domingo, 19 de julio de 2009

Fabián Clementi. Poeta de aguas mágicas y tranquilas

ENTREVISTA CON
FABIÁN CLEMENTI
POETA DE AGUAS MÁGICAS Y TRANQUILAS




Inimaginable podría ser una vida ligada a la literatura.
En su casa, lo único más cercano a un libro, era el cuaderno con el fiado del almacén.
A los siete años empuñó la raqueta por primera vez y no la dejaría nunca más. En su San Francisco natal iniciaría una carrera que cada vez le redoblaría sus exigencias, y que dada su habilidad y talento, lo haría despegar hasta jugar a lo grande en Alemania y Francia.
Pero esa vertiginosidad, la presión y toda esa parafernalia que encerraba estar jugando profesionalmente al tenis a miles de kilómetros de donde nació, quizás lo fue desilusionando. Pero no hay mal que por bien no venga. De vuelta en nuestro país y con tan sólo 20 años colgó la raqueta, aunque no definitivamente, ya que continuó practicando ese deporte pero para enseñarlo y ganarse el sustento.
Esta actividad le permitió más libertad, el tiempo y la posibilidad de plasmar en el papel sus sentimientos, sus pasiones y sus preocupaciones.
Inició un taller con Marcelo di Marco y fruto de su inquietud y dedicación publicó dos libros en menos de un año: “Refractario” (junio de 2008), y “Spectrorum” (febrero de 2009). En el primero, muestra con tono biográfico y crudo las vivencias de ese joven tenista que se busca así mismo; mientras que en éste último, da un volantazo a la línea presentada en su publicación debut y nos muestra poemas con otra temática y con cierta pincelada más literaria. Un libro donde la identidad atraviesa cada página y encuentra eco en sus amigos, sus abuelos (que vivieron aquí, pero que no conoció) y los lugares de la ciudad en la que habita.
De sus libros no realiza presentaciones, simplemente los publica y los hace circular, piensa que “el libro tiene que tener la libertad necesaria para hacer su recorrido solo”.
Sobre la relación de estos textos comenzamos nuestra charla.


—Hay un cierto giro entre tu primer libro y el segundo, ¿en qué creés que se diferencian y cómo has compuestos los versos de cada uno?
—Sí, mi segundo libro realiza un giro si se lo compara con primero. En “Refractario” prevalece una cierta crudeza, sobre todo en la primera parte. También la estructura de los poemas es más contundente. En cambio lo que tengo para decir en el segundo libro es más metafórico, con una temática basada en la imagen y el paseo. Diferente del primero, que es más introspectivo y autobiográfico. “Spectrorum” también es autobiográfico, pero la mirada sale más para los costados. El ojo poético gira hacia los bordes, pero, al igual que en el primero, también para atrás, en dirección a un pasado irresuelto y en el cual se ubica el principal espectro, que son mis ancestros.
Los versos, creo yo, se componen según el estado del alma. En el escarbe, uno descubre el piano con su melodía ocasional. Eso es lo curioso y lindo.

—¿En qué se relacionan la poesía con el tenis? ¿Son complementarios? ¿En qué momentos hacés una y otra cosa?
—La poesía se relaciona con el tenis como con cualquier otra cosa que la pueda hacer resurgir. Me parece que, donde hubo un dolor, algo intenso e interesante que La Maga logre absorber. Ella aparece con la capacidad de hacer resucitar al sapo, que es el poeta (encima de otro pozo). Entonces la felicidad vuelve a mostrar su fondo. Durante gran parte del día doy clases de tenis. Pero en algunos bordes de la jornada yo voy cosiendo mi posible obra con ese hilito tan difícil de enhebrar, que es la palabra.

—“Refractario” y “Spectrorum” se han dividido en tres partes, ¿porqué construís tus libros con esos tres pilares? ¿Cómo pensás el armado de un volumen, qué características debe reunir para vos?
—Escribo tanto que llega un momento en que debo escoger y agrupar el material. Para armar “Refractario” primero opté por unir tres libros de los que luego seleccioné algunos poemas, y así lo creé. Con “Spectrorum” sucedió lo mismo. Creo que sería bueno aclarar que ésto no estaba premeditado. Sólo sucedió así. En un momento, la lámpara se prendió y brotó la idea de la cual estoy más que satisfecho y feliz. En todo lo dicho me ayudaron mucho Gustavo Borga y Marcelo di Marco, a quienes agradecí y agradezco mucho.
Creo que la característica esencial que debe reunir el armado de un libro es la claridad/calidad.

—¿Qué papel juegan los afectos en tu poesía?
—Los afectos son algo clave en mi escritura. Creo que sin ellos no habría mucho para decir. Ahora, ¿qué son los afectos? ¿La familia? ¿Los amigos? ¿La amada? ¿La palomita que pasa y se posa en el limonero? ¿Ves? Hay tantas cosas para decir. Lo no afectivo también puede ser un disparador. La poesía nada en los extremos.

—Si tuvieras que diseccionar tu poesía, ¿qué elementos encontraríamos (música, familia, pintura, escritura, películas, que más...)?
—Pienso que es el lector quien tiene que contestar a esta pregunta. Igual, voy a intentar continuar tus palabras: dolor, colores, fantasmas, abuelos, sangre, agua, tenis, muerte, cielo, Dios…

—En otra entrevista consideraste al ambiente literario local "soberbio y egoísta", ¿seguís pensando lo mismo? ¿Es posible pensar en otro escenario para las letras locales?
—Lamentablemente el ambiente de la poesía no cambia mucho en relación a otros. Donde hay intereses protagónicos, la disputa se vuelve tenaz. Por suerte no hay dinero (creo), pero sí un ego capaz de demoler o fisurar a quien se cruce en el camino con o sin la intención de ocupar su espacio. Pienso que el ser humano es así, más en estos tiempos en que la aceleración venció al ocio, a la contemplación, como bien dijo en un programa Fernando peña. Todos, y por supuesto que me incluyo, deberíamos hacer una gran autocrítica hacia donde vamos o qué carajo estamos haciendo cuando buscamos diseñar una nueva tribu. ¿No sería más productivo un Estado Poético que regule todo ésto? ¿Y quién lo manejaría? Ahí vendría el problema. Opino que el poeta busca no quedar afuera de la vidriera. Ya demasiado lejos quedaron los versos del consumo del pueblo, entonces se desespera por mostrarse. O por recibir una palmeada o los aplausos. ¿Y quién no? Pero que no se vuelva una vedette, por favor. Ya hay demasiadas en programas como el de Tinelli.
Ojalá podamos pensar en otro escenario para las letras locales, pero lo veo cada vez más difícil. Pienso que hay que tener en claro que cuando se hace demasiado bullicio, la poesía se escapa, ya que es un pececito de aguas mágicas y tranquilas.

—¿Por qué publicás en Córdoba?
—Publiqué mis dos libros en llantodemudo, editorial de Córdoba, porque editor se mostró muy conforme con mis libros. El perfil de la misma encajó muy bien con mi poética. Sobre todo la del primero, que es más underground. Los muchachos se mostraron muy abiertos, y con prolijidad y cuidado los fuimos confeccionando. Al contacto lo hice gracias a Iván Wielikosielek, quien me mostró la edición de su librito de poemas, y me encantó.

—Hay muchos interrogantes en tu poesía, muchas preguntas ¿por qué sos recurrente con este recurso?
—“Vivir no es otra cosa / que arder en preguntas”, como bien dijo Antonin Artaud, epígrafe que muy bien usa Borga en su libro “Patitos degollados”. El día que no sea así, será el día en que nos hayan derrotado. Sucederá el triunfo de los que desean la represión y dictan lo que hay que pensar.

—Otra de las recurrencias de las que aparecen en tus escritos son el empleo de lugares propios de la ciudad, personajes conocidos de Villa María, tu familia... ¿creés que esa actitud convierte a tu poesía en "literatura local"?
—La curiosidad está ligada a la libertad. Al misterio. A la verdad. El segundo libro dispara hacia figuras y lugares de Villa María. En la imagen plástica, que representa al paseo, se dibujan o aparecen mis abuelos, algún héroe, figuras literarias, el río. Así que sí se podría considerar a “Spectrorum” como un libro basado en elementos poéticos locales.

—¿Qué podrías definir como "literatura local"?
—No sé cómo definir “literatura local”. Depende de cómo se mire. Todos los libros escritos en la ciudad pueden conformar la “literatura local”. Después el vuelo que tengan ya no depende del autor o su localia, creo.

—¿Qué escritores o textos considerás fundamentales dentro de las letras de esta ciudad?
—Considero importante y de muy buena calidad el trazo azul e infantil que surca la poesía de Gustavo Borga. El silabeo de colores en esos pianitos que suenan en la poesía de Alejandro Schmidt. En las lucecitas que funcionan como astros en las notas de Iván Wielikosielek. En el esplendor sagrado que se desborda al igual que un río, que es la obra de Edith Vera. En el universo propio que despunta la búsqueda florida de los versos de Silvina Mercadal. También me parecen interesantes la prosa de Normand Argarate y el oficio de Marcelo Dughetti. Lo poco que leí de Carina Sedevich, que es intenso. Un muy buen cuento de Jorge Rossi, que apareció en una antología. Y toda la literatura de la Villa, la cual sospecho que está pasando por un muy buen momento.

—En tus poemas mencionás a escritores universales, pero también a valores más cercanos como Gustavo Borga, Glauce Baldovín o Edith Vera ¿cómo han influido estos escritores en tus escritos? —Todos los escritores que mencionás influyeron de manera positiva en mis escritos. Uno, a medida que escribe, arrastra inconscientemente las influencias. El día que se consiguen desplazar, logramos un estilo puro. Aunque no sé si esto es posible. Es cómo desear borrar de tus conductas todas las influencias de tus padres. Yo no sólo he asimilado las cercanías literarias, sino que las disfruto en el sentido de la lectura. Me hizo y hace muy bien acceder a la obra de estos poetas. A Glauce Baldovín habría que hacerle un párrafo aparte por la originalidad y la pureza en su vida y obra.

—¿Llegaste a conocer a Edith Vera?
—A Edith vera no la conocí personalmente, aunque su esencia prevalece y prevalecerá por los siglos de los siglos. Me hubiese encantado sentarme a conversar con ella para intentar expresarle la ternura que me despierta sus textos. A decirle que la frescura de sus versos me traslada hacia un mundo feliz, libre de maldad. A preguntarle qué desea, en qué podría ayudarla.

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SPECTRORUM
La editorial cordobesa llantodemudo acaba de publicar “Spectrorum”, el segundo libro de poesía de Fabián Clementi. En 2008, la misma editorial editó el primer libro de este escritor, titulado “Refractario”.
Los poesía de “Spectrorum” se remonta al pasado del poeta, a su espectral pasado, arrastrando un presente con figuras literarias (o fantasmas) y ancestrales, como también la de algún prócer que quedó vallado en el río de Villa María, El Talamochita. También hay poemas aislados, funcionando como piedras que completan un paisaje acuático.
Fabián Clementi es profesor de tenis y ha competido en el circuito profesional. Sus vivencias deportivas se reflejan en “Refractario”, obra de la cual se ha dicho:
“Refractario” imprime a las imágenes confusas de esas nebulosas afectivas, que el capitalismo volatiliza constantemente, y cuya fugacidad es el síntoma del nuevo malestar, imprime entonces una presencia, la humanidad en el poema, no como concepto abstracto y general, sino en la singularidad del pequeño gesto o la mirada infantil (Normand Argarate).
Fan de Charles Baudelaire y Raymond Carver; de Nirvana y Led Zeppelin, Fabián Clementi transmutó el grito punk de su alma (y acaso el de muchas almas postergadas) en serenos versos depurados hasta la brevedad zen (Iván Wielikosielek).
Ahora, mediante la música infinita de la poesía, en “Spectrorum” Clementi nos muestra con salvajes pinceladas el universo oculto en un rincón de la llanura cordobesa.


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(Dos poemas de Spectrorum)
FRUTO

Yo he quedado suspendido en un limonero.
Me ven amarillo. Amargo. Veo gente
que se tira con tierra. Abajo. Lucha
como aquella lucha
que formábamos con las filas
de soldaditos. Algunos juegan con barro
y esperan que los demás se hundan
en ese charco ciego.
Después de caer del árbol
todos los días me dirijo pateando piedras
a la cueva donde me aguardan las gatas
y mi amada. Prefiero
la áspera soledad que presienten
los que de a poco se apartan de las ciudades
de sonidos letales. Yo he quedado suspendido
en un limonero. Me ven amarillo. Amargo.

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Desde una parte de la costanera
podemos ver las compuertas. Hace tiempo
un heroico bombero de Villa María
se sumergió a rescatar un cuerpo
y se ahogó. La brazadas naranjas
se dibujan cada tanto
sobre el verde musgo
de las aguas. Ayer un joven
se lanzó por esta zona del río
y casi se ahoga. Como un animal
extraño vimos pasar al espectro
a rescatar a la víctima, que nada recuerda:
al igual que un tronco fue empujado hasta la orilla.
Luego la luz desapareció.

(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 19 de julio de 2009.-
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