lunes, 28 de septiembre de 2009

142º Aniversario de Villa María. Evocación Literaria

142º ANIVERSARIO DE
VILLA MARÍA
EVOCACIÓN LITERARIA


Nuevo aniversario de la ciudad.
Para estar acordes con los festejos y este magnífico suplemento homenaje que hoy les regala EL DIARIO, quisimos realizar nuestro aporte desde la escritura literaria. Pero quisimos hacerlo con textos del pasado, textos que ya no circulan y textos que muchas veces nuestra memoria olvida.
Revolvimos algunos libros y archivos de nuestro diario para rescatar y hacer presentes, aquellos textos donde escritores y músicos, le cantaron a Villa María. Queremos mostrar de qué manera nuestros viejos poetas evocaban a la ciudad que les dio la vida o que fue el espacio donde se pudieron desarrollar y proyectarse.
En las líneas que siguen están impresas la presencia de la ciudad, los barrios, su gente y sobre todo de su río. Ese río que es uno (sino él) elemento constitutivo de nuestra ciudad, y que ha sido musa de nuestros poetas de todos los tiempos.
No queremos extendernos más de lo previsto, dejemos el lugar a quienes desde el sentimiento, el corazón y la palabra nos hablan de la ciudad, nuestra ciudad.
¡Felíz aniversario Villa María!




[POEMA]
Geremías P. Monti.


Cinco ríos cruzan Córdoba
que son como cinco arterias,
por donde corre la sangre
perfumada de la sierra.
El Tercero presuntuoso
quizás por marinas ansias,
que enjoya a Villa María
como una bincha de plata.

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EMBELESO JUNTO AL RÍO
Primo Miguel Beletti, del libro “¿Dónde hay silencio?...”.


Pelambre lacio y pendulante de los sauzales
sobre la arruga de la epidermis de la tierra
y el peine del agua murmullante
que corre por su cauce
en setiembre le imprime lustre
a sus mechones capilares.
En el brillo de un espejo itinerante
se zambullen cual anfibio
las esmeraldas repetidas por millares
de las horas diminutas que eclosionan
al conjuro de cien flautas animadas
y las alas de mi ensueño desplegadas
se baten sobre el oasis que allí me abriga.

El suave mecedor de la corriente
a mi vera sobre el muelle enarenado
musicaliza con las coplas de su andanza
la evasión que por fisuras de mi alma
arrobada, goteando el zumo amargo
drenan la aspereza que me atrapa
en un navío que boga errante
con las velas hinchadas de mis ansias.

En la alcoba iluminada de mi seno
para ese huésped que deambula vacilante
no hay puertas a su retorno
no hay sitio habitable
que no vuelva!
que sucumba!
que naufrague!

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BAJO EL CIELO DE VILLA MARÍA
Olga Fernández Núñez , del libro “Bajo el cielo de Villa María” (1979).

Con imágenes de toda la existencia
los recuerdos uno a uno se desgranan,
como gotas de rocío que cayeran
sobre el cáliz apretado de mi alma…

Cuántas hondas ansiadas contenidas
y deseos que no fueron alcanzados.
Y es nostalgia la ilusión adormecida
evocando los ideales no logrados…

Fue impotencia de volar hacia lo alto,
fue tener el corazón aquí sujeto
a un vivir inexplicable, casi extraño
que ignoró mi otro mundo: el de los sueños..

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[POEMA]
Armando H. Fabre.


Mi viejo río, ya no guardas
en tu raleado sauzal,
el silbo de aquel zorzal
que en las mañanas de estío,
te saludaba viejo río
con tu canto sin igual.

Mi viejo río, ya no ofreces
en tu cauce, el torrente
de esas clásicas crecientes
que traías en otrora,
con la fuerza arrobadora
de tu belleza imponente.


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TE CANTO, VILLA MARÍA
Moisés Cabañeros , del libro “Canto y rebeldía”.


Te cantaron los poetas que en tu cielo se inspiraron
volcando en sus sabias rimas el fruto de tu trabajo.
Te canta el niño que juega, el joven con su alegría,
te brinda su algarabía que es poema y también canto.

Te cantan los estudiantes que de tarde o de mañana
se encaminan jubilosos a cumplir con su jornada.
Te canta el hombre maduro, aquel del rostro acerado,
con la canción del martillo o en el surco con su arado.

Te canta el ave canora con sus trinos celestiales,
las flores son como un canto de perfumes virginales.
Vibra el cielo generoso con sus diarias bendiciones,
también te canta la madre en el hijo de sus amores.

Te canta el barrio Sarmiento, las jovencitas del centro,
las del barrio Rivadavia, y también las de Palermo,
por San Martín, hasta el fin, cruzando por Buenos Aires,
y por el barrio Ameghino alegre cantan sus calles.

Lamadrid, San Justo, Belgrano, te cantan con sus labores,
General Paz, Pellegrini, Güemes a tus pies te rinde honores
Avellaneda, Santa Ana, Sáenz Peña, Moreno y Almirante Brown
te ofrecen con su progreso el brindis de una canción.

Desde el barrio de Las Playas hasta el nuevo Trinitarios
acrisolan, hermanados su mensaje veinte barrios,
con su río silencioso, fiel testigo de la historia
que es dolor o es alegría reflejando tu memoria.

Ciudad de mi humilde cuna, ciudad de noches serenas,
porque eres patria argentina, porque eres honrada y buena,
yo también quiero cantarte y rendirte mis honores
en la labor cotidiana, Villa María de mis amores.

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[POEMA]
Horacio E. Roqué


Acodado, en suspenso
sobre la baranda
del puente, oigo
el ritmo del agua.
Luminosa,
sobre las curvas claras
de brillantes hojuelas,
cabrillea el alba.
Un desgarrar de ondas
se multiplica y se agranda.
En la pura emoción
el río me acompaña.
mi verso al igual se ondula
en la corriente mansa
o en oleajes
de espuma bravas.
Está dentro de mí
la vibración del agua.

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SALUDO A VILLA MARÍA
Horacio E. Roqué, del libro “Canto al Río Tercero y otros poemas”.


En el recogimiento de mi buenaventura,
alejado del tráfico de la insólita urbe,
sin que una sombra hostil mi presencia conturbe,
vine a buscarte, imagen de una calma segura.

Ciudad que besa el río como una enamorada,
no llegué como un náufrago hacia playas desiertas.
Mi amistad fue hacia ti con las manos abiertas,
y tu pasaje fugaz convirtiose en morada.

Y la hallé, y aquí estoy, sin que el tiempo le huya,
ahondando el secreto de una oculta armonía.
No he nacido en tu cuna, que una vez dije mía.

Si parte de mi vida se incorporó a la tuya,
lo que me reste de ella para que en bien concluya,
La quiero bajo el signo de la inmortal Poesía.

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RÍO
Horacio Bianciotto (1984).


Broto de tus dedos de barro
como un poema con hebras de musgo.
Zamba trastocada que canta.
Vendimia de girasoles.

Río. Abierta tu boca a lavanderas.
Se quiebra tu espejo de amaneceres precipitados
quiero ver tu enigma y llegar a tus manos
y desterrar tus soles deshilachados del ocaso.

Mis pies mis manos mi piel toda
te buscan como raíz huérfana.
Quiero adentrarme en tu latido marrón
Y en las abejas zumbonas de la corriente.

Llevas en tus venas una acuarela de hombre que sueña.
Tu agua sacia el silencio cuando es preciso.
Talamochita. Nombre legüero
bombo retumba tiembla tumba
lengua de enero isla emergente
vino guitarra luna a destiempo.

Río del cielo sideral cósmico
dame tu estampa de estatua caída
dame tu garganta de aguaceros.
Voy a volar como la garza
rozando apenas besando agujas
para que mi memoria haga tu perfil
y el olvido se escurra tras las sombras.

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[POEMA]
Bruno Ceballos.


Riberas del viejo río
que levantaba bravío
su murmullo colosal;
poco a poco desoladas
fuiste quedando enterradas
bajo el reseco arenal.

Viejas queridas riberas
también sois como taperas.
En donde el paso llora;
en las visiones de un triste,
ante aquello que no existe
y eternamente lo añora.

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CANTO A MI CIUDAD
Rosa Tejeda Vázquez de Theaux, del libro “Los azules caminos del recuerdo” (1986).


I
Voy por tus calles, mi ciudad querida
recorriendo calzadas y recuerdos,
imágenes y estampas que se avivan
y del olvido rescatar pretendo!

Voy por tus calles y mi pensamiento
ubica en el espacio y en el tiempo
el poema de caros sentimientos!
que yo viví y bebí cual un sediento!

La chiquilla lejana se me acerca…
viene desde el ayer, marcha a mi lado,
luego, la adolescente con sus sueños…

Y la mujer después, recia y altiva,
con floración de luces y de amores
y un ocaso vestido de agonías!


II
Voy por tus calles, mi ciudad querida:
movimiento, frescuras, lejanías,
galopa el viento fustigando recio
o la brisa musita letanías!

Miro tu cuerpo, contemplo tu grandeza,
no eres ya la aldea quinceañera,
las viejas estructuras ya caducas,
hablan de ti, de lo que antaño fueras!

Voy por tus calles con mi fe desnuda
de floraciones cual gajo de nardos
que una tierra reseca no fecunda!

En tu tierra descansan indefensos
los seres que yo amé y que amaron
y en la paz del no ser, viven inmersos!

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PASO DE FERREIRA
Letra: Armando Fabre y Andrés Acheral
Música: Andrés Acheral


Recitado:

Viejo Talamochita del aborigen nómade,
junto a tu margen se levantó
la posta e avanzada de los Ferreira Abad;
te vadearon las carretas y las diligencias
-asombro de progreso en la pampa-
te cruzaron los hijos de esta tierra arisca
en un chapoteo de lunas y estrellas;
te recorrió el Deán Funes
en su fantástico proyecto de hacerte navegable.
Una y otra vez se desbordaron tus aguas,
hasta que los diques le pusieron riendas
a tus ímpetus borradores de huellas…


Canto:

Sobre la herida huella pampeana
sangran los sueños del pajonal,
silban los vientos de la llanura
la sinfonía de algún zorzal.

Como un refugio sobre el paisaje
donde dormita la soledad,
se alza una posta, como esperanza
de los que cruzan la inmensidad.

Un monte y un río que corta la senda,
un vado que lleva por el arenal
rumor de carreteras cruzando el desierto
rumbeando camino a la eternidad.


II

Cantaba el río su cantor eterno
con voz antigua junto al sauzal
que despeinaba su cabellera
en el espejo de su caudal.

Alborozada cantaba el ave
sobre el añoso algarrobal,
mientras el puma se agazapaba
entre las sombras del matorral.

Un monte y un río que corta la senda,
un vado que lleva por el arenal
rumor de carretas cruzando el desierto
rumbeando camino a la eternidad.
(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 27 de setiembre de 2009.-
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