lunes, 21 de septiembre de 2009

Matías Atencio. Comunicador alternativo de culturas

ENTREVISTA CON
MATÍAS ATENCIO
COMUNICADOR ALTERNATIVO DE CULTURAS




Quizás lo viste tocando la trompeta en las heladas noches de invierno.
Quizás lo recordás al costado de las calles céntricas, desplegando su tela con aros, collares y pulseras.
Quizás leíste su nombre en alguna revista cultural o en las páginas de alguna reciente antología literaria.
Quizás te pareció verlo revolear las clavas, mientras la luz roja del semáforo te detuvo.
Quizás te pidió un cigarrillo o tal vez lo viste en la universidad.
Pareciera que habláramos de distintos personajes, pero no, es uno solo. En ese cuerpo de muchacho barbado y pelo desprolijo se concentran todas esas imágenes que lo conforman. Algunas parecieran antagónicas, ¡¿un artesano callejero Licenciado en Comunicación?!
Matías Atencio es un joven villamariense, que con sus 31 años tiene muchos más kilómetros recorridos que cualquier joven de su edad. Es que la mitad de su vida la ocupó en conocer a su país (sólo le resta conocer Tierra del Fuego) y países de Latinoamérica como Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil y Colombia. Mientras el común de la gente hace “turismo armado”, Matías práctica el turismo de mochilero, conociendo intensamente la idiosincrasia de nuestros pueblos. Aprendió inglés, portugués, quechua, y reproduce (en sus anécdotas) las distintas tonadas y registros idiomáticos de los pueblos que visitó.
Lo encuentro en la universidad, lo invito a que vayamos un aula y gustoso carga sus artesanías, instrumentos musicales y libros.



—¿Qué hacés acá en la universidad?
—Me recibí de Técnico en Comunicación Social, ahora estoy haciendo mi tesis de Licenciatura. Pero…, ¡¿qué te puedo decir, loco?! Es como un engaño, un título, un papel, no sé. Ahora estoy tratando de cerrar círculos para no dejar tantas cosas abiertas en la vida. Quiero terminar de una vez esta vaina y seguir haciendo lo que me gusta, que es tocar música, hacer artesanías y escribir; tratar de enrollar esas tres cosas en las universidades, si se puede de Latinoamérica, sino de acá. Siempre tratando de no trabajar para ningún patrón, intentando lograr una autonomía que, al fin y al cabo, para eso estudiamos; no estudiamos para meternos en una oficina, detrás de un mostrador, o ser un licenciado; porque en definitiva es lo mismo, es ser un esclavo de cuello blanco.

—¿Cómo te ganas la vida actualmente?
—Con la música, la artesanía, la escritura... Quisiera formar un conglomerado, sería una nueva cátedra en la universidad, pero ¡¿cómo haces loco?!, la única manera es trabajando por las universidades de Latinoamérica. En Bolivia, tendría mucho trabajo, porque con la globalización, con la estabilidad que estamos viviendo, con el fin de las raíces de nuestros pueblos latinoamericanos, la invasión cultura yanqui, los productos importados y todo eso que nos meten desde afuera… yo podía llevarle su propia música, que la dejaron de lado por escuchar reggaeton, dar talleres, hablar con los papachos, con la mamachas, son los dueños de la tierra, nuestros antepasados… (Mientras me dice esto desenvuelve un charango y la samponia, que lo acompañan a todos lados).

—¿Creí que sólo tocabas la trompeta?
—Primero, toco esto porque Krishna me dio un don para tocar; segundo, cuando viví en Bolivia me enamoré tanto de ésta música, que tiene una nostalgia que vas absorbiendo junto a la cultura. Ahora somos jóvenes y escuchamos tangos y decimos ¡paaaaa...! y pensamos en Buenos Aires, y lo que sería haber vivido la juventud del ’40; pero no la vivimos, loco. La música del Altiplano, hasta que no estás allá no sabés de qué te están hablando. Después se presentan grupos como Los Tekis que hacen un comercio con esa música y las chicas bailan como si estuvieran escuchando Juanes o Shakira y no tiene nada que ver, es otra cosa la música del Altiplano. Es el lamento, esa tristeza que sufre ese pueblo constantemente; por eso Evo Morales es como una suerte de Mesías, el primer indio, como ellos, que está en el gobierno y que puede administrar tantas riquezas de un país en el que se están gastando todo, explotando todo, reventando todo… y no están dejando nada para ellos.

—Estás hablando de Bolivia, pero ¿cómo ves a la Argentina?
—Estoy empapado de Argentina, siempre es bueno ver las cosas desde afuera; igual no dejo que los medios de comunicación me metan nada en la cabeza, pienso que está todo en la calle, porque ahí se puede hablar con las personas. Pienso que ellas tienen el conocimiento, pero ¿qué pasa? La opinión pública está influenciada por los medios de comunicación, entonces es lo mismo; siempre es bueno irse a otro país para ver el propio, para que el cardo no te tapa el monte.

—Además de Bolivia, ¿qué otros lugares has recorrido? ¿Siempre de mochilero?
—Siempre, trabajando. Empecé a los 14 yéndome a conocer las Sierras, después seguí conociendo mi país, conozco todas las provincias, me falta Tierra del Fuego. Siempre conociendo amigos, compartiendo con las personas de mi país; en Puerto Pirámides nadaba desnudo y para comer cazaba pescado y vivía en una cueva con una vela para la noche. Para curtirse a full amigo, porque nosotros los humanos tenemos que curtirnos bien, para que ninguna tempestad nos pueda voltear. También viví en la selva de Misiones, sin luz ni agua y era pura selva, había que tener cuidado porque podían andar los bichos, había que dejar fuego prendido de noche, y andaba con un cuchillo así (y hace un gesto rememorando el tamaño), pensaba que tenía que conocer mi país a fondo. Buceaba en el Río Iguazú, buscando piedras, cazaba mariposas de colores para vendérsela a los japoneses… Qué loco, te morfaban los mosquitos, tierra colorada, agua colorada…

—¿Cómo te iniciaste con las artesanías?
—En Río de Janeiro me enseñaron los malucos, son los que viven en la calle, pero son superartistas los tipos. Me enseñaron a manejar la resina y tintura vegetal, las piedras, las semillas, todo eso. Lograban un realismo en una cara con resina, lograban un realismo mágico, como el de García Márquez, pero hecho con dedos, ¡¡guauu!! Yo me quedé asombrado. Los aros los aprendí a hacer en Perú, son las filigranas peruanas, es el arte de atrapar los alambres sin soldarlos, la grampa también la fabricás vos, y le ponés una piedra semipreciosa de tu país, que éstas (me los muestra) son de Catamarca. Las semillas me las traje de la Selva Amazónica, la usan los skaters, los surfistas, porque son como amuletos de protección, tienen la energía de la naturaleza y algunos están bendecidas por papachos chamanes con palo santo, madera santa.

—¿Llegás a zafar vendiendo estas cosas o se pone muy duro?
—Yo pienso que me ayuda mucho Krishna, o llamale como quieras, Buda, Jesús… Lo que yo tengo ahí es un producto… estamos en un pueblo, man, y muy cerrado, de gringos, y esto es un producto nuevo.

—¿Creés que tenés que irte de Villa María para mejorar?
—Siempre pensé eso, pero está todo dentro nuestro. Ese dicho de que nadie es profeta en su tierra es mentira; todo depende de cómo estés por dentro, de cómo veas las cosas. Como dice la canción de Las Pelotas, “si tus ojos quieren negro es todo negro”, esa es la verdad, man. Tampoco podemos vivir positivo todo el día porque no existe, tenemos que tener nuestros bajones y ahí es cuando ves diferente a tu ciudad.

—Estás terminando estudios universitarios y has aprendido muchas cosas de la calle y la gente, ¿qué valorás más, para tu crecimiento personal?
—Cuando estás estudiando te dan apuntes y tenés que leer, y tenés que rendir. Empecé a contrastar la práctica con la teoría, la teoría está dentro de las instituciones, que son los profesores que te dan los libros que vos precisás leer, muchas veces sí, muchas veces no. A veces te dan chingaderas y dije que la práctica está en la calle. Con plata cualquiera viaja, entonces saqué a un pasaje a una provincia que no conocía y llegaba sin un cobre, sólo con mi mochila. Ahora a poner en práctica, decía mi cabeza, y era así. Después tenía que seguir las clases, me iba un mes más o menos. Dormía en los lugares que me encontraba en la ciudad… ahí conocés la idiosincrasia y la cultura de un pueblo porque tenés que hablar con todos, desde el tipo que vende diarios hasta arriba…

—Sos muy extremista, esto es un ejercicio de sobrevivencia constante…
—Sí, es muy loco, pero ya desarrollé tantas estratagemas que me puedo ir a cualquier país sin un mango. En Quito trabajaba y aprendí a hablar inglés, empezás con películas, con canciones, es parte de la culturalización yanqui; cuando sos niño empezás a escuchar música en inglés, ves películas en inglés y vas aprendiendo cuando estás en contacto con el extranjero.

—¿Cuál es tu relación con la escritura literaria?
—Empecé a los 8 años, descubrí el mundo de la literatura que me abrió muchas puertas mentales. Comencé con Horacio Quiroga, y fue tal que fui a conocer su casa, quería comprar todos sus libros y todo eso. Quería ser periodista, estudiar y trabajar, hacer lo que me gusta y que me paguen; entonces Fabián Mossello me da el primer taller de escritura y siento que me puedo expresar muy bien, y sigo leyendo, no lo que me daban en la universidad sino lo que yo quería. Después descubrí el nuevo periodismo con Roberto Arlt, y traté de contar mis viajes de una manera similar.

—¿Y de qué tratan tus escritos?
—Tengo algunos cuentos que son muy fuertes, pero que son la realidad. Lo que más hay en la calle son putas, drogas, borrachos escandalosos y niños. Hoy en día, al país que vayas va a haber marihuana, siempre, a donde vayas, acá hay marihuana, en el centro hay marihuana, en los barrios hay marihuana, en todos lados… en Bolivia, Cocaína, ahí van todos a tomar, van y compran una caja de fósforos así llena por 10 pesos; y acá conseguís por 80 pesos un capuchón de lapicera que creo que entra un gramo, pero de la buena. El pobre, el que no tiene un mango, labura para comprar merca y el rico también, vos decís, mirá los locos que diferentes que son pero convergen ahí, si se tienen que “cagar a piñas” por una bolsa de merca, lo hacen. Eso es lo que no tiene asumida nuestra sociedad, vos hablás de esto y todo el mundo se escandaliza; yo probé pero salí, gracias a la educación también. Hay que agradecer que no hay Paco, tampoco ácidos, hay estas dos (marihuana y coca) y el escabio que no parece, pero es una droga fuertísima. Trato de ejercer la literatura y el nuevo periodismo de la onda de Tom Wolfe, ¿te acordás?

—Sí, claro, me hablaste de la música, de las artesanías y la literatura, ¿y los malabares?
—San Juan es una ciudad de tranquila como Villa María pero grande como Córdoba, no sabés que loco. En un momento los malabaristas de todo el país se dieron cuenta que ese lugar era bueno, porque había muchos semáforos para trabajar. Estabas una hora y te juntabas 30 o 40 pesos, cuando estábamos dolarizados, imaginate si te quedás todo el día. Ocupamos un edificio, había tribus, siempre estuve con tribus de artesanos que son más cerrados, como que dominan una plaza y te miran lo que querés vender, siempre con el pelo largo, fumándose una mota ahí, disfrutando de la luna llena, con mucho olor a sahumerio por ahí.

—¿Cómo es ese mundo?
—Conocí a tribus de malabares que tienen sus propios juguetes: clavas y bolas. Siempre tienen un corte exótico, se pintan los ojos. Hay una fusión del punk de los ’70 con Sid Vicious y los Sex Pistols y el arte circense que trajeron los italianos a la pampa gringa. De todo eso sale algo muy raro que vos te parás en un semáforo y no podés no mirarlos. Yo siempre estuve de observador, te comprometés, pero siempre tenés que estar de ahí afuera para poder observar, y te sorprendías de las cosas que hacían. Hay escalafones dentro de ellos.
Apenas llegué no me quisieron, me vieron y me dijeron que no, como un cuento de Jack London en donde el lobo quiere entrar y no puede; pero el lobo siempre ronda, hasta que llega un momento en que hay pelear con el líder para ser líder o ser aceptado en la comunidad. Yo iba con los hippies, con los malabares, frecuentaba un poco con cada uno, no hay que comprometerse mucho, como lo dice la teoría del juego de Pierre Bordieu.
Comíamos juntos, por dos pesos con veinticinco nos daban una docena de empanadas árabes, el vino se vendía suelto, y con lo que te quedaba lo ahorrabas, cuando andás así tenés que tener un pequeño capital.

—Siempre relacionándote con gente excluida.
—Me empecé a juntar con los verdaderos hombres, con los que se juntaba Jesús, porque Él andaba con lo peor de lo peor, con los chorros, con las putas; no es el que pintan en los cuadros, no es el de los ojos celestes. Cuando vos llegás a una ciudad sin un mango, ¿con quién vas?, el único que te va a tirar una mano, es a quién nadie le tira una mano. Son marginados por propia elección. Son libres, pero el precio que hay que pagar es la exclusión.

—¿Cómo te proyectás en un futuro, Matías?
—Me gustaría englobar las tres cosas: la literatura y periodismo, la música y las artesanías y hacer una suerte de comunicación alternativa: dar talleres, charlas, intercambios, trabajar con otras facultades, traer y llevar cultura entre los pueblos y poder crecer como persona, siempre.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 20 de setiembre de 2009.-

lunes, 14 de septiembre de 2009

Presentación TINTA DE POETAS en Villa María

ATENCIÓN: CAMBIO DE LUGAR

Presentación:
TINTA DE POETAS
en Villa María


Presentan Eduardo Belloccio (SADE Villa María) y Normand Argarate (Universidad Popular)
Viernes 18 de setiembre - 19.30 hs.
Salón Auditorio - Medioteca Municipal
Av. Sabattini 40 - Villa María

Walter Carrera. Imagen de un fotógrafo

ENTREVISTA CON
WALTER CARRERA
IMAGEN DE UN FOTÓGRAFO





Henry Cartier-Bresson dijo alguna vez, “fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje.” Cabeza, ojo y corazón; conjunción de elementos que posibilitan el sueño, el recuerdo y las sensaciones más emotivas.
Walter Carrera es un joven fotógrafo de Villa María, que apuesta a la fotografía social pero con una mirada atenta, capaz de poder inmortalizar, de una vez y para siempre, el momento justo e irrepetible de una gran ocasión.
Fue notero de radio, periodista de las recordadas “La hoja del rock” y “Sr. Rock” y, más allá de estar terminando sus estudios de licenciatura, la capacitación constante y de manera autodidacta son una de sus prioridades. Ama Internet y gracias a esta herramienta agudiza su mirada con el conocimiento mutuo compartido en los foros de discusión con camaradas de toda Latinoamérica.
En su estudio de calle Buenos Aires, nos encontramos para mantener una charla sobre su creciente carrera.

—¿Cómo te iniciaste con la fotografía?
—Empecé con la fotografía luego de abandonar la Licenciatura en Administración. Quería estudiar Comunicación Social, pero como ya estaba en la UNVM, me cambié a Diseño (y Producción Audiovisual) sin saber bien que había ahí dentro. Me engachó Diseño por la fotografía, desconocía todo lo demás, que también me gusta, pero me quedo con la fotografía… podría decir que siempre tuve un punto de vista fotográfico dentro de la carrera. En casa siempre estaba paveando con la fotografía; ahora que soy fotógrafo me acuerdo de algunas cosas, por ejemplo cuando una tía me regaló hace millones de años una cámara que era como una réflex, y yo sacaba fotos con un amigo en blanco y negro que nunca revelé; me gustaría saber qué fueron de esas fotos.
Siempre me tiró la fotografía, pero lo descubrí cuando estaba terminando la carrera, ahí me decidí y me compré la cámara; también por una cuestión de precios, un equipo de fotografía completo, sale mucho más barato que un equipo de video.
En marzo 2006 sale “La hoja del rock” y todos los eventos los cubría con mi camarita. Aunque siempre trataba de ponerle un punto de vista un poco más profesional a las fotos, aunque lejos estaba. Durante todo ese año laburé con la revista. Después sale “Sr. Rock”, me fui afirmando de a poco y pensando que era la fotografía lo que yo quería hacer.
Hace unos años me compré mi primera cámara profesional, y a partir de ahí empecé a informarme sobre fotografía profesional directamente. Porque lo que tiene la carrera de Diseño es muy amplio y propone millones de cosas de lo que se puede hacer dentro de lo audiovisual: sonido, iluminación, fotografía… lo que sea.

—¿De qué manera te fuiste capacitando sobre la fotografía profesional?
—Estoy suscripto a un foro donde está lleno de fotógrafos latinos que, en su mayoría, trabajan en Estados Unidos y México, y que hacen una fotografía social. Todos los días suben fotos de lo que sacan, y si yo subo algo lo critican, y hay tipos muy grosos y muy dados para nada cerrados; por ahí se cree que el fotógrafo se guarda el secreto del maestro, ¡no! los tipos te cantan la posta. Capaz que sea porque desde este lado no le representamos ningún tipo de competencia para ellos, no lo sé; pero a partir de relacionarme con esa gente empecé a ver cosas de distinta manera en la fotografía en general, de la imagen, del negocio… El error de muchos compañeros míos es el no hacer fotografía social, es lo que nos venden dentro de la universidad, nos dan un estatus de licenciados y donde no podemos rebajarnos a sacar fotos en fiestas… o sea, nunca nos dicen lo contrario, entonces, es lo que se genera a veces. Yo pensaba diferente, yo decía voy a hacer fotografía social, porque es lo que a todo el mundo le rinde económicamente. Lo iba a hacer pero no como algo que me gustara, prefería estar detrás de una cámara aunque sea sacándole a dos locos que se casan, que estar detrás de un mostrador vendiendo ropa y después ir a sacar cualquier pavada. Era mi visión, pero a partir de vincularme con esta gente, me di cuenta de que hay tipos grosos, artistas que se dedican a eso, y es una profesión muy digna y podés crear sacando fotos que son comunes. Ahí está el sentido, en hacer de algo que es común como un casamiento, algo espectacular.

—Es un cambio importante en la mirada de tu profesión.
—Es la influencia de esta gente. Es un desafío de modelo que está buenísimo, o estas en un estudio donde está todo controlado, si sabes medianamente de fotografía, la foto tiene que salir bien. Acá cuando el cura le dijo al novio que puede besar a la novia, y vos no sacaste la mejor foto que podías sacar, ya no la repetís, pierde la esencia; es un desafío poder hacerlo.
Nos estamos empezando a juntar un grupo de argentinos en Rosario y hay un chico que tiene muy buena onda y ha invitado a algunos fotógrafos de estos grosos a venir a acá, ya en noviembre tenemos un workshop que es exclusivo para esta gente, con un brasilero que es Vinicius Matos, quien es considerado uno de los 10 fotógrafos más importantes de los que se dedican a fotografía de bodas. En febrero viene un mejicano que se llama Fer Juaristi que tiene nuestra edad y lo idolatramos porque hace unas cosas increíbles. Va a ser un Workshops para 20 fotógrafos y además se va a quedar tres o cuatro días donde nosotros vamos a estar ahí todo el tiempo, comiendo asado, compartiendo, y eso es muy enriquecedor. Siempre que nos juntamos algunos saben más y otros menos, así salvamos dudas, yo me doy cuenta que mí fotografía cada día tienen un criterio más.

—Además de la fotografía social, ¿qué otro tipo de fotos hacés?
—El zumun de mi trabajo sería hacer fotografías de shows de rock, me estoy dando cuenta que hace fotos de casamientos y 15 años también; pero me encantaría hacer fotos de bandas. Después, dentro del mercado de la boda hay una cosa que me encantaría también que se llama destinantion weddings o bodas en el destino, donde los novios se van a ciertos lugares turísticos para casarse. Todavía en Argentina no existe esa moda, se usa mucho en el Caribe; pero viniendo más a lo terrenal sé que este tipo de bodas suele hacerse, muy casualmente en Bariloche, en Mar del Plata, en Punta del Este, puede hacerse. Todavía no es una moda, pero si llegase a surgir, estaría buenísimo dentro de este ámbito.
También hay un estilo que se llama jornalista de bodas, que es contar la historia de una boda a través de la fotografía donde la presencia del fotógrafo no se hace evidente. Es como una nota periodística donde no se posa, hay que trabajar mucho, hay que contar con cierto equipamiento, hay que saber capturar los gestos, los momentos justos…

—Sobre todo porque no estás trabajando con gente que actúa, la gente no es la misma y es muy difícil, me parece.
—Se puede hacer, pero si no se sabe hacer bien, no sale. A lo que aspiro es a lograr eso, yo saco alrededor de 600 o 700 fotos en una noche, tomo la foto tradicional la que todo el mundo va a querer y el resto lo trato de tirar para ese lado. También hay una cuestión de la gente porque todas esas fotos que yo saco, que me encantan y son las que pongo en blog, la gente nunca me las elije, elije la foto tradicional.

—Sucede que la gente tiene una visión de la fotografía tradicional que está muy arraigada y cuesta aceptar una nueva manera de ver las cosas.
—Por supuesto, es complicado desde muchos puntos de vista, desde lo técnico, desde el fotógrafo, de poder lograrlo y desde el punto de vista de la gente que entienda lo que estás haciendo. He visto trabajos completos, que realmente es como leer un diario, pero cuesta lograrlo y que lo acepten, porque se usa la luz natural, no se usan flashes, las sombras… bueno, es un tema, que por la costumbre choca al principio, pero estaría bueno que se fuera instalando. Me da mucha satisfacción cuando la gente elije estas fotos.
En Rosario, por ejemplo vas a buscar las fotos y te entregan el álbum terminado, no te consultan que fotos querés; no creo que esté bien, está bueno elegir cierta cantidad, pero darle la posibilidad que la gente pueda optar.

—¿Existen grandes cambios en la fotografía que dificulten la tarea de estar actualizados?
—Yo creo que el cambio más grande ya está hecho, que es la del pase de lo analógico a lo digital. Creo que lo importante es estar avanzado de criterio, estar a la vanguardia en cuanto a conocimiento o intentar estarlo, investigar, investigar, investigar... Me doy cuenta que tengo que aprender cosas que no tienen que ver con la acción de sacar fotos, pero se relacionan con la fotografía, con el tema del blog, de Internet por ejemplo. Creo que la exigencia es estar al tanto de todo lo que la tecnología ofrece. En Villa María si querés buenas fotos sabés con quien tenés que ir, o el “Pili” (Juan José Odino), Facundo (Costa) y tantos otros… ya la gente sabe quien saca buenas fotos, y si no querés gastar plata, también sabés a donde podés ir; pero Internet está cada vez está metida más. Me puse a investigar como optimizar el blog para lograr mejores resultados con los buscadores, que se llama SEO (Search Engine Optimization); entonces vos buscás “fotógrafos de Villa María” y mi blog sale dentro de las primeras tres entradas. Es necesario estar actualizado en este sentido. Y en equipamiento, nunca vas a tener todo lo que necesitás, es lo que siempre charlamos con los demás fotógrafos; pero creo que lo importante es el fotógrafo, el criterio que uno tenga.

—Hay mucha gente que hace fotografía en Villa María,
—Está muy bueno el mercado en Villa María, porque la gente es exigente y paga. En realidad no sé si esta ciudad está sobrevaluada o los demás están para abajo, me parece que está bien, la gente no sabe lo que es hacer fotografía; no es que sea un trabajo pesadísimo, pero yo estudié para esto y le dedico de lunes a sábado, todos los días me levanto a las 8 de la mañana a editar fotos que saqué de la fiesta que pasó, a preparar la que viene… Después llega el fin de semana y me quedan cosas por hacer y por ahí la jornada del viernes en vez de ser de 8 horas, pasa a ser de 16 o lo que fuere. Además el sábado hay que trabajar. La gente a veces se asombra del precio, pero cualquier profesional y que trabaje 8 horas por día todas las semanas, tiene un sueldo bien, entonces, porqué un fotógrafo, que somos profesionales, que invertimos en equipamiento que son re-caros, que invertimos tiempo frente a la pc investigando, gastos en workshops, ¿por qué vamos a regalar nuestro trabajo?

—En la ciudad está la carrera de la UNVM (que no es una carrera de fotografía), las capacitaciones que se dictan en Foto/Espacio F5 y algún otro emprendimiento más, ¿cómo ves la influencia de estos lugares de capacitación?
—Me parece que el F5 está dando más fotógrafos que la UNVM, están los chicos de Ojo de Pez y hay varios más. Está bueno que haya la competencia, porque eso eleva el nivel, nos obliga a elevarnos a todos. Lo que veo de la universidad, que siempre lo vi, es que como universitarios en otro nivel, estamos muy lejos de la realidad. Llegamos a un punto que terminamos nuestra carrera y no sentimos vacíos; realmente el equipamiento que hay es buenísimo pero salimos a la calle y nos encontramos con nada. Ahí te preguntás ¿qué hago? Me duele un montón, pero es así. Creo que la cosa pronto va a cambiar. También con la televisión, estuve leyendo la nueva Ley de Radiodifusión, que está buena porque va a exigir que el 70% de la programación sea propio, entre tantas otras cosas. Eso va a obligar que haya más programación y, aunque sea mala, de a poco va a ayudar a que se vaya mejorando.

—¿Qué representa la fotografía para vos?
—Te digo una definición propia que yo tengo, me doy cuenta que la mejor fotografía es la que captura de la manera más sutil algún momento de la realidad. Esas son las mejores fotografías, un gesto que puedas capturar con tu cámara es la mejor fotografía, aunque esté un poquito quemada, aunque técnicamente no llegue a estar perfecta… Aldo Sessa, un reconocido fotógrafo, salió en una nota del Clarín donde decía que los fotógrafos dependemos de Dios para sacar la mejor fotografía, justamente eso, el momento del clic es mucho más que un segundo, y el poder capturar el momento justo, esa es la mejor fotografía.
Yo me levanto y me acuesto pensando que más puedo hacer para mejorar mi fotografía, estoy ideando, estoy buscando, todo el tiempo, no sé si es una obsesión, un vicio o una boludez, pero es así.

—¿Y la música como se complementa con este arte?
—La música es buenísima, porque en todos esos momentos, salvo cuando duermo, siempre está sonando en mis oídos un rock and roll.


Parafraseando a Cartier-Bresson, podríamos decir que Walter puso en su mismo eje la imagen y la música, grandes pasiones que le encantaría conjugar. En sus sueños sigue presente la utopía de fotografiar a las grandes bandas del rock nacional; tuvo dos posibilidades que no pudo concretar. Quizás la tercera sea la vencida.
Esta es la foto de un joven profesional de la ciudad… la imagen de un fotógrafo.-



INFO DE CONTACTO
Walter Carrera Fotógrafo
Movil: (0353) 154017089
e-mail: walteriovm@hotmail.com
http://waltercarrera.blogspot.com
http://www.waltercarrera.showitsite.com/
http://www.feboasomavisual.blogspot.com/
http://www.virularock.blogspot.com/



(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 13 de setiembre de 2009.-

domingo, 6 de septiembre de 2009

Américo Pablo Tissera. Viajero del conocimiento

ENTREVISTA CON
AMÉRICO PABLO TISSERA
VIAJERO DEL CONOCIMIENTO


Si el recuerdo y la memoria de un pueblo se construyera con piezas de un rompecabezas, Américo Tissera ya tendría sobre la mesa, varios conjuntos armados de esa gran figura.
Su deseo más urgente es mantener vivo el recuerdo de su Carrilobo natal, quiere contribuir con su saber y su inventiva a dejar testimonios de un pasado que construyó el presente y que proyectará el futuro.
Publicó en conjunto con Julio Arnauk el libro “Retazos de recuerdos de Carrilobo”, trabajo que se compilaría y conformaría en la obra del centenario de la ciudad. Participó de las “Historias populares de Carrilobo” que editó el Gobierno de Córdoba. En 2007 una empresa cerealera le publicaría el libro “Calchines, ranchos y gauchos. Relatos de la pedanía Calchín y alrededores de Río Segundo”. Recientemente apareció “Lanzas rabiosas” cuyos textos histórico-literarios versan sobre hechos y personajes de Villa Nueva y Quebracho Herrado.
Meco, como le gusta que lo llamen, ha dedicado su vida a conocer, a tratar de alimentarse con el conocimiento más diverso. Si bien su predilección por la historia está entre sus platos principales, no descarta otros conocimientos que lo hacen un consumidor omnívoro. Es profesor de letras, de historia y geografía, aunque ha estudiado las ciencias más diversas. Hay en él un voraz deseo de conocer, una incontenible necesidad de saber que sacia con más conocimiento. Años atrás esa necesidad lo impulso, en varias oportunidades, a cargar su mochila y viajar por el mundo. Dice en un pasaje de la entrevista “andar de mochilero no es lo mismo que viajar en avión, tenés otra visión y te vinculás con otra gente”. Y cuanta verdad hay en su enunciado, cuanto conocimiento en las espaldas.
Durante muchos años siguió el ejemplo de un erudito profesor de griego, quien le confesó no escribir porque la literatura había que respetarla. Meco, celebro tus libros, celebro tus historias, celebro tu “osadía literaria”.



—¿Cómo se inició en la tarea de escribir y publicar libros?
—Yo no quería escribir nada hasta que no me jubilara. Iba juntando material. Había un proyecto nacido con una feria de ciencia y surgió ahí la idea de hacer la historia del pueblo. Lo que quería un amigo era tomar algunas historias, anécdotas y pasarlas a una versión más literaria, y yo no me animaba. Hicimos un primer librito. Después entusiasmados hicimos un segundo. Luego publicamos anécdotas. Lo que ocurrió es que a la gente le gustaban más las anécdotas que la historia en sí. Las historias contadas, decía mi amigo, van a gustar más que lo que vos querés hacer citando documentos, bibliografías… Hicimos tres libros, después no pudimos, porque salía muy cara la edición: Yo empecé con algunos problemas en la escuela, pero seguimos juntando material. Eso fue en 1996 con motivo de los 90 años de la fundación del pueblo. Ocurre que cuando se cumple el centenario, la municipalidad nos pidió colaboración y decidí hacer anécdotas en forma de cuento. Buscaba sucesos reales y le daba una forma literaria, hice bastantes, con la intención de ser publicada por la provincia. La sorpresa nuestra es que habían juntado nuestros tres libros y con ellos harían el libro del centenario, teníamos que dar los originales y vaya a saber donde estaban… modifiqué una parte y así se publico “Retazos…”.
Después que me entusiasmé, hice “Calchines, ranchos y gauchos”, traté de estar bien documentado para ello.

—Y después “Lanzas rabiosas”, ¿por qué estos relatos están inspirados en Villa Nueva y de Quebracho Herrado?
—Los textos de Villa Nueva llegaron por casualidad. Pablo Granado estaba en un geriátrico y yo tenía una hermana en el mismo lugar; un día fui a visitarla y me dijo que había conocido a un hombre que es escritor y que le había vendido un libro (“Villa Nueva. Un pueblo con historia”) para regalármelo. Cuando lo leí, fue una maravilla, un trabajo muy bueno. En el caso de Quebracho Herrado, porque de parte de padre soy criollo y por parte de madre soy gringo; mi primer antepasado vino de Portugal. Por tradición familiar me contaron que cuando pasaron las tropas de Lavalle incorporaron a todos los hombres para llevarlos a pelear en la guerra civil. Mi tatarabuela, con todas las mujeres que había en el campo, quedarían solas a merced de los indios y las fuerzas federales que venían por detrás; como no sabían qué hacer siguieron las tropas de Lavalle. Eso decían, aunque no lo creía cierto, pude corroborarlo en un encuentro en Carrilobo donde una expositora (Stella Oliva) habló de su investigación sobre la batalla y me facilitó mucha información al respecto.

—¿Dónde se documentaba?
—El archivo nuestro viene de 1925. Hay actas de defunción desde 1919. Tomé alguna cosa de “Una excursión a los indios Ranqueles” de Mansilla; y sobre todo un libro de un escritor de Villa del Rosario que se llama Vidal Ferreyra Videla, que tiene varios libros inhallables. Después de publicar “Retazos…” apareció un libro muy bien escrito: “De Calchín: orígenes históricos y apuntes de su pasado”, de Sergio Marchetti. Muy rico su trabajo, muy minucioso, muy lindo. Y después de otros como las “Memorias del General Paz”. En este momento estoy yendo a la Biblioteca Mayor, trato de buscar información de la guerra civil año 1829-1831 en esta región, pero me está costado mucho trabajo.

—Tengo entendido que ha realizado varios viajes al exterior del país, ¿qué nos puede contar al respecto?
—Me apasiona mucho el tema indígena y la cuestión de la lengua, había un lingüista paraguayo que decía que el guaraní se parecía al griego y tenía razón. En el vocabulario y en muchos aspectos del idioma hay similitudes. En un valle de Paraguay, en Pedro Juan Caballero, hay unas ruinas muy antiguas que se han encontrado runas grabadas en las piedras, posiblemente anduvieron los vikingos; hay unos indígenas, los Guayaquíes con ojos azules; hay muchas cosas extrañas. Llevado por esa curiosidad empecé a viajar de mochilero en las vacaciones de verano, porque no tenía como hacerlo si no era de esa forma. Me fui a Bolivia, Perú, Chile y Ecuador, quería a pasar a Colombia, pero me quedé sin dinero. Ahora es más fácil, pero en aquella época se complicaba. Después visité los indios Uru en el centro del Titicaca, fui en una piragua, con un guía.

—¿Todas estas travesías motivadas por el tema del lenguaje?
—Sí, conseguí en Perú una gramática Quechua, después en Bolivia la de Aimará, pero era una tarea muy grande, hacía falta más que buena voluntad, capacidad, preparación…
En esa época era profesor de letras pero estudiaba historia, mi último viaje lo hice a los 27 años. En uno de estos viajes conocí un hombre que me dio una clase y me hizo perder un poco mis veleidades de investigador, me hizo caer a la realidad. Esta persona es el doctor Esteban Laureano Maradona, que había escrito varios libros y fue candidato a premio Nobel de la Paz. “Mire, me dijo, lo que usted quiere está muy bien, muy lindo; pero lo que tendría que hacer es llevar un mensaje, mire la parte humana y social de esta gente, fíjese en el estado de abandono que viven; eso es importante.” Y tenía razón. Nos escribimos en varias oportunidades. Él había sido veterano de la guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay. Este hombre era una persona notable y vivía ahí en un ranchito y atendía a la gente de manera muy precaria. En otros países la presencia indígena es muy fuerte que se va perdiendo por todas las atrocidades que se están cometiendo, la explotación indígena, la tortura y la muerte. Andando con mi carpa para todos lados me encontré con un tipo que me contó como anécdota que cuando estaban en el servicio militar les propusieron dar la baja a quien matara a un indígena, lo trajeron herido y él no quiso recibir ninguna ayuda, se dejó morir de hambre… ahí está la dignidad del hombre, no cedió.

—Qué terrible la actitud del hombre.
—Historias así he escuchado muchas. Augusto Roa Bastos creo que en “Hijo de Hombre”, muestra la explotación del obrero, del mensú, es una novela de ficción pero puede ser cierta, hay muchas historias así, en uno de los capítulos castigan a la peonada a uno estaqueándolo y dejándolo que los devore las hormigas, te da una muerte lenta. Terrible. ¿Cómo un ser humano puede hacer eso a otro ser humano? Lo mismo leyendo los libros de Alicia (Peressutti). El problema está que quienes hacen estas barbaridades, no son ni marcianos, ni nada por el estilo, son seres humanos como nosotros. ¿Qué es lo que tiene que darse para que el ser humano no llegue a eso? ¿Qué fue lo que pasó en la matanza de la Segunda Guerra Mundial? Cuando se hizo el juicio de Nuremberg, había gente culta ¿Cuál fue el disparador que hizo que esta gente llegara a cometer semejantes monstruosidades? Y sin ir más lejos nosotros mismos en la época del proceso.
Como mochilero llegué hasta Ecuador, y una noche en Quito, me encontró un señor joven que cuando se dio cuenta que era argentino me invitó a cenar, este muchacho de apellido Carrión era ecuatoriano pero trabajaba en Colombia. Me contó las barbaridades que pasaban con las guerrillas, me habló de una tortura que conseguía en abrirle la garganta y sacarle la lengua por ahí y dejarlos vivos, para que vieran lo que le pasaba a los soplones. En un momento dado, hablamos de la situación socio-política de ese momento (1971 aproximadamente). Yo le preguntaba por qué sucedían esas cosas y él me dijo que en mi país iba a pasar algo similar. No, le respondí. Me dijo que se ocupó de escribir carta al gobierno argentino porque la forma en que se estaban dando los hechos políticos, había guerrilla y todo iba a degenerar en eso. No, usted se equivoca le dije porque mi pueblo es un pueblo culto; con eso le estaba diciendo que ellos eran uno salvajes... Cuando regresé se incendió Chile con el gobierno de Pinochet, eso fue una salvajada terrible. Después acá, que nunca creí que pasara lo que pasó. Tuve que esconder libros, hacía pozos y los enterraba con cemento. El espionaje y las barbaridades que pasaron no tienen explicaciones.

—¿En ese momento se enteraba de las cosas que estaban pasando?
—Nos enterábamos bajo cuerda. Yo leía mucho, leía mucho de izquierda y además conocía algo de ruso por estudiar con un amigo que quería ir a Rusia como alternativa de estudio. Tenía la visita de un señor que me traía libros, me mostraba un listado y los conseguía. Luego hubo alguien que me dijo, “vos recibís la visita de un fulano así, así y así… bueno, tené cuidado porque ese fulano trabaja para el ejército.” Se pasaba la lista al Tercer Cuerpo, no encargué más. Después empezaba a desaparecer gente, me acuerdo de Requena. Yo trataba de actualizarme para dar clases, recuerdo que nos prohibieron dar gramática estructural, no sé porqué, también estaba prohibido el trabajo en equipo. Yo exponía teorías de izquierda, pero cuando vi las cosas como venían, quemé el material y enterré. No obstante eso llegó un señor de la policía y a puerta cerrada me interrogó, fue correctísimo, pero me dijo que me cuidara. Me mostró un sobre que decía “confidencial y secreto” y tenía que pasar un informe de mi actividad. Me dijo que me investigaba y que le habían hecho tantas preguntas que decidió preguntármelas directamente. “Yo creo en vos (me dijo), sé que no estás metido en nada, pero hay gente que no quiere creer y gente que te ha denunciado como sospechoso.” Entonces, me pidió que le dijera la verdad e hizo un informe favorable. Tuve suerte de que esa persona me interrogó y ese fue un llamado.

—¿Conserva alguno de esos libros que enterró en aquel momento?
—Tengo todavía un paquete, con cemento y todo, para el recuerdo. Muchos no los pude recobrar más. Era libros que causarían risa ahora. El problema había venido porque para ilustrar una clase había hecho escuchar un disco, que venía con una revista que se conseguía en cualquier quisco, con las voces de Roosvelt, Mussolini, Lenin, Stalin, Hitler y un pedacito de la voz de Fidel Castro. Ese fue el detonante, un alumno contó y de ahí se conoció. Pasaron los años y quedó ese hecho grabado y siempre me lo recuerdan.

—Por lo que escucho, es una persona de mucha lectura y estudio.
—Me gusta mucho estudiar, estudie Profesorado en Historia en el Víctor Mercante, después cerraron por falta de alumnos, entonces estudie Letras; paralelamente a eso estudié Química, pero se me superponían los horarios, así que seguí letras y terminé. Después seguí historia, también Derecho en Córdoba, porque me gustaba la parte del derecho romano y demás, que es historia, y me di cuenta que me gustaba historia así que la retomé. Luego me fui a trabajar al sur y cuando regresé me recibí. Más adelante llegaron las épocas malas, quería independizarme un poco de la docencia y me hice pedicura, trabaje en Pozo del Molle, me había puesto de novio con una alumna y me casé después con ella. Poco después me gustó la fotografía, lo hice y ejercí como fotógrafo. Hice Psicografología. Tuve gran pasión por la Arqueología, hice las materias en los profesorados, en el Victor Mercante tuve de profesor a un bioquímico que además se dedicaba a la arqueología, el doctor Zandrino, sabía muchísimo. Cuando hablaba este hombre a mi se me encendía la imaginación y me daban las ganas de agarrar una pala y salir a cavar y a buscar cosas.

—Y la arqueología es fascinante, genera esa cosa de ponerte a pensar qué es lo que esconden cada uno de los misterios…
—Es fascinante, genera esa fantasía… Cuando anduve por Perú pasé por Ica y Nazca por ejemplo, algunas cuevas del Ecuador, también las famosas piedras de Nazca que se presta mucho para el macaneo y que se mezcla con la realidad… esta es una colección de piedras que un tipo le fue comprando a un indio, comenzó con una, el indio le dijo que tenía más y siguió vendiéndole hasta que junto unas 5000 piedras, que las fue clasificando por temas, astronomía, medicina, etc. En esas piedras aparecen dibujos de animales extinguidos con seres humanos que tienen tres dedos, hay aparatos y elementos que son desconocidos, mapas del cielo como era hace miles de años atrás; entonces muchos arqueólogos dicen que son falsas y otros verdaderas. El indio cuando lo apuraron dijo que eran falsas, ahora ¿qué pasa?, el indio tiene que mentir porque el tráfico de este tipo de elementos está prohibido y podía ir a la cárcel. Se han escrito muchos libros al respecto. Muy interesante. Eso es fascinante, incita a la fantasía, y en la vida si no tenés una fantasía, si no tenés una ilusión, si no hay un misterio, se nos termina todo; ¿qué hacemos? Porque no se trata de vivir sólo para hacer dinero; la fantasía y el misterio son lo que da vida al hombre.


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 6 de setiembre de2009.-

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Presentación TINTA DE POETAS en la Feria del Libro de Córdoba

Feria del Libro Córdoba - Sábado 5 setiembre de 2009 19:30 hs.


Mesa debate. La literatura de Villa María en el nuevo milenio.
Participan: Darío Falconi y Eduardo Belloccio. Coordina: Normand Argaratte.
Presentación del libro "Tinta de poetas. Una encuesta a la literatura de este río"
Sala Blanca Sarrat - Cabildo - Planta Alta


Todos invitados.
Muchas gracias

Darío Falconi

lunes, 31 de agosto de 2009

Emma Segovia. En la villa de los buenos aires

ENTREVISTA CON LA POETA
EMMA SEGOVIA

EN LA VILLA DE LOS BUENOS AIRES


Suena el teléfono. Larga distancia. Llamada desde Buenos Aires.
Atiendo y desde el otro lado una voz barnizada de alegría y amabilidad me saluda, “¡¿Cómo anda mi Villa María?!”
Desde hace poco más de medio año, todos los meses recibo su llamado. No me conoce, pero el hecho de vivir aquí y gustarme la literatura son motivos más que convincente para comunicarse.
Alguna vez envió poemas a nuestra redacción y de allí surgió el contacto.
Nació en Canals, pero vivió su infancia en esta tierra. Debió irse, pero siempre está regresando. Villa María tiene una fortificada ligazón con su vida, con su familia, con su literatura. Aquí descansa su madre, aquí vive su hermana y sobrinas, aquí están las raíces de su historia, identidad y de su corazón.
Su nombre es Emma Segovia, es vicepresidenta del Ateneo Poético Argentino, miembro de la Sociedad Argentina de Escritores desde hace más de 28 años, escribe para niños y también rescata y cuida los valores humanos y los de la Patria.
Tiene varios textos publicados. Este año aparecieron “En el país de Morocosoco” (Dunken, marzo de 2009) y “Reflejos angelicales” (Dunken, junio de 2009); en espera se encuentra “Caminitos de mi tierra”, que se publicará en octubre y que tendrá a esta ciudad y su entorno como eje vertebrador de la obra.
Hace unos días la recibieron en la escuela Ameghino, lugar donde cursó sus estudios, allí, llevó sus libros y compartió junto a los más pequeños sus producciones.
De visita por la ciudad el encuentro con Emma no se hizo esperar.



—¿Cuál es tu relación con Villa María?
—Yo nací en Canals, pero vine de muy chica a Villa María. Los primeros tramos de la infancia, tienen la raíz acá, en esta ciudad. Acá conozco mi maestra, Mercedes Pedraza, que es una figura luminosa en mi vida, por todo lo que ella sembró en mi corazón. Yo era una criatura, y a través de ella aprendí a amar a todos los docentes y a aprendí a amar a las letras, que fue lo que me inculcó ella. Vio esa veta que había en mí, porque a los 13 años de edad gano mi primer premio literario, un trabajo en prosa al soldado desconocido. Así que el escritor estaba en estado larvario, todavía sin la manifestación concreta. Ahí estaba la gran facilidad para las letras, memorizar textos y desarrollarlos; porque memorizarlos no es ninguna garantía, ni de inteligencia, ni de nada, el asunto es entenderlos y después recrearlos.

—¿Dónde cursaste tus estudios primarios?
—En Villa María, en la escuela Ameghino donde seré recibida mañana (por el miércoles pasado) por todo el cuerpo docente. Me recibieron con un amor enorme, yo personalmente no lo tomo como una cosa para Emma Segovia, lo tomo para los escritores argentinos, así como ellos me recibieron tienen que recibir a todos los escritores que estamos vivos con la categoría que merece un escritor, realmente somos convocantes, somos formadores de cultura. Sobre todo una persona que se dedica a la infancia, con la escuela tiene mucha conexión, hay un nexo que inexorablemente tiene que producirse, maestro y poeta están con un elemento que es común: el niño. Con todo mi respeto, con mi amor, con una gran delicadeza, escribiendo para los niños, marcándoles pautas, como corresponde; en mis libros les hablo del amor a la patria, respeto a los mayores, respeto a los maestros que son fundadores de almas, ellos que tienen bajos sueldos y que tienen que rendir como si estuvieran perfectamente ubicados en la sociedad, y que a veces no es así.

—Es muy provechoso ese encuentro, a veces, en las escuelas se leen a escritores que nunca se conocen, por ello es interesante que la figura del escritor se meta en las aulas y tome contacto con los pequeños, más aún si son de la ciudad o alrededores.
—Claro, desde la SADE a la que yo pertenezco hace más de 28 años tenemos como una norma común y corriente ir a los colegios de las afueras de Buenos Aires. Nos encontramos con los niños, es algo muy importante para ellos, pero también es enriquecedor para nosotros porque se da ese intercambio de energía, de cariño y de conocimiento. Es muy gratificante, vamos hacia la provincia en lugares muy humildes, KM 28, allá en el linde de la eternidad… (risas).

—Emma, ¿sos maestra? ¿De dónde te viene todo ese afecto por los niños?
—No, yo no soy docente, pero hay toda una cuestión de identificación con la infancia. Mi trabajo de enfermera, pero soy enfermera de niños, ayudante de psicología infantil, organizadora de fiestas infantiles y baby sister; vale decir que me dejás un chico yo te lo puedo manejar desde la cuna. Hay una identificación, una mímesis con la infancia, una corriente empática muy importante con los niños, y un compromiso. Te voy a decir, este es mi camino, mis hermanas dicen “yo quiero que me mandes un poema, ¡no me vengas con el monito Juanito!, yo quiero un poema”. La gente quiere esas expresiones…, una cosa es Emma Segovia escribiendo a los niños y otra cosa es que me pare y diga un poema que titulé “Junto a mi pueblo”: “Estoy de pie junto a mi pueblo/ defendiendo culposos abandonos, tal vez parezca absurda mi esperanza/ pero aún creo en el hombre/ con él va a comenzar la gran historia/ una augural historia presentida/ acaso sea el tiempo de transponer fronteras/ para escribir los versos del mañana/ para sembrar en surcos liberados/ la primigenia y dorada sementera/ entonces, los arados en flor serán escudos/ la mano del labriego un continente/ de paloma y sol/ en la trinchera.”

—Podríamos decir que la temática de lo infantil y lo de tu tierra son elementos muy fuertes en tu escritura.
—Sí, son elementos muy fuertes porque hacen a un lugar del lado izquierdo donde no entra la mentira, porque allí están reinando los sentimientos, y entonces uno no puede mentirse, porque si uno se miente es un hipócrita o un loco. Yo de hipócrita nada, con la locura a veces he cabalgado (risas); pero no lo asumo, porque son locuras transitorias, son locuras buenas, no es para hacer mal a nadie, sino para exaltar: locura por la patria, enamorada del río de Villa María, enamorada del Cristo redentor…

—¿Cuántos libros tenés publicados, Emma?
—Unos cuantos, el primero “Burbujitas de mil colores” lo publiqué cuando entré a la SADE, allá por 1978), después vino “Recuerdos”, “Pinturas de pinceles de Pompeya”, después en antologías también, pero allí no pongo la temática infantil porque a los poetas no se los puede convencer de que también un poema infantil tiene su encanto, tiene su texto, tiene su desarrollo y vale; lo que pasa es que a los que escribimos para los niños nos consideran arte menor.

—Creo que escribir poesía por un lado es un arte difícil, y más aún, hacerla para niños, pero conjugarlas de una manera atractiva e inteligente…
—Escribir poesía con acento, como decía Alfonsina… Yo te agradezco la generosidad, pero generalmente la gente considera arte menor a los que estamos con la infancia, no está dentro de la justicia.

—Mencionás mucho a Alfonsina Storni y le has dedicado varios escritos, ¿qué representa esta poeta para Emma Segovia?
—Alfonsina es madre y maestra; en realidad tengo un ídolo hombre, he estudiado su vida y obra, dando muchas conferencias: Jorge Newbery el fundador de la aviación nacional. Yo trabajé 25 años en la Fuerza Aérea. Hay una conexión con su familia y demás. Con respecto a Alfonsina nos une esto de los versos, pero mi hombre no tiene nada que ver con ella. Todo el mundo conoce su obra, es la gran luchadora de los derechos femeninos, en fin, ella nos ayuda a recalcarle a los hombres que tienen que ser un poco más generosos y no mandarnos a lavar los platos (risas).

—Mi gusto personal por la literatura fue leyendo a Horacio Quiroga, quien tuvo cierta relación de amistad y amorosa con Alfonsina…
—Tuvo una relación con Alfonsina, que gracias a Dios no prospero. Ella tenía grandes amigos y la aconsejaron, “mirá, este loco, o te conviene”. No le convenía, dos personalidades muy potentes, pienso que podrían ocasionarse puntos de fricción. Cuando dos personalidades son demasiado extrovertidas, lo único que puede pasar es que choquen, polos opuestos se atraen, pero no al contrario. En las relaciones humanas uno tiene que estar cediendo frente a lo otro. A mi me gusta ceder, en pro de la paz, yo tengo adversarios políticos, pero no tengo enemigos, simplemente pensamos distinto. Por ejemplo, Jorge Luis Borges, no me despierta en mi corazón la fuerza que me representa Alfonsina. Más cerca de mi corazón está Salomón Deiver, el mejor intendente de Villa María, un hombre, periodista, personalidad brillante, corazón abierto a los niños repartiendo golosinas, haciendo su obra, al parque donde descansarán mis cenizas alguna vez. Entonces él está más cerca de mí.

—Muchas veces, más en este ambiente de la literatura, los poetas que piensan distinto no pueden separar sus ideas de las cuestiones personales y se generan ciertos choques y alejamientos.
—Es muy común eso. Ahora yo te digo, yo puedo estar con cualquiera, ahora con Borges no podría haber estado, porque diametralmente son opuestas nuestras personalidades. Además soy una mujer de condición humilde, asumida, sé de dónde vengo, sé hacia donde voy, sé cuales son mis posibilidades y sé cuáles son mis hipotecas para poder publicar un libro. Él no supo de privaciones ni de nada, por eso yo soy ultranacionalista, amo mi patria, amo la gente de Villa María, amo a mis compañeros que están luchando para poder publicar un libro; a él no le costó, porque tenía mucho dinero y mucho cholulismo en su entorno. No se puede negar que era un culterano, un hombre de una gran formación, yo no le niego a nadie sus méritos, y si está preparado, muy bien, la vida le ha permitido acceder a una gran cultura. No puedo envidiar eso, pero antes de la gran cultura prefiero el gran sentimiento, que es potenciador de todo lo bueno. La persona que vale y está seguro de lo que hace… aquella que íntimamente, corazón adentro sabe que vale, no se pierde en el camino. Te nombro un gran poeta, Don Atahualpa Yupanqui, ¿lo escuchaste alguna vez hablar mal de alguno? Pero si el Tata era más dulce que un caramelito de mil, no necesitaba despotricar contra nadie, él era el gran poeta.

—¿Cómo podrías explicarnos qué es la literatura para vos?
—Es una expresión de vida. La literatura para mí es el latido de mi pecho, es la expansión de mis propios pulsos. Cuando vos leés a algún poeta vas palpando en los versos, un poco, hasta el propio latido del poeta. De acuerdo a cómo escribe tenés los distintos estados vivenciales del poeta. Por ejemplo si escribo para Villa María, hay una eclosión de fuerza y sentimiento y de lagrimitas, porque cuando lo estoy escribiendo me doy el lujo de llorar, cosa que no puedo hacer en público para no estropear el texto.

—Los textos que uno escribe son como radiografías, caminos que va tomando el escritor en el viaje de la vida, me parece…
—Van marcando tu propio pulso, a mí me acompaña. No siempre es la misma actitud frente a la poesía, depende el tema que estás tocando, hay temas que son muy fuertes, temas que te conmueven, y otra cosa, cuando yo escribo para los niños tengo que hacer una mutación de mi cuerpo, hacerme más pequeña, desdoblarme y pasar a esa etapa lúdica que el niño maneja magistralmente, porque es su tiempo de gloria.

—Emma, ¿Por qué te fuiste de Villa María?
—Fue allá por 1950 y un poquito más, mucha pobreza en Villa María, yo la vivía y había que proyectar un futuro y hubo que dejar, hubo que entrar en la diáspora e irse, porque aquí medios no había, posibilidades no había, entonces… escapar a Buenos Aires y allá estar en el frente de la lucha y día a día, haciendo este ser humano que hoy tenés aquí. Con mucho sacrificio personal, con mucha dedicación, con mucho trabajo de por medio, 35 años de vida hospitalaria que me han dado un caudal de experiencia personal, pero, como decía Don José de San Martín, humanizar el carácter, humanizar mi propia vida, y todo eso después, al escribir para los niños, sé a donde tengo que enfocar.

—A pesar de irte hace varias décadas, siempre estás volviendo a Villa María…
—Siempre se vuelve a las raíces del corazón, porque en mi próximo libro lo digo, siempre se vuelve a las raíces del alma, porque esa es la verdad del ser humano, y la que me dan a mí el carácter de mujer del mundo, de ciudadana del mundo. Yo volviendo a Villa María, a mis raíces, me convierto en ciudadana del mundo: pintando esto estoy pintando todo lo demás. A parte no se puede ser desleal, hay que ser leal hasta para equivocarse.



Emma Segovia ama a Villa María, la ciudad, su río y su gente.
Pronto tendrá que partir, pero siempre está volviendo a respirar los “buenos aires” que Villa María le ofrece, a hinchar sus pulmones con el recuerdo y la nostalgia, con el afecto y la poesía.
Voy llegando al final de la nota justo en el momento en que mi mesa vibra. La luz de mi celular se ilumina y la melodía se la lleva el fuerte viento de agosto.
¿Será Emma?


---------------

SIEMPRE RETORNARÉ
Emma Segovia


(A mi Villa María)

Náufraga de sueños claudicantes
acaso sin quererlo,
con la ilusión herida
vuelvo a mis espacios.

Y en la fosforescencia del recuerdo
mi infancia lejana
emerge luminosa
cual rito de milagro.
La miseria rondaba implacable
desnudó mi piel y mi esperanza
todo era ajeno
prohibido y amargo.

Siempre la vida se impone
inaugura futuros desleídos
va marcando el sendero
con frágiles guijarros.

Pero tuve que partir
para buscar el mañana
la distancia duele
es llanto despeñado.

Pero tuve que partir
trasvasar los silencios
y alcanzar con la idea
mil bosques estrellados.

Trepar sencillamente
en las aristas
del viento,
sobre rocío insustancial y enamorado.

Fundar con la palabra
un mundo nuevo,
respirar códigos celestes
emancipando el pasado.

Y leve el corazón
tras de las sombras
ascender sin ataduras
con una luz intacta, en el costado.

Por eso, cuando todo esté cumplido
y los címbalos toquen a duelo
retornaré en cenizas, al río de mi pueblo
para ser sólo, migratorio canto.

(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 30 de agosto de 2009.-

domingo, 16 de agosto de 2009

Entrevista con Gustavo Borga. En las vías de un poeta

ENTREVISTA CON
GUSTAVO BORGA (**)
EN LAS VÍAS DE UN POETA





Estaba convencido y siempre lo supo.
Como si su vida estuviese predeterminada desde un principio.
Dice el primer poema de "Hermoso niño rubio" (Xión Ediciones, 2006): “Un colibrí / atravesó / con el pico / a un recién / nacido // ¡Será poeta / Gritó / la partera.”
Quería escribir, pero su experiencia de vida apelotonaba las palabras y no podía exteriorizarlas. No salían.
Las sombras de una vida poco feliz lo empujaron a psicoanalizarse, y al poco tiempo nació su primer poema. Era un llamado, un rayo de sol en las tinieblas. Sorprendido por ese logro, inicia un taller literario y comienzan a brotar sus escritos.
“Caí / de rodillas / el día / que el sol / me atravesó // Me levanté // y comencé / a escribir.” El poema de apertura de su libro debut, "Patitos degollados" (autor, 2002), es el reflejo de ese quiebre, de ese comienzo.
Desde niño leía lo que encontraba, gastaba su dinero en libros y hasta robaba para comprárselos. Las historietas fueron una lectura obligatoria, además de consumir cine todos los domingos, cuando con su tío iban en las recordadas motos Puma.
Él es Gustavo Borga, un ferroviario, un tipo que escribe las biografías de sus libros con la brevedad y contundencia de sus poemas.
Su poesía está impregnada de lo familiar, del dolor vivido, de sus lecturas literarias y de las de la gente y ciudad. Una poesía, descarnada muchas veces y bella tantas otras.
Lo cierto es que está experimentando un cambio, como si las vías que recorre lo fueran llevando a distintas estaciones; desde lo más oscuro de las sombras que urgía sacar, hasta su nueva poesía que va buscando una nueva luz.
Muchas veces escuché que la literatura te salva o te hunde, y este es un claro ejemplo de la primera opción, elpoder de la literatura se hizo sentir, el poder de conectarlo con lo bello, con el mundo y la sociedad.
A punto de aparecer se encuentra Poesía reunida (llantodemudo, 2009) y está preparando su tercer libro de poesías "Estoy volando".
Estamos en su casa en Villa Nueva. En una fresca mañana me encuentro con él, con un Gustavo más suelto, más emotivo y locuaz del que yo creí conocer. Sentados en la cocina, mientras espero un té de hierbas naturales observo varios libros sobre la mesa y pilas de discos en un rincón.



—¿Por qué no te gusta dar entrevistas?
—Es por timidez. Me cuesta, además las pocas que hice no me gustaron las cosas que dije. Uno no puede desarrollar todo ahí; pero básicamente es por timidez, me da mucha vergüenza y contesto siempre pavadas, después me arrepiento de lo que he dicho.

—Pero es bueno hacerlas porque muchas veces conocemos la otra cara del escritor.
—Supongo que para la gente que te lee debe ser interesante. Te aclaro que me gustan mucho los libros sobre entrevistas, sobre todo cuando la gente se maneja bien respondiendo, también hay muy buenos periodistas. Cuando se juntan las dos cosas es muy atrapante, lo último que leí bueno de entrevistas sobre teatro norteamericano, me pareció genial. Yo no sé responder bien, correctamente una pregunta, pero son muy interesantes, las entrevistas de Borges por ejemplo; lo que pasa es que son gente muy inteligente que ha leído mucho, no sería el caso mío.

—Venís leyendo hace mucho, a pesar de que comenzaste a escribir de manera “tardía”.
—Pensaba cuando vinieras acá, porque nunca sé qué contestar… yo leí siempre desde muy chico, me aferré a la lectura, siempre supe que lo mío iba a ser la literatura; es decir, cuando empecé a leer, me gustó tanto que supe que iba a leer siempre todo el resto de mi vida, nunca iba a dejar de leer. Cuando comencé a leer, yo no sabía que existía otra literatura que no fuera Kafka, Dostoievski, Pessoa… al empezar a ir al taller de Dolly (Pagani) me di cuenta que había una literatura local, o que yo no la conocía o la subestimaba y eso fue algo novedoso y bueno para mí; poder comprobar que había una literatura local, incluso que yo podía hablar con esos autores, eso me sorprendió mucho. Saber que muchos de ellos eran muy lectores y que escribían muy bien, no como Dostoievski, Herman Hesse o Hemingway, pero eran muy buenos y eso fue para mí un descubrimiento muy grande, porque cuando yo empecé a escribir, me corregían cosas, o me decían “no pongás esto”, así que fue algo muy novedoso y lindo.

—¿Y por qué te arrimaste al taller literario? Vos habías leído mucho, pero nunca habías escrito nada, ¿o sí?
—Llevaba un diario, está todavía por ahí, pero muy mal escrito. Lo que pasa es que a mi me gustaba escribir pero no podía, lo intentaba, pero no me salían las palabras y veía que lo que hacía no era algo auténtico, no era algo mío que naciera de mí, que saliera de mí, y yo quería escribir algo que saliera de mí. Yo sabía que lo mío era la literatura, pero no podía, no sabía cuál era el tema sobre qué escribir, pero yo sabía que tenía que escribir sobre algo. Entonces hago un proceso, empiezo a hacer psicoanálisis y al poco tiempo que hago terapia, escribo mi primer poema, y después que hago ese poema empiezo a ir al taller de Dolly.

—“Dios no existe, Patricia”…
—Sí, el poema se llama así, que ahora va a salir publicado en una compilación que sacará la Editorial llantodemudo. Me van a reeditar la obra, mis dos libros. Ese poema va a salir sin título, me costó mucho laburo hacerlo; pero lo que más me sorprendió a mí fue darme cuenta que el primer escrito que yo hice fue un poema; porque a mí lo que me gustaba y me gusta mucho es la prosa, el más sorprendido fui yo. Es más, tuve oportunidad de Dolly, porque caí en un buen lugar, en el grupo había gente que me recibió muy bien, porque yo vivía al margen de la sociedad, si bien leía, pero yo era un marginal, y través de ese taller es como que yo me reincorporo a la sociedad. Siempre digo que ese grupo de personas: Marina Giménez, Alcide Fornero, Adriana Claudeville, Puqui Charras, Lina Master, Martha Colasanti, Dolly… seguramente me olvido de alguno, fueron gente que me ayudaron mucho en mi vida personal, siempre estoy agradecido de ese grupo de personas.

—¿Durante cuánto tiempo estuviste en el taller?
—Habré estado un año y medio, fue una época muy importante, porque todos los días escribía un poema, añoro esa época, “Patitos degollados” salió así, venían uno atrás de otros los poemas. Después todo se fue frenando y ahora cada vez escribo menos.

—¿Por qué razón escribís menos?
—Supongo que lo más importante lo dije, de todos modos, es una experiencia muy hermosa escribir, es una de las cosas más hermosas de las que me ha pasado en la vida. Escribir un poema, aunque aún así con el tiempo ese poema no te guste, es una experiencia fabulosa. Escribo poco, pero cada vez que me sale un poema, eso tan extraño que no sabés de dónde viene, cada vez es más lindo. Antes tenía que ver con el sufrimiento, por cosas que yo tenía que decir, cosas que me habían ocurrido, pero ahora el proceso es más lindo, lo que me está ocurriendo es una experiencia que me hace mucho bien, me siento muy bien cuando escribo algo, cosa que antes no me ocurría.

—¿Cuando escribís un poema es porque te sentaste y salió o lo venías pensando? ¿Forzás la escritura?
—Nunca fuerzo la literatura. El poema viene en un momento inesperado. La literatura es un territorio sagrado, sobre todo el de la poesía y la voy a respetar y no voy a forzar un poema. No lo hice nunca ni lo voy a hacer, forzar un poema, escribirlo, para poder publicar un libro no, es algo que viene inesperadamente. Creo que en la prosa es diferente, pero en la poesía es algo sagrado el poema viene de algún lado, últimamente pienso que viene de afuera, antes no. Cuando escribí “Patitos degollados” me parecía que todo lo vomitaba, que salía de adentro, era una cuestión como un vómito; en cambio este proceso que estoy viviendo ahora es como que los poemas vienen de otro lado, es una experiencia hermosa. Es algo raro y lindo, eso ocurre cada tanto, ojalá sucediera más seguido. La ventaja que tenemos la gente que amamos la literatura es la lectura, vos agarrás un autor, un Pessoa, Tennessee Williams, Silvia Plath, cualquier tipo de esos, por hablar de los grandes autores y eso te hace mucho bien, es la gran ventaja que tenemos los que escribimos, que estamos enamorados y esos autores nos transportan, nos hacen muy feliz… el caso de Glauce Baldovín o de Edith Vera. En cualquier momento nos sentimos reconfortados leyendo esos autores que amamos, no necesitamos escribir.

—Hablando de prosa, también tenés algunos cuentos por allí, ¿no?
—Sí, pero… a lo mejor cuando termine un libro que me está dando vuelta, por allí me dedique a la prosa, a intentar escribirla. Lo bueno que ocurre en Villa María es que hay gente que está escribiendo prosa, me parece muy interesante. Creo que se está viviendo un momento muy especial en la literatura de Villa María. En esa antología que publicó la universidad (se refiere a “Voces de este río”, Eduvim, 2009) hay algunos autores, ahí hay futuro.

—Yo tome cierta conciencia de la cantidad de escritores cuando me embarqué en la preparación de un libro sobre autores locales, que saldrá próximamente y en el cual participás.
—También eso ocurre, lo pensaba el otro día, sucede que hay una tradición acá. Cuando yo te decía que iba al taller literario, ahí me di cuenta de que había muchos autores y que muchos ya venían escribiendo (Norman Argarate, Edith Vera, Fabiana Leon, Mario Moral…) y creo que nosotros, en cierta forma, venimos de ahí. Yo creo que ya había algo, esto no era el desierto, ellos fueron los que iniciaron un poco la cuestión y están vivos y siguen escribiendo. Lo que pasa es que ahora hay una nueva camada, siento que todo está por comenzar, que lo mejor se viene, yo veo mucho futuro en la literatura de Villa María, me parece excelente y me llena de alegría. La Editorial de la UNVM va a publicar a muchos autores de la ciudad y eso me parece muy bueno, están publicando a viejos autores de la ciudad, fantástico. Para ponerle un moñito a todo creo que deberían publicar la obra de Edith Vera, pero creo que hay una cuestión legal, me dijeron. Me atrevería a decir que la literatura de Villa María está en su mejor momento y que se vienen momentos mucho mejores. Creo que hay mucha gente que está inédita que van a empezar a publicar, y eso me parece lo más interesante.

—En la actualidad hay más facilidades para publicar también.
—Yo creo que sí, que la UNVM lo hace gratuitamente, eso es un respaldo muy bueno y hablo así de la UNVM, y eso que yo no he publicado ni publicaré allí; pero te quiero decir que es una buena medida.

—¿Qué autores locales te gusta leer?
—Lo que yo leo y me gusta es Edith Vera, Iván Wielikosielek, Fabian Clementi, Silvina Mercadal, Carina Sedevich... Yo tengo séptimo grado, pero me parece que lo de ellos es de muy buen nivel en literatura. El caso de Iván creo que cumple una doble función, primero como periodista, él ha cambiado para siempre el periodismo de Villa María, lo sacudió, lo marcó para siempre. Con las cosas que ha escrito, con las cosas que ha dicho y la forma de abordar las notas, el periodismo local nunca más va a ser igual después de él. Tiene un estilo muy particular, que lo subestima un poco, creo que es el mejor y no sólo en el periodismo sino que marca la literatura, cayó del cielo, porque la prosa de él es una de las mejores de Córdoba, son esos tipos que le hacen bien a la literatura, porque hay gente joven que se va a animar a abordar la prosa como él la hace, como diciendo se puede escribir de esta forma. Al tipo lo tenemos en Villa María, es un tipo común y corriente pero con mucho talento. La poesía de él no me gusta. Mercadal, es excelente. Lo de Fabián me gusta mucho, ojalá yo pudiera escribir como él. Me mostró su ultimo libro y me parece muy bueno. Fabián es el futuro, sólo vimos una pequeña parte de lo que puede dar. Y por su puesto Edith, “El arbolario” creo que es la mejor obra de Villa María, casi te diría que es imposible superar ese nivel. Ella nos deja un ejemplo de la dignidad del poeta, creo que ese es el mensaje que nos deja, consecuente con sus ideas y muy digna. La dignidad en momentos difíciles de la dictadura, la honestidad 100% y eso debería marcarnos para siempre a todos. No siempre ocurre así, porque en el ambiente hay un poco de egoísmo y ella representa la otra parte, por eso también es grande Edith, porque ha escrito muy bien, reconocido, pero además porque era una gran persona. Y después un grupo de escritores que han escrito mucho pero que están inéditos y lo que yo he podido leer es muy bueno, sería importante que publicaran, porque hay un hueco allí, un vacío, le harían muy bien a la literatura. Yo espero con ansiedad sus libros. Es el caso de Mario Moral, Marina Giménez y Fabiana León, que han escrito bastante.

—Contame cómo es la próxima edición de tu libro en llantodemudo.
—llantodemudo me editará mis dos primeros libros en uno sólo, incluirá mi primer poema que estaba inédito, unos haikus y un cuento que leí alguna vez en la universidad. Van a rediseñar la tapa y saldrá pronto. A los poetas nos pasa que escribimos y después no nos gusta lo que hacemos. Por eso trato de hacer una tapa más o menos que cuando la agarrés con el tiempo, por lo menos te guste la tapa. Eso va a ser más que nada para Córdoba, porque acá los libros se han leído.

—Mi impresión personal es que tus dos libros son uno solo, como una continuidad, los dos se unen…
—Sí, es así; y lo que estoy escribiendo ahora que es muy diferente con lo que estaba haciendo, me parece que es una continuidad de lo otro, otra etapa, una cosa es “Patitos degollados”, otra cosa “Hermoso niño rubio” y otra cosa esto; pero me parece que hay una continuidad. Hay un hilo que los une.

—Alguna vez dijiste que, “si yo fuera otra persona, no compraría mis libros, no valen nada”. ¿Por qué?
—Es que yo siento eso, a veces leo lo que escrito y me da vergüenza, no me considero un buen poeta; por eso cuando alguno me dice “qué bueno lo tuyo”, me sorprende y no lo creo, pienso que me están tomando el pelo. ¿Soy poeta yo? ¿Es literatura lo mío? En realidad, creo que escribo para la gente que uno quiere, para los amigos, para mi hermana; lo demás no me importa mucho.

—¿Te gusta leer en público?
—Sí, al principio me costaba mucho, el problema mío son las horas previas, es una gran angustia, sobre todo si no sabés a dónde vas a ir, con quién te vas a encontrar, porque en el ambiente de la literatura están los intelectuales que creen que se la saben a todas, algunos son muy jodidos y soberbios; por eso generalmente leo en Villa María, porque ya conozco el círculo de personas. Me gusta porque intercambiás la poesía, conocés otros poetas…

—Susana Giraudo me decía, que Marcos Silber o Jorge Madrazo (no recuerdo quién de los dos), manifestó que tu poesía era buena, pero que no tenías que repetir tantas veces la palabra “mierda”.
—Yo le decía a Susana que la mierda sirve de abono. En el primer libro pronuncio mucho esa palabra, en el segundo no tanto; de todas maneras si tengo que decirla otra vez, la voy a decir.

—Me gustó mucho uno de tus poemas donde ves a Villa María desde arriba y que culmina con una palabra que resume a parte de la sociedad villamariense: “fingen”.
—Eso tiene que ver con lo que yo siento con la clase media, de todas las clases sociales es la que yo más detesto, porque nunca se sabe, se van de un lado para otro, les da lo mismo aoyar a los milicos que a Kirchner; cuando no pueden pagar la cuota del auto, ahí los tipos se vuelven nazis. Creo que son peligrosos para la sociedad, no digo que todos sean así, pero en su gran mayoría sí. En Villa María si no fuera por esa gente sería una mejor ciudad. Ese poema lo escribí porque subí a un techo y vi a Villa María de otra forma, por abajo todo tan lindo y por arriba todas esas chapas herrumbradas, ahí debe estar lleno de ratones y cucarachas. Por eso siempre digo orgulloso que soy de Villa Nueva, porque no ves ese fingimiento, la gente es de otra extracción social. Son completamente diferentes.

—Veo que comprás muchos discos y libros.
—Sí, me doy con los gustos, para DVD y libros me prohíbo de otras cosas, podría tener un auto o una mejor casa, pero mi gusto es este; son gustos que no me podía dar en otra época cuando era chico cuando he llegado a robar libros, o he vendido cosas de mis viejos. Mis viejos le echaban la culpa a otras personas que visitaban la casa, ¡no! era yo que los vendía (risas). Los chicos que lean este reportaje les digo, róbenle las cosas a los viejos mientras compren libros, para otras cosas no; pero si van a leer a Kafka, a Walt Whitman o Robert Louis Stevenson, les aconsejo que le roben las cosas a los viejos. Los libros son mejor que el oro y los va a hacer mejores personas. Un libro te va a enseñar más que ir a algún colegio, vos leés a Roberto Arlt y te va a enseñar más cosas de las que te pueden enseñar en cualquier colegio. Los chicos que lean a Salinger o Abelardo Castillo van a ser mucho más felices que asistiendo a todas estas instituciones que hay en el mundo.

—Finalmente una pregunta que hago muy seguido, ¿creés que en el ambiente literario hay mucho egoísmo?
—Existe en todos lados, somos muy egoístas, porque es una profesión muy solitaria, a veces nos creemos dioses, pero se soluciona fácil, vas y lees a Glauce Baldovín y quedas ahí abajo. Esas lecturas te ubican en el lugar donde cada uno tiene que estar. Es como cuando uno esta jugando al fútbol en la “B” y lo sientan a ver un video de Maradona, creo que se da cuenta enseguida que el otro es un genio. Es difícil manejar al ego, hay que pulverizarlo al yo, matarlo al yo, porque eso es lo que te da la felicidad. Pero la literatura ha dado gente muy piola como Kafka, Juan L. Ortíz, Abelardo Castillo… Edith Vera tiene que haber sido así, por lo que me han contado de ella, porque no la conocí. Nadie me habló mal de Edith. Ahora en mi próximo libro escribo sobre ella, creo que ella está en el corazón de la gente, que trascendió, por eso es grande. Me di cuenta cuando estuve con algunos poetas de la ciudad, hablaban de ella y se les humedecían los ojos de lágrimas, porque tiene que ver con lo sentimental. Es una figura muy fuerte. Después cuando estuvimos en el grupo ”Invisibles” con Mario Moral, Omar Álvez, Fernando de Zárate… habíamos hecho un homenaje a ella y salimos a repartir volantes. Sucedía que cuando entregaba alguno, la gente hablaba con emoción de Edith, yo me sorprendía. Había mujeres grandes que decían que a sus hijas le leían los poemas de Edith y éstas a su vez les leían los poemas a sus hijas, una cosa de no creer. Edith reunía los dos aspectos, lo humano y lo literario. Allí me di cuenta de lo grande que fue, porque trascendió eso tan imposible, trascendió la literatura, está en el pueblo, en el corazón de la gente y eso no lo logra nadie.-


* * * * * * * * * * * * * * * *


POEMAS DE "VOY VOLANDO" (inédito).


-------------------------------a Ivan Wielikosielek

cuando era niño
un poema trabó
la rueda delantera
de mi bicicleta

pasé de largo

todavía no caí

estoy volando

* * * * * * * * * * * * * * * *

-------------------------------a Edith Vera

Edith escribe
poemas

un ángel los deja
sobre el techo
del geriátrico

de noche los niños
trepan a sus casas
miran en silencio
el único techo

iluminado

* * * * * * * * * * * * * * * *

-------------------------------a Fabián Clementi

hoy apareció
en el patió
Kurt Cobain

creí que estabas
muerto
le dije

me miró
como diciendo

el muerto
sos vos

* * * * * * * * * * * * * * * *

en el 76

cuando me
torturaban

un niño
me abrazo
se fundió
en mi

el niño
camina
por la tierra

yo desaparecí


* * * * * * * * * * * * * * * *


(*) Publicado en EL DIARIO del Centro del País, domingo 16 de agosto de 2009.-

(**) Entrevista ampliada.