domingo, 7 de febrero de 2010

Lecturas de Verano 2010 (6ª entrega)

LECTURAS DE VERANO 2010

Entramos a un nuevo mes. Muchos de ustedes volverán al trabajo, otros estarán empacando sus cosas para darse el merecido descanso y nosotros seguimos acá, para hacerles compañía; con literatura fresca de nuestra gente.

Tres mujeres llenan nuestras páginas. La profesora María Rosa Bamonde de Pussetto se dedicó a trabajar especialmente en proyectos educativos para la enseñanza-aprendizaje de la lengua. Su formación inicial la completó con la graduación en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de Rosario en 1994. Desarrolló su actividad docente en las escuelas Dalmacio Vélez Sársfield de Arroyo Cabral, José Mármol (Directivo por concurso), IPEM 147 y en los Institutos de educación superior: Escuela superior de Bellas Artes Emiliano Gómez Clara y el Instituto Superior de Música Felipe Boero, en los cuales fue docente de "Práctica Profesional Docente I,II y III.
Coordinó talleres literarios en el Centro de Empleados de Comercio (CEC) de la Ciudad y en el INESCER. Participó de publicaciones colectivas, de salones de poemas ilustrados y recibió premios y menciones por sus trabajos literarios.
Se define a sí misma como habitante de una profesión que la llevó y le permitió siempre trabajar con las lecturas y recorrer caminos creativos; así como a desarrollar tareas de equipo en pos del desafío de innovar y aprender. Se confiesa una enamorada de las letras y del conocimiento y piensa continuar con este romance que le ofrece dos proyectos para el presente año.
María Rosa nos envío tres poemas cuya temática abarca el deporte rey, la naturaleza y su inevitablemente pasión por la docencia.

Nació en La Playosa y reside en Villa María. Griselda Rulfo es profesora de educación física y psicopedagogía. Posee estudios incompletos en arquitectura, letras modernas y metodología de la investigación educativa.
Publicó poesías y narrativa en periódicos locales y regionales. También ha dejado sus textos en diversos libros como “Los nuevos de la SADE”, “Antologario” del taller de Marta Parodi, en las publicaciones del taller del PEUAM a cargo de Fabián Mosello y del taller del CEC dirigido por Susana Zazzetti, en el libro de los Juegos Florales de la Ciudad, de la Universidad de Río Cuarto y en la antología de narradores de Villa María y Villa Nueva titulada “Voces de este Río”. Su primer libro como autora se presentó el 11 de octubre de 2009: “Nueve y Diez, el que no se escondió se embromó” (narrativa). Colabora con la revista online Artesanías Literarias. El cuento que publicamos hoy estaba inédito, es la historia de una búsqueda, el deseo de reencontrarse con un pasado que cada vez está más lejos al que se intenta acortar con algunas voces para el alivio.

Evangelina Sodero nació en Villa María en 1980. Actualmente se desempeña como profesora de Lengua Castellana en el nivel medio, habiendo egresado en el año 2004 de la Universidad Nacional de Villa María. "Palabras que caminan la cornisa" es su primer libro de poemas publicado y desde hace tres años es integrante de SADE, filial Villa María. Tiene una novela inédita titulada "Libertad interrumpida", la historia de un prohibido amor con escenario cordobés de la década del ‘70. Evangelina nos acercó dos poemas en los que la fantasía se mezcla en contadas proporciones con la realidad, la posibilidad y lo lúdico. En esa cocción es inevitable percibir el aroma cortazariano del segundo texto.

Vamos culminando la edición de hoy. Para el próximo domingo nos detendremos para ofrecerles una entrevista; pero no se aflija que aún quedan muchas Lecturas de Verano para compartir con ustedes.

VIENTO SUR
María Rosa Bamonde

Viento apasionado.
Viento acompasado.
Fuerza arrolladora.
Intervienes el paisaje
desatando desamparo.

Como gladiador sublevado
con la lluvia y el granizo
combates contaminación y olvido.

Temperamento surero
llévame las endechas
tráeme una canción.
Tú que sabes, tú que puedes
atizar el fuego.


* . * . * . * . * . * . * . * . * .

MUNDIAL
María Rosa Bamonde


Blasones nacionales.

Arenas romanas.

Gladiadores fervientes.

Bandas germánicas.

Arcas publicitarias.

Intrigas palatinas.

Tesoro de euros.

Suelos europeos.

Bastiones peninsulares.

Goles gloriosos.

Marcadas diferencias.

Mundos distintos.

Ciencia y deportes.

Débil selección.

Jerarquía al balón.


* . * . * . * . * . * . * . * . * .


MAESTROS
María Rosa Bamonde


Los maestros, todos y uno.
Armados de alfabeto,
armados de fe.
Soldados sin guerras,
sin rencor, sin medida.
Heridos mortalmente de horas,
ebrios de sueños.
Ganando toda la tierra,
en su inventario.
Poniendo sobre el pequeño cuaderno
un pan tremendo,
para gritar a la cabecera
del aire escrito:
¡He vivido!

* . * . * . * . * . * . * . * . * .

HASTA QUE SANGRE LA VARITA MÁGICA DEL MAGO
Evangelina Sodero


Sacar de la galera
hasta que sangre
la varita mágica del mago.

Sacar las iniciales
de ese rey envejecido
de esperar porque lo llamen
'dulcemente' entre los pobres.

Sacar a los teoremas
que no saben de mudarse
por un tiempo
a un viejo libro de poemas.

Sacar las gotas de sudor
en el trayecto levadizo de una espalda
que le hablará de amor
al cielorraso y al espejo.

Sacar el poco tiempo
que le queda a los enfermos
contagiados de la espera
con que tardan en curarse
los reptiles en enero.

Sacar de la galera
hasta que sangre
la varita mágica del mago...

el gorjeo...
la palabra...
que aún
no ha sido inventada.


* . * . * . * . * . * . * . * . * .

BOCA ARRIBA
Evangelina Sodero

La guerra insaciable entró a la casa
mientras le rezaba al Dios de los mortales.
Hombres sin rostro, desgarbados, moribundos, leprosos
me dejan a oscuras con el crucifijo
sangrando plegarias entre mis manos.

¡Me dejaron sin poder pedirle a Dios
un último segundo de paz!


Boca arriba me adentran en la selva impenetrable.
¡Es cacería de caníbales al corazón de los mortales!

Me molesta la luz en los ojos
desde que pude escapar de la hoguera
y la lluvia apagó el fuego que ardía en mis ojos negros
cuando estuve a punto de verle los ojos al perro.

Me pasearon desnudo por años
y mi libertad se convirtió en ese perro salvaje
que amarraron a mi descarnado cuello,
perro que lame mis ojos atormentados de silencio
y se recuesta a mis pies acobardado y sucio
rugiendo a mi desnutrida sombra
que le recuerda el hambre.

Boca arriba percibo la estrepitosa guerra
de caníbales que me escarban el corazón
desde que me sorprendió la flecha huyendo de la hoguera.
Y entre corridas y timbales alrededor de mi cuerpo
he tenido que acallar los gritos de dolor y espanto
que anidan en mi garganta.

¡Me dejaron sin poder decirle al perro
que no me deje solo!


Me sangran los labios cuando estoy a punto de nombrarlos
y el perro cicatriza heridas incurables de eterno prisionero.

Los pasos del perro me devuelven a su bondadosa presencia.
Pasan los árboles por encima de mi cuerpo mutilado
y el perro corre para alcanzar a los demás
que avisan el camino.

El aliento del perro me asusta.
Los insectos vuelan despavoridos
y centenares de ellos caen muertos.
Olor a sangre en el aire
cuando la flecha atravesó el corazón de uno de ellos.

¡La tierra se abre en sepulturas
donde a los muertos nadie los llora!

Atravesé la guerra boca arriba
y en el silencio aterrador de la primera noche a solas
el perro se quejó por última vez.
Me dolieron los ojos de tristeza y la sangre corrió durante días.

¡Me faltaba el perro!

La última noche boca arriba
el crepitar de las hogueras embraveció a los caníbales
que danzaban festivos alrededor de un corazón en llamas...

¡Recién entonces, supe que había muerto...!


* . * . * . * . * . * . * . * . * .

VOCES
Griselda Rulfo


Ella es cadenciosa. La rótula, en su agonía, le imprime ese vaivén. La derecha. La izquierda se arrastra ignorada por el sendero de verbenas y escalofríos. Si fuera espantapájaros se apoyarían en sus hombros una cadena de plumas entretejidas. Pero sólo es una mujer solitaria que como todas las madrugadas pierde su historia entre una rugosa alfombra de clorofila y aire.
Un remolino oscuro se enhebra en la cabeza agobiada. Mira hacia abajo, como buscando, impulsada por la fuerza de una columna dictadora. Hoy salió de arlequín mañanero, inculto, incauto. Porque es miércoles. El espacio de sombras guarda silencio y una corteza desparrama aciertos entre boquiabiertas estrellas tempranas. Ni va ni vuelve de una fiesta. Sólo se ubica en el cruce de senderos porque según recuerda allí es el sitio. Aunque su memoria puede engañarla después de tanto tiempo.
Al pie de una raíz retorcida un camino de hormigas borda un escenario de recuerdos y ensoñaciones. Ése es el sitio y se inclina aún más mientras sus huesudos dedos escarban la tierra. Se detiene... no parece... no la encuentra. Busca más allá. Rodea el árbol y repite los movimientos... no la encuentra. Ahora se apresura, se agita, desespera. Las uñas se hunden cada vez más, sus dedos sangran. ¿Quién robó su secreto?
La mañana se acorta y agoniza. Vuelve sobre sus pasos. Entra en la vivienda y cierra la puerta. Nada pasa, ni nada se ve. Sólo vive en las mañanas, en la hora determinada, en días de sol. Su secreto tiene pautas y tiene ritos. ¿Por qué esperó tanto?
Así se repiten los momentos. Ella vuelve una y otra vez. Pasa de un árbol al otro. De una a otra raíz. Escarba y se intriga. Se apresura, se agita, desespera. Las puso en una caja que forró de rosa delicado. Ató la caja con una cinta ancha y la protegió antes de enterrarla. Dentro de la misma guardó parte de su vida de ensortijados caracteres hacía ya ¡cinco décadas! Guardó voces, las que despertaron su corazón, dos pétalos, un anillo, la fotografía aquélla de octubre.
Los días avivaron la desazón y el dolor se hizo presente pero sin asombros ya que el dolor era su moneda cotidiana, ella sintió un gran desconcierto... era otra vez la espera, el comienzo de la espera... y eran tantos comienzos que no tenía fuerzas. La frustración le dibujó una mueca lineal en el rostro cortajeado de penas. Una línea que al extenderse estalló en carcajada. La que disimula la depresión, la que defiende la desesperanza. Una vez más retornaría a la vivienda ya sin asombros, sabiendo que tampoco podía confiar en su memoria.
Al aproximarse a la casa tropezó en la raíz del árbol próximo, lo sintió como una señal y con una lata rasqueteó la tierra buscando la preciada caja rosa con las cartas de su amado. ¡Allí estaba! Al fin, volvería a leerlas ahora con sus ojos miopes, recorrería las frases que le llegaron al corazón, las voces del recuerdo anidarían en ella.
Ansiosamente cortó las cintas deterioradas por los años, rasgó con facilidad la tapa y tomó las cartas en la mano... una nube de polvo se escurrió entre los dedos... mientras un gusano rojo se desmayó en su regazo. Ella sintió romperse el corazón.

(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 07 de febrero de 2010.-

Publicar un comentario