domingo, 15 de agosto de 2010

Entrevista a Jorge Luis Borges por Sergio Vaudagnotto

ENTREVISTA A
JORGE LUIS BORGES
RETRATO DE UN JOVEN PERIODISTA


Si Borges viviese, en pocos días más (el 24) cumpliría sus 111 años. Un escritor universal inigualable que ha marcado la literatura del mundo para siempre. Pocos como él han rejuvenecido el lenguaje y la poética toda. Sus trabajos han sido objeto de minuciosos y diversos análisis por los más grandes especialistas literarios. Dueño de una sabiduría envidiable y de una postura política que le generó más de un inconveniente, el autor de “El Aleph” y de tantos libros y textos, está presente en las páginas de EL DIARIO Cultura de hoy.
Estamos orgullos en rescatar una de las entrevistas que nos tocó, no sólo por las palabras del astro literario sino porque el entrevistador es un periodista y escritor muy cercano a nosotros. Hablamos de Sergio Vaudagnotto, villanovense, nuestro Coordinador periodístico, quien parece tener un buen año en cuanto a publicación se refiere. Sergio tiene editos cuatro libros, “Pero tengo mi jaula” (Buenos Aires, 1984); Los héroes viajan en colectivo”, (Buenos Aires, 1986); “Tercero arriba” (Huesca, España, 1994) y “Sacachispas. El fútbol y sus anécdotas más divertidas” (Villa María, 2010). Los dos primeros libros resguardan cuentos y poemas de su juventud y han sido recientemente reeditados en marzo del presente año. El último de los títulos se presentó meses pasados en sociedad, y el tercero contiene artículos periodísticos en el estilo que nos acostumbrara Roberto Arlt.
De ese volumen, reproducimos la entrevista que Sergio le hiciese a Borges cuatro años antes de su muerte. Lo que sigue son dos textos, por un lado el intercambio dialógico entre ambos y por el otro el relato de las circunstancias que envolvieron ese encuentro.
Un encuentro mágico que nos eriza la piel, como seguramente le pasó a Sergio, en esos años de juventud y aprendizaje.



Texto: Darío Falconi
Ilustración: Raúl Olcelli



BORGES:
"YO ESCRIBO CON LA SERIEDAD DE UN NIÑO QUE JUEGA
"

No hay luces encendidas. Todas las formas dependen de la ventana que da a la calle Maipú. Vargas Llosa escribió con razón aquello de que "no hay demasiados libros para ser la casa de él". Borges y su bastón pisan el cuarto y uno acaba por entender que un monumento puede erigirse en un instante, en los segundos que se tarda en dar un paso. Avanza hacia el sofá de tres cuerpos que uno abandona para darle la mano. Todo muy lento "¡Qué cosa!, parece que a este sillón no lo vaya alcanzar en el resto de mi vida". Hace años que repite que no tiene apuros, que ya tiene la vida cerrada, que a su edad el tiempo no tiene valor; pero lo primero que le interesa saber es: "¿Cuánto va a durar esto?" "Y por favor, no me pida un saludo a la juventud, un mensaje al país, en fin prefiero que me haga preguntas concretas".



Por Sergio Vaudagnotto
Publicado por primera vez en
Nuevo País, Agosto de 1983


─¿Qué es lo que le molesta de la realidad?
─Me debería preguntar qué es lo que no me molesta de la realidad, ya que son tantas las molestias. Tal vez esas molestias no me hayan permitido ser un hombre ético aunque lo haya intentado muchas veces. Creo que la realidad es la que me molesta.

─¿Hubiera preferido vivir en la ficción?
─Creo que sí. Yo viví en la ficción hasta que los franceses me inventaron. Ellos me hicieron visible, me pusieron en el mundo cuando yo tenía cincuenta años. En mi país nadie se había dado cuenta de mi existencia hasta que los franceses me premiaron. Hasta ese momento viví nada más que en algunos personajes que había creado.

─¿Cómo le llega la realidad? ¿Por qué medios?
─Yo no leo diarios. Además, me parece una desgracia que la información haya reemplazado a la cultura. A las cosas que pasan las vivo. La gente me para, me cuenta cosas y entonces sé lo que pasa. No hay nada más viejo que un diario de ayer.

─¿Conoce a los escritores argentinos de hoy?
─A esta altura de mi vida yo prefiero releer a leer. Prefiero volver una y otra vez a los clásicos. Imagínese, hace un tiempo vino a verme un señor que quería leerme su libro, que se llamaba... ah sí, "Memorias de un cocinero muerto". Parece cualquier cosa, una irresponsabilidad.

─Creen que es soplar y hacer botellas...
─Uy, soplar y hacer botellas... cuánto hacía que no escuchaba eso. Me lo decía mi madre, todos los días me lo decía si yo creía que algo era sencillo.
Los ojos están buscando a esa mujer. Una mano mueve el bastón, la otra busca el brazo de quien le está preguntando. La ola de ternura lo ha aplastado. Tarda en reponerse...
Sí, hay mucha gente que cree que lo del escritor es soplar y hacer botellas. Me gusta mucho que me haya recordado esto de soplar y... Por mi madre y porque me va a ser muy útil en estos días. Para retribuirle le voy a contar algo que casi nadie sabe. Usted no se lo vaya a decir a nadie, pero yo me llamo Isidoro. Mi padre fue Isidro y yo salí Isidoro. Bueno, parece que esto de los nombres también es soplar y hacer botellas.

─¿Cómo influye la ideología en la obra de un escritor?
─En el caso de Pablo Neruda es indudable que el comunismo lo llevó a ser un excelente poeta. En el caso de Walt Whitman la democracia lo llevó a ser un gran poeta. En el caso de Kippling los deberes del imperio británico lo llevaron a ser un excelente poeta. Aunque las ideologías pueden llevar a resultados igualmente buenos o igualmente malos.

─Y usted, ¿qué ideología inserta en sus escritos?
─Yo no sé si tengo ideología. Soy anarquista en el sentido de que quiero, como decía Macedonio Fernández, un mínimo de gobierno y un máximo de individuo. Lo que sé es que todo arte es inconcebible sin la pasión. El lector debe sentir que el autor está emocionado.

─¿Elige los argumentos de acuerdo con esto o aquello que lo apasiona?
─Yo no lo elijo un argumento. El argumento me elige a mí. De pronto yo siento que algo está por suceder y ese algo será después de un poema, por eso me llega.
Los antiguos hablaban de la musa, ahora suele hablarse de la subconciencia, pero es lo mismo. Son distintas metáforas del hecho de que algo está por sucederle al autor y de que ese algo se convierte después en un texto.

─¿Fue un trabajo escribir?
─No, yo no lo entiendo así. Al contrario, creo que el hecho de soñar y escribir es agradable. Yo escribo con la seriedad de un niño que juega. Creo que si se nota el esfuerzo de un escritor, el escritor ha fallado. El defecto de Lugones y el de Quevedo es dejar que se sienta el esfuerzo.

─Usted ha hablado de “publicar para no pasarse la vida corrigiendo originales”. ¿Esto ayuda a conservar la frescura del trabajo?
─Es que si uno trabaja demasiado se nota que hay algo sobreescrito y, entonces, se nota el esfuerzo.

─¿Cometió algún error como escritor?
─Sí, el ultraísmo fue un error. Fue inspirado en el prólogo de la Novela Sentimental de Lugones. Lugones afirma en ese prólogo que la metáfora es un elemento esencial en el verso y los ultraístas pensábamos lo mismo. Ahora creo que hay versos hermosos sin metáfora.
Además, creo que las metáforas esenciales ya han sido. Una de esas metáforas sería el tiempo y el río, que sin dudas ha sido usada por todos los poetas en todos los idiomas y cada vez con un sentido distinto. Otra metáfora esencial sería la que compara las estrellas con los ojos. Hay una novela de un escritor americano que dice "...desde arriba nos miran las estrellas"; pero también hay una de Chesterton que dice "una nube mayor que el mundo y un monstruo hecho de ojos".
Otra puede ser el hecho de comparar el hecho de morir. Cuando la Biblia dice "...duerme con tus mayores", como los mayores están muertos, se refiere a la muerte. Lo que uno puede inventar son metáforas sorpresivas, pero las esenciales ya están. De manera que yo creo que los ultraístas estábamos equivocados. Además, por lo poco que sé de poesía japonesa ─sólo he leído algunas traducciones─, se prescinde de metáforas. Un poema japonés sería: "Se ha posado una mariposa sobre la gran campana de cobre". No hay metáfora, pero se ha contrastado lo frágil o fugaz de la mariposa con lo duro y centenario de la campana.

─¿ Todo lo escribió por necesidad?
─Todo lo que me salió bien lo hice así.

─¿Necesidad de comunicarse con la gente?
─No sé. Puedo decide que no acostumbro leer lo que se escribe sobre mis obras.

─¿No le importa cómo las recibe la gente?
─Si, es bueno que sean bien acogidas, yo agradezco eso, pero cuando finalizo un libro ya estoy pensando en lo que escribiré. Es lo que me sucede.

─¿Es un buen mercado la Argentina?
─ La gente sigue leyendo aquí a pesar de lo mal que estamos económicamente. Si, afortunadamente la gente sigue leyendo.

─¿Ni una sola reflexión sobre la actualidad nacional?
─Parece un cuento fantástico lo que ha pasado aquí. Hubo una dictadura digamos... irresponsable, que ha matado de muchas formas... La plata que se ha gastado en el fútbol, las autopistas y, mientras tanto, en un hospital de aquí, de la Capital, todos los días se presentaban casos de niños hambrientos.
Como los militares han demostrado su enciclopédica incompetencia y de los otros partidos mejor ni hablar, me alegra que hayan ganado los radicales. De modo que yo creo que nuestro deber de argentinos es sostener a este gobierno, que por lo pronto es un gobierno de caballeros.
Quizá la esperanza sea un deber, una necesidad...
Le repito que lo que pasó aquí parece un cuento fantástico.
En un país que lo tenía todo: una fuerte inmigración, una fuerte clase media, no había problemas raciales ya que los indios los matamos y los negros se murieron (se ríe). Bueno, y somos más europeos que los europeos. Porque un europeo es un italiano, un inglés, un alemán... en cambio nosotros vamos tomando cosas de todos ellos.

─Usted acaba de mencionar el tema de la matanza del indio. Cuando Roca hace la campaña, ¿no comete el error de matarlo en lugar de incorporarlo a la vida en sociedad?
─Cuando Roca hace la campaña al desierto ya estaba todo hecho. Fue un verso militar. Mi abuelo participó en esa campaña y quedó en mi casa un libro titulado "La estupenda conquista". Si observamos que de un lado había rifles y del otro lanzas, la conquista sería menos estupenda de lo que pensamos.
Los indios no sabían lo que era un aljibe, una casa, pero se los hubiera podido integrar.

─¿Le gusta que lo premien?
─Necesito el dinero de los premios para vivir, pero también me gusta recibirlos.

─¿Cómo recibiría el premio Nobel?
─Con mucho asombro y con mucha gratitud. Parece que se ha agregado un rito más a tantos otros hoy en el mundo; ese rito escandinavo de prometerme cada año el premio y dárselo después a otro, prometérmelo al año siguiente... Una ceremonia casi exacta, que se repite año tras año como la Navidad o el Día de Reyes. Está incluida en el calendario y no creo que se atrevan a romper esa tradición. Ahora ya soy el candidato número uno para el año que viene, siempre para el año que viene, lo cual hace que todo dure más y se vaya dilatando la esperanza.

Jorge Luis Borges, Isidoro Borges. Borges.



EL VIEJO DIARIO DE HOY


Por Sergio Vaudagnotto
Publicado por primera vez en
Navarra Hoy, Setiembre de 1992




En 1982 era yo un estudiante de periodismo que había conseguido filtrarse en la redacción de la agencia noticiosa Saporiti, en Buenos Aires.
Gonzalo (y no recuerdo su apellido) era un español que nos enseñaba literatura en la facultad, y que nos hizo conocer Latinoamérica a través de García Márquez, Vargas Llosa, Donoso, Amado, Benedetti, Cortázar, Fuentes...
Cierto día, Gonzálo subió las escalinatas lentamente, con mucho cuidado. Un ciego, Borges, iba cogido de su brazo.
El anciano hablaba ante futuros periodistas y decía estar triste "porque la información ha reemplazado a la cultura". Al cabo de unas horas se tenía que ir y, entonces, aplaudimos. Estábamos tensos, sorprendidos, congelados como pájaros de cristal. Buena parte de esa noche la pasé saltando por páginas suyas. A la mañana siguiente, cuando llegué a la agencia, busqué su número. Esperé que se hicieran las 11 y (81.74.18) le llamé: Atendió una mujer a la que le dije: "De parte de un periodista de la agencia Saporiti". Luego ya escuché su voz: "¿Vendría usted a las cuatro de la tarde?". No lo podía creer. Mi compañero de estudios Luis Freitas fue un testigo disfrazado de reportero gráfico. Testigo de dos de las más valiosas horas de mi vida. Salí de ese apartamento, en la calle Maipú, a metros de la plaza San Martín, y fui a ordenar mis poemas y luego a una imprenta. Fue mi primer libro. "Uno no puede pasarse la vida corrigiendo originales", había dicho Borges.
Pero fue tanto lo que dijo, tantas las palabras que guardó en las dos cintas que hoy he vuelto a escuchar, que en aquel momento estuve dando vueltas y más vueltas para titular la entrevista. Finalmente escogí dos frases: "Nada es más viejo en este mundo que el diario de ayer” y “Escribo con la seriedad de un niño que juega”.
Me quedé con la segunda. Pero la primera acompañó el nuevo y pujante periodista que fui.
Ahora, a la vuelta de diez años, muerto Borges, desaparecida Saporiti, aniquilados mis sueños jóvenes, siento una relativa indiferencia hacia las noticias. Siempre invaden los mismos, siempre mueren los mismos, siempre roban los mismos, siempre pagan los mismos... Nada es más viejo en este mundo que el diario de hoy.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 15 de agosto de 2010.-
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