domingo, 12 de diciembre de 2004

Edith Vera - Una lectura de "Las dos naranjas"

UNA LECTURA DE LAS DOS NARANJAS


















“Ayer guardé el sol en una caja
y el día se nubló.
Lo saqué entonces de la caja aquella
y el día se aclaró.”

Edith Vera - Las dos naranjas




LAS DOS NARANJAS
La poesía como género literario, se presenta como uno de los más dificultosos para la creación y la comprensión; quizás esta dificultad se agrabe aún más, si sus destinatarios son niños. Para Edith Vera, pareciera ser que éste no fuera su problema; porque ha sabido fundir y unificar de manera profesional, la poesía, el dibujo y el amor por los pequeños.
LAS DOS NARANJAS, primer libro édito de 1969, es el hábitat donde conviven la poesía con su representación iconográfica, ambas realizadas íntegramente por la autora. Esta publicación recibió el Premio Fondo Nacional de las Artes y Premio de Poesía “Campaña por una Buena Literatura para el Niño”. Su formato de gran tamaño, está en proporción con su contenido. Estructuralmente se abre con un poema de seis estrófas, y luego se divide en “La naranja dorada” y “La naranja azul”, que podría leerse como la antinomia del día y la noche, con todos los elementos que le pertenecen a cada uno. Quizás confirmen esta idea, las ilustraciones de dichas divisiones, que expresan una naranja/niño con los ojos y boca abiertos y flores en su cabeza (naranja dorada); y una naranja/niño con los ojos y boca cerrados, junto con estrellas en el mismo lugar (naranja azul).
El libro, que está prologado por María Luisa Cresta de Leguizamón (UNC 1966), no posee los números de página impresos, lo que posibilita una lectura no condicionada a la cronología de las páginas. Los diversos elementos presentes en los poemas, interactúan de variadas formas; pero sin perder su musicalidad característica. Allí se relacionan animales (grillo, mariposas, gatos, tortugas...); vegetales (sauces, limones, lechuga...); seres inanimados (río, nubes, sol, luna, estrellas...); el hombre (niños y niñas); y un sinnúmero de objetos (papelitos, bolitas, juguetes, ropas...) que conforman este universo creado, no sólo para gustar de los mismos, sino también para dejar saberes a aprender. La formación pedagógica de su autora y su amor por los niños -­que nunca pudo tener-, le facilitaron la vía para entretejer en sus poemas una serie de enseñanzas sobre actividades cotidianas como: la importancia del momento para dormir y levantarse, del aseo y baño, los días de la semana, la tranquilidad de sentirse seguros y vigilados por los padres cuando se van a dormir, etc.
Estos poemas, que en su mayoría son breves, presentan recursos varios como anáforas, caligramas, asíndeton, interjecciones, entre otros que se destacan por su originalidad y por estar bien logrados; como el de tender líneas de significación entre poemas e ilustraciones de una página y la siguiente, sugerimos revisar la cuarta y quinta página de La naranja dorada (“yo perdí un zapato/color azafrán,/Cinco, seis(...)”). 
La tirada del libro fue al estilo profesional, hubo 1070 ejemplares, de los cuales 1000 se encontraban sin numerar, los restantes poseían trabajos a color y collages realizados a mano por Edith; estas ediciones especiales y extras, fueron muy reducidas y quien las posea en su aservo, tiene un gran tesoro en sus manos.




EL SOL DE EDITH
Edith fue una verdadera bohemia, una persona que en los últimos veinte años se refugió en su casa, una suerte de fortaleza de la que podía salir, pero que nadie entraba. Allí producía sus textos que compartía con su soledad; ya que se encontraba distanciada de los círculos sociales.
María Teresa Andruetto dijo que la poetisa escribió “una obra vasta a la que sólo nos deja asomar en parte, muy de tanto en tanto”, gracias a sus allegados que insitían en la idea de publicar sus prolíficas composiciones. Edith expresó en un reportaje, “tengo muchísima poesía tirada por el suelo; otra ha desaparecido o me la han sacado”; quizás la culpa de no difundir sus creaciones no sólo sea de la autora, sino de todos los que pudieron y no se tomaron la tarea de recolectar, clasificar y pregonar sus textos, que arrojaban a la basura cuando su casa fue “limpiada”. Mucha poesía se quemó y tomó un rumbo desgraciadamente hacia el olvido. Lo que nos queda de su producción, está diseminada en los libros que conocemos, pero también en antologías nacionales como internacionales; hay además, particulares que poseen la dicha de conservar algunas -de las tantas- piezas inéditas que la escritora obsequiara.
Hoy hemos decidido abrir nuestra caja, para sentir nuevamente el calor y la luz de Edith; esperamos y estamos convencidos de que no será la última vez.




(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País
domingo 12 de diciembre de 2004
Villa María, Córdoba, ARGENTINA.
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