


entro
quebrando brújulas
a fuego
entre los huesos
en la duda de la
ciudad
que me es ajena
y
sobre este oficio
de andar ensimismado
en uno
trazar la noche
a mano
sus indicios

prolija carta de navegar
donde en mi propia ínsula
me obsesiona
lo endeble
de todo
lo que está.


SUSANA ZAZZETTI
Quizás esta noche se siente en el patio, mire las estrellas y espere a ver donde caerá el poema, que como una estrella fugaz iluminará el cielo de esperanza. Susana sabe que la poesía es vida, que allí está el oxígeno que necesita para continuar, quizás por ello coordine sus talleres literarios, como una manera de ofrecer vida a otros que, como muchos de nosotros, necesitamos de esa palabra que nos contenga. Los poemas de esta selección (de)muestran un estilo poético que continúa creciendo. Dice Olga Cabrera Ladú “la poesía es el único lugar en que cada uno se concibe a sí mismo. Susana Zazzetti en la palabra se libera, en el poema ella sabe que no muere.”


entre las ranuras
de la noche
que cae
sobre la calle méjico,
callo el poema.
lo dejo colgar
del hilo que sostiene
su médula.
para que no me abandone.
no se muera.

no me muera.


EDUARDO CICHY
La lectura del poema que sigue más abajo retrata (para mí) la esencia de este escritor. Un Jack destripando las palabras, un maniático que descuartiza buscando sentidos posibles y los imposibles también. Eduardo Tadeo Cichy es un experimentador… de la poesía, del cuento, de la novela, de tanta otra expresión literaria que exista… él es un poeta de laboratorio, con la sensibilidad de un soñador. Dice Gabriela Bruch: estos poemas “de Eduardo Cichy, nos llevan en un recorrido lírico por aquellos rincones de la infancia, por lo que pudo ser pero no ha sido, por lo que siempre es. Y en aquello que siempre es, nos detenemos, ya que la naturaleza está presente e impregnada en cada verso del poeta. Pinceladas de un paisaje externo e interno que se enraízan para dar lugar a este trabajo con una fuerte unidad y cohesión textual.”

Demente y sacrílego
ataco la anatomía de las letras
queriendo extirparle aquello
que busco
atormentadamente.

Me duele la tinta
en las heridas
y algunas veces
no soy yo
el que escribe el poema.


SUSANA GIRAUDO
Hablar de Susana, es hablar de una de las grandes poetisas que ha dado este lugar. La sensibilidad y la armonía que hay en sus poemas dan esa tranquilidad que muchas necesitamos. Puede “pintarnos” las cosas más tristes, las más hermosas, las situaciones más emocionantes de muchas formas, pero siempre con esa tranquilidad y dulzura que solo los grandes poetas logran. Floriano Martins dice que “con esa sinceridad de apuntes que Susana Giraudo sondea los mecanismos de una mujer que descubre con sus misterios la intimidad del dolor, la intimidad del vacío de toda una vida. Son versos penetrantes que abren huecos inolvidables en el alma de su lector.”


Todo ocurre adentro,
lejos de las manos.
Y son cosas tan leves,
tan íntimas,
tan mudas…

Los demás olisquean
los restos de la hoguera
donde quemé trapos viejos,
canciones olvidadas,
el gemir del silencio,
la risa de una niña,
mi tiempo
y mis pestañas.


JUAN RAMÓN SEIA
Una grata sorpresa para las letras locales. Aquel joven de las crónicas de espectáculos y cultura de este diario, apareció tímidamente y deslumbró. Juan Ramón, muestra en “arreMolina” sus primeros versos con un futuro prometedor. La delicadeza, las palabras finas combinadas con el sentimiento de un joven, que recrea las grandes preguntas de la humanidad y que puede bajarlas como mariposas que se detienen en la palma de su mano. Dice Augusto Páez, “el poeta Juan Ramón Seia nos deja, en pequeños brotes de poesía ‘a la contemporánea’, una serie de frases, mensajes al pasar, pensamientos en los que Dios, el hombre, el dolor, son preguntas sin respuesta, son ironía, son mensajes sin certeza.”


que ya no ardes como antes

que el niño reencarnó en piedra
que me arrojas hacia el pasado
que ayer mora en tus hombros
que infancia dejó de rimarte

que ya no muerdes como antes

porque somos olvidándonos

un eco
de cenizas
en duelos
por venir.


MARÍA ELENA TOLOSA
Vamos llegando al final de este breve recorrido por este libro y nos despide María Elena, quien nos habla de la mujer que extraña, que añora y que siente la soledad como una compañera infatigable. Son versos en el que la tristeza posa su pincel y marca cada composición. Gustavo Tisocco nos confiesa, “la poeta parece desnudarse entre las líneas de su poesía, se/nos muestra frágil y solitaria, sensible y vulnerable, humana ante todo y comprometida en su decir, en su Palabra pues sabe que ésta es eternidad y grito.”



He inventado un tiempo
de donde
no me iré nunca,
de las mangas
de mi abrigo,
de la luna
que casi no veo,
de mis ojos
que tienen poca luz.
El tiempo
para las horas lejanas,
para mis juguetes antiguos.
Ya no tiemblan alas
están en vuelo al infinito.


“Volar al infinito”, con esas palabras con que Tolosa cierra uno de sus poemas, retomamos nuestra voz para cerrar las últimas páginas de esta obra.
Son siete poetas, siete voces y siete colores; como los que despliega el arco iris después de una lluvia de verano. Un bello momento en el que podemos contemplar los colores, los tonos, los versos… los poemas. En ese abanico cromático se nos muestra la belleza de la palabra, esa que invita a unirnos, que nos junta… que nos arremolina.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 12 de diciembre de 2010.-
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